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Escupitajos, lluvia de latas y un dedo perdido: historia del Rock Villa de Madrid
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REPORTAJE

Escupitajos, lluvia de latas y un dedo perdido: historia del Rock Villa de Madrid

Rememoramos los primeros años del histórico concurso a través de sus protagonistas, como Manolo Campoamor (Kaka de Luxe), Josele Santiago (Los Enemigos), José Battaglio (La Frontera), Patricia Godes y Carlangas

Foto: Primera edición del Villa Rock de Madrid en la Casa de Campo. (Archivo de Mariskal Romero)
Primera edición del Villa Rock de Madrid en la Casa de Campo. (Archivo de Mariskal Romero)

El 15 de mayo de 1978, el descampado del antiguo Rockódromo, luego Madrid Arena, en la Casa de Campo, era un hervidero de estudiantes que no sabían muy bien lo que estaba pasando. ¿Un concurso de bandas de rock? Olvido Gara, más conocida como Alaska, contaba con tan solo 15 años. "Mucha pana y mucha barba, no pintaba mucho allí", recordaría años más tarde. No era para menos: tal y como lo recuerda su compañero y amigo Manolo Campoamor, quien la acompañaba en el escenario aquella tarde junto al resto de la banda (conformada por Nacho Canut, Carlos Berlanga, Enrique Sierra, futuro miembro de Radio Futura y Pablo Martínez), la artista y luego líder de Fangoria iba vestida de punk y ultramaquillada.

"Ese día había mucha gente en el escenario", recuerda Campoamor, en una entrevista para este diario. Ellos eran Kaka de Luxe y no pegaban nada con la música que se llevaba en la época. "A nosotros nos gustaba mucho David Bowie, pero como éramos muy malos tocando, nos teníamos que conformar con intentar imitar a los Ramones". Aquellos estudiantes progresistas que les vieron actuar en la primera edición del Rock Villa de Madrid se quedaron anodados y perplejos ante una banda que luego sería el caldo primordial de Alaska y los Pegamoides o Parálisis Permanente.

Kaka de Luxe subieron al escenario presentados por Mariskal Romero, histórico periodista y locutor de radio musical, quien todavía sigue en activo dirigiendo la revista La Heavy y al frente de Mariskal Rock. Precisamente, él atesora las fotografías de aquel evento en su archivo personal. Finalmente, Kaka de Luxe no ganaron. Pero sucedió algo más importante. Olvido se llevó un beso en la mejilla de un político, Ceferino Ceito, de la UCD. "Fue bastante simbólico", recuerda Patricia Godes, periodista y autora del libro de memorias sobre el concurso, editado en 2008 con motivo de su 30 aniversario. "Esa imagen se nos quedó grabada a todos, porque era la primera vez que los políticos permitían que hubiera una concentración de jóvenes para escuchar música en directo".

"Nuestra vida se limitaba a ir al Retiro a fumar canutos. Los fines de semana unas cañas y tocar rock and roll"

Ceito, quien fuera asesor musical del alcalde José Luis Álvarez, conectaba mucho con la música joven porque él también era artista. "Le propuse al alcalde la opción de organizar un concurso de bandas de rock, y así dar oportunidad a muchas de esas formaciones y elevar un poco el listón semicutre de la música en ese momento", rememoraba Ceito, de nombre artístico Daniel Velázquez, en el citado libro. "Estábamos en los primeros meses de 1978 y desde el primer momento la iniciativa fue bien acogida por el alcalde, aunque algunos de sus colaboradores lo veían como arriesgado. Pensaban que al ser grupos de rock, el público sería proclive al porro. Les dije que no había problema, pues al celebrarse al aire libre, el humo no se notaría".

placeholder Olvido con Kaka de Luxe, conocida en aquella época por el nombre artístico de Alaska Vomito Pepelín. (Archivo de Mariskal Romero)
Olvido con Kaka de Luxe, conocida en aquella época por el nombre artístico de Alaska Vomito Pepelín. (Archivo de Mariskal Romero)

Las drogas no eran, todavía, la mayor preocupación de las fuerzas del orden, cuyos altos mandos correspondían al régimen franquista. José Miguel Monzón Navarro, más conocido como Gran Wyoming, era un hippie en aquella época que tocaba en Parecelso, la banda que finalmente se impuso a Kaka de Luxe en la final de la primera edición, ganando el concurso. "Una vez estaba tomándome una cerveza. Entraron dos polis y me trincaron el pelo. Así, sin más. Me sacaron a la calle y me dieron una paliza", recuerda el presentador en una entrevista presente en el libro. "Nuestra vida se limitaba a ir al Retiro a fumar canutos. Los fines de semana unas cañas y tocar rock and roll".

