Scarlett Johannson protege su intimidad con un desnudo de ciencia ficción
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ABucheos en la mostra para su nueva cinta

Scarlett Johannson protege su intimidad con un desnudo de ciencia ficción

La actriz estadounidense no acaba de convencer con un filme que juega al cine de género para acabar derivando en un extraño realismo

Foto: Scarlett johansson posa para los fotógrafos durante la presentación de su película 'under the skin'. (efe)
Scarlett johansson posa para los fotógrafos durante la presentación de su película 'under the skin'. (efe)

“No veo Under The Skin como una película de ciencia-ficción”, reconoce Scarlett Johannson en la rueda de prensa que sigue a la presentación de la película de Jonathan Glazer en Venecia. A su lado, el director no lo tiene tan claro. Si hacemos caso del argumento que proporciona el catálogo del festival y los materiales para la prensa que distribuye la productora, no hay duda del género en el que se enmarca: “Under The Skin es la historia de un alien con forma humana. Parte película de carretera, parte ciencia-ficción, parte realista, es una película sobre el hecho de ver nuestro mundo a través de los ojos de un alienígena”.

Según esta descripción, Under The Skin solo tendría un tercio de ciencia-ficción y Scarlett Johansson noestaría tan equivocada. Aquí es donde las visiones de actriz y cineasta divergen. Es cierto que desde el punto de vista interpretativo esta es una película con muy poco de ciencia ficción, escasos diálogos y mucho del acto de ver el mundo desde la perspectiva de un personaje que, se nos dice, es un alienígena. Un bello alienígena, tratándose de una Johansson que aterriza en la Tierra, más concretamente en Escocia, y adopta el cuerpo de una mujer accidentada. Quitando este arranque, el final y alguna que otra escena, Under The Skin es una película profundamente realista.

Parte del filme se rodó con cámaras ocultas, por lo tanto con Scarlett Johansson conduciendo y caminando por las calles de incógnito

Parte del filme se rodó con cámaras ocultas, por lo tanto con Scarlett Johansson conduciendo y caminando por las calles de incógnito. De ahí que para Glazerésta sea tanto una película que mira el mundo desde los ojos de un alien como desde los de una actriz. Por esa misma razón, la acción es mínima y nunca llegamos a saber cuál es la misión exacta de esta alienígena. En su deambular por la ciudad seduce a hombres solitarios y los lleva a una casa en donde esta mantis de otro planeta los devora. No es exactamente así: los hombres se van sumergiendo impotentes en una especie de laguna negra en la que desaparecen.

Todo en Under The Skin es así de abstracto y estilizado, no sé si también metafórico, como si Glazer contase de antemano con que la propia experiencia de los espectadores con la ciencia ficción fuese rellenando estos vacíos y completando la historia. A la luz de algunos abucheos que sonaron tras el pase de prensa, me temo que pecó de un exceso de optimismo (el público siempre se decantará por una película que se lo da todo bien masticadito, como Philomena).

Poco a poco el alien va tomando conciencia de su propio cuerpo y es así como llegamos a una de las escenas que, inevitablemente, será de las más comentadas de la película. Ante el espejo, el alien (Johansson) contempla su cuerpo desnudo, ya no el mundo, sino un cuerpo extraño que empieza a sentir como suyo. Es como si la actriz hubiese querido dar un paso adelante y responder de este modo al robo de las fotografías íntimas filtradas en internet y en las que salía semidesnuda. Aunque parezca contradictorio, el desnudo (o los desnudos, porque hay varios) de la película constituiría una forma de proteger su intimidad.

En el fondo, da la impresión de que Under The Skin nace de una única idea estirada puede que más allá de lo razonable (ocurre lo mismo con la israelí Ana Arabia, de Amos Gitai, vista también en competición). En todo caso se trata de una buena idea, lo que no es poco. Tan potente visualmente como una tanto desequilibrada en lo narrativo, a la película de Glazer se le agradece que no pretenda erigirse en parábola del presente ni siquiera del futuro. Al contrario, por consiguiente, que The Zero Theorem, la nueva película de Terry Gillian, otra historia de ciencia-ficción, esta vez, para que no quepan dudas, ambientada en un Londres del futuro.

Gillian ha venido a decir que si su película Brazil venía a reflejar su visión del mundo en 1984, The Zero Theorem es su visión del mundo de hoy en día. Creo que hay formas menos enrevesadas de proponer una fotografía del mundo contemporáneo que la que nos ofrece esta película. Protagonizada por un informático (Christoph Waltz) recluido en una vieja iglesia del centro de Londres con el fin de resolver, por encargo de un magnate (Matt Damon en un papel brevísimo), algún tipo de cuestión metafísica que dé explicación a la propia existencia, The Zero Theorem se enreda en una trama que no para de girar sobre sí misma, sin que en ningún momento podamos concluir si la película va en serio y no se trata de una simple autoparodia (la interpretación de Waltz, los trajes que le hacen vestir, apuntan por ese camino).

A veces da la impresión de que todas las películas que nos plantean una ucronía son variaciones sobre el esquema de novelas como 1984, Un mundo feliz o Fahrenheit 451. Pues bien, para ese viaje no se necesitaban alforjas: lo que viene a contar The Zero Theorem ya lo contaba en apenas un minuto Ridley Scott en su famoso anuncio para Apple de 1984. Martillo incluido.

Si alguien quiere una verdadera intervención en el mundo contemporáneo, resulta mucho más recomendable aventurarse en las cuatro horas de At Berkeley, que, por otro lado, pasan en un suspiro. Frederik Wiseman, el más reconocidodocumentalista norteamericano, se pasó 12 semanas con su cámara en la prestigiosa Universidad de California en Berkeley. La finalidad: testimoniar la crisis financiera que estaba viviendo la mayor de las universidades públicas norteamericanas y una de las mejores del mundo según todos los rankings que miden la excelencia universitaria. El resultado es un portentoso retrato de una gran institución cultural y, por encima de todo, un sincero y contundente alegato a favor de la enseñanza pública y gratuita.

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