sin crítica, sin influencia, sin apoyo

El año en que la política dejó de temer a la cultura

Todas las historias empiezan y acaban con un furgón de la Guardia Civil a la puerta de una gran institución intachable. Hasta que llega el furgón

Foto: Enrique González Macho habla con José Ignacio Wert en la gala de los Goya. (Efe)
Enrique González Macho habla con José Ignacio Wert en la gala de los Goya. (Efe)

Todas las historias empiezan y acaban con un furgón de la Guardia Civil a la puerta de una gran institución intachable. Hasta que llega el furgón y los agentes que lo cargan con ordenadores incautados y cajas de cartón que esconden la documentación de los movimientos de la empresa bajo sospecha. La fotografía del hundimiento de la imagen de la cultura en la sociedad española también retrata uno de esos momentos, en la entrada de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Julio de 2011, inicio de la “operación Saga”, que carga con nueve arrestos, la mayoría directivos de la entidad y empresas del grupo, acusados de montar una red que oculta ganancias ilícitas.

Con la caída de la cúpula de la SGAE, la cultura inicia la travesía del descrédito social que ha sido aprovechada, por sus enemigos, para pasar factura a viejas rencillas y contener a un sector problemático e incontrolable en un clima social alterado. La acusación de fraude y desvío de fondos adquiridos por la gestora debilita a la industria cultural, que hasta entonces se había mostrado como un enemigo feroz contra la política que no casaba con el interés general (gala Goya del “No a la Guerra”) y como aliado insensato de la propaganda partidista (la campaña de “la ceja”). Era un arma de movilización de opinión pública.

Dos agentes de la Guardia Civil entran en la sede de la SGAE.
Dos agentes de la Guardia Civil entran en la sede de la SGAE.

El año que acaba es la confirmación de un relato en el que la cultura pierde definitivamente su influencia en la política española. A los pocos meses del golpe contra la supuesta malversación de los derechos de autor, y mientras la herida de la SGAE sigue sangrando, España otorga la mayoría parlamentaria al PP, que acaba con el Ministerio de Cultura y lo funde con otros dos más y pone punto final al canon digital.

Contra los autores

Primer movimiento del nuevo Gobierno: los autores dejan de percibir 100 millones de euros al año por la tasa que se aplicaba a las empresas tecnológicas, en compensación por las copias que se hacen de sus trabajos en el ámbito privado. Previamente, el 12 de julio (once días después de los furgones de la Guardia Civil) el Congreso de los Diputados –con Rodríguez Zapatero al frente- vota a favor de la supresión del canon. Pero se deroga el último día de 2011. La fórmula que propone el nuevo Ejecutivo es que sea el Estado el que se haga cargo de la compensación, con cargo a los Presupuestos Generales, por 5 millones de euros.

Dos años más tarde, es el Consejo de Estado quien tumba esta decisión desarrollada en el anteproyecto de la nueva Ley de Propiedad Intelectual, que José Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deporte, no consigue aprobar. Con cada semana que pasa, anuncia un nuevo retraso en su amén. Ahora dice que será a mediados de enero. Mientras, en la UE no dan crédito a estas prisas ni a los intereses que las mueven, porque la nueva reglamentación comunitaria aparecerá en breve y al hilo de esta la española tendrá que volver a reformularse a los pocos meses de haber sido aprobada.

La familia Várez Fisa, Mariano Rajoy, Miguel Zugaza y Pérez-Llorca, en El Prado. (Efe)
La familia Várez Fisa, Mariano Rajoy, Miguel Zugaza y Pérez-Llorca, en El Prado. (Efe)

Es muy sintomático que las críticas al cambio de modelo y a la formulación del nuevo paradigma no vengan por el lado de los autores, sino desde el órgano superior de consulta del propio Gobierno. El Consejo de Estado –a pesar de la lectura interesada que ha hecho Wert y su ministerio- tumba por completo la reforma en un análisis de principios de diciembre: considera que debe efectuarse sobre el anteproyecto “una profunda revisión”, pues “se ajusta con dificultad a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), desconoce o trata de soslayar la realidad social a la que se proyecta aplicar y presenta muy serias dudas sobre su capacidad para lograr la adecuada retribución del perjuicio causado a los titulares de los derechos”.

