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¿Quién fue el amor imposible de Cela? La mujer a la que el Nobel le pidió que lo quisiera "como a un perro" y siempre lo rechazó
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FUE LA MADRE DE JAVIER MARÍAS

¿Quién fue el amor imposible de Cela? La mujer a la que el Nobel le pidió que lo quisiera "como a un perro" y siempre lo rechazó

La publicación de la correspondencia inédita entre Camilo José Cela y Dolores Franco, la mujer de Julián Marías, revela una pasión platónica que el Nobel suavizó en sus memorias

Foto: Un Cela de solo 18 años se enamoró perdidamente de Lolita Franco, de 21.
Un Cela de solo 18 años se enamoró perdidamente de Lolita Franco, de 21.

La literatura española acaba de abrir una ventana fascinante a la intimidad de uno de sus mayores exponentes gracias a la publicación de De lo mundano y lo sublime. Este volumen desvela el intercambio epistolar mantenido por un jovencísimo Camilo José Cela (1916-2002) y la intelectual Dolores Franco (1912-1977), entre 1934 y 1943. Lo que comenzó como un veraneo familiar terminó convirtiéndose en una devoción platónica y un tutelaje literario que marcó los años de formación del futuro Premio Nobel, antes de que ella uniera su vida al gran filósofo y ensayista Julián Marías.

La publicación de este material ha sido posible tras el depósito de los fondos del matrimonio Marías-Franco en la Biblioteca Histórica de la Complutense, un paso que el propio Javier Marías, hijo de la protagonista, veía con cierto escepticismo inicial al considerar que estos asuntos pertenecían más al ámbito de la crónica social que al académico. A través de estas misivas, asistimos al nacimiento de una vocación literaria cargada de inseguridades, donde Cela, apenas un adolescente y con pretensiones de poeta, buscaba desesperadamente la aprobación de una mujer tres años y medio mayor, más culta y serena que él, que ejercía como su brújula moral e intelectual.

Este hallazgo documental, editado por la Fundación Santander y analizado por Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de Literatura Española en la Universitat de Barcelona y director de la Cátedra Camilo José Cela de Estudios Hispánicos en la UCJC de Madrid, es también el relato de una España que se fragmentaba, puesto que, mientras el epistolario avanza, la realidad de la Guerra Civil se filtra entre los versos surrealistas y las declaraciones de amor. La historia de estas cartas no solo aporta luz sobre la génesis creativa del autor de La colmena, sino que reivindica la figura de Lolita Franco, una mujer de una inteligencia deslumbrante que fue alumna predilecta de figuras como José Ortega y Gasset, Xabier Zubiri o Pedro Salinas.

El ruego de Cela: "Quiéreme como a un perro"

El estío de 1934 fue el escenario del flechazo. Tras un incendio en la vivienda donde veraneaban los Cela en Las Rozas (Madrid), la familia encontró refugio en el chalé vecino, propiedad de los Franco. Allí, un Camilo José de dieciocho años quedó prendado de Lolita, quien ya frecuentaba la Universidad. La intensidad del joven era tal que llegó a escribir frases que hoy resuenan con una vulnerabilidad casi desesperada: "Si no me quieres como amigo, quiéreme como a un mueble o como a un perro, pero quiéreme, Lolita". Él renunciaba a la amistad porque se sentía "demasiado animal" para conformarse, pero ella, con una elegancia inquebrantable, supo mantener las distancias necesarias para que el vínculo no se rompiera.

placeholder Un Camilo José Cela de 15 años, con su padre en 1931. (Foto: Biblioteca Virtual Miguel Cervantes)
Un Camilo José Cela de 15 años, con su padre en 1931. (Foto: Biblioteca Virtual Miguel Cervantes)

En estas cartas, Cela no es el personaje rudo y polémico que la opinión pública conoció décadas después; es un aprendiz que envía sus primeros poemas para que ella los leyera, analizara y corrigiera. Años después, algunos de esos versos formarían parte de Pisando la dudosa luz del día que, aunque publicado en 1945, fue escrito en 1936. Lolita actuaba como una mentora rigurosa, recomendándole lecturas de Ortega o Alberti y advirtiéndole contra los excesos del surrealismo. Incluso cuando él le hablaba de otras conquistas, como Lolita Rodríguez Seijas, ella no dudaba en reprender su narcisismo con una frase lapidaria: "¡Muy pretencioso, hijito, muy poeta!".

A pesar de la devoción de Cela, el corazón de Dolores ya tenía otro destino. El epistolario revela el contraste entre la pasión volcánica del gallego y la solidez intelectual del que sería su marido, Julián Marías. Resulta casi irónico leer las críticas de Cela hacia los ensayos de Marías, a los que tildaba de "pedantes" y deficientes literariamente, mientras Lolita defendía el trabajo de su futuro esposo con una frialdad tajante. En esencia, esta correspondencia es la crónica de un amor imposible que Cela prefirió matizar en sus memorias oficiales, ocultando la profundidad de su derrota sentimental.

