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Enrique Bunbury: "No sé cuál es el límite al hartazgo de la gente, quizás el pan de los hijos"
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Enrique Bunbury: "No sé cuál es el límite al hartazgo de la gente, quizás el pan de los hijos"

El músico, que acaba de publicar el disco 'De un siglo anterior,' reflexiona sobre la sobreexposición de opiniones, la autocensura, la reconciliación con uno mismo, la envidia creativa y la necesidad de cambiar

Foto: El músico Enrique Bunbury. (José Girl)
El músico Enrique Bunbury. (José Girl)

Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) habla sin prisa, con las gafas de sol puestas, pero con una lucidez poco complaciente con su propio oficio. Este viernes publica De un siglo anterior, un disco que mira hacia atrás para entender el presente, y que confirma algo que atraviesa toda la conversación: su necesidad de seguir encontrando un lugar propio en medio del ruido. Entre la memoria de una generación que ha vivido el cambio de siglo y la incertidumbre sobre el futuro, el artista reflexiona sobre la evolución del arte, la sobreexposición de opiniones, la autocensura y la dificultad de escucharse a uno mismo en un mundo saturado de estímulos. También hay espacio para lo íntimo: la reconciliación con uno mismo, las dudas, la envidia creativa y la necesidad –inevitable– de cambiar. Bunbury traza en la siguiente entrevista un mapa personal en el que la única revolución posible sigue siendo, en última instancia, la de crear.

PREGUNTA. Voy a empezar, Enrique, citando la letra de la canción De un siglo anterior: "Yo... vengo de un siglo anterior... De contradicción y revolución". ¿Te consideras en peligro de extinción?

RESPUESTA. Bueno, definitivamente todos estamos en peligro de extinción. Me refiero individualmente, no como raza. Pero supongo que también como raza, porque como los planetas, todo acabará, el sol se apagará, etcétera. Pertenezco a una generación que tiene un pie en cada siglo, que ha trabajado y ha vivido en los dos siglos, en el XX y en el XXI, y tenemos esta mirada estratégica o privilegiada de recordar cosas que no nos gustaban y que nos gustaban del siglo anterior y viceversa, que es cómo está evolucionando este siglo, en qué dirección apunta... Entonces sí, creo que esa generación obviamente se extinguirá. Y luego eso también supone, dentro de la profesión, unas formas concretas de hacer y de trabajar la música. La propia evolución de la música lleva a cambios que son siempre interesantes y necesarios, y evolucionará en otra dirección. Teníamos un juego en la grabación en el que hablábamos de qué músicos del siglo XX perdurarán en el recuerdo, o se estudiarán en los libros de Historia. Pero no dentro de tres décadas, sino dentro de 200 años, en los que el siglo XX será visto como ahora estamos observando el XVII o el XVIII. Hoy acumulamos mucha información del siglo XVII, aunque no conocemos todo lo que ocurrió, toda la música que hubo, todos los músicos... No había grabaciones sonoras. ¿Tú qué músicos crees que perdurarán del siglo XX?

P. Bob Dylan, los Beatles...

R. Estás siendo muy generoso, ya con dos. ¿Seguramente porque estás considerando que no se encuentran por encima de, por ejemplo, [Ígor] Stravinsky, de Miles Davis y John Coltrane...?

P. Más o menos a la misma altura.

R. Pero fuera de Bob Dylan y los Beatles, a lo mejor nadie más. A lo mejor los Rolling Stones no. A lo mejor David Bowie tampoco.

P. ¿Por qué no?

R. Bueno, porque el saber sí que ocupa lugar y llega un momento en el que no puedes acumular tanto conocimiento. Ten en cuenta que de aquí a dos siglos seguiremos sacando discos y habrá gente que seguirá teniendo carreras fructíferas y habrá artistas que opaquen a otros y cuya música deje de escucharse. Para los chavales del siglo XXI es difícil ver una película de Gregory Peck.

