Orgías en la Transición y Óliver Laxe de gurú: el peliculón vasco que brilla en Nueva York
El MoMA ha acogido estos días la presentación de una película basada en hechos reales sobre un grupo de jóvenes que en 1978 entraron en la comunidad Arco Iris de Donosti. Hablamos con su directora y el comisario del museo
Fotograma de 'Aro berria', de Irati Gorostidi. (2025)
En 2016, Irati Gorostidi, una joven cineasta, reparó en unas fotos antiguas que sus padres guardaban con celo. En ellas, venían plasmados momentos de su juventud. La mayoría retrataban a personas reunidas bajo una carpa, muchas sin apenas ropa, con los ojos vendados, muecas de introspección o con los brazos estirados hacia el cielo, en éxtasis. Acababa de dirigir su primera película y, al revisar aquellas fotografías, supo que debía embarcarse en una labor de investigación que no solo le involucraba a ella o a su entorno más cercano, sino de algún modo a toda la sociedad española en la época de la Transición.
Las palabras "Arco Iris" tenían una connotación especial para toda la gente de Lizaso. No solo denominan un fenómeno óptico y meteorológico, sino una forma de vida que se oponía a la cultura hegemónica, a las nociones de familia tradicional y al movimiento obrero que en aquellos años intentaba por fin sacar la cabeza después de la muerte del dictador. "Intenté hilvanar la historia a partir de esas imágenes, ya que no las llegaba a entender; veía a un montón de personas sudorosas en las fotos, medio desnudas, en trance y catarsis, gritando y llorando; eran muy potentes", afirma Gorostidi, en una conversación con este diario.
El resultado es Aro berria,una auténtica rara avis dentro no ya del cine comercial, sino también independiente, que ha pasado algo desapercibida a lo largo de toda la temporada y ahora, después de tantas galas y premios, brilla con luz propia en la ciudad más luminosa del mundo, Nueva York.
En los últimos días, Gorostidi ha estado presentándola en el MoMA con motivo del festival Nuevos Directores/Nuevas Películas. "Siempre hemos prestado atención a España y en particular al interesante trabajo experimental que surge del País Vasco —cuyo festival, Punto de Vista, ha sido siempre una de nuestras referencias—, y el notable debut de Irati no hace más que confirmarlo", asegura a este diario Josh Siegel, comisario del departamento de cine del prestigioso museo neoyorkino.
En efecto, Aro Berria es una película que podría calificarse de experimental. En primer lugar, por lo explícitas que son sus escenas sexuales, no tanto desde el sentido pornográfico, sino en la particular forma en la que se muestran los cuerpos, de manera sobria y natural, sin filtros ni morbo. Al contrario, genera una sensación de incomodidad muy particular, casi de tipo existencial, ya que los gemidos de placer se contraponen a alaridos y gritos de decenas de personas durante sesiones tántricas de larga duración en el metraje, produciendo una disociación visual y mental.
"Lá camara solo observa y documenta lo que está sucediendo ahí: experiencias tántricas, activación de la respiración y contacto de piel con piel", explica la directora. "Era muy importante que el sexo apareciera de esa manera".
"Es necesario pensarnos de forma colectiva a riesgo de caer en el mantra individualista de que no hay alternativa"
En un momento, uno de los personajes entrega un libro de Wilhelm Reich a otro, el psicoanalista que halló la dimensión cósmica del orgasmo, además de dedicarse a explorar cómo funciona la psicología de masas en los sistemas represivos y totalitarios, siendo este uno de los padres intelectuales del movimiento. "Este autor me lo mencionaron infinidad de veces distintas personas a las que entrevisté y que formaron parte de la comunidad, por eso me pareció relevante traerlo a colación", señala Gorostidi.
Otra de las particularidades del filme es que no tiene una estructura narrativa lineal centrada en un solo personaje, lo que contribuye a la sensación de extrañamiento en sus escenas más fuertes. Su sinopsis es clara y sucinta: en plena Transición española, en el año 1978, los trabajadores de una fábrica de contadores de agua de Donosti se reúnen en asamblea para debatir cuáles son los próximos pasos a tomar tras una huelga que no ha prosperado como esperaban. Aquellos que no estaban contentos con el resultado, viendo cómo la lucha obrera pasa de la clandestinidad a la institucionalización de los sindicatos, deciden llevar su protesta mucho más lejos, ya no solo a lo meramente laboral: saben que lo que está en juego es algo mucho más grande y que parte de los cuerpos.
"Óliver me pareció el más indicado para hacer el personaje: su imagen, su presencia o su manera de hablar... encajaban a la perfección"
"Lo que estos personajes buscan es una nueva forma de vivir", puntualiza Siegel, de ahí el título de la película, que podríamos traducir al castellano como nueva era. "Los debates intelectuales sobre cómo podría ser una democracia ideal o una familia ideal tras el trauma de los 40 años de dictadura se muestran junto a estos ejercicios espirituales y sexuales de carácter tántrico. Una de las preguntas provocadoras que plantea Irati es si su visión utópica está destinada al fracaso, cuestiones que a ella le tocan de cerca en su propia historia familiar y en ese momento vertiginoso de la historia de España".
