¿Ha acabado 'Ocho apellidos vascos' con el odio al cine español?
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¿Ha acabado 'Ocho apellidos vascos' con el odio al cine español?

La histórica recaudación del filme de Martínez-Lázaro frena la hostilidad al audiovisual nacional. ¿Para siempre? Repasamos las raíces de una fobia histórica

placeholder Foto: Karra Elejalde promocionando 'Ocho apellidos vascos' por las calles de Bilbao (Gtres)
Karra Elejalde promocionando 'Ocho apellidos vascos' por las calles de Bilbao (Gtres)

Cuando Cristóbal Montoro dijo en 2013 que el cine español estaba en crisis por la "falta de calidad" de sus películas, ocurrieron dos cosas: a) Que el audiovisual patrio salió en tromba contra el ministro de Hacienda. b) Que media España convirtió a Montoro en su nuevo héroe. Algunos pensaron incluso que el político se había quedado corto. En otras palabras: nos guste o no, el odio al cine español es un fenómeno cultural.

Ocurre que el inesperado y asombroso taquillazo de Ocho apellidos vascos ha paralizado (temporalmente) el discurso del odio. En tiempos en los que el interés de un producto cultural se mide casi exclusivamente por sus cifras de ventas, hasta los más enfervorecidos enemigos del cine nacional se han rendido a los encantos del filme de Emilio Martínez-Lázaro. Primera conclusión: película taquillera igual a película buena, cine español taquillero igual a cine español bueno. En ese contexto, el discurso de la "falta de calidad" ya no cuela y el odio se diluye.

Sólo los grandes taquillazos parecen capaces de aplacar la fobia

Ahora bien: ¿Estamos ante un cambio cultural de calado o ante un cambio de humor coyuntural? Cuando desaparezca de la cartelera Ocho apellidos vascos ¿regresará el clásico odio al cine español? Dado que sólo los taquillazos parecen capaces de aplacar la fobia, bastaría con saber si el triunfo comercial de Ocho apellidos va a contagiar al resto de filmes españoles. Aunque aún es pronto para saber si habrá efecto contagio, sí hay dos cosas claras. Por un lado, las películas españolas estrenadas durante el reinado de Ocho apellidos no han logrado reventar la taquilla. Pero, por el otro, todo indica que el segundo semestre del año va a ser muy bueno comercialmente para el cine español con los estrenos de Torrente 5, El niño y Mortadelo y Filemón. Es más: la industria ya da por hecho que en 2014 alcanzaremos la mejor cuota de pantalla de la historia. Si esto es así, quizás podamos afirmar ya que el odio al cine español estará de capa caída en 2014.

No obstante, la taquilla no lo es todo. La fobia al cine cañí es un fenómeno cultural complejo y con muchas variables, entre ellas, las políticas. Y quien dice políticas del cine dice subvenciones.

Hace ya dos años que el Estado ingresa más por los estrenos de lo que gasta en cine español

Como corolario a su taquillazo, Ocho apellidos vascos ha dinamitado otro de los argumentos más recurrentes contra el cine español: que las subvenciones a los cineastas están desangrando al Estado. Los chicos de Montoro se han llevado ya más de 10 millones de euros gracias a la brutal recaudación del filme (en torno a los 53 millones de euros a día de hoy). Algo que no hace más que acentuar una tendencia: desde que el IVA del cine subió al 21%, el Estado recauda mucho más dinero de los estrenos de lo que gasta en cine español, cuyas ayudas públicas están en caída libre desde hace dos años.

Raíces de la fobia

Hay quien cree que el movimiento contra el cine nacional empezó en 2003, cuando la célebre gala del No a la guerra. Es cierto que ese día comenzó una campaña (artículos de prensa, portadas, comentarios en internet, etc.) contra los "titiriteros" y "pancarteros" del cine que ha llegado hasta nuestros días. Pese a que hay noticias cuyo recorrido no dura más de una semana, el terremoto de la gala de los Goya 2003 sigue en pie una década después. Una longevidad asombrosa y que quizás se explique así: se trata de una polémica cultural que se ajusta perfectamente al ritmo bipartidista del país, PSOE contra PP, subvencionados contra liberales, progres contra conservadores, dicotomía que nos mantiene entretenidos durante todo el año y en el que ambos frentes políticos tienen algo que ganar.

Para acabar de complicar el componente político, existe también un frente transversal que no tolera a nuestra farándula cinematográfica: los defensores de las descargas en internet, a los que resulta complicado encasillar ideológicamente.

