Cara B de los Hombres G o cómo la fama solo sirve para "que te den mesa en un restaurante"
David, Javi, Dani y Rafa son cuatro amigos sobre los que pende una historia juntos de lo más increíble. Aprovechamos que presentan un documental sobre su vida para hablar con ellos
Era 1992, el año más difícil para los Hombres G. Lo tenían todo: habían vendido millones de discos, hecho portadas de revistas, girado por América... y de pronto, se alejaron de los focos. Lo que sucedió entre ellos lo cuenta en detalle un nuevo documental dirigido por Alberto Ortega y Charlie Arnaiz, titulado Los mejores años de nuestra vida. A pesar de la gran fama que cosecharon durante siete años que pasaron velocísimos, todos tuvieron que reinventarse a su manera para seguir adelante. David Summers se centró en lanzar su carrera en solitario tras la trágica muerte de su padre, Daniel Mezquita entró a trabajar en Warner, Rafa Gutiérrez se hizo road manager de otras bandas y Javier Molina es, quizá, quien salió peor parado.
"Yo lo pasé muy mal, se fue mi exmujer de casa con la niña. ¿Qué cojones hago con mi vida ahora, si no sé hacer nada?", se lamenta Molina en el documental. "Esa sensación es horrible, lo peor que te puede pasar, te ves en el paro y sin saber por dónde tirar". Después de una vida entera unidos, -"desde parvulitos", como reconoce el batería-, los Hombres G se separaron. "Como el grupo paró en seco, hubo desajustes económicos y eso produjo desencuentros y que estuviéramos casi diez años sin vernos", admite Summers, por su parte, en la cinta.
Su historia, a fin de cuentas, nos demuestra el frágil poder de la fama y cómo pasa factura a las relaciones humanas. En un contexto en el que los artistas del pop del presente no dejan de caer en el mito aspiracional, viendo la música y la imagen como el pasaporte al éxito o al rédito social, a la par que otros tantos de ellos (la mayoría) no paran de chapotear en el barro de la precariedad, la lección de Hombres G es que "lo único importante es hacer canciones bonitas y divertir a la gente". Así lo han reconocido los cuatro en una charla con este periódico con motivo del documental, que se estrena en cines este próximo viernes 8 de mayo para luego pasar a estar disponible en Movistar.
"La industria hizo muchísimo daño cuando empezó a instaurar la idea de triunfar en la música como máxima absoluta, según la cual todo consistía en tener una buena imagen y ser un showman sobre el escenario", recalca Molina. "Fíjate, cuando empezó Operación Triunfo, el propio concurso ya llevaba en el nombre esa idea que luego ha perdurado. Nosotros no teníamos la pretensión de ser famosos ni millonarios". Summers apostilla: "Decía el gran Ray Charles: 'yo nunca quise ser famoso, pero sí genial'. Y es un poco la clave, lo que nos movía, ser distintos al resto y hacer canciones chulas, para nada queríamos que nos reconocieran por la calle. La fama solo sirve para que te den mesa en un restaurante y poco más".
"En España tiran piedras a todo el mundo, al empresario, a los futbolistas, a quien destaca se le pinta de malo"
"Es el público quien decide, y no tanto la industria", opina por su parte Dani Mezquita. "También es cierto que influye el salto tecnológico, ya que permite que puedas hacerte un disco tú solo en tu casa". Tal vez ese sea uno de los factores que nos hacen suponer que su caso es algo irrepetible, y razón por la que Hombres G seguirá siendo una banda atemporal, por mucho que pasen los años. "No es nostalgia. Dime tú qué nostalgia hay, si ves a adolescentes de 15 años cantar sus canciones", asegura por su parte Charlie Arnaiz, quien sentó junto a Ortega a los músicos para contar su historia.
Como se puede ver en otro momento del documental, Summers lee una carta de una chica de 13 años que es toda una declaración de amor a la banda. "Son las mismas cartas que recibíamos en los años 80, tío", dice Summers. Lo raro y excepcional de Hombres G es que, a diferencia de otros coetáneos suyos como Los Pecos, se puede ver a quinceañeras en las primeras filas. Los gritos de las fans femeninas recorren todo el documental, siendo su mayor pasaporte a la fama y a la vez la excusa perfecta para criticarles y englobar su música en "canciones para chavalitas"
A tal punto llegó el fenómeno Hombres G que en 1987 hubo disturbios en las calles de Oviedo cuando fueron a tocar. En otro concierto, en Granada, a Mezquita le dieron una pedrada en la sien. El rock en aquel entonces era peligroso, como repasaba Josele Santiago de Los Enemigos, en un reciente reportaje, debido sobre todo a las tribus urbanas que se agolpaban según sus grupos favoritos (rockers, punks o mods). Hombres G no encajaban en ninguno.
"En España, si destacas, te quieren hundir", afirma Molina. Algo que contrasta con Latinoamérica, que es como arranca el documental, en la Ciudad de México, actuando frente a 60.000 personas. "Aquí también se valora la música, pero allí es todo mucho más intenso. Allí no apedrean a sus artistas y la gente que prospera es feliz. En España tiran piedras a todo el mundo, al empresario, a los futbolistas, a quien destaca se le pinta de malo. Es algo que no pasa en ninguna otra parte del mundo". Summers añade: "En Estados Unidos, cuando un artista es la hostia la gente quiere ser como él, y en España es al revés, quieren que seas como ellos".
"El rock debe ser irrespetuoso o dejar de darle tanta importancia a las cosas. La vida pasa volando. Hay que divertirse"
¿Hay relevo generacional a lo que hacían Hombres G? Cuando les mencionamos bandas como Camellos o Carolina Durante, que sin duda beben de las mismas referencias (Los Nikis, Siniestro Total o Glutamato Yeyé, por poner unos ejemplos) y hacen un uso muy fino de la ironía y el humor en las letras, todos asienten. No es para menos; Hombres G tienen mucho público indie, prueba de ello fue su actuación en el Sonorama Ribera 2024. "El rock debe ser irrespetuoso o dejar de darle tanta importancia a las cosas", asume Mezquita. "La vida pasa volando y hay que divertirse".
Sin embargo, hay una diferencia con las bandas indie de ahora, y es el hecho de que aunque cosechan públicos similares, ni Carolina Durante o Camellos están dentro del circuito puramente mainstream como Hombres G lo estuvieron en su día. "Nosotros reivindicamos a los músicos de banda, aquellos que crean el envoltorio para una buena letra, en este caso las de David", concluye Molina, mirando con simpatía y cariño a su compañero. "En España no se reconoce a los músicos del pop, como mucho solo a los del rock, cuando en realidad hacen un trabajo increíble".
Era 1992, el año más difícil para los Hombres G. Lo tenían todo: habían vendido millones de discos, hecho portadas de revistas, girado por América... y de pronto, se alejaron de los focos. Lo que sucedió entre ellos lo cuenta en detalle un nuevo documental dirigido por Alberto Ortega y Charlie Arnaiz, titulado Los mejores años de nuestra vida. A pesar de la gran fama que cosecharon durante siete años que pasaron velocísimos, todos tuvieron que reinventarse a su manera para seguir adelante. David Summers se centró en lanzar su carrera en solitario tras la trágica muerte de su padre, Daniel Mezquita entró a trabajar en Warner, Rafa Gutiérrez se hizo road manager de otras bandas y Javier Molina es, quizá, quien salió peor parado.