"Fuera de Bob Dylan y los Beatles, a lo mejor del siglo XX no perdura nadie más. A lo mejor los Rolling Stones no. A lo mejor Bowie tampoco"

P. Salvo que dentro de 200 años se utilice la inteligencia artificial para recrear a David Bowie, por ejemplo.

R. ¿Pero para qué? Si habrá nuevos artistas, ¿por qué vas a recrear...? De hecho, ahí estamos especulando con respecto a cosas que puede hacer la inteligencia artificial, o que podrá hacer, y para qué la querremos utilizar. Pero yo creo, en mi opinión, que en el arte el punto de vista es muy importante. Y para el punto de vista es necesario el ser humano.

P. Hoy, un siglo después al anterior, ¿te preguntas, como M Clan, dónde está la revolución?

R. No sé si por cuestiones tecnológicas o por abatimiento, o porque las revoluciones en la actualidad son más improbables. Pero yo no sé leer el futuro.

P. ¿No tienes bola de cristal?

R. No. Quiero decir que, en el hartazgo de la gente, no sé cuál es el límite. Hombre, hay límites, como el pan de nuestros hijos, el hambre... Supongo que esos límites hacen que un país pueda estallar. Y ahora mismo el pan y el circo están más o menos asegurados.

P. ¿Cuál es tu revolución?

R. Mi revolución es artística. Yo soy un creador, entre comillas. Soy un tipo que hace canciones, graba discos, me gusta escribir... Incluso tengo mis escarceos particulares con la pintura. O sea, me gusta expresarme y me gusta comunicarme. Ese es mi lugar en este mundo, esa es mi misión. Eso es lo que yo creo que debo hacer.

P. ¿En qué crees a día de hoy? Lo digo por Creer que se puede creer.

R. Es una canción que habla de la creencia, de la fe en uno mismo, que es importante para encontrar tu propio camino. En cualquier disciplina artística, la tentación de unirte a un grupo o a una corriente que más o menos circula con alegría, pues es tentadora, porque siempre estamos más cómodos acompañados que solos. Pero en la creación es importante dar con tu lugar. Esa fe es necesaria para decir: "Sí, sé que todos estos están mirando para allá, pero es que a mí me interesa esto otro".

P. Como escribía G. K. Chesterton en Ortodoxia, ¿cuando uno deja de creer en Dios es capaz de creer en cualquier cosa?

R. Me encanta esa cita de Chesterton, siempre me ha encantado. Vivimos en un siglo en el que ya el siglo XX en sí mismo fue un poco así, ¿no? Dejar de tener esa creencia en algo superior a nosotros, esa pertenencia incluso, nos hace poner y depositar nuestra confianza en otras cosas: en ideologías políticas, pero también en ídolos del pop, en ídolos del fútbol... En cualquier memez, al final. Me parece que está bien que haya, digamos, algún sustento a nuestra moralidad que esté por encima de la ley.

placeholder Bunbury. (José Girl)
Bunbury. (José Girl)

P. Cito lo que cantas en Peor que como estamos (Es difícil ya que estemos): "No nos van a censurar por no incomodar ni molestar". Por otra parte, en De un siglo anterior dices que "todo es tabú". ¿Se está "prohibiendo prohibir"? ¿Hemos llegado a un momento en el que todo es tabú?

R. Todo es tabú desde el momento en el que ahora escuchamos a través de las redes sociales y se ha democratizado la opinión. Todos opinamos sobre cualquier cosa porque en realidad todos tenemos opiniones distintas con respecto a cuando vemos una película o cuando nos gobierna alguien o cuando Dylan saca un disco. Nuestra opinión es distinta aunque la obra sea la misma, la obra del político o la obra del artista o la obra de quien sea o la obra de tu prima. Entonces, si atendemos y tenemos miedo a la reacción de la gente sobre lo que hacemos, que les parezca bien o mal, todo puede convertirse en tabú, porque siempre va a haber alguien al que le parezca no tan bien que yo haya hecho un disco de música latina o que la última película de Pedro Almodóvar hable de la creación (no lo sé exactamente, porque no la he podido ver todavía). Siempre va a haber alguien que le moleste algo. De alguna manera, la sobreexposición de las opiniones puede llegar a convertir todo en tabú y a que nos autocensuremos siempre por miedo a pisar algún charco.

