Eva Baltasar, la escritora española más aclamada (y con mejores críticas) fuera de España
La autora catalana publica 'Peces', la historia de una relación tóxica entre dos mujeres. Aprovechamos para charlar con ella sobre su fulgurante trayectoria literaria, una de las más aplaudidas en el extranjero
En 2018, una novela sacudió el mundo editorial como algo nuevo, refrescante y diferente. Se trataba de Permafrost y su autora era Eva Baltasar (Barcelona, 1978), con una amplia trayectoria en el mundo de la poesía, pero la nada en la narrativa. Pese a ello, el libro enseguida se posicionó en las listas de los mejores premios, entre ellos, el Médicis Extranjero (2020), uno de los más prestigiosos de Francia a obra traducida al francés y cuyo autor todavía no es famoso. Después llegaría la novela Boulder que conseguiría ser finalista en 2023 del Booker Internacional -el más importante de Reino Unido- y del Prix Les Inrockuptibles, el que otorga la mítica revista francesa a la obra más audaz del año. En resumen: a Baltasar ya la conocen bastante por ahí afuera y tiene muchas papeletas para serlo cada vez más por aquí dentro (y llevarse alguno de esos grandes galardones literarios).
“Yo siempre recibo los premios y ser finalista con alegría y con gratitud”, dice con una sonrisa cuando se le hace esta observación a través de la pantalla de zoom. “Como todo el mundo, yo ya he atravesado mis propios infiernos, y al final, en la vida, pues hay momentos muy buenos y otros que no lo son tanto, y yo lo que he aprendido es que hay que acogerlos todos porque a todo le puedes sacar una lectura positiva. Así que pienso, que llegas a la final, fantástico, que no lo ganas, fantástico también porque hay muchas miradas que se ponen encima de tu literatura”, añade. “Y ganarás alguno de ellos”, le digo. “Bueno”, sonríe algo más tímida.
Porque Baltasar también ha sido muy bien acogida en jurados en los que forman parte otros insignes y reputados escritores como la francesa Leila Slimani, quien dijo de Boulder en el Booker que “condensa las sensaciones y experiencias de una docena de novelas en poco más de cien páginas de vibrante prosa”. Los miembros del Médicis también reconocieron en su Permafrost su capacidad para mostrar un "alma al desnudo" sin artificios, tratando temas como la soledad, el deseo lésbico y las pulsiones suicidas de forma directa y "bruta".
Narrativa de casualidad
La escritora catalana, que se licenció en Pedagogía -”aunque no me gustaba, pero me obligaron mis padres”-, que estudió Filosofía y que ya tiene en su haber otras tres novelas más -Mamut, que forma parte de un tríptico junto a Permafrost y Boulder, Ocaso y fascinación y Peces, que acaba de llegar a las librerías en castellano publicada por Penguin Random House, como el resto- se ha convertido en un referente narrativo de primer nivel “de casualidad”, como ella misma confirma, “ya que vivía muy tranquila escribiendo poesía”.
Según cuenta, todo empezó con una visita a su psicóloga en una mala época. “Tenía una serie de problemas existenciales y nadie a quien contárselos; estaba casada, pero mi pareja formaba parte del problema, así que tampoco era la persona adecuada. La psicóloga me pidió que le contara mi infancia, estuve hablando una hora y al terminar me dijo que me veía muy desestructurada y me mandó escribir mi biografía en cuatro páginas para enfocar una posible terapia a partir de ahí. Cuando llegué a casa me puse a escribir y me aburría muchísimo porque mi vida ya me la sé, así que me puse a inventar mentirijillas para hacérselo más entretenido a la psicóloga, pero claro, pensé, hostia, esto mejor no porque luego voy a tener que sostener todas las mentiras a lo largo de la terapia. Así que paré la terapia y continué con la escritura y así surgió Permafrost -Permagel en catalán originalmente-”.
Y surgió también esa voz de una mujer con pulsiones suicidas y que vive con una intensidad voraz sus relaciones sexuales con otras mujeres y su relación con el arte y la literatura. Y le llegó también el aplauso de la crítica y un público lector entusiasmado con esta narrativa llena de imágenes sensoriales y con una carnalidad desbordante. Con una poesía interior -frase más desnuda, más seca, palabras muy certeras- que, sin embargo, también se aleja de la prosa poética. Es literatura que es puro cuerpo y que está presente en toda su obra, también en Boulder, donde se centra más en la maternidad, en Mamut, donde aborda la ciudad -por decirlo muy grosso modo-, en Ocaso y fascinación, sobre este mundo cuyo pacto social ha saltado por los aires y en la más novedosa, Peces, en la que se adentra sin titubeos en una relación tóxica… entre mujeres, el deseo y el rechazo. Baltasar nos habla casi siempre de relaciones lésbicas sin aparataje, ni artificios, ni porque toca. Tan natural como cualquier tipo de relación personal.
