'elysium', de neill blomkamp, ha sido acusada de propagandismo socialista

El futuro es el tercer mundo

En el futuro todo el mundo será pobre de solemnidad y vivirá en slums de chabolas tan grandes como metrópolis. En el futuro las personas no

Foto: Un momento del rodaje de 'Elysium', de Neill Blomkamp. (SONY)
Un momento del rodaje de 'Elysium', de Neill Blomkamp. (SONY)

En el futuro todo el mundo será pobre de solemnidad y vivirá en slums de chabolas tan grandes como metrópolis. En el futuro las personas no tendrán más forma de vivir que malviviendo, siendo explotadas por sueldos miserables o practicando la mendicidad. En el futuro la educación dependerá de la caridad y el sistema de salud solo tratará con analgésicos cualquier cosa más grave que un esguince de tobillo. La justicia será poco más que una simulación teatral de sí misma y las fuerzas de seguridad públicas, mercenarios sin otra obediencia que su propia brutalidad. En el futuro, muerto el bienestar y fulminadas las oportunidades, la propiedad –toda la propiedad– está en las manos de gente que no conocemos, a la que no vemos y con la que jamás podremos hablar. En el futuro la única forma de prosperar que tendrán los pobres ya no será el trabajo, la educación o la propia capacidad, sino la delincuencia. En el futuro nadie tendrá futuro, no al menos mientras siga en la Tierra, un planeta superpoblado y ecológicamente desolado. En el futuro, en otras palabras, todo el mundo será el tercer mundo.

Es una especulación, claro, pero la distopía que conjura Neill Blomkamp en Elysium, la cinta de ciencia ficción que se estrena este viernes en España, es tan plausible que aterra más que cualquier plaga de zombis, invasión alienígena o cataclismo natural con los que Hollywood acostumbra a pulsarnos la zozobra. Plausible porque la película, en realidad, es un postapocalipsis donde no ha tenido lugar un apocalipsis previo, sino que resulta de haber dejado que la humanidad persista, sin más, en el rumbo político, económico y ecológico que lleva hoy día. O de dejar, visto de otra manera, que el apocalipsis aconteciera, sí, pero poco a poco, sin que nadie se diese cuenta. Basta mirar a la favelas brasileñas o los slums que ya se extienden kilométricos en Bombay, Nueva Delhi o Yakarta: el apocalipsis del que habla Elysium, de hecho, ha comenzado ya.

En la película, que tiene lugar en el año 2154, el desequilibrio contemporáneo entre ricos y pobres se ha polarizado hasta formar una minoría de poderosos ridículamente pequeña y una legión de pobres monstruosamente grande. La desigualdad norte-sur se ha convertido en una igualmente vertical, pero vertebrada ahora en un eje arriba-abajo entre la Tierra y Elysium, una paradisíaca estación espacial en órbita a la que ha emigrado la minoría rica de la humanidad, que a la postre es la más sana, la que detenta el poder y, claro está, la que tiene la piel más clara. 

Aunque la sinopsis de la película, breve por necesidad, invite a pensar que los ricos han abandonado la Tierra para fundar la colonia espacial y abandonar a los pobres a su suerte, en realidad no acaba de ser así. De hecho, las relaciones entre la pequeña colonia y el superpoblado planeta Tierra son fluidas, hasta el punto de que la minoría que vive en el espacio es propietaria de los medios de producción terrestres y, consecuentemente, de sus inmensos beneficios económicos. También lo es del ejército de robots que ha sustituido en la Tierra, tres en uno, a los políticos, al ejército y al sistema judicial.

Ciencia ficción socialista

Desde la aparición misma de la cinta el pasado 9 de agosto en Estados Unidos hay quien ha reseñado Elysium como una fantasía futurista "de izquierdas", en el mejor de los casos, e incluso quien ha criticado que ilustre con ficción el manual socialista, en particular entre medios conservadores.

En la revista estadounidense Newsmax, por ejemplo, se habla de la película como "socialismo de ciencia ficción" y Dan Gainor, del Media Research Center, dijo de ella que es "solo la última de las muchas películas de Hollywood que este año se apuntan a las tramas de Occuppy Wall Street". En Breitbart.com, por su parte, explicaron que "el director Neill Blomkamp tiene dos películas en su haber pero ya está en la vanguardia de la máquina de los mensajes de la izquierda" y la revista Variety fue aún más contundente: Elysium, dicen, contiene "una de las agendas políticas socialistas más marcadas de cuantas películas se recuerdan en Hollywood, haciendo sonar con fuerza los tambores no solo por un servicio de seguridad social universal, sino por la apertura de las fronteras, la amnistía incondicional y la abolición de las diferencias sociales".

Una escena de 'elysium'.
Una escena de 'elysium'.
Los que se rasgan las vestiduras, en todo caso, olvidan que Elysium no recurre a la ciencia ficción para jugar al cine político, sino al cine social. Igual que en Distrito 9, la primera película del sudafricano, el tema de fondo –en aquel caso, el racismo– se trataba a partir de un fenómeno histórico concreto –el apartheid en Sudáfrica–, en la segunda distopía de Blomkamp el tema de fondo –la desigualdad– se invoca con un referente: la inmigración en Estados Unidos.

De hecho la historia de su protagonista, Max, podría ser la de cualquier sin papeles latino que quisiera entrar a la fuerza en Estados Unidos. En la cinta el protagonista, interpretado por Matt Damon, recibe una dosis letal de radiación y la única posibilidad que tiene de curarse es llegar hasta Elysium, en donde la ciencia puede acabar fácilmente con el cáncer. En el año 2154, cuando Los Angeles es una ciudad de chabolas en la que el español es la lengua materna, la frontera entre ricos y pobres no es ya la que cose México a Estados Unidos o las millas de Caribe que separan Cuba de Miami: ahora es el espacio. Max, de esta manera, tendrá que granjearse un pase en alguna de las pequeñas naves –pateras o cayucos espaciales, huelga aclarar– que fletan las mafias de tráfico humano y que regularmente intentan escapar de la Tierra, burlar la seguridad de Elysium y aterrizar en su suelo. La nación espacial, por supuesto, derriba las que puede y cuando no, confina en campos a sus pasajeros y los deporta inmediatamente.

Según Entertainment Weekly, Blomkamp elaboró su historia –de la que es coguionista y responsable de la idea original, además de director– a partir de un incidente personal que sufrió en México, cuando tuvo que pasar varios días contra su voluntad en los suburbios de Tijuana. "Era como ciencia ficción en la Tierra", explicó después el propio realizador citando los potentes reflectores y las aeronaves que patrullan constantemente la frontera con Estados Unidos.

Elysium es la segunda película de Blomkamp tras Distrito 9, un filme de 2009 a caballo entre la ciencia ficción, el falso documental y la cámara al hombro sobre una raza extraterrestre que se asentaba en Johannesburgo y sufría allí la opresión atroz de las autoridades, que en el arranque de la película comienzan a confinar a los alienígenas en un campo de concentración. Contra todo pronóstico esta fábula más o menos obvia del apartheid financiada por Peter Jackson recaudó 210 millones de dólares en todo el mundo –costó solo 30– y optó a cuatro premios Oscar de la Academia estadounidense –entre ellos al de mejor película–, un Globo de Oro y cinco premios BAFTA.
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