P. ¿Cambian las ideas o cambian las canciones?

R. Todo, cambia todo. Cambian las ideas, luego cambian las canciones. Cambian las ideas porque las acomodamos, porque lo que queremos es gustar. Pero ya no como autor de canciones, sino como seres humanos queremos gustar; no queremos que la gente nos escupa por la calle ni nos insulte, lo que queremos es que la gente nos diga: "Oye, pues te quiero mucho".

P. ¿Todos necesitamos que nos quieran?

R. Claro. De alguna manera o de otra, en mayor o menor grado, en cosas más importantes o menos importantes, cambiamos un poco para moldearnos a los demás. En las comidas de Navidad, cuando llega tu cuñado, tu primo, tu hermana... y tiene una opinión política totalmente distinta, por complacer evitas determinados temas o suavizas un poco tu discurso. Igual que la política, podemos hablar de Bob Dylan: cuando estás con una persona que aborrece a Dylan, pues no le das la murga con, por ejemplo, la época cristiana, porque sabes que ahí a lo mejor esa persona salta y se va a levantar y te va a decir "que te aguante tu abuela", porque no quiere seguir con ese tema y se va a otro lado, entonces te pierdes su compañía.

P. Entonces, ¿lo que hacemos es complacer para no quedarnos solos?

R. En general, sí. En diferentes grados y en diferentes temas. Hay momentos en los que consideras que tienes que decir tu verdad o tu opinión o tu discurso... y si le pica, pues que se rasque.

P. ¿Crees que hay momentos en la vida en los que uno empieza a observar su propia historia desde fuera, como si fuera la de otros? En el vídeo de La próxima vez no habrá próxima vez se ven dos "Bunburys", uno rojo y otro negro.

R. Absolutamente. A mí me ocurre profesionalmente con etapas de mi carrera que considero tan lejos que casi me parece que no las haya vivido yo. Pienso en la etapa de Héroes del Silencio, pero también en Radical Sonora. Con esta última gira que hicimos con el Huracán Ambulante, yo reviví mucho esa etapa, pero también era una etapa que había quedado muy lejos en mi vida y prácticamente había olvidado muchas anécdotas y cosas que vivimos que me parecía que pertenecían a la vida de otra persona.

P. ¿Alguno de los dos "Bunburys" que aparece en este vídeo ha estado en la cima?

R. Bueno, en la cima obviamente estuvimos en el momento de Senderos de traición hasta el final de la vida de Héroes, que fueron cuatro años de explosión, de éxito popular, de ventas y reconocimiento. También eran otros momentos en España, cuando aparecías en televisión. Con Senderos de traición hicimos el Un, dos, tres... responda otra vez, el 3x4... Hicimos una serie de programas que veía toda España, 12 millones de espectadores, en ese momento. Entonces el alcance de la radio y de la televisión era brutal. Fue un momento de éxito, también internacional. Pero algo parecido yo no lo he vuelto a vivir. Te digo, afortunadamente, como digo en la canción (La cima), la cima no es lugar para vivir. A 8.000 metros el aire, el oxígeno, es escaso y es mejor hacer campamento dos metros más abajo.

"Con Héroes fueron cuatro años de explosión, de éxito popular, de ventas y reconocimiento. Pero la cima no es lugar para vivir"

P. ¿Y cómo se ven las cosas en el arcén?

R. En el arcén ves los trenes pasar. Algunos los agarras y otros dejas que se vayan.

P. La canción En el arcén es un tango, como No se fíe (Flamingos) o Adiós, compañeros, adiós (El viaje a ninguna parte). ¿Qué fue de ese disco de tangos que tenías previsto hacer?

R. A lo mejor lo hablé en algún momento. Me gustaría hacer un disco de versiones de tangos, es un género que me encanta, pero no sé si lo haré en algún momento o no lo haré nunca, pero es una cosa de propio placer. Es tan difícil y tan bonito cantar tangos... Tienen unos textos tan maravillosos, una rítmica y un fraseo tan complejo que para un cantante es un reto.

P. ¿En qué momento empezaron a surgir las ideas para las canciones de este nuevo disco? Porque ha salido relativamente cerca del anterior, de Cuentas pendientes.

