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Luces y sombras del 'Blade Runner' cañí
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Luces y sombras del 'Blade Runner' cañí

Antonio Banderas protagoniza y produce una de las grandes apuestas internacionales del cine español: el filme de ciencia ficción 'Autómata'

Foto: Antonio Banderas en una imagen de 'Autómata'
Antonio Banderas en una imagen de 'Autómata'

El cine de robots puede girar en mil direcciones diferentes, pero una cosa está clara: cuando el androide dice la frase "ya no obedecemos órdenes humanas", es que está a punto de liarse parda. Y no hablamos de cuatro tortazos y tres explosiones, sino de que la especie humana sea borrada de la faz de la Tierra.

Y en esas llegó Antonio Banderas a San Sebastián a presentar Autómata, película de ciencia ficción dirigida por el madrileño Gabe Ibañez, que compite por la Concha de Oro. Antes de meternos en harina robótica, hay que aclarar que Autómata es una de las películas española más singulares de las que se estrenarán este año.

Singular por su presupuesto (cincomillones de euros, cuando el filme nacional medio cuesta ahora 2 millones), por rodarse en inglés con reparto internacional, por estar coproducida por Banderas y, sobre todo, por plantear una distopía futurista a lo Blade Runner sin ahorrar en imaginería y acabado visual (territorio robótico pocas veces pisado por nuestro cine).

Antonio Banderas interpreta a un agente de seguros. Trabaja en la corporación que fabrica a los autómatas que sirven a los humanos en unos tiempos difíciles: colapso ecológico, urbes abandonadas y clima literalmente irrespirable. Un día Banderas descubre que, visto que los humanos han perdido la capacidad para revertir la decadencia del planeta, los autómatas empiezan a tener ideas propias emancipatorias.

Las referencias a Blade Runner no son gratuitas. Los mejores momentos de Autómata, su arranque y toda la primera parte, se sitúan en unas coordenadas parecidas a las del filme de Ridley Scott: ciudad a oscuras en la que llueve contaminación, decadencia urbana y ecológica, edificios sobre los que se proyectan imágenes de fantasía virtual, androides que conspiran para ganar en autonomía. Una distopía cibernética de libro, incluidas las reglas de la robótica de Isacc Asimov, salvo que, contra pronóstico, la acumulación de referentes típicos ayudaa que la película coja músculo.

Autómata hace de entrada lo más complicado: dar el pego con su capacidad para la ambientación de este mundo distópico. Como si en lugar de una producción española de cincomillones, habláramos de una producción de Hollywood de 40 millones.

Autómata es un thriller de ciencia ficción que muta en western robótico en el desierto, lo que quizás era más de lo que podía dar de sí. ¿Con hacer un pequeño homenaje cañí a Blade Runner nohabría sido suficiente?

"Autómata, de alguna manera, es la historia del mono que se queda en el árbol, la historia de la especie que se queda atrás. Y de cómo esa especie, la nuestra, no tiene otra opción que, al igual que ya hizo en el comienzo de su periplo evolutivo, seguir luchando por la supervivencia", ha explicado Gabe Ibañez. Y suena bien, sí, el problema es que su filme tampoco acaba de descolgarse del árbol.

El cine de robots puede girar en mil direcciones diferentes, pero una cosa está clara: cuando el androide dice la frase "ya no obedecemos órdenes humanas", es que está a punto de liarse parda. Y no hablamos de cuatro tortazos y tres explosiones, sino de que la especie humana sea borrada de la faz de la Tierra.

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