el director produce y dirige la serie 'the knick'

Steven Soderbergh se pasa a la cirugía

El realizador vuelve a dirigir para la televisión en 'The Knick', una mirada a los inicios de la cirugía a principios del siglo XX que ha dirigido, producido y fotografiado

Foto: Clive Owen en un fotograma de 'The Knick' (Canal +)
Clive Owen en un fotograma de 'The Knick' (Canal +)

Ha flirteado con la droga, con los robos de bancos, se ha sumergido en la vida de los strippers y ahora, Steven Soderbergh, se ha pasado a la cirugía.

El director americano puede presumir de tener una de las carreras más personales y a la vez heterogéneas del cine americano, algo que viene a corroborar su último proyecto: The Knick (Que en España emite Canal +), protagonizado por Clive Owen. Una visión sin concesiones a los inicios de la medicina moderna en 1900.

Pero que nadie busque este trabajo en salas, lo nuevo de Soderbergh es para televisión. No es la primera vez que el realizador de filmes como Sexo, mentiras y cintas de vídeo pone sus ojos en la pequeña pantalla, de hecho su anterior trabajo, Behind the Candelabra, también fue para el mismo medio.

The Knick es un proyecto del canal Cinemax, una filial de la HBO, el canal por cable más prestigioso en EEUU y que ya produjo Behind the Candelabra. Han sido los dueños de la cadena los que han devuelto al director las ganas de rodar. El realizador anunciaba (aunque no era la primera vez que lo dejaba caer) en 2013 a la revista Vulture que tras Efectos secundarios no volvería a dirigir cine: "Para que quede claro, no voy dirigir cine. Pero todavía planeo dirigir cosas en el teatro, y me gustaría hacer una serie de televisión si se presenta algo grande", contaba Soderbergh.

Predecía que su futuro pasaba por la televisión, donde grandes realizadores como David Fincher o Martin Scorsese ya han probado suerte. Desde aquella película todos sus trabajos han ido destinados a los telespectadores. Y parece que seguirá siendo así, ya que también se encargará de la segunda temporada ya firmada de The Knick.

Steven Soderbergh ha dado la vuelta a la participación de los realizadores hollywodienses en series. Hasta ahora se limitaba a la de productor y a dirigir el piloto o un par de episodios. Soderbergh dijo que si se encargaba del proyecto lo haría hasta el final. Quería dirigir todos los capítulos, tal como expresaba en una entrevista a Hitfix: “Si voy a dirigir algo soy un perfeccionista. No voy a empezarlo y luego dejárselo a alguien. No puedo. Así que supe que sería así desde el principio. La mejor forma de realizar este proyecto era rodar 10 horas y abordarlo y hacer un presupuesto como si se tratara de una película de 10 horas”.

Si voy a dirigir algo soy un perfeccionista. No voy a empezar algo y luego dejárselo a alguienEn el mismo medio el director confesaba que el proyecto tenía todo lo que le interesaba, la época, la historia y el poder dar la vuelta a los shows sobre médicos que han estado vivos desde los inicios de la televisión.

Algo tendría el guion de Jack Amiel y Michael Begler para que Soderbergh ejerza de productor, director, director de fotografía, montador y operador de cámara.

Sexo, drogas y mucha sangre

Igual que Soderbergh ha dado la vuelta a la vinculación de grandes directores, The Knick reinventa las series de médicos. Que nadie espere un procedimental tipo House o un culebrón a lo Anatomía de Grey. Es una serie sin concesiones. Seca, directa y muy provocadora.

Para que nadie se sienta estafado Soderbergh avisa que los primeros minutos de la serie ya contienen las claves de todo el show. Si alguien no se siente atraído por esa primera escena, que abre con unas impolutas botas blancas mientras el doctor interpretado por Clive Owen descansa en un prostíbulo puesto de coca, mejor que apague el televisor.

Quien continúe se encontrará con el retrato minucioso de una época hasta ahora inédita en los shows médicos, 1900. Un año en el que se viven avances que cambiarán la vida de todos los neoyorquinos, desde la electricidad hasta los progresos en la cirugía en el hotel Knickerbocker. Cesáreas, recortes de intestinos, las operaciones más explícitas de la historia de la televisión se ven en The Knick, y se hacen a pelo, como era la medicina de entonces, en la que había gradas para que la gente disfrutara y aprendiera de la operación.

Un afán casi didáctico de Soderbergh que regala escenas sangrientas y explícitas no aptas para estómagos sensibles. Pero la ambición de Soderbergh va más allá de retratar la historia de la medicina, también gira su mirada a la historia de una ciudad que comienza a ser vista como la tierra de las oportunidades y recibe más inmigrantes de los que puede acoger.

Fotograma de 'The Knick' (Canal +)
Fotograma de 'The Knick' (Canal +)

Una Nueva York que se aprovecha de ellos y en la que la mafia campa a sus anchas, pero no las bandas a las que el cine nos ha acostumbrado, mafiosos que se encuentran en las élites del poder, en el Ministerio de Sanidad, o entre los propios conductores de ambulancias.

Una ciudad sin ley, gris, tétrica, que Soderbergh capta a la perfección gracias a un diseño de producción impoluto y a su cámara nerviosa. Por si semejantes elementos no hicieran a la serie suficientemente compleja los guionistas añaden otra vuelta de tuerca: las adicciones. 1900 como época propicia para las drogas, que vivían en el terreno de la alegalidad, sin que nadie legislara sobre ellas.

El brillante médico que interpreta Clive Owen es un yonki sin venas en las que pincharse, que además utiliza la cocaína siempre que puede con fines médicos. Prostitutas, cocaína, sangre y música electrónica (gracias a la banda sonora de Cliff Martínez), así es la receta de Steven Soderbergh.

Todavía hay más, la serie pone sobre la mesa otros dos temas que tienen mucha resonancia con la actualidad: el machismo y el racismo. ¿Cómo se veía que una mujer dirigiera una institución médica en 1900? ¿Y que un médico negro operara cuando todavía estaban considerados unos parias de la sociedad?

Soderbergh y sus guionistas se atreven a lanzar al aire que los EEUU siempre se han autoproclamado pioneros en las libertades del ciudadano, aunque siempre han ido al rebufo de otros países.

Una hipótesis polémica que vuelve a subrayar lo personal de un proyecto que demuestra que las mejores historias no entienden del tamaño de la pantalla.   

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