un documental analiza el sexo de los discapacitados

Libertad, igualdad y sexualidad

'Yes, we fuck' reflexiona sobre la diversidad disfuncional, y sobre el acercamiento paternalista e infantil que dan las instituciones y la cultura actual al tema

Foto: Escena del documental 'Yes, we fuck'
Escena del documental 'Yes, we fuck'

Decía el personaje de Carmen Machi en La concejala antropófaga, el cortometraje de Pedro Almodóvar, que el sexo es un “asunto profundamente social” y que “no había nada más democrático que el placer”. El sexo nos iguala, todos disfrutamos de la misma forma, aunque desde el imaginario que venden la cultura y la pornografía se nos muestra de una forma estereotipada, casi idealizada, con cuerpos perfectos en coreografías exactas. La realidad no es así. ¿Cuándo nos ha mostrado el cine cómo son realmente las relaciones entre dos personas discapacitadas? La sociedad esconde al resto todo lo que se aleja de su canon de normalidad y son ellos los que tienen que salir a la palestra para decir que nadie es normal. Todos somos raros, diferentes.

Eso es lo que pretende el documental Yes, we fuck, un proyecto de Antonio Centeno y Raúl de la Morena con el que quieren abordar la sexualidad en personas con diversidad funcional y animar a la gente a dialogar y cuestionar la realidad en torno al tema. Centeno explica a El Confidencial que con Yes, we fuck quieren “hacer visible algo que está oculto”, como son los cuerpos que difieren de la norma. “Hay que visibilizarlos como seres sexuados y sexuales y que son deseables y potencialmente deseados”, explica el autor que sufre diversidad funcional desde los 13 años.

Una idea que surge en 2012, en una conversación entre Raúl, autor del documental Editar una vida (2005), en el que se comparaba la vida en una institución con la vida independiente, y Antonio Centeno. A partir de ahí comienzan a buscar las seis historias que han terminado formando su película, como la de Miriam, que abre las puertas de su casa para mostrar cómo es el sexo cuando vives en una silla de ruedas, o la de Oriol, que con parálisis cerebral se prepara para su primera experiencia en el mundo del sado.

Yes, we fuck recurre al sexo explícito como forma de “sacudir al espectador”. “La gente tiene imágenes en la cabeza que no responden a la realidad, y para desinstalar eso hay que romperlo mostrando otra imagen que nos coloque como sujetos sexuales. La persona se tiene que hacer preguntas”, explica Centeno. Esta decisión ha hecho que su promoción se haya visto dificultada, ya que no han podido colgar su tráiler en youtube, ni promocionarlo por Facebook por el contenido de sus imágenes. Ni siquiera hacer una cuenta de correo propia. Gmail no permite introducir la palabra 'fuck' como nombre de una cuenta.

La censura es un síntoma de lo mal que está enfocada la sexualidad en general para el conjunto de la población, es increíble que entres en internet y te encuentres una imagen de los estudiantes mexicanos colgados de un puente y te cierren una cuenta de Facebook porque salga un pezón femenino”, critica Antonio Centeno.

Por ello con Yes, we fuck quieren hacer que la gente reflexione sobre la diversidad disfuncional y sobre el acercamiento que dan las instituciones y la cultura al tema. “Es una mirada paternalista que infantiliza a la persona. Eso lleva a políticas concretas que se limitan a que la persona esté limpita, alimentada y tranquila. Lo reducimos a eso y no pensamos en ellos en función del deseo. Nos parece aceptable que viva dentro de una institución donde no tiene intimidad, donde no puede decidir quién toca su cuerpo, ni a qué hora se levanta, ni a qué hora come”, explica el autor. Por ello cree que deberíamos pensar en las personas discapacitadas como seres sexuales. Entonces veríamos que esos recursos no son parte de la solución, sino parte del problema. También quieren hacer reflexionar sobre la idea de belleza y de placer. Sobre qué entendemos por sexualidad y “qué prácticas consideramos adecuadas”.

La censura es un síntoma de lo mal que está enfocada la sexualidad, es increíble te cierren una cuenta de Facebook porque salga un pezón femenino

Algo difícil en una sociedad que “niega” o marca “cómo debe ser el sexo”, donde las millones de páginas pornográficas no muestran a personas discapacitadas. “O se les considera ángeles, asexuados, o aparecemos como fetiches, no como sujetos que vivamos nuestra sexualidad”, zanja Centeno.

El cine y la cultura tampoco han contribuido, ya que sólo hay tres arquetipos de personas con diversidad funcional, el de aquel que sólo cabe alcanzar la dignidad muriéndose (como Ramón Sampedro), curándose (como Chistopher Reeve) o siendo un héroe (el caso de Stephen Hawking). Pero entre estos tres extremos hay una gama de grises que permanece escondida.

El sexo como arma política

Detrás del documental hay una voluntad política. El sexo como arma para visualizar y hacer entender un problema. Para su autor es esta fuerza de denuncia lo que ha hecho que todos los participantes del proyecto “pongan el cuerpo”. “Si fuera para hacer un producto de entretenimiento poca gente estaría dispuesta a ponerse delante de la cámara, los que lo han hecho lo han hecho desde el compromiso de que hay que visibilizar esta situación”, analiza Antonio Centeno.

Él sabe que su lucha contra la política institucional es prácticamente imposible, ya que cómo explica a este medio no se van a acercar a “otras realidades que de alguna forma cuestionan el modelo social e incluso económico actual”, por lo que cree que su objetivo es llegar a todos los ciudadanos.

Escena del documental 'Yes, we fuck'
Escena del documental 'Yes, we fuck'

“Deberíamos llegar la política entendida como la visión de cada persona de su cotidianeidad y de cómo se vincula con la sociedad y ver qué herramientas sociales hay que poner en marcha para que esa convivencia sea buena. Si conseguimos que la gente se sienta interpelada por este documental poca gente va querer ser mirada como nos miraban, o vivir como hemos vivido hasta ahora”, cuenta el realizador y activista del movimiento del Vida independiente.

El próximo paso es llegar a los espectadores, que disfruten de su obra y que entiendan que todo el mundo folla y que sí se puede: ¡Yes, we fuck!. 

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