claves para el éxito de una industria en crisis

Qué necesita el cine español para triunfar

Qué películas españolas gustan al espectador y cómo lograr que se produzcan. Comedias y 'thrillers', pero sin olvidar el cine de autor

Foto: Rodaje del filme 'Ispansi!' (EFE)
Rodaje del filme 'Ispansi!' (EFE)

El mercado del cine español es básicamente el territorio de España. Ocurre lo mismo con el cine alemán, francés e italiano: la mayor parte de su audiencia está en su país, base de la recuperación de los costes de producción.  

Entre nosotros hay algunas excepciones, autores como Pedro Almodóvar, Alejandro Amenábar y hasta hace poco tiempo Carlos Saura y Bigas Luna.

Por tanto, cuando uno se plantea producir una película, parece razonable que lo haga pensando en el público español. Si queremos captar su atención masiva, debemos conocer el subconsciente colectivo del espectador.

Dicen que los españoles van al cine por puro entretenimiento. Van a pasárselo bien. Siempre ha sido así, pero hasta hace poco había un porcentaje respetable de espectadores para los que ir al cine era un acto cultural y existían, sobre todo en las grandes ciudades y poblaciones universitarias, miles de cinéfilos que hicieron posible que películas como la búlgara Cuerno de cabra, la argentina La Raulito e incluso la reposición de Johnny Guitar permanecieran en las carteleras madrileñas más de un año (!).

 

No entraremos ahora a analizar las causas de esta mutación cultural –de los cinéfilos al cine de entretenimiento–. Sí queremos opinar sobre el cine que se debería producir en España para satisfacer a la mayoría, y también a la exigua minoría, que sin duda existe y debemos intentar ampliar. En cualquier caso, todas las películas deben mezclar innovación y calidad independientemente de su género.

Clasificación genérica de los quince mayores taquillazos españoles de los últimos quince años: 8 comedias, 4 thrillers de género, 2 cintas históricas de época y un drama.

¡Un 54% de los taquillazos fueron comedias! Películas en las que el espectador sabía que iba a REÍR y pasarlo bien. Si analizamos el mismo número de películas  entre 1965 y 2014 –o sea, en los últimos 50 años– nos encontramos con un 60% de comedias, un 20% thrillers de género (todas producidas en los últimos años), un spaghetti-western y la inclasificable Furtivos

Más de la mitad de los taquillazos españoles de los últimos años fueron comedias

En efecto, la afición a las comedias viene de lejos. En las últimas décadas del pasado siglo, las películas de Ozores, Masó y Dibildos reinaron en la taquilla de forma continuada. Sin embargo, no fueron sus películas las que nos dieron prestigio nacional e internacional. En los años setenta y ochenta, el nuevo cine español eran nombres como Carlos Saura, Elías Querejeta, Manuel Gutiérrez Aragón o Víctor Erice. Ellos fabricaron el único cine español exportable, el  que se veía en los grandes festivales internacionales y cosechaba éxitos, especialmente en Francia, Alemania e Inglaterra. Después llegó la eclosión de Pedro Almodóvar y Alejando Amenábar.

Con estos antecedentes y datos actuales, ¿qué cine debería producirse hoy en España?

Las respuestas son diversas, dependiendo de los objetivos de cada productor y director. Si lo que se busca es el dinero de la taquilla y satisfacer a un público mayoritario, parece razonable pensar que la comedia o el thriller de género son el camino a seguir. El thriller es la gran aportación de la generación de comienzos del siglo XXI, cuando Tesis, de Alejandro Amenábar, y El día de la bestia, de Álex de la Iglesia, revelaron a una nueva hornada de cineastas. De ese hilo tirarían, años después, películas como El Niño, La isla mínima y otras.

 

Hoy día las televisiones comerciales apenas producen otra cosa que comedias y thrillers de género que, apoyados por costosas campañas de promoción, se convierten en taquillazos.