"Una batalla campal continua"

Dos años antes de entrar en la década de los 80, Madrid todavía era una capital que intentaba despertar del sueño de la dictadura y abrirse a las modas juveniles. Para cuando tener una banda de rock and roll como las de Wyoming y Olvido ya estaba más normalizado, la violencia callejera se extendía entre punks, mods y rockers, y escenarios como el del Rock Villa de Madrid no estaban exentos de peleas, lluvia de tomates y hasta de litronas de cerveza.

Uno de los hitos históricos de toda esa violencia originada por la música en directo fue el concierto de Lou Reed el 20 de junio de 1980 en el Estadio del Club Deportivo Moscardó, en el barrio de Usera. El suceso tiene varias versiones dependiendo de la fuente, ya que fue tan histórico que la leyenda acabó comiendo terreno a la realidad. Tras llegar una hora tarde al recinto, el cantante neoyorkino subió al escenario y alguien del público le arrojó un objeto. Al exmiembro de la Velvet Underground no le sentó nada bien y abandonó el escenario, originándose una batalla campal que provocó saqueo de instrumentos y posterior incendio en el recinto.

"Recuerdo que alguien del público perdió un dedo y nos pusimos a buscarlo entre todos"

"La gente se volvía bastante loca, el centro de Madrid era una batalla campal continua", cuenta a El Confidencial Josele Santiago, líder de Los Enemigos, ganadores del concurso en 1986. "Nosotros no pertenecíamos a ninguna tribu, y eso les jodía. Podíamos recibir de cualquier lado". Su versión concuerda con la de José Manuel Costa, periodista y crítico musical, quien tiene un episodio en el libro en el que da fe de lo peligrosas que resultaban las calles ya bien entrados los 80. Uno de los hitos que repasa es un concierto gratuito de Siniestro Total en un talud de Hortaleza en 1983, en el que una horda de punks arremetió contra el público en un pogo violento que acabó haciendo intervenir a las fuerzas del orden.

"Recuerdo que alguien del público perdió un dedo y nos pusimos a buscarlo entre todos por el suelo", sostiene Godes, quien recuerda que tal incidente se produjo durante aquel concierto de Siniestro Total. Esta anécdota tan salvaje no pasa desapercibida, como tampoco el riesgo que los artistas asumían cada vez que se subían a un escenario. Además de protegerse contra los objetos que les pudieran tirar, también debían tener mucha mano izquierda para aguantar las humillaciones por parte del público que les llovían en forma de escupitajos. "A los Pegamoides les escupían porque pensaban que era lo que había que hacer con ellos, ya que iban de punks", admite Campoamor. "Y no les sentaba nada bien, como es obvio. Nacho Canut se fue de un concierto porque no soportaba que les escupieran todo el rato".

placeholder Artemio, Josele y Roberto, tres 'enemigos' apostados frente a la puerta de La Vía Láctea madrileña. (Ángel Aparicio)
Artemio, Josele y Roberto, tres 'enemigos' apostados frente a la puerta de La Vía Láctea madrileña. (Ángel Aparicio)

El relato de Godes, Campoamor y Santiago echa por tierra la idealización nostálgica que se hace de la Movida madrileña y toda esa época. "Aquello era una puta pesadilla", opina vehemente Santiago, quien acaba de publicar Desde el jergón, un libro de anécdotas y reflexiones sobre su carrera en el que menciona varias veces el concurso Rock Villa de Madrid. "Era bastante estúpida esa concepción grupal de la música. Se supone que debe unir a las personas, no separarlas en tribus. No siento ninguna nostalgia por toda esa época".

Foto: josele-santiago-cronica-oral-de-la-malasana-mas-crapula-y-adicta-al-rock

El líder de Los Enemigos menciona que por aquel entonces tocaba con una guitarra prestada, por lo que no solo había que velar por la integridad física propia en el escenario, sino también por la de los instrumentos. Precisamente, con el dinero del premio lo primero que hizo fue comprarse una guitarra, su insustituible Telecaster de color naranja clarito, que todavía usa y guarda con mucho cariño.