Mecenazgo Kaput

Es decir, el Consejo de Estado destaca la falta de interés en el papel del creador dentro de la futura Ley de Propiedad Intelectual. Es el síntoma: la industria cultural ha dejado de importar. La primera vez que Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y exministro de Cultura, hizo una aparición pública sobre un asunto cultural dinamitó toda esperanza de tener una Ley de Mecenazgo a la altura de las nuevas circunstancias.

“El mecenas no debe esperar nada a cambio”, explicó este enero en El Prado, en un acto que celebraba la donación de doce obras de la familia Várez Fisa. “La generosidad de los mecenas no sólo depende de incentivos económicos”, lanzaba la bomba en el momento justo y el instante apropiado. Sin temor a represalias y a la cara de los partícipes de un sector que afronta un cambio decisivo en la financiación, puntualizó que no habrá fomento de la iniciativa privada a favor de la cultura.

Así es como el Presidente aclaraba su postura en el enfrentamiento mantenido entre Cultura y Hacienda por la reforma de las desgravaciones y beneficios fiscales, en una ley que se ha hecho imprescindible, y que los agentes del sector ya han anunciado que no veremos cerrar en esta legislatura. En El Prado se hizo público que el Estado dejaba su interés por la financiación de la cultura en manos del destino.

José Ignacio Wert y José María Lassalle. (Efe)
José Ignacio Wert y José María Lassalle. (Efe)

La situación de los gestores culturales se agravaba con esas palabras y gracias al empeño del Secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle, por acabar con las subvenciones nominativas en cultura -y sólo en cultura, las otras dos áreas del ministerio las mantienen-. 2013 es el año en el que Lassalle no ha resuelto el enfrentamiento con Montoro para encontrar alternativa a su fracaso de modelo de financiación. Lo primero que hizo fue retirar el peso de las arcas públicas en las ayudas al desarrollo cultural, pero tampoco se fomentaría la participación de la sociedad civil.

Parálisis cultural

En 2013, el recorte de los presupuestos generales en cultura fue del 19,6%. Lassalle justificó que debía ceder ante otras necesidades más urgentes como las pensiones y los subsidios de desempleo y las becas de estudio. “La Cultura no se paraliza”, aseguraba en el anuncio del nuevo varapalo político al sector, que tragaba y confirmaba su parálisis y obediencia.

Basta recordar el punto álgido de la sumisión mostrado en la última gala de los Goya, en la que el presidente de la Academia del Cine, Enrique González Macho, llamó al orden a todos los elementos que pretendían utilizar la ceremonia para criticar la subida del IVA de las entradas al 21% y arrastrar a la recaudación del cine a la peor en el último cuarto de siglo.

Macho mostraba la debilidad del sector en su discurso, cuando trató de proclamar -demasiado tarde- su independencia: “El cine no puede pertenecer a ningún partido político. El cine español no es ni de los de la ceja, no de los del bigote, ni de los de la barba, el cine nos pertenece a todos. Es un derecho de los ciudadanos”, pero los ciudadanos están en la guerra del fin de mes. Nada comparable a la gala de 2003, con el “No a la guerra” de Aznar, estampado en las camisetas de los Animalario.

Juan Antonio Bayona y José Ignacio Wert, en la entrega del Premio Nacional. (Efe)
Juan Antonio Bayona y José Ignacio Wert, en la entrega del Premio Nacional. (Efe)

En medio de la catástrofe histórica de los cines españoles, alentada por una gestión asfixiante, en todo el año se han oído dos voces tronar contra el Ejecutivo. Primero disparó Juan Antonio Bayona, al recoger en el Festival de San Sebastián su Premio Nacional: “No llegaremos a ningún sitio si no valoramos la cultura y la educación como los cimientos sobre los que aposentar nuestra sociedad”. Calificó de “agravio” la subida del IVA y pidió al Gobierno y a Wert, que estaba a su lado, que “tomara conciencia”. Declaraciones comedidas.  

Pedro Almodóvar, consciente de dónde le duele a su enemigo, tiró al centro de la diana cuando subió a recoger el Premio de Honor que le entregó la Academia del Cine Europeo. Afirmó que el conjunto de los españoles “son víctimas de un gobierno muerto e insensible a sus problemas”. No lanzó una reclamación sectorial, hizo pública la dirección social del país. En Berlín. 

