eSTRENO DE 'JIMMY'S HALL' DE KEN LOACH

Danzad, danzad, proscritos

Llega a las salas el nuevo filme de Ken Loach, 'Jimmy's hall' la historia real de un irlandés que consiguió unir el baile y el activismo político

Foto: Danzad, danzad, proscritos

El líder comunista James Gralton ha quedado para la Historia como el único irlandés deportado de su propio país. Como tantos otros de sus compatriotas, Gralton emigró a Estados Unidos a principios del siglo pasado huyendo de la pobreza en su tierra natal. Allí adquirió la nacionalidad norteamericana y se adhirió al Partido Comunista. Pero regresó a Éire en un par de ocasiones, la primera para luchar en la Guerra de Independencia y la segunda para cuidar de su madre. La figura de Gralton inspira la nueva incursión en el pasado de Irlanda que realiza Ken Loach, junto a su guionista habitual Paul Laverty, tras El viento que agita la cebada (2006). 

En este caso, el cineasta británico aparca las escisiones internas surgidas en el seno de los movimientos por la independencia después del Tratado anglo-irlandés de 1921 que nutrían su anterior film irlandés, galardonado con la Palma de Oro en Cannes. Aunque Gralton también se vio implicado en estos conflictos, a Loach le interesa mucho más otra de sus facetas. La del hombre que articuló la práctica del activismo político en su pueblo a través del baile.

Jimmy's Hall arranca cuando el protagonista regresa por segunda vez de Estados Unidos, a principios de los años treinta. La Gran Depresión está dejando sin trabajo a muchos emigrantes que no lo tienen mucho mejor en sus países de orígenes. Sin embargo, a pesar de la crisis económica, en Irlanda se respiran aires de esperanza tras la proclamación de la independencia y el logro de cierta estabilidad política.

Gralton también retorna porque se ve obligado a cuidar de su madre tras la muerte del hermano mayor que se encargaba de la granja en una aldea en el interior del país. A petición de los jóvenes de la comarca, el activista aprovecha su regreso para reabrir una antigua sala de baile que había montado en su anterior visita. Este hall no funciona como un mero espacio donde danzar.

La figura de James Gralton inspira la nueva incursión en el pasado de Irlanda que realiza Ken Loach, junto a su guionista habitual Paul Laverty, tras El viento que agita la cebadaGralton lo convierte en un verdadero lugar de encuentro para la gente del pueblo, un espacio común donde se dan clases de todo tipo de disciplinas, del gaélico a  la música, se discuten los problemas colectivos y se plantean acciones contra los abusos de los terratenientes. El hall de Jimmy representa un oasis de libertad en un pueblo, y un país, donde todos los espacios de socialización están controlados por la Iglesia.

El éxito de la sala de baile es apoteósico. Gralton trae consigo un gramófono y su colección de discos de jazz. Los nuevos ritmos de baile suponen un toque de modernidad que seduce de inmediatos a los jóvenes de la Irlanda profunda, educados en una religión represora. Lo que no tarda en despertar las suspicacias del cura y el terrateniente locales. A partir de aquí se declara una guerra abierta entre las viejas instituciones de poder y los jóvenes que, animados por la música y los discursos de Jimmy, quieren organizarse al margen o en contra de ellas.

A Ken Loach le sientan bien los viajes a Irlanda. El hecho de ambientar la historia en los paisajes bucólicos de la isla esmeralda de hace casi un siglo le confiere a Jimmy's Hall un encanto del que no suelen disponer sus  películas situadas en la Gran Bretaña contemporánea. Contar con una sala de baile como centro neurálgico la narración también le otorga un plus de calidez.

Esta debe ser una de los títulos del cineasta donde se ve a los personajes disfrutar durante más tiempo de varios momentos de alegría compartida. Jimmy's Hall tiene cierta planta de película clásica, protagonizada por un galán de clase obrera (a quien encarna el por aquí poco conocido Barry Ward) que todavía está enamorado de la novia a la que abandonó para marcharse a Estados Unidos. Un héroe que verá como la Iglesia lo acaba expulsando de su propio país.

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Por otro lado, el film se estructura dramáticamente en dos bandos bien diferenciados: el poder opresor en lo moral y en lo económico que representan la Iglesia y el cacique, por un lado; el pueblo, por el otro. Loach y Laverty se mueven en el campo de los arquetipos y no conciben matices en estos perfiles. En su voluntad de ofrecer una imagen positiva de la clase obrera acaban cayendo en cierta idealización que paradójicamente tiene mucho de santurrona. En la Irlanda de Jimmy's Hall, los amantes apenas se besan, las madres son todas coraje y la gente corriente ¡no bebe alcohol!

Aunque la película tenga lugar en el pasado, Loach y Laverty han escogido una historia que se puede leer sin problema en presente. Los pequeños campesinos de Jimmy's Hall son víctimas de una crisis económica que se convierte en la excusa para desalojarlos de sus tierras. En mítines y asambleas (marcas de la casa), los lugareños toman conciencia de que deben actuar unidos contra esta injusticia. Su militancia ha nacido en el mismo espacio y junto a la misma gente con quien bailan cada fin de semana.

 

Jimmy’s hall

Dirección: Ken Loach

Duración: 106 minutos

Género: Drama histórico

Nacionalidad: Reino Unido

Intérpretes: Barry Ward, Simone Kirby, Andrew Scott, Jim Norton, Brian F. O'Byrne

Cine
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