R. Ahora estoy promocionando este disco y ya tengo 14 canciones para el nuevo, que es el próximo. Casi se puede decir que en el momento en el que termino las mezclas, incluso antes, yo ya puedo estar empezando a componer canciones, porque es una labor que realizo con cotidianidad, independientemente de para qué disco sea eso. A lo mejor hay canciones que no van a ninguno o hay canciones que luego las ubico en otros momentos. En este caso, creo que había tres canciones que me gustaban que no entraron en Cuentas pendientes, y compuse más de las que salen en este, canciones que ahora sí que ya no sé dónde van a entrar porque pertenecen a un género latinoamericano que no ha lugar en el próximo disco.

P. Cuando escuché las letras de De un siglo anterior, sentí que estabas siendo más reflexivo. ¿Estamos viendo (escuchando) a Enrique Bunbury hacerse mayor?

R. Sin ninguna duda. Mi DNI y mi pasaporte lo certifican. Es un hecho. Y afortunadamente, porque la otra opción es muy mala.

P. ¿Cuál es la otra opción?

R. Pues no envejecer es morir.

P. Es contradictorio...

R. Sí. Pero todos envejecemos. Todos vamos a envejecer, excepto los que mueran jóvenes.

placeholder Bunbury. (José Girl)
Bunbury. (José Girl)

P. "En la imagen que devuelve el espejo no te reconocerás", cantas en Un brindis al sol. El espejo (y el reflejo) es una constante en este y en otros discos tuyos. ¿Qué te ha revelado el espejo?

R. Revela la obviedad del paso del tiempo. Pero esa revelación a la vez es una reconciliación con el hecho de que hay algo que subyace y que permanece, que en realidad eres tú y que tu carcasa, de alguna forma, no es lo que eres.

P. ¿Qué son esas cosas importantes que has descubierto tarde?

R. Pues casi todo. Bueno, en la profesión he descubierto que mi lugar es único, que no tiene por qué ser compartido, y que no tengo por qué atender a qué es lo que están haciendo los demás mientras yo estoy realizando esto. Porque es muy natural la envidia en la música, y yo he envidiado siempre el talento de los demás. He envidiado la facilidad que tiene éste para escribir ("Mira qué textos más bonitos", "Mira cómo toca la guitarra éste"...). Envidiar en el buen sentido, en el admirar, y eso te puede despistar en muchos aspectos. Lady Gaga hace un disco con Tony Bennett, por ejemplo, y entonces piensas: "A mí me encantaría hacer un disco con un cantante de jazz o con Diana Krall". Sería maravilloso, sí, pero es que ese no tiene por qué ser tu camino. Admirar que alguien haya hecho algo que le ha salido bien y encima ha tenido un reconocimiento no tiene por qué ser una cosa que tú tengas. Escucharte a ti mismo, escuchar cuál es tu camino y reconocer cuál es, esa es la parte más difícil.

"Es muy natural la envidia en la música, y yo he envidiado el talento de los demás. He envidiado la facilidad que tiene este para escribir"

P. ¿Por qué es la parte más difícil?

R. Pues porque tenemos sobredosis de información. Porque está llegándonos información todo el rato, con nuestro teléfono o con tal, con no sé qué... Porque estamos escuchando discos que nos encantan, porque vemos películas, porque leemos libros, porque llegan las noticias, porque nos mandan un WhatsApp... Porque estamos inundados y lo que menos tenemos es tiempo libre sin ningún tipo de exposición a lo que hacen otros. Y lo que hacen otros puede ser una tontería, con un piano, con una canción mierdera, o puede ser una obra de [Ludwig van] Beethoven, de [Frédéric] Chopin... Al final es lo mismo, es la opinión de otro, lo que otra persona hace. Da lo mismo que leas una patochada de libro que leer a [Ernest] Hemingway. Es información que te llega, que es de otra persona. A escucharnos a nosotros mismos no le dedicamos prácticamente ningún momento al día.

P. Sobre escucharse a uno mismo, leo que en tu último libro, Los suaves deslices de la lluvia, en el capítulo 'El niño', ya mencionas la frase "creer que se puede creer". En tus procesos creativos no es tanto que te autorreferencias, pero sí sigues un camino muy personal. O sea, que te escuchas mucho a ti mismo.