La colisión descargas/derechos de autor no tiene pinta de solucionarse los próximos años. Más madera de los internautas contra el cine. Por su parte, la polémica derecha española/cine español se mantendrá viva al menos hasta que se baje el IVA de las entradas y vuelvan a subir las ayudas al cine, reivindicaciones que movilizan al sector contra el Gobierno y que, por tanto, alimentan el odio conservador al cine español.

Mientras el cine siga envuelto en polémicas políticas, existirá el odio al cine español

En ese sentido, los futuros taquillazos del cine español solo podrían mitigar los ataques al cine español, pero no acabar con ellos. Mientras los artistas sigan envueltos en polémicas políticas, habrá quilombo.

No obstante, el divorcio derecha/cine español no es para siempre. Aunque ninguno de los dos bandos prefiere ahora recordarlo, las relaciones entre el PP y el cine español fueron estupendas durante la primera legislatura de Aznar. El expresidente no solo compartió agradables veladas en Moncloa con la farándula progresista, sino que potenció las ayudas públicas a la industria por distintas vías (subvenciones, creación de la Academia de Cine e impuesto a las televisiones privadas). En otras palabras: las ayudas al cine no son patrimonio del PSOE, por más que fuera el partido de Felipe González el que dispara el presupuesto del ministerio de Cultura en 1982 hasta cifras nunca vistas.

Las películas más críticas con el franquismo... fueron generosamente subvencionadas por el régimen

A algunos de los que dicen que el Estado no debería subvencionar a artistas progres que critican al gobierno, quizás les gustará saber que muchas de las películas más críticas con el franquismo... fueron generosamente subvencionadas por el régimen. Y no es un chiste: A principios de los años sesenta, la Dirección General de Cinematografía respondió a la crisis que vivía el cine español reforzando el sistema de ayudas. Por un lado, estaba el cine comercial, cuyas ayudas públicas dependían del resultado en taquilla. Por el otro, las películas de corte más artístico, calificadas oficialmente de "especial interés cinematográfico", que pasaban de puntillas por la taquilla, pero lucían en los prestigiosos festivales internacionales.

Estas cintas podían llegar a reembolsarse entre el 50% y el 100% de su presupuesto vía ayudas estatales (algo absolutamente impensable hoy día). Entre los beneficiarios de estas subvenciones se encontraban directores como Carlos Saura y productores como Elías Querejeta, además del movimiento renovador conocido como Nuevo Cine Español. Películas críticas con el franquismo subvencionadas por un régimen que daba señales culturales contradictorias: la censura cinematográfica, que obligaba a los cineastas a recurrir a la parábola política, seguía en pie, pero el franquismo había iniciado un calculado proceso de apertura al exterior (por cuestiones económicas y de subsistencia política) en el que el acercamiento a la cultura jugó un papel primordial. El franquismo utilizó al cine para lavar su imagen pero, al mismo tiempo, los cineastas aprovecharon para abrir grietas al régimen.

Por tanto, aunque las subvenciones tienen ahora mala fama, hubo un tiempo en el que la protección al cine era política estratégica de Estado. En parte, como ya hemos dicho, por cálculo político, pero también porque en los años sesenta las economías proteccionistas aún no habían sido arrasadas políticamente por el neoliberalismo: el franquismo llegó a imponer por ley que un tercio de las películas que se estrenaban en los cines fueran españolas.

Conclusión: A pesar de todo lo que se ha escrito desde la gala del No a la guerra, las subvenciones no dependen tanto del color político como de la coyuntura/moda política de cada época.

Otro mantra creado tras los Goya 2003 fue que el público dio entonces la espalda al cine español (hasta hoy) por su excesiva politización. Impresión que curiosamente comparten tanto los enemigos del cine nacional como buena parte de la industria del cine, la que prefiere no posicionarse políticamente para evitar los ataques. Ahora bien: ¿Y si no es cierto que el público dejara de ver cine español tras la gala de los Goya?

Ahí va un dato para dinamitar todo un tópico periodístico y popular: la cuota de pantalla del cine español en la década posterior a los Goya (2003/2012) fue más alta que la de la década anterior (1993/2002). Entre 1993 y 2002 el cine español sumó un 11'9% del total recaudado por los cines; mientras que entre 2003 y 2012, en plena crispación cine/derecha, sumó el 13'5%. Lo que le hace a uno plantearse si el odio al cine español es un fenómeno tan masivo como parece o hemos sido los medios quienes lo hemos hinchado artificialmente.

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