El antropólogo de Harvard que sostiene que somos más pacíficos... gracias a la violencia
Richard Wrangham considera que la aplicación sistemática durante 300.000 años de la pena capital contra los machos alfa nos ha convertido en una especie más dócil de la que éramos originalmente
Richard Wrangham (Reino Unido, 1948), profesor de Antropología Biológica en Harvard desde hace 37 años, lleva toda la vida observando el comportamiento de los primates. Ha investigado a los chimpancés del centro Jane Goodall en Tanzania y también a los del Parque Nacional de Kibale, en Uganda. Y ha llegado a la conclusión de que, al igual que los chimpancés, los humanos de hace 300.000 años eran muy, muy violentos. Como ocurre en otras especies de primates, los machos alfa imponían al grupo su voluntad mediante el uso de la fuerza.
Pero, con el surgimiento del lenguaje, las cosas empezaron a cambiar para los homínidos. El grupo empezó a organizarse en contra de esos tiranos violentos, castigando su comportamiento con la muerte. Eso provocó que los machos alfa no transmitieran a las generaciones sucesivas sus genes y acabó haciendo del Homo sapiens un ser bastante pacífico.
Esa es la teoría que Wrangham expone en
Hablamos de todo eso con el profesor Wranghan por videoconferencia
PREGUNTA. Empecemos por el principio. Usted sostiene que hace 300.000 años la especie humana era bastante más violenta de como lo somos en la actualidad, ¿es así?
RESPUESTA. Sí. El Homo sapiens es inusualmente pacífico en comparación con las demás especies de Homo. Creo que provenimos de un linaje que en el pasado se comportaba de un modo mucho más violento, como los chimpancés, que a menudo son bastante agresivos y violentos entre los miembros de un mismo grupo. Hoy en día, sin embargo, los humanos somos en muchos sentidos una especie maravillosamente pacífica.
"Los miembros de la especie humana somos pacíficos es porque utilizamos la violencia para deshacernos de los agresores, para matarlos"
P. Usted sostiene que fue la aplicación sistemática de la violencia, y en concreto de la pena de muerte, lo que nos ha convertido en una especie bastante pacífica. Resulta bastante paradójico que seamos pacíficos gracias a la violencia, ¿no le parece?
R. Así es, se trata de una gigantesca ironía. Creo que la razón por la que los miembros de la especie humana somos pacíficos es porque utilizamos la violencia para deshacernos de los agresores, para matarlos. Y eso tuvo la extraordinaria consecuencia de propiciar que los machos agresivos fueran eliminados, fueran víctimas de la selección natural o, mejor dicho, de la selección social. La sociedad de la que disfrutamos hoy en día, en la que cuando vamos de compras o hacemos cualquier otra actividad por lo general todos somos bastante amables entre nosotros, surge de la pena de muerte. Los humanos lograron deshacerse de los agresores más violentos, algo que ningún otro animal ha conseguido. Si eres un chimpancé, vives en una sociedad donde un macho alfa domina al resto mediante su violencia física. Y eso es así para todos los primates y para los animales en general. Pero no para los humanos, los humanos no tenemos machos que se impongan a los demás a través de la violencia. En muchas sociedades, especialmente en los grupos pequeños de cazadores-recolectores, no hay nadie que intente dominar a los demás. Si en una sociedad de cazadores-recolectores un macho intenta dominar a los demás mediante la violencia, los otros machos se unen contra él y lo matan. Es algo muy brutal y muy dramático, pero es la única forma de explicar cómo los genes que subyacen en el comportamiento violento intenso fueron eliminados de nuestro linaje. Nos hemos convertido en una especie domesticada de humanos.
P. Al matar a esos machos alfa, ¿sus genes dejaron de transmitirse a las siguientes generaciones y acabaron desapareciendo?
