estreno de 'siempre alice'

El drama del Alzheimer, carne de Oscar para Julianne Moore

Julianne Moore es la favorita al Oscar a la Mejor actriz protagonista por este drama sobre el Alzheimer

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“Preferiría tener cáncer” afirma Alice, la protagonista de este drama con aroma a Oscar a la Mejor Actriz, cuando empieza a sufrir los estragos del Alzheimer. Su comentario no es caprichoso, sino que pone de manifiesto que cada enfermedad implica una forma de sufrimiento diferente. Y que hay algunas más crueles que otras. Alice es una mujer de 50 años recién cumplidos a quien diagnostican el llamado Alzheimer de inicio precoz, aquel que afecta a personas menores de 65 y suele transmitirse genéticamente.

El personaje nació en la novela Siempre Alice que la neurocientífica Lisa Genova se auto editó en 2007 y acabó convertida en un best-seller. Una pareja de directores bregados en el cine independiente, Richard Glatzer y Wash Westmoreland, se han encargado de trasladar el libro a la gran pantalla, en un drama al servicio del talento de Julianne Moore. La actriz brinda una de esas interpretaciones tan al gusto de los repartidores de premios.

Julianne Moore es la favorita al Oscar a la Mejor actriz protagonista por este drama sobre el AlzheimerAlice lleva una vida que casi podríamos calificar de perfecta. Trabaja como profesora de lingüística en la Universidad de Columbia. Su profesión, además de otorgarle cierto estatus social, implica que tenga un grado de consciencia sobre lo que le está pasando por encima de la del ciudadano medio. Es una experta en la adquisición del habla que vive en carne propia su pérdida. Además, está casada con un hombre igualmente triunfador y su principal problema con sus tres hijos ya adultos es que la menor prefiere ser actriz que estudiar una carrera.

De forma no intencionada, los responsables de Siempre Alice dibujan un entorno socioeconómico de la protagonista que resulta un punto repelente. En otras circunstancias, esta neoyorquina tan del Upper Manhattan sería un personaje carne de comedia o drama neurótico de Woody Allen. Pero aquí su situación acomodada permite a los directores centrarse en las consecuencias individuales y familiares de la enfermedad, sin abordar esa perspectiva más social que se generaría en el caso de que, por ejemplo, la protagonista viviera sola o se encontrara en una situación más precaria.

A Alice el mal no le plantea problemas económicos o de dependencia. En uno de los momentos en que sopesa posibles soluciones a su situación, la protagonista visita una residencia a fin de evaluar su posible estancia allí sin confesar que ella es la posible futura clienta. La protagonista certifica en voz alta lo que nos muestra la cámara: la mayoría de personas ingresadas son mujeres. Es una de las escasas sublecturas colectivas a propósito de la demencia que ofrece el film: sea por circunstancias biológicas (una mayor esperanza de vida...) o culturales (la mujer sigue siendo más cuidadora que cuidada), en los centros para enfermos de Alzheimer predomina el sexo femenino.

Así, Siempre Alice radiografía cómo afecta el Alzheimer a un individuo en concreto. Por un lado, el deterioro cognitivo: las progresivas pérdidas de memoria, las palabras que se olvidan, el sentido de la desorientación que convierte en hostiles entornos hasta entonces familiares, la obsesión por acumular mementos en todas sus formas... Por el otro, Alice experimenta como un castigo social todas estas dolencias : en el trabajo pierde la reputación antes del puesto en sí mismo y se le acaban las ganas de participar en cenas con amigos. Por última la desaparición del propio individuo, que deja de reconocerse a sí mismo y a los otros.

La gran Julianne Moore asume el reto de transmitir todo este deterioro en cada uno de sus estadios. Su trabajo es impecable en este sentido, aunque no necesariamente superior a otras interpretaciones suyas recientes menos del gusto del gran público, como la de Map to the Stars de David Cronenberg, que le valió el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes 2014.

Siempre Alice es un drama elegantemente lacrimógeno, donde la enfermedad queda enmarcada en un contexto íntimo que permite que el trabajo de Julianne Moore despierte las simpatías del espectador

Entre el elenco que la rodea, hay que destacar el trabajo de Kristen Stewart. Las mejores escenas de Siempre Alice son las que comparten ambas actrices como madre e hija que intentan compensar con amor lo que la ciencia no puede curar. A la antigua estrella de la saga Crepúsculo le sientan bien los duetos con actrices más veteranas, como ya se demostró en la aquí todavía inédita Sils Maria de Olivier Assayas, donde también se muestra soberbia dándole la réplica a Juliette Binoche.

Siempre Alice es una película con la clara vocación de concienciar a la sociedad sobre la problemática del Alzheimer, un mal que a lo largo del metraje se define poéticamente como el arte de perder cada día. La misma Alice, cuando todavía mantiene cierto grado de conciencia, se encarga de dar una conferencia al respecto donde recalca la importancia de que se encuentre una cura a la enfermedad para que sus hijos no tengan que sufrir lo mismo que ella.

Los directores optan en este sentido por el camino más fácil. Siempre Alice es un drama elegantemente lacrimógeno, donde la enfermedad queda enmarcada en un contexto íntimo y un punto aséptico que permite que el trabajo de Julianne Moore despierte sin problemas las simpatías del espectador.

Siempre Alice

Dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland

Duración: 99 minutos

Género: Drama

Nacionalidad: EEUU

Intérpretes: Julianne Moore, Alec Baldwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth, Hunter Parrish

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