La sensibilidad de Montoro

El nuevo modelo de financiación está bloqueado por el ministro de todos los ministeriosCristóbal Montoro. Durante todo el año la industria del cine y el Gobierno se han reunido en Comisión Mixta para encontrar un remedio a la parálisis. En mayo, Susana de la Sierra, directora general del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), aseguraba que percibía una “mayor sensibilidad” en Hacienda con los problemas del cine. Meses después el propio Montoro desmintió esa percepción, con una declaración fuera de tono: “Los problemas del cine no tienen que ver sólo con las subvenciones, también con la calidad”.

El Ministro Wert junto al Ministro Montoro, en sesión de control. (Efe)
El Ministro Wert junto al Ministro Montoro, en sesión de control. (Efe)

Estas sucesivas comisiones mixtas han servido, sobre todo, para desvelar públicamente que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte no es el intermediario para transmitir al Gobierno las demandas. Las nuevas reglas del juego dependen de la aprobación de Hacienda. El propio Montoro ha dejado constancia de su sensibilidad por el cine español: más recaudación que ayudas. Ha conseguido que por primera vez en la historia, el cine subvencione al Estado

Han pasado más de dos años desde la irrupción de la Guardia Civil en la SGAE. El nuevo presidente, José Luis Acosta, plantea un perfil inédito en la influyente casa de los autores: cooperar antes que disentir. Menos exigente, más negociador. Más acorde a las limitadas capacidades de intervención de la sociedad de gestión y del resto de la industria cultural en el tablero de juego.

A favor de las 'telecos'

Los editores también han recibido su particular estacazo, con la extirpación de las ayudas en compra de novedad para las bibliotecas estatales. No han logrado rectificar esta línea ni en la Moncloa, donde Rajoy les hizo una visita de médico y les ofreció buenas palabras. La mayor pataleta de los editores es contra el sector de las telecomunicaciones: quieren introducir inútilmente el debate sobre lo más importante, si el líquido o el vaso. En el enfrentamiento entre el mundo de la cultura (el agua) y el de las telecomunicaciones (el vaso) también sale perdiendo el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte frente al Ministerio de Industria, Energía y Turismo (Secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información).

Hasta el momento son los únicos que han denunciado a las claras la falta de implicación del Gobierno en el desarrollo económico de la cultura. “España desprecia la cultura como motor de empleo, crecimiento económico y proyección internacional”, concluía la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) en su Informe sobre la situación de la industria y el comercio del libro con respecto a la protección de la creación cultural. Se quejan del trato de favor que ha recibido el sector de las telecomunicaciones en el reparto de la tarta digital y el menosprecio sobre la cultura. Es el mismo desprecio en el que se mantiene a los museos estatales, al Museo Arqueológico Nacional o en la aprobación de leyes que atacan al Patrimonio Histórico en vez de protegerlo y que acaban con el consenso.

Gerard Mortier, antiguo director artístico del Teatro Real. (Efe)
Gerard Mortier, antiguo director artístico del Teatro Real. (Efe)

El ninguneo ha sido reemplazado -en alguna ocasión muy sonada- por el intervencionismo más escandaloso y peligroso. El despido de Gerard Mortier del Teatro Real y el nombramiento del nuevo director artístico de la ópera pasará como una de las mayores imprudencias del actual equipo ministerial. El Ministro de Educación, Cultura y Deporte –que ha reconocido en entrevista a El País que sólo se dedica a la cultura a partir de las ocho de la tarde- quiso imponer su candidato, saltándose cualquier código de buenas prácticas en una institución que nunca las ha aplicado

El despeño de la influencia cultural en 2013 tiene otro escollo crítico: el final de la presencia en los medios de comunicación que la respaldaba y hacían de altavoz de sus reclamaciones. El apagón de la izquierda en los medios tradicionales ahoga la voz crítica de la cultura. PRISA y sus productos, sumidos en la debacle financiera y en la búsqueda de apoyos económicos a toda costa, ya no atienden como antes. En la televisión tampoco cuentan con reflejos, más allá de Cuatro.

Sólo los nuevos medios surgidos en internet parecen tener sintonía con las exigencias de la industria cultural, donde pueden enseñar algo de colmillo, como se vio en el artículo que Pedro Almodóvar escribió en Infolibre para denunciar el lamentable estado del cine español.

La excepción que confirma la regla es la ex ministra de cultura Ángeles González-Sinde, que, se saltó sus dos años de barbecho por incompatibilidades para recibir un premio literario de manos de una empresa vinculada a sus antiguos quehaceres políticos. No parece que sea la mejor foto para devolver la legitimidad a la voz de la cultura y olvidar otras instantáneas mucho más feas.

Cine
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