R. Exactamente.
P. Supongo que el lenguaje fue fundamental para permitir que el grupo se uniera contra los machos violentos y los matara…
R. Sí, absolutamente. El lenguaje permitió que todos los miembros del grupo entendieran que debían actuar juntos contra esos agresores y les permitió coordinarse. El lenguaje además es la única explicación razonable para entender por qué los humanos nos deshicimos de esos individuos violentos, mientras que ningún otro animal lo ha hecho. Los chimpancés o cualquier otro animal -los babuinos, los elefantes, etc.- en teoría podrían unirse y matar a un miembro de su propio grupo que los estuviera acosando a través de la violencia, pero no lo hacen. Los chimpancés sí matan a miembros de grupos vecinos, pero no matan al líder de su propio grupo. En cambio en sociedades pequeñas de humanos cazadores-recolectores, los antropólogos han observado casos en los que se aplicaba la pena capital contra los machos violentos. Y eso es posible gracias al lenguaje, que permite que los miembros del grupo se unan contra el tipo violento y lo maten. Hay que tener en cuenta además que cuando alguien sugiere matar al macho alfa, otra persona podría ir a contarle al macho alfa que están tratando de montar una conspiración contra él, por lo que todo debía de ser muy vago. Se trata de una dinámica de coalición muy, muy difícil, que creo que solo con el lenguaje se puede resolver.
"Tenemos dientes más pequeños y cuerpos más ligeros que nuestros ancestros, somos una versión domesticada de la especie primitiva"
P. La eliminación de los sujetos violentos y de sus genes dice que nos hizo más pacíficos. ¿También propició cambios físicos en los humanos?
R. Sí, es fascinante. Hace 25 años, la arqueóloga y antropóloga Helen Leach estudió el patrón de desarrollo evolutivo de nuestros cuerpos, y concluyó que los humanos parecemos un animal domesticado. Como arqueóloga, Leach a veces encontraba animales del pasado y no sabía si habían sido domesticados o no. Para decidirlo, los expertos se basaban en ciertos cambios anatómicos. Imagina un cánido del pasado, que podría ser tanto un perro como un lobo. Si el cánido tiene una cara relativamente corta, dientes pequeños, cuerpo ligero y cerebro pequeño, entonces es un perro. Si tiene esas características al contrario, entonces es un lobo. Los Homo sapiens tenemos rostros más cortos, dientes más pequeños y cuerpos más ligeros que nuestros ancestros de hace 300.000 años, y además en los últimos 50.000 años nuestros cerebros se han hecho más pequeños. Todos estos indicios apuntan a que somos una versión domesticada de nuestra especie primitiva.
P. ¿Sabemos cuándo empezaron los humanos a aplicar la pena capital para eliminar a los individuos violentos del grupo?
R. Podemos intuir que empezó hace unos 300.000 años. Un grupo de cráneos hallados en Marruecos muestra la disminución del tamaño de los dientes, la reducción de las cejas, de los arcos superciliares y el acortamiento del ancho del rostro. Todos esos cambios físicos yo creo que son fruto de habernos domesticado, de haber actuado para mantener unido al grupo y eliminar de él a los violentos.
P. Nuestros principios morales, la ley, ¿proceden en última instancia de la violencia?
R. Sí, yo creo que sí. El problema central de la sociedad humana es el control de la violencia. A nivel intergrupal, lo afrontamos mediante la guerra, y a nivel intragrupal, mediante la ley. Las leyes son importantes porque son la forma con la que controlamos a los hombres violentos que desean usar su capacidad física para conseguir lo que quieren. Incluso hoy, 300.000 años después de que comenzara todo este proceso, la principal razón por la que los hombres están en prisión es la violencia. Hoy en día, tenemos una solución para la violencia que no implica algo tan cruel como la pena capital. Pero se trata de algo muy reciente. Hemos estado usando la pena capital hasta hace 200 o 300 años, y de hecho algunos países aún la usan, pero de forma muy limitada en comparación con el pasado.
P. Hasta ahora hemos hablado de violencia reactiva. Pero los expertos también hablan de una violencia proactiva. ¿Cuál es la diferencia entre ellas?
R. Es una distinción muy importante que exige diferentes tipos de conexiones neuronales en el cerebro. La agresión proactiva es aquella que se lleva a cabo de forma premeditada, planificada y con un objetivo específico. Este objetivo, en realidad, puede no ser matar a alguien, sino simplemente quitarle algo, y si resultan personas heridas en el proceso, pues mala suerte. Lo importante de la agresión proactiva es que es planificada y que se lleva a cabo cuando el agresor cree que puede salir impune o pagando un precio muy bajo. Es un tipo de agresión relativamente rara en los animales, pero hay algunos que la manifiestan. La forma de agresión más común en los animales, pero que sin embargo está muy reprimida entre los humanos, es la agresión reactiva. Esta agresión surge ante una amenaza inmediata, ante la que el individuo responde de manera irreflexiva, con un comportamiento impulsivo. Es la violencia en caliente, esa con la que reaccionas ante un insulto o un golpe. No es una violencia premeditada, sino un intento inmediato de eliminar la amenaza que te acecha en ese momento. Y ese es el tipo de violencia que se reprime mucho en los humanos en comparación con la mayoría de los animales.
