¿Es Frank Miller el supervillano fascista del cómic mundial?
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estreno de la segunda parte de '300'

¿Es Frank Miller el supervillano fascista del cómic mundial?

La batalla de las Termópilas vuelve al cine. Y con ella la controversia sobre las inflamadas opiniones políticas de uno de los grandes autores del cómic

Foto: Fotograma de la segunda parte de '300'
Fotograma de la segunda parte de '300'

Bienvenidos a la madre de todos los combates del cómic. A la izquierda,Alan Moore. A la derecha,Frank Miller. Segundos fuera... Hablamos de los dos historietistas más famosos del mundo, de los creadores que reinventaron la moralidad de los superhéroes en los años ochenta, de las mentes que parieron Watchmen (1986/1987) yEl regreso del caballero oscuro(1986). Un antagonismo que podría resumirse así: si la máscara del héroe deAlan Mooreen V de Vendetta(1982-1987) es ahora un símbolo de la protesta global post-15-M, las opiniones de Miller sobre los activistas no son precisamente benévolas:

"OccupyWall Streetno es otra cosa queuna panda de gamberros, ladrones y violadores, una multitud ingobernable alimentada por la nostalgia de Woodstock, la época de la falsa justicia podrida. Estos payasos no puede hacer nada, salvo dañar a EEUU".

placeholder Frank Miller (EFE)

Miller colgó esta rajada en su web en noviembre de 2011… pero sigue abriendo la página más de dos años después. Como se pueden ustedes imaginar, el quilombofue de campeonato. El artículo generómás de 11.000 comentarios sólo en la web de Miller. El primero que hay a la vista, arranca así: “Estimado Frank: Solía ser tu mayor fan. Ahora estás muerto para mí". Y esto quizás sea lomás tibio que se llama al creador estadounidense...

Alan Moore respondió a Miller al poco tiempo:

"Frank Miller es alguien cuyo trabajo apenas he ojeado en los últimos veinte años.Sin Cityera recalcitrantemente misógino. Y300era salvajemente ahistórico, homofóbico y completamente equivocado". Según Moore, Miller dijo lo que todos "esperaban de él" sobre Occupy Wall Street, un movimiento que apostó de un "modo muy inteligente" por la "no violencia". "Quizás sea esa la causa de que a Frank Miller no le agrade... Si se hubiera tratado de una pandilla de jóvenes, sociópatas y vigilantes maquillados como Batman, igual hubiera estado a favor".

A vueltas con la ideología

Las posiciones políticas de Miller vuelven a estar ahora de actualidad por el estreno (hoy) de la segunda parte de300 (El origen de un imperio), nueva adaptación cinematográfica de sus cómics sobre labatalla de las Termópilasy los fogosos guerreros de Esparta.

placeholder Viñeta de '300'

La pregunta del millón sería la siguiente: ¿es Frank Miller un fascista, como aseguran ahora algunos de sus antiguos fans? La respuesta precisa sería: no. O al menos, no exactamente.

Pepo Pérez, dibujante de cómics y uno de los mayores expertos internacionales enMiller comoautor de una tesis de más de 1.000 páginassobre su obra, responde a la cuestión matizandoalgunos tópicos:

“Frank Miller solía ser unlibertarianen el sentido estadounidense, como lo es Clint Eastwood, por ejemplo. Alguien que desconfía del Estado y de los políticos en general, y quetiende a confiar más en el individuo, en cuya iniciativa, méritos y pactos voluntarios deposita la capacidad de la comunidad para prosperar. Como buenlibertarian, estáa favor de dar lamáximalibertad personal acada individuo; me refiero aque no es un conservador en aspectos privados del individuo como el sexo o la religión (se ha declarado ateo públicamente en varias ocasiones), cuestiones en las que ni le gusta meterse ni le gusta que la gente se meta (en contra de lo que a veces se ha dicho sin mucho conocimiento de causa, hay varios personajes homosexuales,positivos,en sus obras, mujeres y hombres)”, cuenta a El Confidencial.

Pérez tampoco cree que Miller sea racista (“Una de sus heroínas favoritas, Martha Washington, es afroamericana, la Miho deSin Cityes asiática") y destaca su activa posición “en favor de la libertad de expresión” y “en contra de todo tipo de censura”.