La versión de José Battaglio, exmiembro de La Frontera, es un poco diferente a la de Santiago. Ellos ganaron el concurso dos años antes que Los Enemigos, en 1984. "Sin duda alguna, había mucha más violencia en la noche madrileña que ahora", admite. "Toda la zona trasera de la Gran Vía, en Malasaña, era territorio comanche, un enclave de prostitución, drogas y delincuencia. Creo que nosotros tuvimos suerte al tocar más al principio de los 80, cuando la escena ni las tribus urbanas estaban tan consolidadas. Éramos un grupo con mucha energía y la gente se lo pasaba bien en nuestros conciertos, había mucho pogo y diversión, pero nunca sufrimos ningún altercado con el público o las fuerzas de seguridad".

"Muchos conciertos eran para tomarse dos o tres aspirinas", puntualiza Godes

La Frontera destacaban sobre el resto por su mezcla de géneros, a medio camino entre el punk, el rock y el country. Unos visionarios para una época en la que por lo general importaba más la actitud y la apariencia que la música. "Muchos conciertos eran para tomarse dos o tres aspirinas", puntualiza Godes, refiriéndose a la baja calidad de las propuestas y el sonido guarro y sucio al contar con equipos de sonido rudimentarios e instrumentos que se intercambiaban constantemente.

Ordovás, el gran impulsor

En este sentido, Campoamor recuerda con mucho fervor la figura del periodista Jesús Ordovás, a quien también tienen en alta estima Battaglio y Santiago. "Cada vez que le veo, que ya no son tantas veces, le sigo dando las gracias", expresa emocionado el compañero de Olvido en Kaka de Luxe. "Él nos llevó al concurso, nos sentíamos muy raros allí, en medio de esas instalaciones recién inauguradas", asegura, refiriéndose a las eliminatorias en las que las bandas se disputaban entrar a la final, en un auditorio que había en la plaza Colón recién inaugurado. "Fue él quien nos seleccionó".

"Tierno Galván es el primero en darse cuenta de que lo que ocurre tiene una enorme rentabilidad política, quiere ser el rey de la Movida"

Battaglio, por su parte, recuerda el papel de Ordovás de una forma más especial y decisiva, ya que fue él quien puso nombre a su banda. "Antes nos llamábamos Las Muñecas Repollo, un nombre horrible que nos pusimos porque nos encantaban los New York Dolls", reconoce. "Ordovás fue quien les dio a todos la fama antes de que la merecieran", apostilla Godes. "Muchos grupos apenas sabían tocar y ahí estaba él, subiéndoles al escenario".

Aquel año, La Frontera compartió escenario con The Damned en la final del Rock Villa de Madrid. "Eran uno de nuestros grupos favoritos", se sincera Battaglio. El pogo que se formó fue tan colosal que levantó una enorme polvareda. En aquel escenario estaba un jovencísimo Santi Camuñas, ahora miembro del jurado del concurso. "No, yo no tocaba", asegura entre risas, a este periódico. "Yo era muy amigo de La Frontera, también estaba por ahí Johnny Thunders, de los New York Dolls, fue un concierto histórico".

El "rey de la Movida"

Tampoco conviene olvidar la figura del alcalde Enrique Tierno Galván, el "edil rockero", como le llaman reiteradas veces en el libro. De su iniciativa salió dividir el concurso según el estilo de música (pop, rock y jazz), así como prestar todas las infraestructuras necesarias para los conciertos. "Es el primero en darse cuenta de que lo que está ocurriendo tiene una enorme rentabilidad política, quiere ser por lo menos el rey de la Movida", menciona Borja Casani en el libro, fundador de revistas culturales en los 80 como La luna. "Y lo consigue: la imagen del viejo profesor inaugurando un concierto de rock duro en un estadio lleno de humo adormeciente enternece incluso a los más bestias".

placeholder El Rockódromo de Casa de Campo, en la primera edición del Rock Villa de Madrid de 1978. (Archivo de Mariskal Romero)
El Rockódromo de Casa de Campo, en la primera edición del Rock Villa de Madrid de 1978. (Archivo de Mariskal Romero)

En los años 90, la violencia se suavizó y llegaron nuevas propuestas musicales. En 1992, ganaron Los Elementos, un grupo de funk rock muy próximo a los Red Hot Chili Peppers, que en aquel tiempo estaban muy de moda. De finalistas quedaron Mägo de Oz, quienes posteriormente se convirtieron en ultrafamosos en España y al otro lado del charco. Por aquel entonces solo tenían una maqueta que, según presume su líder y batería, Txus di Fellatio, que por entonces era futbolista del Real Madrid, se movía mucho entre los ambientes underground de Madrid. Eso fue lo que les llevó a participar en el Rock Villa de Madrid, lo que convenció a Fellatio de apostar por la banda y dejar el fútbol para siempre. "Yo les voté", afirma Godes, orgullosa. "Supe que iban a despuntar, aunque finalmente no se llevaron el primer premio".