"Lamentablemente la violencia proactiva, esa que es fría y planificada, no ha cambiado, quizás incluso ha empeorado"
P. ¿Qué ha sucedido, en cambio, en estos 300.000 años de evolución con la violencia proactiva?
R. Pues, lamentablemente, la violencia proactiva no ha cambiado, quizás incluso ha empeorado. La violencia proactiva que observamos en los humanos es muy similar a la que vemos en chimpancés, lobos, hienas manchadas y otras especies animales, que la utilizan contra miembros de grupos vecinos. Ha sido una gran sorpresa para antropólogos y biólogos descubrir que el patrón de las guerras, es decir, aprovechar la oportunidad para matar a miembros de grupos vecinos mediante emboscadas, incursiones y otros métodos, no es exclusivo de los humanos, como se creía inicialmente. Es característico de ciertas especies que comparten condiciones similares a las de los humanos. Los líderes que deciden bombardear un país se comportan, en cierto modo, de la misma manera que un pequeño grupo de chimpancés que, desde la cima de una colina, decide atacar a un miembro del grupo vecino que, por casualidad, se encuentra solo.
"Los líderes que bombardean un país se comportan como el grupo de chimpancés que decide atacar a un miembro del grupo vecino"
P. Dice que en estos 300.000 años hemos hecho todo lo posible para deshacernos de los matones, de los machos alfa. ¿De verdad nos hemos librado de ellos o siguen presentes?
R. Aún están por aquí, pero su número se ha reducido enormemente. Me parece interesante reflexionar sobre la evolución de la conciencia moral. No hay pruebas de que ningún animal posea conciencia moral, los animales no actúan según un sentido del bien y del mal, actúan según principios mucho más simples. Pero los humanos sí lo hacemos, aunque no todos. La principal característica de los psicópatas es que no actúan guiados por un sentido moral del bien y del mal, actúan según su propio criterio, según lo que les conviene y lo que pueden hacer impunemente. Eso refleja que, durante los últimos 300.000 años, ha habido una selección natural que ha favorecido la conciencia moral, ya que era la forma de sobrevivir en un mundo donde se aplicaba la pena capital a quienes transgredían las normas. Sin embargo, aún existe un 1% o 2% de la población que conserva la antigua falta de conciencia moral propia de los animales. Por lo tanto, nos encontramos en una fase de desarrollo evolutivo en la que creo que los individuos psicópatas seguirán siendo objeto de selección natural, ya que muchos de ellos terminan en la cárcel, y por consiguiente, sus genes tendrán menos probabilidades de transmitirse a las generaciones futuras. Pero no somos una especie acabada, seguiremos evolucionando.
P. ¿Y cómo cree que evolucionaremos?
R. En las condiciones actuales, creo que podemos esperar convertirnos en una especie cada vez más sensible moralmente, con una disminución progresiva de nuestra propensión a la violencia reactiva.
P. ¿Y qué me dice de la violencia proactiva, la que provoca guerras y genocidios? ¿También podríamos eliminarla?
R. En teoría es totalmente posible, nunca sabemos qué hará la evolución. Pero las condiciones tendrían que cambiar. Predecir el futuro es bastante difícil. ¿Existirá un mundo en el que, por alguna razón, sea mejor para los individuos nacer sin propensión a la violencia proactiva? Sería un mundo sin guerras. Como sabrá, existen muchos animales que viven sin guerras: antílopes, elefantes, focas… Creo que es un reto fascinante imaginar cómo podríamos lograr una selección natural en contra de la agresión proactiva.
Richard Wrangham (Reino Unido, 1948), profesor de Antropología Biológica en Harvard desde hace 37 años, lleva toda la vida observando el comportamiento de los primates. Ha investigado a los chimpancés del centro Jane Goodall en Tanzania y también a los del Parque Nacional de Kibale, en Uganda. Y ha llegado a la conclusión de que, al igual que los chimpancés, los humanos de hace 300.000 años eran muy, muy violentos. Como ocurre en otras especies de primates, los machos alfa imponían al grupo su voluntad mediante el uso de la fuerza.