Es noticia
Entre la polémica y la fe ciega, Rosalía deslumbra en su primera noche en Barcelona
  1. Cultura
primera noche en el Sant Jordi

Entre la polémica y la fe ciega, Rosalía deslumbra en su primera noche en Barcelona

En el primero de sus cuatro sold outs en Barcelona, la catalana volvió a casa para transportarnos a su particular teatro de los cielos en un espectáculo total. Esta vez tampoco dejaron entrar a los fotoperiodistas

Foto: Rosalía, en el concierto de Barcelona esta noche. (Christian Bertrand)
Rosalía, en el concierto de Barcelona esta noche. (Christian Bertrand)

Rosalía vuelve a casa, si es que aún quedan casas a las que volver. Después de lanzar LUX a finales de 2025, posicionado entre los mejores discos del año, a nivel nacional e internacional, el pasado 16 de marzo dio inicio al LUX TOUR en Lyon. Una gira internacional de arenas de 57 fechas que la llevarán por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Ahora, en el ecuador del tramo europeo y después de actuar cuatro noches en el Madrid Arena, llega a la ciudad que la vio nacer como artista para realizar sus últimas cuatro fechas españolas el 13, 15, 17 y 18 de abril en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Todo vendido. Desde hacía meses era imposible conseguir una entrada para ver a la catalana. Sus fans, seguidores, devotos, neo-novicios-ex-motomamis, llevaban horas, días, haciendo cola en las cuestas de Montjuic para ver a la que parece ser su nueva mesías. Dentro del recinto, los que en su día la acompañaron vistiendo chándal, ahora se amontonaban en la pista entre encajes blancos, motivos religiosos y looks modestos que podrían servir para ser aspirante a protagonista de Los Domingos (2025). Y llegada la noche del lunes 13 de marzo, como recompensa, durante casi dos horas, Rosalia Vila Tobella mostró sus costuras para lograr una sinfonía pop colosal.

Pero este regreso, lejos de vivirse como el retorno del héroe que ha logrado conquistar los escenarios y playlist de todo occidente, se ha difuminado en un halo de polémicas que parecen levantarse con la misma severidad que los violines de Berghain. Si primero fue su no-posicionamiento público sobre el genocidio de Gaza, seguido de su tibiez al posicionarse o no dentro del movimiento feminista, a su llegada a España ha sido la relación con los fotoperiodistas la que ha levantado ampollas.

Para esta gira, Rosalía y su equipo han decidido no acreditar a fotoperiodistas y ceder imágenes oficiales del equipo de la propia artista. Desde hace años esto es una práctica habitual en conciertos de grandes artistas internacionales como Beyoncé, Taylor Swift o Ed Sheeran, incluso Tame Impala, quien actuó en los mismos recintos y con la misma restricción que la catalana días antes. Pero la prensa nacional lo ha recibido como si se tratara de un caso único e inaudito y ha saltado directamente a La Yugular. Nadie es profeta en su tierra.

Primero Madrid, donde la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y la Asociación de la Prensa de Madrid señalaron cómo esto suponía una limitación del derecho a la información y un control de la narrativa audiovisual. Y después Barcelona, donde el Colegio de Periodistas de Catalunya, el Sindicato de Periodistas y el Sindicato de la Imagen UPIFC lo volvieron a señalar como “prácticas que comprometen el derecho a una información plural e independiente”. El fotoperiodista Jordi Borràs ha declarado en el programa matinal Tot es Mou de la televisión pública catalana que "no poder trabajar en los conciertos de Rosalía es una regresión de derechos intolerable". E incluso se ha llegado a enviar un requerimiento al Ayuntamiento de Barcelona para que se les permita entrar a los conciertos de Rosalía. Aun así, en su paso por Barcelona, tampoco habrá fotógrafos en el foso. Entre hostilidad y fe ciega. Cuanto más la celebran sus fans, más logra despertar la antipatía de algunos sectores de la crítica.

20:58h. En el Palau Sant Jordi no cabía un alfiler, las distintas personalidades catalanas tomaban asiento en el vip y sus fans esperaban agitados su llegada a ritmo de música clásica. El escenario, modesto, como de antiguo teatro, traía consigo el reverso de un lienzo que le hacía de trasero. Delante suyo, The Heritage Orchestra se dispone en cruz en medio del público al son de Angle de Jimi Hendrix. Benvingut al teatre dels cels de Rosalía.

Jordi Borrás, fotoperiodista: "No poder trabajar en los conciertos de Rosalía es una regresión de derechos intolerable"

Euforia contenida en la sala. Dispuesta como una muñeca bailarina, fue desempaquetada de una caja. Sexo, violencia y llantas. Un inicio de una elegancia exquisita. El público entregado al respeto, como si estuviera viendo algo irrepetible, no se atrevía a cantar por encima de Rosalía. Excepto cuando tocó gritar Barcelona en Reliquia. La brutalidad de los bajos se contraponían a los movimientos estudiados al milimetro de ballet. Una artista del renacimiento 2.0: produce los beat más duros y ejecuta la disciplina de baile más estricta a la vez. Porcelana, Divinize y una cover de Dido. En menos de veinte minutos había conseguido el espectáculo más hipnótico que se ha visto en mucho tiempo sobre el escenario del Sant Jordi.

