Isabel Coixet congela la Berlinale
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el festival se inaugura con 'nadie quiere la noche'

Isabel Coixet congela la Berlinale

'Nadie quiere la noche', protagonizada por Juliette Binoche, se convierte en la primera película española de la historia que abre el festival de cine de Berlín

placeholder Foto: Isabel Coixet y Juliette Binoche en la presentación de 'Nadie quiere la noche' esta mañana (Efe/Joerg Carstensen)
Isabel Coixet y Juliette Binoche en la presentación de 'Nadie quiere la noche' esta mañana (Efe/Joerg Carstensen)

Por primera vez en la historia una película española abre el festival de Berlín. Nadie quiere la noche, último trabajo de Isabel Coixet, toma el relevo de The Grand Hotel Budapest (Wes Anderson) como protagonista absoluta de uno de los eventos más importantes del año. La cineasta extiende así su idilio con el certamen alemán, donde ha presentado cinco de sus largometrajes, incluidos Mi vida sin mí (2003) y Elegy (2008) en sección oficial.

Entrevistamos a la realizadora horas antes del acto de apertura. Para ella“es un sentimiento de lealtad con el festival. Esta película podría haber ido a cualquier otro festival del mundo, pero para mí Berlín significa mucho. Ellos escogieron Cosas que nunca te dije para la sección Panorama hace exactamente veinte años. Sin esa oportunidad yo no existiría como cineasta. Me parece importante inaugurar el festival porque es un gran escaparate, aunque yo me hubiera conformado con formar parte de la sección oficial”.

Coixet, cineasta nómada por definición, se desplaza en esta ocasión hasta los confines del Polo Norte para narrar una historia inspirada en personajes reales. En 1908, Josephine Peary llega a Groenlandia siguiendo los pasos de su marido, un célebre aventurero, conquistador de territorios imposibles. Su objetivo es encontrarse con él en esa “terra incognita” que algunos temerarios occidentales soñaban con hacer suya, situando en lo más alto la bandera de sus naciones. Esos hombres cargados de osadía, mezcla de romanticismo e ignorancia, desafiaban a las fuerzas de la naturaleza hasta encontrase en muchos casos con el más absoluto aislamiento o directamente con la muerte.

En lugar de esperar a su esposo en la civilización, Josephine emprende una expedición arriesgada, ignorando el temporal y las recomendaciones de sus colaboradores. Esa insensatez tendrá costes incalculables. Su equipo se desintegra y ella debe afrontar su supervivencia desde la soledad. La única compañía que encuentra es Allaka, una joven esquimal acostumbrada a asistir a los visitantes occidentales. En un alarde de soberbia, Josephine desprecia su ayuda, aunque la crudeza del invierno le obligará a reconsiderar su visión del mundo y aceptar que la nativa es su única vía de salvación.

La directora destaca que “la película no muestra a la inuit de forma primaria, ni paternalista. Me fascinaba retratar a esas dos mujeres en este lugar perdido, intentando saber quiénes son, resistiendo como podían. Me gustaba esa situación de los cuerpos que se juntan. Esas dos personas llegan a un punto que está más allá de cualquier cosa material, y eso esconde una cierta pureza".

Sobre la propuesta visual del film, marcada por la portentosa fotografía de su fiel colaborador Jean Claude Larrieu, pero también por la inestabilidad de la cámara al hombro, Coixet indica que “la película es muy clásica, sobre todo en su estructura. Siempre llevo la cámara en mis películas y ese temblor es una traducción del sentimiento del espectador accediendo a la intimidad de los personajes.” En cuanto al guion, escrito por Miguel Barros, “era una maravilla". "Creo que si Miguel hubiese nacido en otro país ahora estaría escribiendo series para HBO, como True Detective. No hubo que cambiar nada, solo cortamos algunas situaciones que eran demasiado complicadas de rodar”.

Binoche, interpretar desde las sensaciones

Josephine Peary está interpretada por Juliette Binoche, a la que entrevistamos también antes del estreno mundial de Nadie quiere la noche. El currículum de esta gran actriz francesa es glorioso. De Godard a Kiarostami, pasando por Kieslowski o Leos Carax, su presencia está ligada a varios de los cineastas más importantes de las últimas décadas. Sobre su entrada en el proyecto de Coixet, Binoche afirma: “Vi su primera película y me encantó. He seguido su carrera y siempre he tenido la certeza de que trabajaría con ella. Cuando me envió el guion de Nadie quiere la noche me dijo que si yo no interpretaba a la protagonista, no haría la película. Fue una propuesta muy directa y fuerte. Cuando lo leí entendí por qué estaba tan convencida. A mí también me emocionó. Isabel es una artista, su manera de filmar es muy peculiar, de alguna manera se asemeja a la pintura”.