Lolita Franco: la luz propia en un segundo plano

Más allá de ser el objeto de deseo de un Nobel, Dolores Franco emerge en estas páginas como una de las mentes más brillantes de su generación. Ortega y Gasset intentó persuadirla para que fuera la primera licenciada en Filosofía de España, aunque finalmente se decantó por las Letras bajo la influencia de Pedro Salinas. Su trayectoria es el reflejo de las mujeres que, pese a su enorme capacidad, a menudo vieron su carrera postergada por la maternidad o el contexto social de la posguerra.

placeholder El matrimonio Marías Franco con sus hijos: Miguel, Fernando, Javier y Álvaro. (Foto: Biblioteca Virtual Miguel Cervantes)
El matrimonio Marías Franco con sus hijos: Miguel, Fernando, Javier y Álvaro. (Foto: Biblioteca Virtual Miguel Cervantes)

Nacida en Madrid el 31 de diciembre de 1912, la guerra marcó profundamente su carácter. En diciembre de 1936, las cartas se tiñen de luto con el asesinato de su hermano Emilio en la checa de la calle Fomento, un episodio que Javier Marías narraría años después con sobrecogedora crudeza. A pesar del dolor, Lolita no abandonó su rigor intelectual. El 14 de agosto de 1941 se casó con Marías con el que tendría cinco hijos: Julián (1945.1949), Miguel (1947), Fernando (1949), Javier (1951-2022) y Álvaro (1953). Su obra España como preocupación, publicada en 1944 con prólogo de Azorín, sigue siendo un texto de referencia que demuestra su capacidad para analizar la identidad nacional a través de la literatura, carrera que desempeñó mientras criaba a sus cinco hijos y apoyaba la carrera de su marido.

En mayo de 1939 Julián Marías es detenido y permanece encarcelado hasta el mes de agosto. Fue el propio Cela quien ayudó a salir de la cárcel al ensayista con un certificado de buena conducta, un gesto que Dolores agradeció profundamente, sellando una etapa de gratitud y amistad familiar más que de pasión juvenil. De hecho, a partir del matrimonio de Lolita, la correspondencia se vuelve mucho más espaciada y, sobre todo, cambia radicalmente de tono. La mujer que antes corregía los versos surrealistas de Cela pasó a ocupar un lugar de respeto como esposa de un colega intelectual.

placeholder Camilo José Cela se casó en 1944 con Rosario Conde, de la que se separó en 1990.
Camilo José Cela se casó en 1944 con Rosario Conde, de la que se separó en 1990.

No obstante, y tal y como apunta Sotelo Vázquez, es muy probable que Dolores realizara una purga de las cartas más comprometedoras. Al revisar el archivo, se nota que faltan fragmentos del año 1941; se cree que ella retiró las misivas más "subidas de tono" o románticas para proteger su nueva vida de mujer casada. Este acto de censura añade un halo de misterio a una relación que siempre osciló entre la admiración intelectual y la tensión romántica, aunque deja claro que ella impuso una barrera infranqueable que nunca traspasó. Cela se casaría años después, el 12 de marzo de 1944, con Rosario Conde, con la que tendría a su hijo Camilo (1946). En 1990 se separó de su mujer para casarse un año después con la periodista Marina Castaño.

Un legado recobrado

Cela nunca dejó de admirarla y en sus memorias, escritas en 1993, la describió con una devoción intacta como "una mujer excepcional" y "la que más influyó en mi ánimo de adolescente". Por su parte, Dolores conservó el ejemplar de Canción de Juan Ramón Jiménez que Cela le regaló en 1937, aunque con la página de la dedicatoria original arrancada, como gesto con el que la profesora y escritora marcó los límites con el gallego, despojando cualquier matiz amoroso.

Aunque Javier Marías mantuvo durante años una relación distante con la figura de Cela —a quien nunca tuvo especial aprecio—, el tiempo ha permitido que este tesoro documental salga a la luz para el disfrute de historiadores y curiosos. Para la familia Marías, Cela representaba un estilo de vida y una personalidad que chocaba con la sobriedad ética de Julián y Dolores. Aunque el contacto entre los padres existió por cortesía profesional y recuerdos comunes de la facultad, la relación nunca llegó a ser íntima ni frecuente en los últimos años de vida de Dolores.

Aunque el contacto entre el matrimonio y Cela existió por cortesía profesional, la relación con Lolita nunca llegó a ser íntima ni frecuente

Hoy, al leer estas cartas, el lector se convierte en testigo de un diálogo que se creía perdido. La frescura de la prosa, la honestidad de los sentimientos y la lucidez de los análisis literarios convierten a De lo mundano y lo sublime en una pieza imprescindible. Es el retrato de una mujer que prefirió "hacer personas" y hogares antes que acumular honores, pero que, a través de su correspondencia, demuestra que su huella en la literatura española fue mucho más profunda y silenciosa de lo que la historia oficial se atrevió a registrar.

La literatura española acaba de abrir una ventana fascinante a la intimidad de uno de sus mayores exponentes gracias a la publicación de De lo mundano y lo sublime. Este volumen desvela el intercambio epistolar mantenido por un jovencísimo Camilo José Cela (1916-2002) y la intelectual Dolores Franco (1912-1977), entre 1934 y 1943. Lo que comenzó como un veraneo familiar terminó convirtiéndose en una devoción platónica y un tutelaje literario que marcó los años de formación del futuro Premio Nobel, antes de que ella uniera su vida al gran filósofo y ensayista Julián Marías.

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