Vida y milagros del Santo Jobs
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Vida y milagros del Santo Jobs

Ashton Kutcher protagoniza la primera película basada en el fundador de Apple. Un filme que engrandece la figura del empresario y pasa por alto sus errores

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Ashton Kutcher como Steve Jobs

¡Pobrecito Steve Jobs!, no sólo estaba forrado de dinero sino que encima su genialidad le hacía difícil relacionarse con otra gente. Es lo que tienen las mentes privilegiadas, que de tanto crear y pensar en la sociedad no acaban de encajar. Sin duda este es un punto de vista bastante sesgado de la vida del creador de Apple, pero es el que han elegido los responsables de Jobs, el primer biopic sobre su vida que llega a las pantallas.

Así que olvídense de un tratamiento parecido al de La red social, donde Aaron Sorkin y David Fincher se acercaron a la miseria de Mark Zuckerberg en un ejercicio de ritmo, montaje y precisión que abrumó a la crítica. Este ejemplo no es casual, ya que la película de Fincher parece el padre no reconocido de Jobs, aunque esta última con la mitad de talento y mala leche. Es más, en La Red Social, Mark Zuckerberg es abandonado por su novia con una gran frase de guión que resumiendo viene a decir: “Pensarás toda tu vida que no gustas a las chicas porque eres un nerd, pero quiero que sepas, que es porque eres un gilipollas. Mientras, en Jobs, el personaje interpretado por Ashton Kutcher es casi despedido con un similar: Steve eres bueno, muy bueno. Pero eres un gilipollas.

La diferencia es que a la segunda no le interesa ahondar más en la gilipollez de Steve Jobs, sino que prefiere remarcar todos sus logros y centrarse en cómo fue de incomprendido dentro de su propia empresa de la que incluso fue expulsado (y posteriormente admitido). Cualquier retrato del personaje algo profundo es obviado. Que Steve Jobs renegó de su hija y pasó de ella hasta los ocho años… No hay que preocuparse, lo solventaremos en tres escenas, la primera en la que abandona a su novia embarazada (previa justificación de que el genio no puede comprometerse), la segunda firmando el papel que le permitirá verla si alguna vez la desea y la tercera por arte de magia ya es una hija más dentro del seno de la nueva familia Jobs. Un santo.

Además para cumplir con todos los requisitos necesarios para los amantes de Apple el filme comienza con el mítico discurso de Jobs en el que presentó el iPod. A partir de ahí, un largo flashback en el que veremos sus años de universidad y ascenso al cielo tecnológico en dos largas horas.

Nada es especialmente negativo en Jobs (excepto esa escena onírica, yonki en el campus universitario que da vergüenza ajena) pero todo está a medio gas, sin ganas ni fuerza, tan tibio que se acaba pareciendo a un telefilme. De poco vale la buena recreación de época aunque la inclusión de hits musicales esté un poco forzada.

Entre tanta mediocridad hay una cosa que sorprende gratamente, y es Ashton Kutcher. El hasta ahora galán de comedias tontas sorprende y logra captar los gestos, los andares y la voz de Jobs en un ejercicio de mimetización muy logrado que va más allá del parecido físico. Es verdad que a veces se intenta hacer demasiado hincapié en mostrar todos esos gestos que tan bien realiza, pero sin duda él dota de fuerza a su personaje. Justo lo que le falta al filme.

La película encantará sin duda a todos los seguidores de esa religión que comenzó Steve Jobs, mientras que el resto se tendrán que conformar con ver a Kutcher en el que es el mejor papel de su carrera (lo cual no era difícil).

Para poder disfrutar de la versión compleja del personaje tendremos que esperar a que alguien como Aaron Sorkin se decida a escribir su guión centrado en la misma figura. Su tratamiento: tres escenas en tiempo real de 30 minutos cada una centrados en la media hora anterior a tres presentaciones míticas del genio de Apple. Eso sí es riesgo.

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