La comedia que se ríe de los recortes en sanidad
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'hipócrates', una película a favor de lo público

La comedia que se ríe de los recortes en sanidad

Ha tenido que venir un director francés para hacer un filme que ensalce el sistema médico público y exponga con humor las consecuencias de ahorrar en la salud de los ciudadanos

placeholder Foto: Vincente Lacoste en un fotograma de 'Hipócrates'
Vincente Lacoste en un fotograma de 'Hipócrates'

¿Puede uno reírse de todo? ¿Puede la comedia tratar cualquier tema sin ser faltona? El cine nos va demostrando poco a poco que todo puede ser pasado por el filtro del humor. Habrá quién apueste por un tono amable, otros por un humor negro y algunos por la crítica ácida, pero nada escapa de la risa. En los últimos años hasta el terrorismo ha llegado a ser objeto de mofa en dos filmes tan diferentes como Four Lions y Ocho apellidos vascos.

Ahora toca el turno de reírse de los recortes en el sistema sanitario. Poca gracia tiene el tema original. Cada vez menos dinero en nuestra salud. Menos médicos, menos camas, menos servicios y más ganas de privatizarlo todo. Irónicamente no ha sido un director español el que ha puesto el dedo en la llaga, sino el francés Thomas Lilti, que en Hipócrates expone este delicado asunto desde ese género que tan bien pillado tienen nuestros vecinos: el de la comedia agridulce con toques sociales.

La idea es enseñar el día a día de un residente de primer año en un hospital público parisino. Las guardias, la rutina, la ilusión de los comienzos… y a partir de ahí la desilusión al ver un sistema roto. Lilti sabe de lo que habla, ya que además de director de cine es médico y ha hecho un filme basado en sus experiencias personales y lo que él ha visto entre las paredes de un hospital.

“La sanidad pública está enferma, y siempre he tenido una responsabilidad sobre ello, ya sea como médico o como realizador. Conozco nuestro sistema y he querido mostrar cómo han tratado de abaratar todo, recortando en pos de una rentabilidad económica”, explica el realizador a este periódico.

El director muestra en su película como las autoridades están dejando los servicios en mínimos, incluso dando a los residentes novatos una responsabilidad que no les corresponde. Donde antes había tres médicos ahora hay uno que tiene que encargarse de todo, con el riesgo que ello conlleva. Las personas no importan, sólo el dinero. Hipócrates, con su buen rollo, se convierte en un canto en contra de los recortes y de anteponer intereses económicos a los de los ciudadanos. La película se permite incluso terminar con una rebelión, la de la gente joven que trabaja en un hospital y que no va a permitir el trato que se les da.

'La sanidad pública está enferma y siempre he tenido una responsabilidad sobre ello. He querido mostrar cómo han tratado de abaratar todo en pos de una rentabilidad económica'

Ante la responsabilidad de denunciar la situación, el director de Hipócrates asegura no haber querido “dar respuestas”, sino “hacer cuestiones, que la gente reflexione y quiera aprender cosas”. Sus dardos también se dirigen hacia la utilización del sistema francés dedoctores extranjeros a los que paga poco y les trata como residentes. De hecho el filme seguirá la relación de amor-odio de dos de ellos. El joven e idealista Benjamin, niño bien que abrirá los ojos a la realidad, y Abdel, un doctor de Algeria que comparte rango con él a pesar de haber ejercido en su país durante años.

Thomas Lilti reconoce que el filme mezcla elementos de ficción con muchas de sus experiencias personales. “No he vivido lo mismo que Benjamin, pero hay muchos elementos autobiográficos, como la relación con los médicos extranjeros. Esta película es un homenaje que quería rendirles”, explica el director.

Una versión muy alejada de los hospitales que nos han vendido desde las series americanas. Lilti incluso se ríe de ellas y hace a sus personajes adictos a House. “Las series americanas como Urgenciasson puro entretenimiento y tienen calidad, pero muestran un hospital demasiado glamouroso, yo quería contar lo que ocurre entre bastidores”, cuenta el realizador sobre la diferencia entre su filme y las ficciones americanas.

¿Algún médico en la sala?

Hipócrates es la segunda película de Thomas Lilti. Su ópera prima no funcionóy el director comenzó a plantearse qué había fallado. Su conclusión es que no había hablado de cosas que conocía. “Pensé que si volvía a hacer otra película tenía que hablar de mí de una forma profunda”, añade. Y nada mejor que hablar de sus experiencias como médico, dos profesiones que normalmente no suelen ir unidas, pero que para el realizador tienen más en común de lo que la gente opina, como la “obligación de trabajar en equipo” y de ser “empático con tus pacientes y tus personajes”.

Cuando Lilti contaba a sus compañeros de hospital que quería hacer cine le tomaban por loco. “Nadie creyó en mí”, recuerda el realizador que ahora puede presumir de haber hecho uno de las sorpresas de la taquilla francesa del año pasado, que además recibió siete nominaciones a los César, incluyendo las de Mejor película, Director y Guion. Pocos se reirán ahora del doctor que quería hacer películas.

El director de Hipócrates se encarga de perpetuar el mito del modelo de industria francés. “No seré yo el que lo desmitifique, somos el segundo mercado más productivo y el país con más salas por habitantes. En París el 90% del cine es en versión original… Es un sistema fantástico. Lo mejor es que con todas las entradas se financia el cine francés, aunque sean las de Fast & Furious 7, eso es excepcional. También hay cosas que no funcionan claro. Por ejemplo, siempre haydos o tres películas que son las más taquilleras pero que no son las mejores del año, como Lucy o La familia Bélier, pero eso ocurre en todos los sitios”, asegura sin darse cuenta de que se queja de vicio.

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