La Ciudad de la Luz no sale de la oscuridad
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el hundimiento de una industria

La Ciudad de la Luz no sale de la oscuridad

El grupo Furtivos analiza como la desidia y la incompetencia de las administraciones acabó con el tejido cinematográfico español

Foto: Bayona y Ewan McGregor en los estudios Ciudad de la Luz (EFE)
Bayona y Ewan McGregor en los estudios Ciudad de la Luz (EFE)

La NO política cinematográfica desarrollada por el Estado central y sus comunidades autónomas han permitido que una iniciativa valiente, creativa e industrialmente posible fracase. Ha tenido que venir un cineasta extranjero, Ridley Scott, para recordarnos que los Estudios de la Ciudad de la Luz en Alicante son los mejores de Europa y reprocharnos también que estén vacíos.

Luis García Berlanga, uno de los más emblemáticos directores de nuestro cine, estuvo siempre obsesionado con la idea de que la producción de cine debía depender del Ministerio de Industria y no del de Cultura. Entendía Berlanga que un cine competitivo necesita una infraestructura industrial dotada de estudios de rodaje, con sus diferentes departamentos de construcción de decorados, vestuario, efectos especiales y, en general, de todos esos servicios que permiten que un cineasta entre en ellos con un guion y salga con una película.

Quiso el azar que nuestro admirado director lograra convencer a Eduardo Zaplana, entonces presidente de la Comunidad Valenciana, de promover esos tan añorados estudios. Y así nació el proyecto de la Ciudad de la Luz, un modernísimo complejo cinematográfico que ya en su primera fase de construcción, gracias al impulso de Berlanga y de un puñado de amigos-colaboradores, fue la envidia de sus competidores europeos. Pero José María Aznar (¡siempre Aznar!) llamó a Zaplana a Madrid para nombrarle ministro, por lo que la finalización y gestión de la Ciudad de la Luz pasó a ser responsabilidad del nuevo Gobierno valenciano de Francisco Camps.

Hoy la Ciudad de la Luz no tiene más futuro que el de convertirse en unas naves para colgar y secar jamones, como ya en su día auguró Berlanga. 380 millones de euros de deuda a la propia Generalitat, como consecuencia de un proceso judicial iniciado en Bruselas por la competencia inglesa contra la sociedad propietaria de los estudios, han paralizado este gran proyecto.

Para cualquier país, atraer el rodaje de películas extranjeras a su territorio es un objetivo estratégico. Son ejemplos de ello países tan diversos como Malta, Hungría, Marruecos, Inglaterra, Francia, Alemania, Checoslovaquia, etc. Todos estos países europeos, al igual que muchos de los estados de EEUU y otros países americanos, como la República Dominicana, Colombia y Brasil, disponen de unas muy activas Film Commissions, agencias de marketing para conseguir atraer rodajes que suelen generar millones y millones de dólares. Para ello es esencial recompensar a los clientes con algún incentivo, que habitualmente consiste en la devolución de una parte de los gastados por las productoras en el país que alberga el rodaje. Esto, por supuesto, está perfectamente regulado y controlado por las agencias tributarias de los Gobiernos de cada uno de estos países.

La edad de oro

En los años 60 y 70 del siglo pasado, España vivió el esplendor cinematográfico industrial del fenómeno Bronston, que despertó el interés de los grandes estudios de Hollywood. Películas como Rey de Reyes, Salomón y la reina de Saba, La caída del Imperio Romano, El Cid, El fabuloso mundo del circo, Orgullo y pasión, Espartaco, Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, 55 días en Pekín, Nicolás y Alejandra, Rojos, Patton, Conan el Bárbaro y muchas otras trajeron a nuestro país a las más grandes estrellas de Hollywood. Se estima que la inversión superó los mil millones de dólares a precio actual.

Hoy España puede ofrecer a los productores extranjeros técnicos y actores con sueldos muy competitivos con respecto a los de Francia, Alemania, Escandinavia, Inglaterra y EEUU. Nuestros paisajes, ciudades y monumentos siguen siendo los mismos. Somos un país moderno y democrático y la popularidad de España en el extranjero es enorme entre los ciudadanos en general y la urbe cinematográfica en particular. ¿Por qué no vienen en masa las empresas extranjeras? ¿Por qué nuestras escasas grandes producciones se van a rodar al extranjero, como ha ocurrido recientemente con la serie de televisión Alatriste?

Las grandes producciones tipo James Bond o El hobbit se refugian en el Reino Unido, pese a que sus precios son muy superiores a los españoles, porque el Estado inglés ofrece a las películas un rebate de un 20% sobre los gastos y pagos efectuados en Inglaterra. La segunda competencia para España viene de Praga y Budapest, ciudades dotadas de estudios que, sin poder compararse con la Ciudad de la Luz, ofrecen precios competitivos y premios a la inversión en sus países. Estas políticas son seguidas por estados de medio mundo. Aquí hemos tenido recientemente la experiencia de Canarias para poner en valor su comunidad y atraer rodajes con las limitaciones propias de un territorio pequeño.

1. Producir en España 180 películas cuesta ahora 144 millones de euros. En 2001, producir este mismo número de filmes requería de una inversión de 540 millones. Hoy la práctica totalidad de técnicos y actores españoles están en el paro o refugiados en la televisión y el teatro. Han desaparecido, asimismo, laboratorios, estudios y empresas de construcción de decorados.

2. Producimos películas, salvo una docena de ellas, sobre el supuesto de "una película: un hombre y una cámara". Los pocos actores y técnicos que trabajan en ellas lo hacen sin percibir salario alguno.

3. Todo lo que queda del sector de la industria cinematográfica española está sumido en una tremenda depresión.

4. Los productores extranjeros no vienen a rodar a España, salvo que imperiosamente necesiten un paisaje particular sólo existente en nuestro país o por el capricho de algún productor-director.

Soluciones para el inmediato futuro: promover una ley que ofrezca un 25% de devolución sobre la inversión, una vez realizada y justificada, a todas las producciones que se rueden en España, sean nacionales o extranjeras, con la condición de que se imputen como gastos sólo aquellos realizados a personas físicas o empresas españolas que tributen en nuestro país y, naturalmente, con algunas limitaciones. Para legislar, nuestro Gobierno sólo necesita observar las disposiciones a este respecto del Reino Unido y Marruecos.

Si se adoptara esta medida, todas las demás subvenciones podrían suprimirse y el ICAA podría reducir sus funciones a la promoción del cine español, estimulando acuerdos internacionales de coproducción, y quizás a calificar las películas para su exhibición en España.

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