En consecuencia, algunos FURTIVOS lo ven claro: hay que producir comedias que den mucho dinero, como Ocho apellidos vascos. Y películas como La isla mínima, que sin renunciar a la valía estética, gusten a las televisiones (sin su ayuda financiera somos poco).

Los países europeos no han abandonado la producción de películas minoritarias: representan el progreso del cine y nutren a un público que podría extinguirse. Si miramos la cartelera actual, encontramos títulos como Calvary o La historia de María Heurtin, como antes ocurrió con La cinta blanca. Casi todas las semanas se estrena una película de calidad, pero extranjera: si fueran españolas, podrían tener incluso más éxito.

A dos barajas

Otros, también FURTIVOS, creemos que debemos producir las películas que exige mayoritariamente el subconsciente colectivo del público, aunque sin dejar de satisfacer a esa minoría que todavía ve en el cine la expresión artística y cultural más completa que existe. Además del cine de entretenimiento, también queremos uno comprometido con la realidad política, social e histórica del momento y ¿por qué no? un cine experimental.

Pero las cadenas de televisión españolas no emiten ese tipo de películas ni, por lo tanto, apoyarían su producción. Producir únicamente películas convencionales para un público mayoritario conduce a la banalización del cine y a su desprestigio intelectual, cultural y artístico. Se debe corregir la política de las televisiones, que son imprescindibles, porque están convirtiendo al cine español en un programa de televisión.

El dinero de las televisiones es imprescindible, pero están convirtiendo al cine español en un programa de televisión

No podemos competir con las grandes producciones de Hollywood en efectos especiales, estrellas internacionales o animación, pero sí en todo lo demás: creatividad, buenos actores y directores. Las 150 películas que se hacen en España cada año permiten una gran variedad de géneros y propuestas. Todas pueden encontrar su público, aunque el Gobierno debería regular el sector para que todos gocemos de las mismas oportunidades.

Las cadenas de televisión y Movistar cuentan con los mecanismos para  promocionar y publicitar de forma extraordinaria (y sin coste alguno) las películas españolas que producen. Pero los productores independientes están condenados al fracaso por la falta de interés de estas grandes empresas en sus películas. Como consecuencia de todo ello, hoy día sólo se producen con presupuestos adecuados las películas que desean dichas compañías, y no son aquellas que los cineastas innovadores, verdaderos autores cinematográficos, quieren hacer.

Pese a ello, se siguen produciendo una gran cantidad de películas de jóvenes aspirantes a cineastas; eso sí, con presupuestos mínimos y una carencia de rigor industrial y comercial que las condena a pasar desapercibidas, a la vez que el sector profesional sufre un paro como jamás había conocido.

 

Las industrias cinematográficas más poderosas, comenzando por Hollywood y pasando por Francia e Inglaterra, nos han enseñado una lección: para hacer una buena película es necesario un presupuesto que se adecúe a lo que el guion exige. Se pueden hacer películas de bajo coste, pero con la financiación asegurada. No como hacen ahora en España la mayoría de los productores independientes (de los grandes grupos), que sólo suelen contar con el 20% del presupuesto necesario. 

Han desaparecido los productores del cine español, verdaderos promotores de las películas. Socios necesarios del cineasta creador (guionistas y directores). Sin ellos, los proyectos no se desarrollan adecuadamente. Las películas requieren tiempo y dinero para escribirse, fraguarse y planificarse. Para que nuestras películas tengan posibilidades de éxito son necesarios un casting adecuado, una producción solvente y una promoción suficiente para competir con las cintas extranjeras.

Los estudios estadounidenses producen una película de cada treinta y cinco que se escriben y desarrollan, y sólo una de cada diez que estrenan es un éxito. Si el cine español hiciera lo mismo, de cada 5.250 ideas o proyectos, se producirían 150 títulos, de los que quince serían éxitos. Esto daría lugar a una Industria Cinematográfica, que aseguraría trabajo completo al sector y salida a la creación de cineastas nuevos y veteranos. 

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