Al preguntarle sobre su personaje, la actriz reacciona con entusiasmo: “Me encanta cuando las películas muestran una transformacióny esta película contiene este sentido de iluminación y crecimiento. Josephine está perdida en el fin del mundo, teniendo que resistir sola. Así, a través del amor, se convierte en alguien mejor, más humano. Lo que me interesa de mi personaje es que está atravesando una crisis. Es muy simbólico, muy actual. A Josephine le cuesta mucho esfuerzo comprender su situación y aceptar a ese otro ser primitivo que está junto a ella. Pero a la vez la necesita para sobrevivir, así que es una lucha muy compleja”.

Con el paso de los minutos, nuestra conversación pasa a convertirse en una fascinante clase de interpretación en la que Binoche expone enérgicamente sus teorías: “Las mejores interpretaciones son las que proceden de sensaciones. Creerte realmente lo que le sucede al personaje. Por supuesto, una utiliza sus recuerdos y su imaginación. Eso es lo que nos apasiona a los actores: trasladarnos a otro mundo con nuestro trabajo, utilizando elementos de nuestra propia vida. Rodamos una gran parte de esta película en estudio, así que teníamos que imaginar el espacio que nos rodeaba. Solo rodamos 10 días en los escenarios naturales deNoruega. Pero la imaginación es lo que te hace interpretar. Yo conocía ese lugar porque viajé allí hace tres años. Por lo tanto, dentro de mí tenía las impresiones que necesitaba para el personaje".

"La pregunta es cómo ser director de cine sin avasallar a los actores. Eso tiene que ver tanto con los hombres como con las mujeres. Existe esta tendencia a empujar demasiado. Acabo de filmar una película con un director novel y la diferencia con un cineasta más experimentado es muy grande. La clave está en dejar espacio, confiar en el actor para que pueda crear”.

Las dos mujeres de Nadie quiere la noche esperan al mismo hombre. La llegada nunca se produce, lo que fortalece la relación entre ellas. Binoche bromea sobre esta cuestión: “Nosotras llevamos toda la vida esperando a que los hombres crezcan de una vez. Aunque pueda sonar presuntuoso, creo que las mujeres somos más rápidas. Quizás sea porque podemos dar a luz o porque tenemos una conexión mayor con la tierra. Una descubre que tiene que ser paciente con los hombres, es algo que se aprende. Pero más que referirse a un tema específicamente femenino, la película trata sobre la humanidad en un sentido que transciende los sexos.”

Para Isabel Coixet,“Juliette es una fuerza de la naturaleza. Sabía que si a ella le fascinaba el proyecto, se tiraría de cabeza, que no le importaría revolcarse por la nieve o tirarse montaña abajo. Eso a mí me aterraba, pero ella ha llegado donde ha llegado porque es así, por su esfuerzo incansable y por su rigor brutal. Ha sido un privilegio trabajar con ella”.

La realizadora sitúa el clásico Nanook, el esquimal (Robert Flaherty, 1922) como referencia primordial: “Fue la película que más veces vimos. Era importante sobre todo para Rinko Kikuchi (la actriz que encarna a Allaka). Ella es una chica japonesa súper sofisticada y tenía que comprender cómo se comportaban los inuit. De hecho hay muchos gestos que tomamos de las mujeres que aparecían en esa película”.

Pese al gran calado de los temas propuestos (especialmente el encuentro entre dos mujeres de mundos antagónicos unidas por un hombre que en el fondo sólo se quiere a sí mismo), el film se orienta excesivamente hacia la lección moral. Los pensamientos y emociones de los personajes se verbalizan mediante una voz en off que, más que mover la historia, subraya lo que vemos.

Uno de los sellos distintivos de Coixet es su manera de representar las emociones, siempre a flor de piel y por lo general envueltas de un tono edulcorado. Nadie quiere la noche sigue la misma tónica, llevando el dolor (físico y sentimental) de sus protagonistas hasta el retorcimiento y la lágrima y reforzando esas sensaciones mediante la banda sonora.

La película está plagada de mensajes que invitan a la audacia: “Todo viaje es peligroso, de lo contrario no sería un viaje”o “Si no hay camino, abre uno”. Sin embargo, desde el principio Nadie quiere la noche propone un rutinario paseo marcado al milímetro por su directora en lugar de una aventura estimulante.

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