del reconocimiento internacional al parón patrio

¿Es hoy el cine español Marca España?

La industria necesita un apoyo institucional inteligente para que el cine español vuelva a ser, como antaño, uno de los bastiones de la llamada marca España

Foto: Rodaje de 'La piel que habito', de Pedro Almodóvar (EFE)
Rodaje de 'La piel que habito', de Pedro Almodóvar (EFE)

Entendemos por películas españolas aquellas que, dirigidas por un español, han sido realizadas o desarrolladas por un equipo creativo, mayoritariamente, de nuestro país. Esto nos lleva a considerar españolas películas como Un perro andaluz, de Salvador Dalí y Luis Buñuel, aunque estuvo financiada por franceses, y Viridiana, de Buñuel, aunque fue sufragada mayoritariamente por Gustavo Alatriste, de México.

Perdita Durango, Lo imposible, Los otros y El sueño del mono loco, de Alex de la Iglesia, Juan Antonio Bayona, Alejandro Amenábar y Fernando Trueba respectivamente, están rodadas en inglés y son, no obstante, muy españolas. Sin embargo, Campanadas a medianoche y La historia inmortal, de Orson Welles; Por un puñado de dólares, de Sergio Leone; el Cristóbal Colón de Ridley Scott o El discreto encanto de la burguesía de Luis Buñuel, aunque formalmente españolas, son extranjeras de creación.

El cine español de los 60 era tan español, tan Marca España, y tan inaccesible para la mayoría de los españoles como el jamón de Jabugo

Los autores, guionistas, productores, directores y actores de nuestro país han hecho posibles importantes filmes que han permitido pasear la imagen de España por el mundo. Las películas producidas por Cesáreo González y Benito Perojo tuvieron una presencia importantísima en el cine de los años 40 y 50 del siglo pasado. Sara Montiel y Jorge Mistral fueron estrellas incuestionables en el mundo y, especialmente, en los países de habla hispana. Fueron tan conocidos y admirados como, por ejemplo, el burrito Platero o el torero Manolete.

Pero es el nuevo cine español que nace en los 60 de la mano de Juan Antonio Bardem, Luis García Berlanga, Carlos Saura y, sobre todo, Rafael Azcona (guionista), así como con actores como Fernando Rey, Fernando Fernán Gómez y Paco Rabal, el que alerta al mundo de la existencia de un cine de autor que hasta hoy mismo goza de un gran prestigio entre los cinéfilos del mundo entero.

Ya para entonces Luis Buñuel, de Calanda (Zaragoza), era un director universal, aunque considerado director mexicano para unos y francés para otros. Su rodaje de Viridiana en España, su Palma de Oro en Cannes y el cese de Franco a su ministro de Información por permitir la existencia de la película volvió a recordar al mundo que don Luis era español. Después vino Tristana, rodada en Toledo con Catherine Denueve. El filme, pese a ser producido por el francés Serge Silberman, continuó estableciendo a nuestro más admirado y querido director como un producto genuino hispano gracias a los también productores Eduardo Ducay, Pere Portabella, Ricardo Muñoz Suay y Víctor Zapata, responsables de su vuelta a España.

Imagen de 'Viridiana', de Luis Buñuel
Imagen de 'Viridiana', de Luis Buñuel

Unos tiempos de feroz censura franquista en la que la historia de la España contemporánea se contaba desde la editorial francesa Ruedo Ibérico, del libertario José Martínez, publicando desde París los libros más deseados por los demócratas españoles. Este era nuestro país, donde el cine era protagonista, dentro y fuera de nuestras fronteras, y donde poco más era culturalmente notable, con apreciadísimas excepciones como la música del maestro Rodrigo, la pintura de El Paso y el Nobel de Juan Ramón Jiménez.

Todo ello tan español, tan Marca España, y tan inaccesible para la mayoría de los españoles como el jamón de Jabugo.

Arrasando en los festivales internacionales

A finales de los 60 y 70 apareció la Escola de Barcelona y, sobre todo, la fuerza expresiva de un autor universal: Carlos Saura, que desde Madrid, aupado por el mejor productor de la historia de nuestro cine, Elías Querejeta, permitió a España estar presente en todos y cada uno de los más importantes festivales del mundo. Los palmarés de Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián los copaban películas españolas.