Según Pérez, la cabezade Miller estaría repleta de interesantes paradojas ideológicas. “Tiene una fuerte influencia del pensamiento individualista de Ayn Rand, como muchos estadounidenses aún hoy, pero su cultura familiar católica –Miller es estadounidense de ascendencia irlandesa– le hace admirar el sacrificio y la entrega por los demás, que es algo antagónico al pensamiento randiano. Rand despreciaba la idea de que un individuo tuviera que sacrificarse por otro; Miller, en cambio, convirtió el sacrificio heroico en el tema personal, recurrente, de sus obras”.

De hecho, la ambivalencia política de Millerera hasta hace poco uno de los hitosde su carrera. Aunque el testosterónico 300 no sea precisamente su tebeo más irónico y matizado, resulta curioso ver cómo su adaptación cinematográfica(300, Zack Snyder, 2007)generó unaavalancha de teorías sobre su significado (muchas de ellas contradictorias entre sí) que parecían servir para reforzar cualquier argumento político por disparatado que fuera. Recuerden: tras su estreno, se puso de moda entre los periodistas y contertulios españoles recurrir a la batalla de las Termópilas para hablar de asuntos como el zapaterismo o la unidad de España.¿Tenía en mente Frank Miller nuestroEstadode las autonomías cuando escribió 300? Pueden ustedes apostar la vida de sus hijos a que no.

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Esta multiplicidad de significados políticos sería uno de los puntos fuertes del autor. En ese sentido, las opiniones políticas de Miller habrían servido más para enriquecer su obra que para contaminarla, al menos hasta que se le cruzó un cable tras el11-S.

“Una de las habilidades deMiller hasta comienzos de los 2000 erala capacidad de crear obras polisémicas, que podían entenderse en un sentido político u otro según la ideología de cada lector. Su especialidad era la ironía, la parodia y la sátira sociopolítica; la practicó en obras comoThe Dark Knight Returns(1986),Elektra: Assassin(1986-87), Give Me Liberty(1990-91) oThe Dark Knight Strikes Again(2001-2002). Amenudo parodiaba actitudes políticas y sociales de ambos lados del espectro ideológico, derechas, izquierdas y lo que queda en medio. Su mentalidad en este sentido es contraria a la corrección política: se le solían ocurrir ideas satíricas muy graciosas, pero muy burras, que se prestaban a interpretaciones contradictorias, ideas que un creador con una actitud más pedagógica o militante jamás habría incluido.Miller solía ser muy irónico en sus obras hastaHoly Terror(2011), que no lo es en absoluto,y la ironía siempre es polisémica”, razona Pérez.

Esta pérdida de sentido del humor vino de la mano de un exacerbamiento de sus opiniones políticas que acabópor contaminar su obra en los últimos años. Y es que la entrada de Miller en el siglo XXI ha sido un tanto estrepitosa.

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Aunque sus tebeosde referencia datan del siglo XX, su conversión encelebrity cultural tuvo lugar la pasada década. En parte porque en los años ochenta las novelas gráficas aún se denominaban tebeos; es decir, no tenían el estatus cultural que tienen ahora, cuando Miller puede aparecer sin problemas en la portada de un suplemento literario. En parte porque Hollywood no le abrió sus puertas del todo hasta los últimos años, con Miller ejerciendo de guionista, productor, codirector o director desuperproducciones basadas en cómics (propios o ajenos) como 300,Sin City (2005) oThe Spirit(2008).

Su pico de popularidad coincidió con el traumático evento político que marcó el cambio de siglo, el 11-S, que acabó por disparatar las opiniones políticas del autor estadounidense. Hasta el punto de que el cómic clave del Miller tardío (Holy Terror, 2011) no lo es tanto por su calidad (no parece gustar mucho) como por su fervor ideológico.

placeholder Doble página de 'Holy Terror'

Miller anunció en 2006 un tebeo en el que Batman lucharía contra los supervillanos de Al-Qaeda, idea demasiado controvertida para grandes editoriales como DC Comics. Holy Terror (Terror sagrado) acabó siendo publicado por Legendary Pictures, productora de 300, sin censura, pero con un cambio fundamental: Batman había sido sustituido por un sucedáneo. Permanecía, eso sí, una furiosa mirada vengativa hacia el mundo árabe. La doctrina Bush en viñetas.

Miller no sólo no ocultó que se trataba de un cómic “propagandístico”, sino que se jactóde ello. Defendió dicho enfoque rememorando los históricos tebeos de los años cuarenta en los que los grandes superhéroes americanos le pateaban el trasero a Hitler y a sus esbirros nazis.

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