El éxito del cine español (sin apenas salas): 'Balandrau', la montaña que mató a diez personas
Esta gran película está rodada en catalán y apenas se ha podido ver fuera de Cataluña, donde recayeron casi sus 81 copias. Y, sin embargo, ha sido vista por más de 175.000 espectadores, un bombazo que ya se ha vendido a varios países
Los actores de la película recreando la fotografía que cinco montañeros se sacaron poco antes de que se desencadenara la tragedia
El Balandrau es una montaña de los Pirineos de 2.584 metros de altura sin ninguna dificultad. Sin embargo, fue allí donde hace 26 años -los días 30 y 31 de diciembre del 2000- tuvo lugar una de las peores tragedias de la historia de la montaña española: diez personas fallecieron intentando subir al pico y en otras cumbres alrededor, muy cerca del Vall de Nùria. Fue un accidente monumental debido a un excepcional Torb, un fenómeno que conjuga un viento huracanado que levanta la nieve más de seis metros, baja las temperaturas 15 grados de golpe, impide cualquier visibilidad y que, en esta ocasión, duró horas e incluso llegó a cotas bajas. Nadie lo había previsto: decenas de personas que habían acudido a disfrutar de un día de montaña (no había muy mal tiempo) quedaron atrapadas. Una decena nunca salió.
El meteorólogo Jordi Cruz recogió esta historia real en el libro 3 nits de torb i 1 Cap d'Any, publicado originalmente en 2018 y dos años después como Viento salvaje: Crónica de una tragedia en los Pirineos, en castellano, y que se convirtió en un pequeño bestseller. En 2022 colaboró en el documental Balandrau, infierno helado -lo emitió TV3 y tuvo una cuota de pantalla del 18,3%, más de 500.000 espectadores, no se había visto eso en años- y ahora también ha asesorado para Balandrau, viento salvaje, la película dirigida por Fernando Trullols y protagonizada por Álvaro Cervantes y Bruna Cusí que dramatiza esta historia y que se ha convertido en un éxito inesperado en el cine.
La han visto más de 175.000 personas y ha recaudado casi 1,3 millones de euros, unos datos que para el cine español son muy buenos. Y eso que apenas ha pasado por las salas de todo el país. Se estrenó el 20 de febrero -antes de que Torrente arrasara todo- en Madrid no llegó al cine hasta la tercera semana y pronto desapareció de todas partes. Sus 81 copias prácticamente solo estuvieron en Cataluña (por comparar: Torrente, presidente llegó con 397 copias en 1000 pantallas). Proporcionalmente, Balandrau ha sido, con todo, un bombazo.
“No sé qué pasó, pero no confiaron en la película… Y luego cuando se quiso reaccionar, ya no había cines porque la competencia es muy dura. Tampoco se ha podido ver mucho en Cataluña. Pero me consta que hay gente que fue hasta cuatro veces a verla. Luego, en algunos medios como El País ni nos mencionaron. Pero bueno, la vida como viene. Yo pienso que la película tendrá más vida cuando llegue otra vez la época invernal y cuando esté en las plataformas [Filmin y Movistar + han financiado parte], además, también se ha vendido a otros países, estará en Australia, en EEUU y en partes de Europa”, se lamenta Trullols con resignación.
Álvaro Cervantes y Bruna Cusí como Josep María Vilà y Mònica Gudayol. Él sí sobrevivió.
Confía también en entrar en los Goya del año que viene porque, además, hay gente muy potente detrás: por ejemplo, en el sonido está Yasmina Praderas, una de las nominadas al Oscar por Sirat. Y Álvaro Cervantes acaba de llevarse el galardón por Sorda y es quien lleva el peso de toda la cinta. “Es que es además una historia universal que ni siquiera apela a la gente de la montaña, apela a lo que es la vida y a que pasan cosas que no podemos controlar.Es una película sobre gente bonita que se pierde en la montaña y gente bonita que la va a buscar, que no la va a dejar sola, y al final, eso es universal. Así que no sé si es que, como es mi primer largo, no confiaban en que pudiéramos hacer una película de estas hechuras… Y tampoco se esperaban el alcance que luego ha tenido”, añade el director.