R. Bueno, intento que exista. De hecho, todos los que nos dedicamos de una u otra manera a la creación, escribiendo un libro, o pasando un tiempo creando una vasija de cerámica o lo que sea, tenemos un contacto mayor con esa escucha con nosotros mismos. Porque en algún momento, para crear música, tienes que parar la música de los demás. Es muy difícil hacer una canción mientras está AC/DC sonando a tope. Es imposible. Necesitas el silencio. Entonces, ese proceso interior lo forzamos un poco más.

"Para crear música, tienes que parar la música de los demás. Es imposible hacer una canción mientras suena AC/DC a tope. Necesitas silencio"

P. ¿Qué cosas te interesaban hace 20 o 10 años y hoy ya no te dicen nada? En De vuelta a casa (Greta Garbo) dices: "Lo que antes para mí era sagrado... Hoy tengo claro que todo pasa". Es algo que se encuentra en De un siglo anterior, la revisión del tiempo.

R. Creo que hay muchas cosas. Nos pasa con la misma música o con las mismas películas o con los mismos libros, que de repente hubo algo que leíste o escuchaste en la juventud que luego te parece... Bueno, sí, te recuerda a esa época, pero ya no tiene la importancia brutal que tuvo en ese momento. E incluso lo ves con un poco de inocencia. Pero también en otros aspectos ideológicos, filosóficos, espirituales... Cosas que veías de una manera y has evolucionado y has quitado un poco de hojarasca. Sinceramente, toda esa gente que de alguna forma se pavonea con que "yo soy el mismo", "sigo siendo el mismo" o "pienso igual que hace 20 años", pues poco ha leído en todo este tiempo, poco ha crecido o poco ha pensado, porque lo normal es tener variantes en tu pensamiento, en tu forma de percibir el arte, pero también en tu forma de concebir las cosas. Puedes tener unos pilares firmes, pero puedes moverte. Y yo me he movido en muchos aspectos. Para mí, antes el viajar era sagrado, ahora me gusta viajar, pero me parece que lo de "para un hombre de mundo es muy exótico volver a casa", estar en casa e incluso el no sentirme viajero por el turismo abrumador que inunda las capitales del mundo ahora mismo, el no contribuir a la foto en la Fontana di Trevi, me hace sentirme muy bien. Me siento más cool sin viajar, siendo que viajo mucho.

P. ¿Es una pequeña revolución?

R. Me parece una pequeña revolución responder "en casa" cuando te preguntan "dónde vas a pasar tus vacaciones". Ya viajo todo el año.

P. ¿Sigue siendo el futuro brillante?

R. Sí, sin ninguna duda. No sé para el estrecho de Ormuz, pero para mí es espectacular. ¿Qué es lo que pienso? Pues que voy a salir de gira, que voy a tocar las canciones que me gustan, que voy a intentar hacer a la gente feliz, que voy a grabar otro disco (a ser posible antes de 12 meses), y que tengo muchos planes familiares, planes artísticos... Me emocionan muchas cosas.

P. Hablando de la brillantez del sol y del futuro, voy a hacer un inciso en Zamba para olvidar ("Y ahora que me falta el sol..."), que realmente no es una canción tuya, sino un cover.

R. Es la única versión del disco. La verdad es que en principio no tenía intención de hacer ninguna versión en el álbum, pero esta es una canción que se me cruzó por el camino y que grabé solo en casa, y me encantó. Yo nunca he grabado una zamba. Tiene un carácter campesino que me apasiona, y hay una cosa de amor y de hermandad que tengo con Argentina que me emociona, y queda plasmada en este disco con dos canciones que van seguidas, por un lado el tango y por otro, la zamba. Es una gran canción.

P. De un siglo anterior y Peor que como estamos (Es difícil ya que estemos) son dos cortes de temática social que van también seguidos...

R. Sí. Cuando buscas el orden en un disco, muchas veces tiendes a separar las que tienen más en común para que la sensación en el oyente sea como de disparidad, que no todo el rato sea igual. Y a mí, como en este disco en realidad las temáticas y los géneros eran dispares ya en sí mismos, no me parecía mal como para crear un hilo conductor, que pasaran dos canciones que estuvieran unidas de alguna manera, a través del texto o a través de la canción.