Cerrado el primer acto, y ahora convertida en una virgen, decidió dirigirse a su público. Al igual que todas las letras que se proyectaban en la parte superior del escenario como se hace en algunas óperas, lo hizo en catalán. “Avui el cor m’anava a mil, perquè avui cantava a la meva ciutat”. Emotiva, cercana, frágil, buscando esa verdad que solo hay en el idioma en el que uno crece, Rosalia contó a su público, que estaba prácticamente en silencio, que cantar en su ciudad era lo más gratificante y al mismo tiempo lo que más le impone, porque es aquí donde creces y ahí sólo puedes ser tú mismo, es donde confrontas quién eres y en quién te has convertido. Si las lágrimas eran suyas o del personaje, si la nota final de Mio Cristo piange diamanti era playback o no, eso era lo de menos. Se decidió creer porque hay emociones que no se fingen.

placeholder Rosalía, like a virgin, esto ya lo hizo Madonna (Christian Bertrand)
Rosalía, like a virgin, esto ya lo hizo Madonna (Christian Bertrand)

El concierto jugaba con la tensión entre el producto y la creación de este. Las bambalinas y el escenario. Después de un vídeo de sus bailarines imitando el momento anterior, Rosalía apareció vestida con las enaguas negras de un look aparentemente incompleto. Si antes vimos sus emociones, ahora vemos su fiesta. Los bailarines, que antes habían funcionado como elementos móviles más del escenario, volvieron a ser esa guardia de energía imbatible del Motomami Tour. Berghain, explosión de hard style y el sample de 8 bits de Saoko.

Si con Motomami la catalana buscaba ser vanguardia, tendencia, tecnología, futuro, pionera, ahora, con LUX, busca ser terrenal. En un momento en que la IA lo envuelve todo, Rosalía trabajó con lo humano. Siglos de historia del arte reinterpretados en un presente que se desprendía de lo digital. Algo que generó una actitud entre el público que hacía años que no se veía en arenas. Aunque hubiera gente grabando, no se veían mareas de pantallas. La gente quería disfrutar en primera persona de algo irrepetible, como si perder un segundo entre pantallas te hiciera perder el privilegio de estar ahí. Al fin y al cabo, los clips del concierto llevan semanas rodando por internet, pero el ahora no va a volver. LA FAMA, LA COMBI VERSACE. Y su as en la manga mejor guardado, De Madrugá, tema que ya interpretaba durante 2018, ahora contaba con un final extendido teatral.

placeholder La rockera: Rosalía tiene para todos (Christian Bertrand)
La rockera: Rosalía tiene para todos (Christian Bertrand)

Tercer look, Cristo redentor, y otro momento de pequeña metáfora que hace sentir al público algo más listo de lo que es. Can’t take my eyes of you con Rosalía enmarcada y público encima del escenario observándola como si fuera la Mona Lisa. ¿Lo pilláis? Algo que se dio de nuevo cuando utilizó la art cam. Siempre cultura, pero de acceso pop. Y el momento más esperado, por hacer literalmente irrepetible el concierto: EL CONFESIONARIO. De entre todas las apuestas, nadie acertó. Ni influencers ni cantantes, la mismísima Yolanda Ramos en el escenario. “Hay que hablar de un cabrón, ¿no?”. La Perla, con la coreografía de Dimitris Papaioannou que la convertía en una Venus de Milo en un juego de contrastes y luces, fue coreada por todo el público, como una licencia pop entre algo mucho más elevado. A partir de este momento, Rosalía pasó de ser una divinidad para ser tu amiga, tan cercana, tan hablando con el público. Una natural del escenario.

De entre todas las apuestas, nadie acertó. La mismísima Yolanda Ramos en el escenario. "Hay que hablar de un cabrón, ¿no?"

Segundas enaguas, bajar al público y Stalker. Desde la cruz de la orquesta, y sin ser proyectada por las pantallas que habían sido su soporte para amplificar la belleza del detalle, interpretó La rumba del perdón. El momento botafumeiro, es decir, cuando eleva un altavoz que saca humo por encima del público al ritmo de CUUUUuuuuuute, aunque técnicamente excelente, no despertó tanto al público como cuando sonó BIZCOCHITO, ahora con la catalana ya en el reino de los cielos con alas y ángeles por bailarines. De ahí solo quedaba bailar DESPECHÁ. El final del concierto consistió en las dos canciones que no están en plataformas, Novia robot y la luminosa interpretación pop Focu ‘ranni, reforzando la importancia del estar aquí y ahora. Y como no podía ser de otra manera, el encore fue su funeral, la emotiva interpretación de Magnolias hizo enmudecer a las más de 15.000 asistentes solo para volver a estallar en una ovación tan solemne como ensordecedora.

De los 13 idiomas del disco, el que más se habló fue el catalán, jugó a favor la historia del arte, y de la virtud humana

Rosalía logró una colosalidad de alcance humano. No quería ser divina, solo acercarse lo suficiente como para conocerlo todo. En poco más de dos horas, fue tan celestial como cercana. Se dio el privilegio de ser de carne y hueso. Se desprendió de las limitaciones de las plataformas, del corsé de la estrella, de los 13 idiomas del disco, el que más se habló fue el catalán, jugó a favor la historia del arte y de la virtud humana. Sus imperfecciones dieron un concierto sin fallos. Ya nadie podrá volver a etiquetarla como artista flamenca o urbana o simplemente pop. El Lux Tour eleva su obsesión por ir siempre un paso en lo músical, en lo artístico. Y aunque parece algo inalcanzable, en el teatro de los cielos de Rosalía todo es posible.

Rosalía vuelve a casa, si es que aún quedan casas a las que volver. Después de lanzar LUX a finales de 2025, posicionado entre los mejores discos del año, a nivel nacional e internacional, el pasado 16 de marzo dio inicio al LUX TOUR en Lyon. Una gira internacional de arenas de 57 fechas que la llevarán por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Ahora, en el ecuador del tramo europeo y después de actuar cuatro noches en el Madrid Arena, llega a la ciudad que la vio nacer como artista para realizar sus últimas cuatro fechas españolas el 13, 15, 17 y 18 de abril en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Música