De la factoría Querejeta y aledaños, aparecieron José Luis García Sánchez, Víctor Erice, Manuel Gutiérrez Aragón, Fernando León de Aranoa e incluso nuestro reciente recordman de taquilla, Emilio Martínez Lázaro. Muestra del éxito de nuestras películas en el mundo fueron los dos años en cartel de El espíritu de la Colmena en el cine Academy de Oxford Street. Cría cuervos se convirtió (canción incluida) en un éxito mundial. Otros muchos directores españoles comenzaron a traer a casa los grandes premios de los festivales más importantes del mundo.  

Fernando Colomo durante el rodaje de 'La banda Picasso' (Efe)
Fernando Colomo durante el rodaje de 'La banda Picasso' (Efe)

Todas las películas mencionadas hasta aquí fueron realizadas bajo la vigilancia y control de una feroz censura estatal, pero también con la política industrial de un régimen que, aunque dictatorial, entendía el valor del cine como medio para vender la imagen y marca de un país. 

Como la cocina española, se iban abriendo paso por el mundo entero nuestras formas de guisar el séptimo arte.

Es una desgracia que Gobiernos como los de Zapatero y Rajoy no entendiesen ni entiendan el valor estratégico de nuestro cine

El revulsivo de la ley Miró

La muerte de Franco y el subsiguiente período de la Transición nos ocupó a todos en cuestiones urgentes de reorganización, y la producción de cine español sufrió un parón, sólo activado con la llegada al Ministerio, ya de Cultura, de Javier Solana. Una Ley de Cine gestionada con el Gobierno por una audaz e inteligentísima directora general, cargo que ocupaba Pilar Miró, hizo que comenzaran a hacer cine con continuidad Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Fernando Colomo y muchos otros grandes cineastas que en los siguientes 20 años compartirán la creación cinematográfica junto con los maestros del pasado reciente. Además, se posibilitó la aparición de jóvenes talentos.

Los años 1980-2000 han sido los más fructíferos de nuestro cine como industria. La consagración de veteranos como Vicente Aranda, Mario Camus, Pedro Olea, José Luis Borau, Imanol Uribe, Agustí Villaronga, Jaime Chávarri, Montxo Armendáriz, Isabel Coixet y Bigas Luna y, sobre todo, la eclosión como gran creador internacional de Pedro Almodóvar, que junto a José Luis Garci, Álex de la Iglesia, Julio Medem, Manuel Gómez Pereira, José Luis Cuerda, Agustín Díaz Yanes, Fernando León, Icíar Bollaín, David Trueba, Gracia Querejeta, y muchos otros, han colocado a nuestras películas como una importante e influyente marca de nuestra España.

Marca España pura. Mucho más que el mazapán o el submarino de Isaac Peral.

Penélope Cruz en la última gala de los Oscar (Efe)
Penélope Cruz en la última gala de los Oscar (Efe)

Es una desgracia que Gobiernos como los de José Luis Rodríguez Zapatero (pese a su falsa complicidad con ‘los de la Ceja’) y Mariano Rajoy no entendiesen ni entiendan el valor estratégico de nuestro cine, que se distribuye en todo el mundo, incluidos mercados como Francia, Italia, Estados Unidos, Alemania, Japón u otros más exóticos como Corea, Australia y Finlandia. En las décadas de los 80 y 90 fuimos, después de Francia, el país más nominado al Oscar a la Mejor Película Extranjera, siendo desde entonces y a pesar de la sequía de los últimos años el país que, junto con Italia, más veces lo ha recibido: cuatro. El cine español se abría caminos por el mundo, como nuestros vinos.

Sin embargo, la política cinematográfica de los últimos Gobiernos –aunque se haya estimulado un cine para consumo interior hecho al dictado de las televisiones– ha forzado a nuestro mejor talento a trabajar en inglés o fuera, como hacen Penélope Cruz, Javier Bardem, Alejandro Amenábar, Antonio Banderas, Jordi Mollá, Paz Vega, Juan Antonio Bayona y muchos otros.

Hay que cuidar las viñas. Son muchos los creadores jóvenes que están a la espera de poder continuar construyendo un cine español representativo de nuestra historia y presente. Un cine como medio masivo de comunicación, influyente en nuestra sociedad, educativo y que entretenga y divierta a todos los públicos. Nuestro cine está en las manos de nuestros jóvenes cineastas y a nuestro Gobierno pedimos una vez más un apoyo inteligente para hacer MARCA ESPAÑA.

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