“Tienes toda la razón, y en mi poesía ya era así, pero sí que la narrativa se despliega muchas veces a partir de la sensorialidad. No diría que es un sello porque no sé dónde me va a llevar la literatura, pero hasta el día de hoy sí que hay una identificación muy grande cuando escribo, me identifico muchísimo con las protagonistas, e igual por ahí va la cosa. Yo soy muy sensitiva, además, soy como Victoria, que es un personaje que me parece horrible, pero como a ella me encanta comer, todo lo físico me gusta, lo gozo mucho, y todo esto se ha ido infiltrando en la narrativa”, concede.
Escribir a mano
Lo corporal adquiere mucho peso con las escenas de sexo que Eva Baltasar describe con mucha naturalidad. Son imágenes muy físicas, pero a la vez son muy bellas, nada vulgares. “Para mí son las escenas que más fácilmente escribo porque son muy pictóricas. Cuando tengo ahí una escena de sexo, me la imagino. Todos podemos tener en nuestra mente escenas de sexo que hemos vivido o que hemos visto en películas… Y yo me dedico a describirlas. Me cuestan más las escenas de introspección”, relata.
"Para mí las escenas de sexo son las que más fácilmente escribo porque son muy pictóricas. Me es más difícil la introspección"
En esta carnalidad quizá tenga algo que ver que hace tiempo, desde que tuvo un problema ocular y lleva mal el asunto de las pantallas-, escribe a mano, que siempre es una escritura más lenta. “Yo vengo del mundo de las ideas, de la filosofía, pero necesito aterrizar las cosas y que el conocimiento pase por las manos. Y como ahora escribo a mano he descubierto cómo el tema de la escritura está muy relacionado con el artesanato. Es mucho más lento y lo gozo muchísimo”, manifiesta mientras relata cómo su escritura también se va nutriendo de los paseos que da con su perro por el bosque que hay cerca de su casa - “ahí van apareciendo las ideas, las voy aterrizando”-, de los comentarios con su editora María Bohigas -”que me obligan a pensar”... al final, “más o menos es un año de escritura de cada novela”. Que, de momento, le salen cortitas, unas 120 páginas en castellano (150 en catalán), “pero mi voluntad es hacerlas largas”.
Pero esas son las páginas que tiene Peces, su nuevo disparo literario que narra esta historia de amor… de la protagonista, esa escritora que se queda prendada de Victoria, una vendedora de pescado -como ya ha dicho, su relación “erótica” con la comida es otro de sus sellos- que no irá por buen camino casi desde el principio. Victoria la arrasará, la anulará, la convertirá en otra persona.
“Es que las relaciones tóxicas a veces empiezan así, como un flechazo, un amor a primera vista. Encuentras a una mujer y sin conocerla de nada tienes la sensación de que es ella, es la elegida. En ese momento sucede algo muy interesante porque parece que sea una revelación, pero tú estás escogiendo, tú siempre puedes escoger si vas o no vas. Yo ahora lo tengo muy claro, pero porque he aprendido a base de hostias y de relaciones tóxicas. Hace diez años con una mujer como Victoria hubiera ido como una loca, pero ahora ya sé que no”, confiesa. Y eso que lo ves venir, le digo. “Sí, sí, por eso el título, que era provisional porque era una vendedora de pescado y tal, pero luego me di cuenta de que la protagonista se mueve como un pescaíto para conseguir la atención de Victoria. Y también dicen que los peces tienen poca memoria y eso es lo que le pasa a ella. Empieza a ver señales, que ahora llamamos ‘red flags’, pero las deja pasar, hasta que realmente ya no puedes más y ese es el momento, cuando te cansas de sufrir, cuando sales de ahí, aunque cuesta muchísimo. Hay gente que se queda toda la vida”.
