Muere Dunia Ayaso, la sirena del cine
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La directora fallece a los 52 años

Muere Dunia Ayaso, la sirena del cine

En pocos días tenía previsto incorporarse al equipo de La que se avecina. Dunia Ayaso estaba muy ilusionada y con ganas de empezar cuanto antes los

Foto: Dunia Ayaso junto a las actrices Geraldine Chaplin, Cristina Marcos y Félix Sabroso (EFE)
Dunia Ayaso junto a las actrices Geraldine Chaplin, Cristina Marcos y Félix Sabroso (EFE)

En pocos días tenía previsto incorporarse al equipo de La que se avecina. Dunia Ayaso estaba muy ilusionada y con ganas de empezar cuanto antes los guiones de las nuevas entregas de la serie televisiva. Pero no pudo ser. Viajo a santa Cruz de Tenerife con su marido Félix Sabroso para descansar antes de empezar con fuerza el nuevo proyecto laboral.

Quería aprovechar para tratarse de un problema de salud menor, que aparentemente nada tenía que ver con el cáncer (que padeció hace unos años y del que se suponía que se había recuperado). Consecuencia o no, en que en menos de 24 horas la noticia de la muerte de Ayaso ha conmocionado no sólo a la familia directa, sino a los muchos amigos y conocidos que la apreciaban, respetaban y querían.

Algunos como Juan Gatti, fotógrafo de la movida y cartelista fetiche de Pedro Almodóvar no era capaz de procesarlo. “Tengo la sensación de estar dentro de una campana de cristal escuchando su risa y sus recomendaciones, que siempre acababan con un “Juan, cuídate”. Antes de irse quedamos en que a su vuelta organizaba una cena en su casa. La encantaban esas reuniones pequeñitas que nunca sabíamos como y cuando iban a terminar. Sólo tengo ganas de dormir y despertarme pensando que ha sido un mal sueño”.

Y esta sensación la tienen todos los que la trataron y que ahora ha dejado vacío y sin contenido afectivo al piso del Madrid de los Austrias, que compartía con su marido y socio Félix Sabroso y, por supuesto, la perra Charo, que ejercía de “niña mimada”. De ella decía que “me permite socializarme en la calle y he hecho amigos estupendos de perripandi”. Una casa que será difícil volver a llenar, aunque su perfume Fracas de Piguet, que nunca cambió, lo inunde todo.

Dunia yFelix Sabroso formaban un tándem casi perfecto en el mundo laboraly perfecto en lavida afectiva. En el terreno profesional discrepaban de vez en cuando, porque una cosa era escribir el guion, que de eso se encargaba Sabroso, y otra ejecutarlo, de lo que se encargabaDunia. “Todo se arregla con una copa de vino y si es mirando al mar mejor”, decía.

Precisamente, una de sus grandes pasiones era el agua en todas sus manifestaciones. Se podía pasar horas en la piscina, nadando en el mar o simplemente con los pies a remojo”, recuerda Gatti que la bautizo como “La Sirena”. En cuanto podía viajaba a Tenerife, donde tenía su casa y la familia de sangre “la de corazón estaba en Madrid”, recuerda el fotógrafo.

Todos coinciden en que era una especie de mama italiana, con una necesidad imperante de solucionar la vida de todo su mundo cercano. Si no era posible, se quedaba a medio camino con abrazos interminable que decía: “Elevaban la serotonina”. Era afable y encantadora con la prensa a la que atendía a la hora que fuera y minutos antes de un estreno, como ocurrió con La Gran depresión, protagonizada por Bibiana Fernández y Loles León. Varios periodistas teníamos que acudir a otra convocatoria y ella paciente nosdedicó tiempo mientras decía: “Rapidito, por favor, que sube el telón y me muerode los nervios”.

Quizá la frase que le dedica Juan Gatti sea el broche perfecto para esta crónica: “Dunia querida, el cielo se ha convertido en mar para que tu puedas nadar”.

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