La crisis del negocio audiovisual

El IVA condena al cine español y rescata al francés

Francia planea bajar el impuesto al 5% para atajar la fuga de espectadores, mientras los cines españoles cierren en cadena por la caída de la recaudación

Foto: Una cooperativa quiere reflotar los Renoir de Majadahonda
Una cooperativa quiere reflotar los Renoir de Majadahonda
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Avilés se queda sin cines mientras Francia se plantea bajar su IVA cultural del 7 al 5%. Bienvenidos a las realidades opuestas. La semana pasada echó el cierre el decano de los cines asturianos: el Cine Marta de Avilés. Era la última sala urbana (es decir, no vinculada a centros comerciales) abierta en Asturias. Avilés, con 83.000 habitantes, es la tercera ciudad más grande de la comunidad autónoma. La cadena Clarín, propietaria del Marta, achacó el cierre a la caída de espectadores. Pese a que los gastos diarios del Marta no eran excesivos -Clarín es el dueño del edificio y sólo tenía tres empleados- las paupérrimas recaudaciones de los meses posteriores a la subida del IVA cultural al 21% (septiembre de 2012) han hecho imposible afrontar la obligatoria inversión en reconversión digital (2014). El Estado se queda ahora un dinero (del 8% al 21% del precio de la entrada) que antes iba en parte a las salas.

Cine Marta, última víctima del hundimiento de la industria audiovisual de un país. Una caída que se resume en dos datos: 

Bajar el IVA cultural le costaría 60 millones de euros al fisco francés; la medida se tomaría para mitigar la caída de los espectadores de cine (10% anual)1) El IVA del cine en España es el más alto de los 17 países de la Eurozona, donde la media es del 10%. El de Alemania es del 7%. Francia se está planteando bajar el del cine del 7 al 5% en los presupuestos de 2014, según adelantó el domingo el diario Les Echos.  La medida, que le costaría 60 millones de euros al fisco francés, se tomaría para mitigar la caída de los espectadores (10% anual). Proteger la industria audiovisual en tiempos de crisis, un debate en las antípodas de la realidad española. "La subida del IVA en septiembre de 2012 puso al sector en una situación muy complicada, sobre todo a los cines que ya estaban atravesando por problemas debido a la reducción del número de espectadores", explica Borja de Benito, jefe de comunicación de la Federación de Cines de España (FECE).

2) La cifra de espectadores de cine en España lleva cayendo desde hace una década: 143,93 millones (2004), 127,65 (2005), 121,65 (2006), 116,93 (2007), 107,81 (2008), 109,99 (2009), 101,60 (2010), 98,34 (2011) y 90 (2012). Pero lo peor está por venir: durante el primer semestre de 2013, la recaudación total fue de 229 millones de euros y el número de espectadores se quedó en 33 millones, un 14,5% y un 18% menos que en el mismo periodo de 2012.

"El cierre de un cine siempre es una mala noticia por la pérdida para la ciudad de un punto de encuentro cultural, social y de ocio. Además, los cines urbanos suelen ser edificios históricos o con una larga trayectoria a sus espaldas, como es el caso de los Cines Marta, cuyo empresario ha dedicado toda su vida a sus cines. En estos casos, la pérdida para la ciudad es aún mayor", lamenta De Benito.

Todo parece conspirar contra los cines españoles, aunque los que más sufren son los de las ciudades intermedias y los dedicados al audiovisual independiente. Tras el colapso de la cadena Renoir, salas emblemáticas del cine de autor como las madrileñas Verdi podrían seguir el camino de los Marta en los próximos meses.

Pontevedra se convirtió en junio en la primera capital de provincia española sin salas tras el cierre de los multicines Cinebox Vialia (la cadena Cinebox, una de las más grandes del país con 250 pantallas, está en fase de liquidación o venta tras declarar la  suspensión de pagos en junio). Tarragona (130.000 habitantes), Jaén (116.000) y Soria (40.000) también se han quedado sin cine en sus centros urbanos.

