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Una China más negra que roja
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ESTRENO DE 'BLACK COAL'

Una China más negra que roja

Llega a las salas españolas 'Black Coal', la película que ganó el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín

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Recurrir al género, del policíaco al terror, siempre ha resultado una manera eficaz de abordar tangencialmente una realidad que, por otros motivos, no se quiere o no se permite enfocar de manera frontal. En el cine chino, donde la censura política sigue vigente, han coincidido este último año dos títulos que se amparan en el género para hablar del conflictivo presente del país. Jia Zhangke lo ha llevado a cabo en Un toque de violencia y Diao Yinan estrena ahora en España Black Coal, su particular incursión en el cine noir que consiguió el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín.

Black Coal arranca en 1999, cuando la policía encuentra los pedazos de un cuerpo descuartizado desperdigados por diferentes fábricas de carbón en una provincia en el norte de China. Mientras siguen la pista de la posible víctima, un interrogatorio se complica y deriva en un tiroteo. El protagonista, el detective Zhang Zili, acaba herido en el hospital sin poder asistir al entierro de sus compañeros. Cinco años después, reencontramos a Zhang divorciado, alcohólico y distanciado de su anterior trabajo. Sin embargo, un antiguo compañero lo requiere cuando se producen unas muertes idénticas a las que investigaron años atrás. Y el nexo de unión entre ellas se encuentra en la lavandería donde trabaja la viuda de la primera víctima.

Al contrario de otros policíacos recientes, Black Coal bebe mucho más de la literatura y el cine negro norteamericanos de los años treinta y cuarenta del siglo pasado que del procedimental televisivo contemporáneo. Diao privilegia la construcción de una atmósfera malsana a partir de las relaciones viciadas que se establecen entre los personajes por encima de la resolución de una trama que entraña un misterio.

Los dos protagonistas principales funcionan como arquetipos del noir. Por un lado, el policía desahuciado por la vida que sin embargo mantiene la obsesión por resolver un caso y queda fatalmente prendado por la mujer a quien investiga, Wu Zhizhen. Por el otro, la femme fatale con aspecto de mosquita muerta que provoca la muerte de los hombres que la desean. Como en las mejores obras de Raymond Chandler, James M. Cain o Dashiell Hammett, los dos protagonistas actúan movidos por una moralidad tan turbia como ambigua.

La atracción del policía por la viuda negra tiene una naturaleza a la vez instintiva y pragmática. No queda claro si Zhang tiene más ganas de acostarse con ella que de meterla en la cárcel. Y no se puede afirmar que Zhizhen sea una mujer inocente, pero a lo largo del film también queda claro que ha sido víctima de continuados abusos por parte de hombres diversos. Entre ambos pesan más los silencios y los secretos que los encantos de una relación romántica al uso.

Diao inserta la trama criminal de Black Coal en un paisaje muy concreto. Con un ojo puesto en la obra de Jia Zhangke (y su director de fotografía Yu Lik-wai), el cineasta que desde la ficción mejor ha rodado la China de provincias, Diao combina el retrato realista de esta zona minera con una fotografía muy ambiental, casi onírica, que se apoya en la iluminación a base de neones de la ciudad donde tiene lugar buena parte de la película.

El contexto propicia ciertos apuntes impresionistas sobre el malestar en la sociedad China: la sopa con ingrediente inesperado en ese restaurante improvisado dentro de un autobús, el robo de la motocicleta tan bien filmado, las dificultades que se adivinan en las vidas de algunos personajes que visita la policía… Sin embargo, Black Coal destila una turbiedad más atmosférica que institucional. Aunque la historia se mueve entre dos de los sistemas más corruptos de China, la policía y la industria minera, Diao no llega a meter la nariz en ninguno de ellos. Ambos se quedan como un mero contexto o paisaje fotogénico para el desarrollo noir del film. Para películas chinas que aborden, por ejemplo, la podredumbre en la minería, hay que recurrir a títulos como la oscurísima Blind Shaft (Li Yang, 2003).

Los directores chinos de prestigio internacional tienen que hacerse un hueco en las salas monopolizadas por los grandes éxitos comerciales. En este sentido, lo sucedido con Black Coal puede considerarse todo un logro en su país de origen. El film batió récords de taquilla para una obra de su presupuesto gracias en parte a la expectación creada tras obtener el Oso de Oro y el Premio a la Mejor Interpretación Masculina en el pasado Festival de Berlín. Eso sí, el film tuvo que estrenarse con algunas escenas recortadas. Una película como Black Coal resume muy bien lo que está cambiando y lo que todavía queda por cambiar en lo que a visibilidad se refiere en el cine chino contemporáneo.

Black Coal

Dirección: Diao Yinan

Género: Negro

Nacionalidad: China

Duración: 106 minutos

Intérpretes: Liao Fan, Gwei Lun-mei, Wang Xuebing, Wang Jingchun, Yu Ailei

Recurrir al género, del policíaco al terror, siempre ha resultado una manera eficaz de abordar tangencialmente una realidad que, por otros motivos, no se quiere o no se permite enfocar de manera frontal. En el cine chino, donde la censura política sigue vigente, han coincidido este último año dos títulos que se amparan en el género para hablar del conflictivo presente del país. Jia Zhangke lo ha llevado a cabo en Un toque de violencia y Diao Yinan estrena ahora en España Black Coal, su particular incursión en el cine noir que consiguió el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín.

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