P. Sin ser un disco conceptual.

R. Sin serlo para nada, no lo es en absoluto. O el único concepto que tiene es el musical, pero no los textos. Hay canciones que hablan de cosas totalmente dispares: sociales, personales, canciones que ni siquiera hablan de mí, canciones que hablan de amor y de desamor...

P. Acaba el disco con Un par de acordes, una mentira y la redención, que es un vals. Hay discos tuyos que acaban con un vals, que suelen ser temas reflexivos, como ...Y al final (Flamingos) o Cuentas pendientes'(Cuentas pendientes), aunque no cierra. Pero ¿por qué un vals para terminar?

R. Más que el ritmo utilizado en la canción, en este caso, cuando escribí la canción, yo tenía claro que era la que cerraba, por el tono de la canción y porque me parecía que incluía como una conclusión en sí misma. También es un poco una forma de decir que al final todo esto que has estado escuchando no es más que una búsqueda de un par de acordes y una mentira, que es la contradicción con respecto a la frase de definición del country de un par de acordes y la verdad. Al final, los autores tenemos algo de mentirosos. Estamos transformando la realidad y la exageramos a veces para parecer mejores. Siempre quedamos bien en las canciones los compositores y el que te ha hecho daño ha sido el otro. Incluso cuando te fustigas, lo que buscas es un poco la complicidad con el oyente. Somos unos tramposos.

"Los autores tenemos algo de mentirosos. Estamos transformando la realidad y la exageramos a veces para parecer mejores"

P. ¿Un verso es el lado más valiente de un cobarde?

R. Sí, tiene que ver con lo mismo, en aceptar que en realidad somos un poco tramposos, pero es que en eso consiste. El arte tiene algo de truco de magia.

P. Dice la letra de Un par de acordes, una mentira y la redención: "...No conoces el final hasta que llegas a él...". ¿La única razón por la que algo realmente importa es porque tenía un final, como escribes también en La única razón, dentro de Los suaves deslices de la lluvia?

R. Esa es la belleza del ciclo de la vida. Y todo en la vida tiene ciclos: los ciclos de las estaciones, la Tierra girando sobre sí misma y alrededor del Sol... Son ciclos que se cumplen, que empiezan y terminan. Y eso hace que tenga de alguna forma un sentido, o que le tengamos que dar uno. Pero que nosotros tengamos nuestra primavera, verano, otoño e invierno en nuestras propias vidas le da un sentido concreto a este paso por este mundo. Ese sentido cambiaría radicalmente si fuéramos eternos.

"A veces te gustaría saber si tienes un año, dos, 10, 20... Para organizarte un poco el tiempo. Para ir al cine o para decir: 'Perdona, pero no puedo"

P. Pero la eternidad es una holgazana...

R. La eternidad no existe en este mundo.

P. Entonces, ¿cuánto tiempo nos queda, solo es curiosidad (como cantas en El baile de los disfraces y la tentación, de Cuentas pendientes)?

R. A veces te gustaría saber si tienes un año, dos, 10, 20, 40... Bueno, para organizarte un poco el tiempo. Para ir al cine o para decir: "Perdona, pero no puedo".

Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) habla sin prisa, con las gafas de sol puestas, pero con una lucidez poco complaciente con su propio oficio. Este viernes publica De un siglo anterior, un disco que mira hacia atrás para entender el presente, y que confirma algo que atraviesa toda la conversación: su necesidad de seguir encontrando un lugar propio en medio del ruido. Entre la memoria de una generación que ha vivido el cambio de siglo y la incertidumbre sobre el futuro, el artista reflexiona sobre la evolución del arte, la sobreexposición de opiniones, la autocensura y la dificultad de escucharse a uno mismo en un mundo saturado de estímulos. También hay espacio para lo íntimo: la reconciliación con uno mismo, las dudas, la envidia creativa y la necesidad –inevitable– de cambiar. Bunbury traza en la siguiente entrevista un mapa personal en el que la única revolución posible sigue siendo, en última instancia, la de crear.

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