Gran presencia latinoamericana en el palmarés

Panahi brilla en la Berlinale más política

La 65 edición del festival de Berlín se ha cerrado con un palmarés que ha reflejado el tono marcadamente político de la sección oficial. No hubo

Foto: La sobrina del director Jafar Panahi llora al recoger el Oso de Oro, en nombre de su tío, arrestado en Irán. (REUTERS)
La sobrina del director Jafar Panahi llora al recoger el Oso de Oro, en nombre de su tío, arrestado en Irán. (REUTERS)

La 65 edición del festival de Berlín se ha cerrado con un palmarés que ha reflejado el tono marcadamente político de la sección oficial. No hubo grandes sorpresas, todos los nombres que figuraban en las previsiones de la prensa recibieron premio. El jurado presidido por el realizador norteamericano Darren Aronofsky, y en el que también figuraban Daniel Brühl, Bong Joog-ho, Claudia Llosa y Audrey Tautou, entre otros, ha concedido el Oso de Oro a Taxi, de Jafar Panahi.

En la película, rodada íntegramente en un coche, el realizador se interpreta a sí mismo, conduciendo un taxi en el que entran y salen hombres y mujeres de diferentes edades y estratos sociales. Las conversaciones que todos ellos mantienen con Panahi sirven como un valioso reflejo de las frustraciones e inquietudes del Irán contemporáneo, en el que vive encerrado desde que fuera condenado en 2010 a una pena de 6 años de cárcel por, según las autoridades, "actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado".

En realidad su único delito fue apoyar a una joven crítica con el gobierno, reclamar las libertades de su país, denunciar lo intolerable. La condena pasó pronto a un arresto domiciliario y Panahi comenzó a producir pequeñas películas de carácter metafórico reflexionando sobre su situación. Así llegaron Esto no es una película (2011) y Closed Curtain, film que precisamente ganó el premio al mejor guion en la Berlinale de 2013. Su nuevo trabajo sigue incide en el estado de reclusión y en la atmósfera opresiva que sigue experimentando el país. 

Pese a su estilo sencillo y directo, y al magnífico manejo del ritmo de Panahi, los méritos de Taxi se ven limitados por su excesivo parecido con Ten (2002), film de Abbas Kiarostami también filmado íntegramente dentro de un coche y que conseguía diseccionar la sociedad iraní con mayor profundidad y emoción. De alguna forma, Panahi repite la fórmula de su maestro, aportando como novedades principales referencias a su propia vida y obra. 

Colofón emocional

El pasaporte de Panahi sigue retenido por las autoridades iraníes. En su lugar, el Oso de Oro lo recogió su joven sobrina, quien de hecho tiene un papel importante en Taxi. La niña, que no llega a los 10 años, rompió a llorar al recibir el trofeo. Este fue sin duda el colofón emocional a un premio que puede considerarse como un gesto político por parte del jurado. 

El que para la mayoría de medios era el gran favorito para el Oso de Oro, Pablo Larraín, tuvo que conformarse con el Gran Premio del Jurado, algo así como el segundo puesto del podio. Su película, El club, es una enérgica crítica al silencio de la Iglesia católica ante los escándalos de sus representantes. Un grupo de curas, acusados de pederastia y participación en casos de niños robados, son enviados a una inhóspita localidad costera de Chile, con el objetivo de que desaparezcan de la luz pública.

La cinematografía que más elogios ha recibido a lo largo de esta Berlinale ha sido sin duda la chilena. El jurado refrendó esta impresión valorando al veterano documentalista Patricio Guzmán con el galardón al mejor guion. Su película, El botón de nácar, utiliza el agua como símbolo de la historia de Chile, desde la aniquilación de los indígenas a manos de los colonos hasta las atrocidades de la dictadura de Pinochet

Pablo Larraín y su equipo de 'El club'. (EFE)
Pablo Larraín y su equipo de 'El club'. (EFE)

La fuerte presencia del cine latinoamericano en el palmarés se completó con el premio Alfred Bauer, que reconoce al trabajo más innovador de la sección oficial, concedido a la película guatemalteca Ixcanul de Jayro Bustamante. Esta ópera prima se centra en las dificultades de una joven para decidir su propio destino. Se trata de una denuncia del estado de aislamiento que viven las poblaciones indígenas de Guatemala. Un filme correcto pero en absoluto original.

Noche de aciertos

Los veteranos actores Tom Courtenay y Charlotte Rampling recibieron el premio a las mejores interpretaciones, ambos por su labor en la película 45 years, de Andrew Haigh. Esta fue una de las decisiones irreprochable del jurado. El trabajo de los dos intérpretes británicos es el único aspecto realmente destacable de esta acartonada cinta sobre un amor maduro que se tambalea por la aparición de un fantasma del pasado.

Otro acierto significativo fue el de conceder el Oso de Plata al mejor director a Radu Jude por su película Aferim!. Centrada en dos cazarecompensas que recorren la Rumanía de 1835 en busca de un bandido gitano, el filme emplea magistralmente los códigos del western clásico para retratar un espacio salvaje, indagando además en las raíces del racismo en el país. Jude compartió el premio con la polaca Malgorzata Szumowska, autora de Body, película menor sobre el trauma de la pérdida que se pierde en su fusión de comedia absurda drama. 

Lamentablemente, salvo Aferim!, las propuestas verdaderamente originales de la sección oficial fueron olvidadas por el jurado. De la genial Under Electric Clouds (Alexey German Jr.), soberbio recorrido por las ruinas de la Rusia actual, solo se valoró el trabajo de sus directores de fotografía Sergey Mikhalchuk y Evgeniy Priven. Peor aún fue el caso de Knight of Cups, el último y más radical trabajo de Terrence Malick, que se fue de vacío. 

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