El cine español muere pese al éxito
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ignorado y desatendido, pero triunfando en taquilla

El cine español muere pese al éxito

Llega una nueva edición de la fiesta del cine y con ella de disfrutar las películas españolas en el mejor año de su historia pese a estar desatendido

Foto: Colas en la primera edición de la Fiesta del Cine (Pablo López)
Colas en la primera edición de la Fiesta del Cine (Pablo López)

Hoy se celebra la Fiesta del Cine. Muchos ciudadanos están (estamos) dispuestos a repetir una costumbre antigua, pero muy hermosa: gentes de variadas sensibilidades, edades y clases sociales se agolparán ante pequeñas taquillas para entrar en unas salas, atraídos por los artistas y las historias que aparecerán en una gran pantalla. O, sencillamente, para reír en grupo. ¡Qué gran sensación reír, emocionarse colectivamente!

Sin duda el cine ha sido el gran signo cultural del siglo XX en todo el mundo. Pero estamos en un siglo nuevo y el cine mundial padece muchos problemas. Puede que sean síntomas de crecimiento, puede que de vejez: la piratería, la voracidad de las grandes multinacionales, la competencia de nuevas formas de entretenimiento y de cultura…

¿Y qué sucede en España? Pues que estamos en una situación parecida a la de cualquier país de nuestras características, pero mucho peor. Se clausuran cines para abrir tiendas de moda, seguimos regalando nuestra lengua al cine extranjero, desaparecen industrias y servicios auxiliares, se desploman las fuentes tradicionales de financiación, adelgazan las posibilidades de distribución… Como consecuencia, el paro en el sector se acerca al 80%.

Sin embargo, la historia del cine español no siempre fue como hoy muchos creen que ha sido. Sólo a título de ejemplo: en 1975 se produjo una película, Furtivos, en momentos en los que el tardo-franquismo y el dictador agonizaban.

La exhibición de película fue censurada y prohibida en los festivales de Berlín (febrero) y Cannes (mayo) por no aceptar su productor-director que el filme fuese mutilado con los 40 cortes propuestos por la Junta Nacional de Censura. La resistencia, tesón y valentía de José Luis Borau y aquellos quele acompañaban profesionalmente hicieron que finalmente la película fuese estrenada en el Festival de San Sebastián (septiembre) y exhibida con gran éxito en toda España. La dignidad, el orgullo y la decencia de esos cineastas que tanto contribuyeron a acercar nuestro cine a la Europa democrática es lo que nos inspira e invita a presentar a la sociedad española, nuestras reflexiones y furtivas propuestas, con la esperanza de movilizar a nuestros compañeros e intentar que el Gobierno rectifique su actual política cultural y, muy en particular, la cinematográfica.

Porque nuestro particular enfermo, el pobre cine español, parece que estuviera en manos de unos doctores tremendamente inhábiles y demasiado ocupados en atender otras tareas. Los políticos que se han acercado a nuestro enfermo lo han hecho con poco cariño, sin la necesaria atención y, salvo excepciones, con muy poquita admiración. Nosotros, los Furtivos, aunque no podamos operar, procuraremos en la medida de nuestras posibilidades ir sugiriendo tratamientos.

Pero cine español no sólo padece de desgobierno. Casi desde su nacimiento, por muchas y variadas razones, las películas españolas fueron menospreciadas y atacadas por casi todos los órganos de opinión. Poco a poco, aun recibiendo apasionados elogios a alguna película concreta, se generalizó la etiqueta ‘cine español’ que se acompañaba permanentemente de los calificativos denigratorios más variados: que si es malo, que si los cineastas españoles unos incompetentes, que si rojos, que si los productores españoles unos estafadores, que si encima han sido privilegiados por los poderes públicos, que si se llevan brazadas de billetes del sector público, que si ya está bien de películas de la Guerra Civil…

Esa era y sigue siendo la opinión que salía y sale publicada en nuestros medios, porque curiosamente en el ámbito privado, familiar o internacional ocurre algo bien distinto. Ahí la opinión es mucho más favorable. ¿Por qué? ¿Quién mueve los hilos de ese prejuicio? Ese sería un estupendo argumento para una película de misterio.

Mientras las salas de cine se cierran sin ser sustituidas por otras vías de distribución y exhibición, el Gobierno nos entretiene con proyectos de desgravaciones fiscales y consiente que sigamos siendo uno de los dos países del mundo donde la piratería de contenidos está más extendida. Un Gobierno más interesado en salvar la fiesta de los toros que en ayudar al sector cultural reduciendo el injustificable IVA del 21%. A los partidos de la oposición tampoco parece preocuparles en exceso la producción de cine español. Ni siquiera los últimos y espectaculares éxitos de taquilla parecen haber despertado el interés y curiosidad por el presente y el futuro de nuestra industria y sus profesionales, tan diversos en sus ideas y en sus oficios como los de cualquier otro sector.

Lo paradójico –en este caso, afortunadamente– es que, en este momento de desencanto social y político generalizado, el cine español siga conectando con su público. No hay más que repasar los datos de asistencia de ciertas películas para comprobar que, aun hipercriticado por un lado e ignorado por el Gobierno, la producción sobrevive a la tenaza. Pero ¿por cuánto tiempo?

De momento, celebremos la Fiesta del Cine. Con toda seguridad habrá películas españolas entre las más taquilleras. Y algunas otras, entre las de más calidad. Vayan al cine mientras puedan. Puede que dure poco.

Continuará.

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