La maldición de los deseos cumplidos
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ESTRENO DE 'MAGICAL GIRL'

La maldición de los deseos cumplidos

Llega a las salas la gran triunfadora del último Festival de San Sebastián: 'Magical Girl'

Foto: 'Magical girl', ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián
'Magical girl', ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián

En una escena de Magical Girl, el segundo largometraje de Carlos Vermut con el que se alzó con la Concha de Oro y el Premio al mejor director en la última edición del Festival de San Sebastián un personaje desgrana un monólogo sobre la pasión por los toros en España. Según Oliver (Miquel Insua), la afición a la tauromaquia en el país se explica porque plasma esa dialéctica tan española entre irracionalidad y sentido común.

La declaración del personaje ofrece, sin duda, una clave útil y clara para interpretar la película. En Magical Girl algunos personajes también se debaten entre sus pulsiones interiores y aquello que les dicta la mente. Pero este pulso entre dos extremos también pone en evidencia la naturaleza dual de la obra de Carlos Vermut, un director que con apenas dos largometrajes y varios cortos ya se ha convertido en una de las miradas más personales y de culto del cine español.

Como su anterior largo Diamond Flash, Magical Girl también toma su nombre y punto de partida del imaginario de los superhéroes. Si en la sorprendente ópera prima de Vermut, una niña lectora de cómics soñaba con un Superman que la salvara de su gris cotidianidad, en su segundo filmE otra pequeña, esta vez enferma de leucemia, quiere más que nada en el mundo un disfraz de Magical Girl, el trasunto femenino e infantil del héroe con poderes mágicos que triunfa en el manga y el anime japonés.

El deseo de Alicia (Lucía Pollán) se convierte en obsesión para su padre Luis (Luis Bermejo), un profesor en paro cuyos ingresos no cubren el desorbitado precio del regalo. Luis decide tomar medidas desesperadas para conseguir el traje y acaba entrando en contacto con una mujer muy alejada de su mundo, Bárbara (Bárbara Lennie), que vive junto a su marido Alfredo (Israel Elejalde).

Las realidades de Luis y Bárbara no podían estar más alejadas. Él representaría al hombre ordinario y cabal, de vida gris y sensata que de repente se encuentra en una encrucijada a causa del azar (la enfermedad de la hija) y las circunstancias (la crisis económica en España). Ella es una mujer sofisticada de misterioso pasado que mantiene una relación de tintes sadomasoquistas con su pareja. También como llevaba a cabo en Diamond Flash, Vermut establece conexiones subterráneas entre estas historias a priori paralelas. E introduce un tercer elemento en la ecuación, otro profesor a punto de salir de la cárcel por un crimen que no se explicita, Damián (José Sacristán).

Magical Girl se impregna de la herencia del cine noir tanto en el aire fatalista que preside la trayectoria de los protagonistas como sobre todo en la construcción del personaje de Bárbara. Pocas femmes fatales tan fascinantes ha ofrecido el cine español como la que dibuja Vermut en esta película. Bárbara recoge las esencias del comportamiento de las mujeres del cine negro estadounidense: es una fémina de sexualidad desbordante que conduce a los hombres que la aman a la perdición. Pero también es una persona aficionada al masoquismo que convierte su cuerpo en una urna de tortura y dolor durante unas sesiones que el cineasta condena al misterio del fuera de campo. Como sucedía con algunos personajes femeninos de Diamond Flash, Bárbara es al mismo tiempo víctima y verdugo, manipulada y manipuladora, misteriosa y directa. Bárbara Lennie, la actriz que mejor aguanta un primer plano en nuestro país, otorga al personaje el magnetismo necesario. La cicatriz que se abre sobre su rostro fija de manera icónica la relación del personaje con el tormento y el éxtasis.

Carlos Vermut no tenía fácil estar a la altura de las expectativas que había levantado tras el fenómeno que supuso Diamond Flash. Ningún otro título del cine español reciente ha cosechado tantos elogios superlativos entre críticos y aficionados. Este director proveniente del mundo del cómic irrumpió en el cine con una obra de presupuesto mínimo que no apelaba a referentes claros. Su ópera prima no permitía encasillamientos fáciles ni lecturas rápidas. Y en ello radicaba parte de su fascinación.

Con Magical Girl, Vermut se reafirma como un director capaz de desarrollar un universo personal de tintes oscuros pero con personajes fácilmente reconocibles a través de una puesta en escena de apariencia simple y engranaje complejo. Sin plantear una estructura tan intrincada como Diamond Flash, Magical Girl vuelve a avanzar con pulso impecable por los laberintos tormentosos y contradictorios del comportamiento humano.

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