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Breaking Bad: recuerdos del año del crack
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la mejor serie del año comenzó como una crítica social

Breaking Bad: recuerdos del año del crack

El próximo día 29 finaliza 'Breaking Bad'. El innegable atractivo de su personaje protagonista nos ha hecho olvidar sus implicaciones políticas y económicas

Foto: Aaron Paul y Bryan Cranston en 'Breaking Bad'
Aaron Paul y Bryan Cranston en 'Breaking Bad'

De un mes a esta parte, cada día lo mismo: es conectarse a Twitter y ver Breaking Bad como trending topic. La ansiedad por saber cómo acaba la serie que durante cinco temporadas nos ha fascinado parece devorar a los tuiteros… Pero no solo a ellos. Intelectuales del calado del Premio Nobel turco Orhan Pamuk han mostrado su pasión por la serie, e incluso alguien tan poco dado a las historias fuera del papel como el escritor Enrique Vila-Matas ha expresa así su pasión por su argumento en el reciente libro Breaking Bad (Errata Naturae):

“En la carretera de la vida te desvías, un día cualquiera, por un camino equivocado, y basta ese leve error para que todo empiece a irte raro y entres en una pesadilla imparable”.

Seducidos por la orgía de metanfetamina, sangre, inmoralidad y violencia de la última temporada de Breaking Bad estamos tan preocupados por adónde vamos que olvidamos de dónde venimos. Y a veces es necesario recordar.

En el principio fue Eva

A principios del siglo XXI, la televisión de pago estadounidense vivía tiempos convulsos ante la implantación de la TDT en 2006 y su más que posible competencia. Para protegerse, las cadenas se lanzaron a invertir dinero en producciones propias. AMC, hasta entonces especializada en cine clásico, no fue una excepción. La competencia era feroz en todos los nichos de audiencia. Showtime emitía una serie de éxito titulada Weeds, protagonizada por un ama de casa que, ante la imposibilidad de sacar adelante a su familia tras enviudar, se dedicaba a traficar con marihuana; HBO respondió con Hung, la historia de un profesor de educación física que, incapaz de hacer frente a su divorcio, se enrolaba como gigoló. ¿Y AMC? Pues la cadena de Mad Men se tuvo que conformar con lo que, en aquel momento, parecían los restos, un proyecto (previamente descartado por sus competidoras), que era una especie de mezcla entre Weeds y Hung: Breaking Bad, la historia de un profesor de química que, para mantener a su familia, fabrica y comercializa metanfetamina.

placeholder Bryan Cranston en 'Breaking Bad'

Weeds se había iniciado en 2006 y era una comedia pero, a partir de aquel año, las cosas empezaron a no estar para muchas risas: estalló la burbuja inmobiliaria, llegó la crisis de las subprime y los rescates bancarios, que culminarían, en septiembre de 2008, con la quiebra de Lehman Brothers, escasos meses después de finalizar la primera temporada de Breaking Bad. Empezaron las comparaciones, odiosas por certeras, con el Crack del 29. También en lo audiovisual.

Una situación familiar

Como entonces, la población se empobrecía progresivamente y caía en la desesperación. Como entonces, surgió la fascinación por los anti-héroes, canalizadores de la frustración social. De aquéllas, los gangsters interpretados por James Cagney en filmes como El enemigo público (Wellman, 1931), o Paul Muni en Scarface (Hawks, 1932); de estas, los antihéroes de la pequeña pantalla, como Walter White. Como el protagonista de Breaking Bad, ellos también estaban en riesgo de pasar de ser clase media a ser lumpen White Trash, (basura blanca). Solo que, a diferencia de ellos y como sus predecesores del 29, White no estaba dispuesto a conformarse y dejar escapar su gran sueño americano. Vince Gilligan, creador de la serie y confeso “conservador”, no reconoce la lectura política de la serie… pero sí que la admite. “Me comentan a menudo lo buena que es mi crítica social […] Intento evitarla, porque las ideas políticas polarizan mucho la reacción de los espectadores […] Aun así, es cierto que cuanto más profunda se hace la crisis, más comprensible se vuelve el inaceptable comportamiento de mi protagonista”.

placeholder Póster promocional con los protagonistas de 'Breaking Bad'

Intencionado o no, el retrato que nos planteaba Breaking Bad de la sociedad estadounidense en el momento de su estreno resultaba descorazonador por su similitud con la vida real: la avaricia del sistema de salud privado (ese que Obama prometerá modificar… sin éxito); el fracaso de la educación encarnado en el compañero de fechorías de Walt, Jesse Pinkman; la imposibilidad de obtener crédito de unos bancos que engullen nuestros impuestos; un sheriff frente a cuyas mismas narices se cometen actos criminales sin que sea capaz de ni tan siquiera sospecharlo; y un abogado presto a defender lo indefendible. Era Alburquerque, Nuevo México: el lugar donde se inventó la bomba atómica; podría ser Wall Street, Nueva York: donde se gestó la bomba financiera.

Supervivientes

En fe de bautismo, Walter White, pero como nombre artístico, Heisenberg. Durante las cinco temporadas, Breaking Bad ha ido olvidándose del ser humano (White) para centrarse en el inmoral emprendedor (Heisenberg). Hoy, sorprendentemente, hemos dejado de reparar en el contexto de las andanzas de Walter White: nos preocupa más el qué (¿quién morirá? ¿quién vivirá?), que el porqué. En recientes declaraciones a Rolling Stone, Gilligan ha creído hallar respuesta a nuestra fascinación por un narcotraficante y asesino como White: “Es un hombre que tiene un negocio y sabe cómo gestionarlo”. Un empresario modélico y ejemplar, vaya, en un sistema capitalista. De estar Gilligan en lo cierto, el eterno mito del hombre hecho a sí mismo en la tierra de las oportunidades sigue siendo más poderoso que las leyes morales o jurídicas. Y lo que es aun peor: todos albergamos secretamente el sueño de olvidarlas en aras del éxito.

De la misma manera, nadie se acuerda de Lehman Brothers. Apenas una mención el pasado fin de semana al cumplirse un lustro de su quiebra. Su antiguo Director para España y Portugal es nuestro actual Ministro de Economía, y el antiguo presidente del FMI, especialmente criticado por su inacción en aquellos momentos, acaba de firmar por el Banco Santander. Espectaculares volantazos a la altura del de Walter White, sin duda. Sus nuevos jefes, como los fans de Breaking Bad, no parecen haber tenido en cuenta de dónde proceden. Es la ley del asfalto: cuando coges una carretera, al rato, desaparece de tu retrovisor el desvío que te trajo hasta aquí.

De un mes a esta parte, cada día lo mismo: es conectarse a Twitter y ver Breaking Bad como trending topic. La ansiedad por saber cómo acaba la serie que durante cinco temporadas nos ha fascinado parece devorar a los tuiteros… Pero no solo a ellos. Intelectuales del calado del Premio Nobel turco Orhan Pamuk han mostrado su pasión por la serie, e incluso alguien tan poco dado a las historias fuera del papel como el escritor Enrique Vila-Matas ha expresa así su pasión por su argumento en el reciente libro Breaking Bad (Errata Naturae):

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