Sobre el argumento de 'Peces': "Yo ahora lo tengo muy claro, pero porque he aprendido a base de hostias y de relaciones tóxicas"
La novela, y esto no es un spoiler porque se cuenta en la página uno, es, de hecho, la historia de una relación tóxica de la que se acabó escapando gracias a la escritura, a ponerse en negro sobre blanco qué hay ahí. Crea cierto alivio en el lector. Todo lo que va a leer después es cómo una (o uno) se va metiendo en algo que, de alguna manera, sabe que le va a hacer daño, pero el amor… le mete ahí. Eso sí, Baltasar nunca juzga. Precisamente, la protagonista es una mujer muy bien armada en lo laboral, las relaciones sociales…, pero anda coja en lo emocional.
“Son relaciones en las que se genera una gran dependencia, pero es que al final todos tenemos las mismas heridas. La herida de abandono que viene de la infancia, la del rechazo. Y lo que pasa con estos perfiles como Victoria es que te ofrecen algo que alivia esta herida. Te dan una de cal y otra de arena y, pongamos que la buena es la arena, bueno, pues cuando te dan la de arena te alivia, te sientes querida, sientes que te están cuidando… aunque luego venga el palo. Claro, eso genera mucha dependencia. Lo que hay que detectar es cómo no entrar en esas dinámicas”, explica.
Hablar de relaciones tóxicas
Le comento a Eva Baltasar sobre la novela Comerás flores, de Lucía Solla Sobral, una de las más vendidas en los últimos meses y que también aborda el tema de las relaciones tóxicas. Como si, de repente o por fin, hubiéramos puesto el ojo en ellas, en este tipo de situaciones en las que no se da una violencia física, pero sí hay un daño. Y que parece ser más habitual de lo que siempre ha salido a la luz.
“Para mí es un maltrato igual. Claro, cuando te golpean te vas marcada, pero el maltrato psicológico es muy habitual, empieza muchas veces en la infancia, ya no es cuestión de pareja, es en la propia familia. Hay mucho maltrato que ya está interiorizado, es que ni los propios padres se dan cuenta y lo vas normalizando. Entonces te encuentras una pareja que te trata mal psicológicamente y a ti te parece normal porque ya estás estructurada de esa forma. Y luego hay mucha gente manipuladora y me incluyo, es que igual sin querer manipulas porque hay un deseo de cambiar al otro. Pero en todo esto siempre hay grados y también hay personas que te autodestruyen y te acaba afectando a la autoestima, a la dignidad".
"Yo veo la escritura como una oportunidad grandiosa y muy buena de profundizar en mi inconsciente, donde están los monstruos"
A la protagonista de Peces la acaba salvando la escritura. Le pregunto si a ella también le sirve para escapar de ciertas situaciones y confirma que le consuela mucho “y también me ayuda a conocerme. Yo veo la escritura como una oportunidad grandiosa y muy buena de profundizar en mi propio inconsciente. Ahí es donde están los monstruos de verdad y a través de la escritura o de la lectura, puedo mandar a alguien ahí y hurgar. A mí me sirve para tomar conciencia de qué hay ahí, de cómo soy al final. Para mí es un momento precioso”, revela mientras da cuenta de sus autores favoritos, desde Nikos Kazantzakis, Carson McCullers, Merçé Rodoreda, Katharine Mansfield, Marguerite Duras y Walt Whitman.
El poeta Walt Whitman es el más luminoso, le digo.
“Sí, estoy de acuerdo. Bueno, Nikos Kazantzakis tiene pasajes muy luminosos también. Pero sí, de Walt Whitman es mi libro de cabecera, y de las veces que lo he leído lo podría casi recitar si tuviera memoria. Me gusta mucho porque sí, te da mucha confianza en la humanidad, en la vida. Y te alivia un montón". La buena literatura, siempre. Quédense con el nombre de Eva Baltasar.
En 2018, una novela sacudió el mundo editorial como algo nuevo, refrescante y diferente. Se trataba de Permafrost y su autora era Eva Baltasar (Barcelona, 1978), con una amplia trayectoria en el mundo de la poesía, pero la nada en la narrativa. Pese a ello, el libro enseguida se posicionó en las listas de los mejores premios, entre ellos, el Médicis Extranjero (2020), uno de los más prestigiosos de Francia a obra traducida al francés y cuyo autor todavía no es famoso. Después llegaría la novela Boulder que conseguiría ser finalista en 2023 del Booker Internacional -el más importante de Reino Unido- y del Prix Les Inrockuptibles, el que otorga la mítica revista francesa a la obra más audaz del año. En resumen: a Baltasar ya la conocen bastante por ahí afuera y tiene muchas papeletas para serlo cada vez más por aquí dentro (y llevarse alguno de esos grandes galardones literarios).