"No sé qué pasó, pero no confiaron en la película. Y luego cuando se quiso reaccionar, ya no había cines porque la competencia es muy dura"
El sujeto del “confiaban” se diluye entre productoras (las catalanas Lastor Media, productora que ya hizo el documental Balandrau, infierno helado y está detrás de Alcarrás, entre otras; Vilaüt Films; Goroka Contents; y Balandrau Films AIE), distribución (Filmax) -que parece que, quizá al estar rodada en catalán, no encontró hueco fuera de Cataluña- y al final todo el conjunto que está detrás de una película. “Es un poco todo, se dan una serie de factores y, bueno, pues ha sido así”, se duele el director. Porque Balandrau, viento salvaje, desde luego, tiene una factura excepcional. Es un cine de catástrofes que envuelve y que está a años luz del telefilme. Y que, como dice Trullols, se ha levantado con un presupuesto “que da para 12 Sociedad de la Nieve”. Es decir, se mueve en torno a los 2,5 millones de euros, más bajo de lo que suele ser un presupuesto medio-alto en el cine español (lo de José Antonio Bayona es otra cosa).
“Y no estamos hablando tanto de capital económico como de capital humano. También nos tenemos que dar el mérito cuando las cosas son fruto del trabajo. Todo el mundo ha dado un plus extra porque entendía la misión encomendada, que era dar vida, dar testimonio a personas que ya no están”, comenta el director, quien añade que han sido cuatro años de trabajo -dos de ellos de investigación muy profunda con los familiares, los bomberos, voluntarios, psicólogos que trabajaron en aquello- “y que me han costado la salud, pero es que era contar una historia de tal calibre… Teníamos que hacer el ejercicio de ponernos al servicio de una historia que suma valores preciosos”.
Cómo rodar el torb
En el libro que escribió Jordi Cruz se cuenta lo que les ocurrió a decenas de personas; sin embargo, la película se ha centrado en el grupo de excursionistas conformado por las parejas Josep María Vilà y Mònica Gudayol, Elena Fernández y Josep Artigas y Oriol Fernández, hermano de Elena y experimentado montañero. “Es que si salen todas las personas que estuvieron ese día en el Balandrau ya no sería una película, sino una miniserie. La película tenía que centrarse básicamente en este grupo porque, además, es donde está el superviviente, y donde puedes poner la dramatización de las familias esperando en los vestuarios del campo de fútbol de Camprodon”, reconoce el propio Cruz a este periódico.
La película comienza con una dramatización de cómo fueron las navidades para estas personas para continuar con la excursión al Balandrau un día de invierno soleado. Parece hasta una historia costumbrista: dejar el coche, ponerse los esquíes -subían haciendo esquí de fondo-, comentar lo bueno que está el día, coger las mochilas. Andar, hacerse fotos, observar con entusiasmo los rebecos. Lo típico. Y, sin embargo, poco después, el torb, el infierno. “Sí, es que se trataba de contar una historia cotidiana, y de pronto, una película de guerra. Y todo en un segundo, que es un poco lo que les pasó a ellos, que les cambió la vida en un segundo. Fue un reto increíble”, señala Trullols.
Todo parecía un agradable día en la montaña.
El rodaje comenzó en febrero de 2025 y no estuvo exento de algunos problemas, ya que en esas fechas en el Balandrau no había nieve. Se tuvieron que trasladar a Boi-Taull, aunque luego sí que pudieron regresar a la montaña fatídica y a Vallter. “Y ahí sí que tuvimos muchísima nieve”, reconoce el director, que también rodó en Camprodón. No obstante, la parte más difícil era recrear el fenómeno del torb, que se hizo con efectos digitales y en un plató.
Para ello contaron con el asesoramiento de Jordi Cruz. No era fácil porque el torb no es una ventisca normal ni tampoco es una tormenta de nieve. “Para mí lo más parecido para recrearlo es una escena que vi deDune II. Es verdad que ahí es de arena, pero cómo se movía esa arena es un poco cómo entró el torb, y eso es lo que recrearon”, sostiene el meteorólogo sobre una escena que es realmente espectacular y que atemoriza porque es un viento que entra de repente y lo destruye todo, te tira al suelo, mueve la nieve, crea aludes… Efectivamente, el infierno.
"Para mí lo más parecido para recrearlo es una escena que vi de Dune II. Cómo se movía esa arena es un poco cómo entró el torb"
En el plató rodaron cómo el viento golpea a los excursionistas, cómo en segundos les dejó sin visibilidad. “Estuvimos más de un año investigando cómo podíamos recrearlo, tanto a nivel visual como con especialistas. Porque es un viento que no te deja ver pero tampoco escuchar nada. Yo leí varios libros de gente a la que le pasó algo parecido y que decía que era como tener una turbina al lado que se enciende de repente. Nosotros queríamos que el espectador entendiera por lo que habían pasado estas personas y lo más bonito fue cuando, tras ver la escena, Josep María Vilà me dijo, Fernando, el torb fue así”.