Según el último Censo de Salas de Cine, publicado en mayo por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), el 37% de los españoles vive en municipios sin cine. Los cines con 10 o más salas han pasado del 10,8% (1998) al 48,9% en 2013. La crisis actual (tanto la económica como la del modelo de negocio cinematográfico) no ha hecho más que acelerar la tendencia de la última década: las antiguas salas de barrio desaparecen en favor de los centros comerciales. Otro dato: en la Gran Vía madrileña sobreviven sólo 3 de los 13 que había hasta hace unos años. El 26,3% de los cines españoles de pantalla única han cerrado en los últimos 10 años, pasando de 456 (2003) a 308 en abril de este año, según los datos de AIMC.

Hasta el 31 de diciembre de 2012 había en España 841 cines y 3.813 pantallas/salas. En 2001 había 1.254 cines y 3770 pantallas. En efecto, ahora hay más pantallas que en 2001, pero muchos menos cines. Lo que está en juego es la diversidad: La concentración de salas en centros comerciales ha ido acompañada de cierres de cines en cascos urbanos. Una pérdida de doble vía: los espectadores de las ciudades intermedias se quedan sin salas y el cine independiente pierde cines/espectadores, ya que los centros comerciales tiran más de producto comercial.  

Nadie sabe qué pasará con las cientos de salas que aún se encuentran sin digitalizar. La reconversión requiere de una inversión mínima que bascula entre los 60.000 y los 70.000 euros por pantallaMás problemas: los cines españoles deben sustituir los antiguos proyectores de 35 milímetros por nuevos equipos digitales en 2014, pero sólo el 56% lo había hecho hasta marzo, según la AIMC. Aunque el proceso se ha acelerado durante el verano, aún quedarían alrededor de 850 salas/pantallas por reconvertirse, según cálculos de la revista Caimán. Nadie sabe a ciencia cierta qué va a pasar con ellas. La digitalización requiere de una inversión mínima que bascula entre los 60.000 y los 70.000 euros por sala, cifras astronómicas en el actual contexto de subida del IVA/fuga de espectadores/caída de la recaudación.

"Este proceso conlleva un coste muy elevado, de 70.000 euros por pantalla aproximadamente, un precio difícil de asumir; más aún cuando estos cines pequeños no han contado con apoyo público para afrontar la inversión, como sí ha ocurrido en otros países europeos como Italia, Francia, Reino Unido o Alemania", afirma De Benito. Otra vez el humillante ejemplo francés. 

Cuando se inició la reconversión digital, ya se alertó sobre un peligro: las salas pequeñas (independientes, provinciales y de barrio) podrían ser las grandes perjudicadas. Al recaudar menos (por tamaño) carecerían de capacidad económica para invertir en digitalización. La subida del IVA agudizó el problema.

Resistir con los proyectores de 35 milímetros no es una opción. Se trata de tecnología obsoleta. Ya hay películas de autor circulando sin copias en 35 mm. Los cineastas se han pasado al digital en tromba. Los laboratorios de celuloide también están a punto de cerrar. El celuloide ha muerto. Toca digitalizar o morir.

El programa europeo Media ha lanzado un pequeño plan de ayudas a la digitalización de las salas independientes que se reparte entre todos los países  de la UE. El ICAA, por su parte, destinó 124.000 euros en créditos a la digitalización en forma de préstamos del ICO, pero pocas salas se han acogido a estas ayudas indirectas. No obstante, la creencia generalizada es que la Administración asiste paralizada al cierre de salas históricas de cine. No se puede decir lo mismo de los colectivos ciudadanos. En julio de 2012 una cooperativa popular se hizo cargo de los Renoir Palma de Mallorca. El nuevo cine, rebautizado como CineCiutat, funciona ahora gracias a las aportaciones de sus más de 1.000 socios y abonados. El ejemplo ha cundido: los Renoir Majadahonda (Madrid) se transformaron hace unos días en cooperativa para tratar de reabrir sus salas.

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