Laxe, el gurú
Efectivamente, Gorostidi pretende no hacer juicios sobre la comunidad del Arco Iris. "Cada uno tiene su vivencia particular de aquellos años", asevera, que coincide a su vez con la repercusión que ha tenido la película en aquellos que vivieron lo narrado en sus propias carnes. "Muchos se arrojaron a esa experiencia y, después de un tiempo, lo dejaron, siguieron con su vida y nunca tuvieron el tiempo ni el espacio para reflexionar sobre ello. Otras forjaron vínculos muy bonitos en aquellos años. Y también hay mucha gente a la que le ha incomodado de sobremanera, en especial los que eran más cercanos a los líderes de la comunidad".
Óliver Laxe, el gurú de 'Aro Berria' , en uno de los pocos planos en los que aparece.
Precisamente, el papel de gurú lo cumple Óliver Laxe, director ampliamente conocido este último año por llevar a Sirat a los Óscar. "Nos conocemos de hace muchos años y tenemos muchos amigos en común", informa Gorostidi. "Él conocía el proyecto y yo buscaba a alguien que hiciera de líder espiritual de la comunidad, una figura que me parecía muy delicada, ya que sobre él recaía el mensaje que yo quería transmitir con la película: no quería caer ni en la crítica ni en la idealización de esas experiencias, por lo que el gurú era una figura muy comprometida, ya que es muy fácil que con él emergieran los juicios negativos a la comunidad. Óliver me pareció el indicado para hacer el personaje: tiene algo, su imagen, su presencia o su manera de hablar. Todo esto sucedió antes del éxito de Sirat, como es obvio, no podía llegar a imaginarme que él también se fuera a hacer tan famoso".
"Sirat' y 'Aro Berria' comparten un enfoque sensorial, capaz de evocar estados alterados de conciencia con a través del sonido y la imagen"
Resulta curioso analizar las posibles semejanzas entre Sirat y Aro berria, dos películas estrenadas el mismo año que comparten, además, equipo técnico (también está Yasmina Praderas, nominada a los Óscar en la categoría de Sonido) y, en cierto modo, hablan de experiencias de búsqueda al margen de los dispositivos de familia, trabajo o Estado.
"Lo que comparten es una reflexión sobre la (fallida) promesa de una vida comunitaria en un momento en el que la humanidad se enfrenta a profundas inquietudes y preguntas existenciales desorientadoras sobre su futuro", analiza Siegel, por su parte. "Lo que también comparten es un enfoque cinematográfico asombrosamente sensorial y dinámico, capaz de evocar estados alterados de conciencia a través del sonido y la imagen. Estos filmes exigen ser experimentados en una sala de cine con la mejor calidad de imagen y sonido, inducen al público en un trance colectivo".
"Gorostidi no pretende que nos posicionemos, sino que nos invita a preguntarnos cómo respondemos a las experiencias traumáticas"
¿Sería posible una comunidad hoy en día como la del Arco Iris? Gorostidi se muestra escéptica. "Todo lo new age está denostado, aunque todavía existe y está en auge en ciertos círculos. Sin embargo, ha perdido la lectura revolucionaria o utópica. Prácticas como el yoga o el mindfulnessson un poco herederas de esa fascinación por lo new age que hubo en el pasado, y ahora mismo se han acoplado y vinculado al capitalismo neoliberal más actroz".
"Gorostidi busca complejidad y matices", recalca Siegel. "No pretende que nos posicionemos a un lado u otro del debate, sino que nos invita a preguntarnos cómo respondemos, como individuos y sociedad, ya sea en la España posfranquista o en otro momento histórico, a las experiencias traumáticas".
Algo en lo que coincide plenamente la aludida: "Mucha gente verá la comunidad Arco Iris como una secta, cuando mucha gente que estaba dentro de ella también mantenía relaciones fuera de la comunidad. Lo problemático es la dependencia, como en otro tipo de relaciones familiares, de pareja o laborales. Creo que es necesario pensarnos de forma colectiva a riesgo de caer en el mantra individualista de que no hay alternativa y que la única libertad de la que disponemos es para consumir. Lo que planteaba la comunidad Arco Iris es cómo pensar lo colectivo, y creo que eso es muy valioso, independientemente de cómo se gestionara o resolviera, si mejor o peor".
En 2016, Irati Gorostidi, una joven cineasta, reparó en unas fotos antiguas que sus padres guardaban con celo. En ellas, venían plasmados momentos de su juventud. La mayoría retrataban a personas reunidas bajo una carpa, muchas sin apenas ropa, con los ojos vendados, muecas de introspección o con los brazos estirados hacia el cielo, en éxtasis. Acababa de dirigir su primera película y, al revisar aquellas fotografías, supo que debía embarcarse en una labor de investigación que no solo le involucraba a ella o a su entorno más cercano, sino de algún modo a toda la sociedad española en la época de la Transición.