Vilà, a quien interpreta Álvaro Cervantes (y está, una vez más, impresionante), fue, efectivamente, el superviviente de aquel grupo de cinco, pese a que no era el más preparado de todos. Fue quien intentó guarecer a su novia Mònica tras una roca -pero no pasó de la primera noche-, quien intentó a ayudar a Oriol tras quedar atrapado por un alud -también murió poco después- y quien tuvo que intentar salir de allí solo. Estuvo a punto de no conseguirlo porque quedó en medio de unas rocas y no podía ni subir ni bajar. Afortunadamente, le vio el helicóptero y le rescató a los dos días, ya casi muerto de frío, hambre y sed. Buena parte de la película se centra en su rescate.
Marc Martínez como el bombero Siscu que se encargó del equipo de rescate.
“Durante muchos años él se preguntó por qué había sobrevivido y los otros no. Qué hizo o qué no hizo para ayudar a los otros. Probablemente, simplemente su constitución era de una forma que se lo permitió, quizá estaba más fuerte y cuando estaba intentando liberar a Mònica y Oriol [les cayó un alud estuvieron horas intentando sacarlos aunque esto se cuenta en la peli en solo unos minutos] fue generando calor para su cuerpo… quizá también le ayudó la ropa que llevaba…”, afirma Cruz. “Pero él ha dicho muchas veces que no cree que hubiera sobrevivido una noche más”.
Vilà volvió hace unos diez años a subir el Balandrau, recompuso su vida -está casado y tiene dos hijos- y ahora reconoce que tanto el libro, como el documental y la película le han ayudado con el duelo. Por eso ha participado en ellos, como los familiares de los hermanos Elena y Oriol. “Hay una escena al principio en la que se hace coña sobre un jersey que lleva Oriol, y que si lo limpia o no lo limpia. Luego ese jersey lo lleva su hermana cuando está en el vestuario esperando noticias de sus hermanos. Esa historia es real y ese jersey todavía existe. No todo el mundo, pero las familias en general han colaborado y están contentas porque todo se ha hecho con mucho respeto. También la del bombero Siscu. Ha habido mucha implicación de la gente de Camprodon”, comenta Cruz.
"Entiendo que todos tenemos Balandraus en la vida, así que había que acercarse a la historia de una manera super respetuosa"
“Estuvimos muchísimo tiempo hablando con todas las personas implicadas, no solo familias y bomberos, sino también voluntarios, especialistas en cuestiones como salud o el tema de la hipotermia, con psicólogos especializados en el duelo, etc. Porque yo también soy hijo, soy hermano, soy amigo, he perdido a dos hermanos cuando era pequeño y entiendo la pérdida, entiendo que todos tenemos Balandraus en la vida, así que había que acercarse a la historia de una manera super respetuosa. También hubo familias que no querían saber nada y bueno, pues en ese caso no salieron. Teníamos que respetar el duelo de todo el mundo y es lo que hemos hecho porque si no esta película no tendría sentido”, manifiesta Trullols, quien también recuerda cómo muchos se emocionaron al ver a sus familiares en la pantalla aunque no fueran ellos. “Es que recordar también es amar”, añade el director.
Quizá, aparte de la llamativa tragedia, lo que haya llevado a tanta gente al cine -y seguramente sea muy vista en plataformas- es que esta es una película luminosa. Mueren personas, sí, pero va de otra cosa también, no se limite al accidente. “La película mira a la muerte de cara, pero también hay reflexiones sobre la vida, como hace Mònica cuando le responde a Josep María por qué siempre sigue para adelante aunque las cosas se tuerzan: “Porque si me paro, me muero”.
De eso va Balandrau. Es una película que merece llegar a mucho más público.
El Balandrau es una montaña de los Pirineos de 2.584 metros de altura sin ninguna dificultad. Sin embargo, fue allí donde hace 26 años -los días 30 y 31 de diciembre del 2000- tuvo lugar una de las peores tragedias de la historia de la montaña española: diez personas fallecieron intentando subir al pico y en otras cumbres alrededor, muy cerca del Vall de Nùria. Fue un accidente monumental debido a un excepcional Torb, un fenómeno que conjuga un viento huracanado que levanta la nieve más de seis metros, baja las temperaturas 15 grados de golpe, impide cualquier visibilidad y que, en esta ocasión, duró horas e incluso llegó a cotas bajas. Nadie lo había previsto: decenas de personas que habían acudido a disfrutar de un día de montaña (no había muy mal tiempo) quedaron atrapadas. Una decena nunca salió.