A pesar de que el concurso continuó celebrándose, los niveles de público y la repercusión de las bandas que concursaban fue menguando conforme fue avanzando la década de los 90. En 1995, tocaron en las eliminatorias agrupaciones de la primera ola indie que a día de hoy siguen llenando estadios, como Los Planetas. Una década más tarde, con la llegada de Internet, el Rock Villa de Madrid permite hacer la inscripción vía telemática, lo que facilita el proceso de admisión a muchas bandas. Además, desde 2005 pasa a celebrarse en la carpa del Universimad, en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid.

Carlangas en la pradera de San Isidro

2005 es el año en el que el concurso creció muchísimo debido al cambio de recinto por el Universimad, mucho más amplio, concentrando a cerca de 30.000 personas en cada edición. El cartel de dicho año reunió a bandas antiguas como La Frontera con otras más actuales de aquella época, como Muchachito Bombo Infierno, además de traer a agrupaciones internacionales de lo más atractivas como Asian Dub Foundation.

Ese mismo año, un jovencísimo Carlos Pereiro, más conocido por el mote de Carlangas, llega a la ciudad de Madrid de su Santiago de Compostela natal para estudiar Periodismo en la Complutense. Al poco tiempo formará Novedades Carminha con Jarri, Xavi G. Pereiro y Anxo Ferreira, sin duda uno de los mejores grupos recientes de la música en España debido a su frescura y originalidad a la hora de componer con canciones que hacen irresistibles las ganas de mover el esqueleto y, a la par, rinden homenaje a los grandes grupos de guitarras de nuestro país.

"El Rock Villa de Madrid sigue haciendo una gran labor por las bandas de toda España"

"Cuando nos llamaron para tocar en la final y vimos el histórico de grupos que habían participado nos motivamos muchísimo más", admite Carlangas, en conversación telefónica con este diario. "Nuestras principales influencias eran Siniestro Total, Parálisis Permanente o Los Enemigos. Punk ibérico", define. Fue en 2012, acababan de sacar su segundo álbum, Jódete y baila, en el que ya empezaban a perfilar un estilo que se consolidaría en Juventud Infinita (2014). Lamentablemente, ganaron Yakuzas, un grupo que no tuvo tanta repercusión como el suyo. "No lo recuerdo demasiado bien, solo sé que fue al aire libre y nos lo pasamos genial", rememora.

Carlangas admite que acude a la pradera de San Isidro no solo para ver los conciertos del Rock Villa de Madrid, sino en general el resto del año, al residir en Carabanchel. "Soy vecino del barrio y estoy muy unido a la pradera", expresa. "El Rock Villa de Madrid ha hecho y sigue haciendo una gran labor por las bandas de toda España, hay pocos concursos actualmente que tengan tanto peso e influencia". Cuando le preguntamos por sus favoritos de este año, admite que le encanta el psych-rock de Dear Joanne, con quienes acaba de lanzar la canción Problemas. "Me encanta la línea artística del concurso, esa vena rock que tiene".

Ayer se conoció el cartel de esta próxima edición, la cual contará con la actuación estelar de Camellos, otra de las bandas que, como Carlangas, transmiten la herencia histórica del rock madrileño en su plena esencia. Con ellos tocarán los cinco finalistas de este año, los cuales causaron muy buenas sensaciones dentro del jurado: Dear Joanne, Jike, Carmen Lillo, Catuxa Salom y Dura Cala. "Hemos abierto mucho el abanico de géneros desde la pandemia", reconoce Camuñas. "Ahora caben otras propuestas más conectadas con la electrónica o lo urbano. Es el devenir de los tiempos". Los seis nombres interpretarán sus temas en el jardín de las Vistillas a partir de las 6 de la tarde el próximo 15 de mayo.

El 15 de mayo de 1978, el descampado del antiguo Rockódromo, luego Madrid Arena, en la Casa de Campo, era un hervidero de estudiantes que no sabían muy bien lo que estaba pasando. ¿Un concurso de bandas de rock? Olvido Gara, más conocida como Alaska, contaba con tan solo 15 años. "Mucha pana y mucha barba, no pintaba mucho allí", recordaría años más tarde. No era para menos: tal y como lo recuerda su compañero y amigo Manolo Campoamor, quien la acompañaba en el escenario aquella tarde junto al resto de la banda (conformada por Nacho Canut, Carlos Berlanga, Enrique Sierra, futuro miembro de Radio Futura y Pablo Martínez), la artista y luego líder de Fangoria iba vestida de punk y ultramaquillada.

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