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'BULLY', de Ye (Kanye West): ¿es que ser mala persona ya no mola en el mundo?
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'BULLY', de Ye (Kanye West): ¿es que ser mala persona ya no mola en el mundo?

Cabe preguntarse si después de tanta provocación y ganas de llamar la atención el artista se arrepiente de verdad y quiere ser responsable consigo mismo, con sus fans y su legado. O si todo, de nuevo, va a seguir igual

Foto: Portada de 'BULLY', de Ye (YZY/gamma). (EC/Pedro Herrero)
Portada de 'BULLY', de Ye (YZY/gamma). (EC/Pedro Herrero)

El pasado martes, 7 de abril, un magnate amenazaba con "borrar a una civilización entera" de la faz de la tierra. Donald Trump ponía al mundo en alerta una vez más, como ya hizo con Venezuela y Groenlandia, aunque esta vez de una manera mucho más agresiva, llegando a poner encima de la mesa algo tan terrible para la humanidad como es el lanzamiento de una bomba nuclear.

De forma paralela, ese mismo día, el Ministerio de Interior británico vetaba la entrada al país del músico Kanye West, prohibiéndole la visa para participar en el Wireless Festival de Londres con motivo de la gira de BULLY, su nuevo álbum. El gobierno del laborista Keir Starmer consideró válidas las peticiones de las asociaciones judías de Reino Unido de cancelar el concierto debido a los comentarios antisemitas y la promoción de imaginería nazi como marca personal durante todo el año pasado. West, días antes, se disculpó a la comunidad judía, admitiendo que las palabras no eran "suficientes" y animándoles a reunirse con él para pedirles perdón en persona.

Finalmente, no hubo ni bomba nuclear ni disculpas aceptadas. Ambos personajes tuvieron un "bromance" en 2018, cuando Donald Trump era presidente del Gobierno por primera vez. Aquella época dista mucho de la actual para los dos. La sociedad no estaba tan polarizada como ahora. West se rebautizó como Ye y desde 2016, cuando lanzó The Life of Pablo, empezó a realizar comentarios ambiguos sobre el racismo y la esclavitud que acaparaban titulares de oro. En lo musical, ninguno de sus trabajos posteriores estuvo a la altura de su legado. La lengua se le iba con la misma facilidad que la inspiración, todo después de haber sido el artista de R&B y hip hop más influyente con discos perfectos, sobre todo la trilogía 80s & Heartbreak, My Beautiful Dark Twisted Fantasy y Yeezus, lanzados entre 2008 y 2013.

placeholder Los dos 'bullys' del momento, dándose amor en la Casa Blanca, hace unos años. (Getty)
Los dos 'bullys' del momento, dándose amor en la Casa Blanca, hace unos años. (Getty)

En aquel entonces no estábamos tan sensibilizados con los problemas de salud mental, que comenzaron a estar más normalizados entre la población desde la pandemia. En 2016, con motivo de la gira de The Life of Pablo (su última gran obra), West empezó a cancelar conciertos sin causa aparente que los medios atribuían a simple cansancio. Ahora, él mismo achaca todo ese camino de mutilación personal, que dirían los Pixies, a su trastorno bipolar. Y a pesar de pedir perdón varias veces, incluso de gastarse una millonada en una página entera del Wall Street Journal para ello, cabe preguntarse si realmente está siendo sincero, si lo hace para que sigamos haciéndole caso o si es que realmente eso de ser mala persona ya está dejando de molar en el mundo después de tanta provocación y crispación.

¿Ya deja de molar el odio?

Una de las grandes cualidades de los artistas totales es su capacidad para canalizar las voces descontroladas del inconsciente colectivo. Lo vimos con Kurt Cobain, de Nirvana, cuando hizo de la depresión algo cool para la juventud a comienzos de los 90 o del pánico a la cibernética y al aislamiento social que retrató Radiohead en el despertar del nuevo milenio con Ok Computer y Kid A.

La mayoría de las veces estos manifiestos suelen anticiparse a la corriente dominante, dándonos pistas de lo que está por venir. Y, en el caso de BULLY, cabe preguntarse si ya hubo suficiente gresca, si por fin podemos aspirar a una sociedad en la que no esté bien vista la afrenta, no se premie al narcisista y haya una exigencia mínima de cumplir con las expectativas que la gente que te quiere y te admira tiene puestas en ti.

No hay nada de bonito ni honesto en dejar algo tan personal e intransferible como la voz humana en manos de la inteligencia artificial

Podríamos argumentar, en su defensa, que el puritanismo moral ha llegado al hip-hop. Acordémonos del surgimiento del trap y sus míticos beefs. ¿Acaso las peleas ya no son espectáculo u otro mecanismo de promoción vía Instagram? Recordemos la propuesta estética de aquel videoclip de SAD! del trágico artista XXXTENTACIÓN que mete miedo al mismísimo diablo. ¿Ya vale tanto puñetazo? Y si es así, ¿podemos ver a los verdugos como víctimas? ¿Ese es el trasfondo de BULLY?

En cierto momento se intuye que sí, que la violencia, como se dice, solo genera más violencia, y que solo acosa quien fue acosado. Ojalá fuera así y estas manidas frases justificaran lo injustificable. Pero lejos de comprar ese argumento, Ye se revuelve de nuevo en su propio y elemental narcisismo: "Dicen que mi ego necesita una revisión, pero no lo voy a dejar marchar", canta en la canción que da título al álbum. O más claro todavía: "El odio solo me trajo más amor". Justo al revés.

En lo musical, se nota que West quiere volver a ser responsable con su propio legado y entregar un álbum que no sea un manojo de demos desestructuradas, como resultaron para la crítica especializada los fracasos estilísticos de las dualogías Donda y Vultures. Que BULLY se parece al Kanye West de siempre, aquel que adoramos en algún momento de nuestra vida, cuando armaba baladas preciosas con tan solo una nota y una 808, o raspaba la medular con corrosivas instrumentales electrónicas al modo Yeezus.

Sin embargo, todo parece resultar un simulacro de aquellos gloriosos años o, peor aún, el resultado de un prompt mal hecho de IA. No en vano, el artista afirmó durante los numerosos retrasos de lanzamiento del año pasado que muchas de sus voces habían sido creadas con inteligencia artificial. A lo mejor pensaba que el uso de esta tecnología fuera igual de revolucionario e influyente como el del Auto-Tune en 80s & Heartbreak, pero no. Aviso para navegantes: no hay nada de bonito ni honesto ni humano en dejarle algo tan personal e intransferible como la voz humana en manos de la inteligencia artificial. Kanye West finalmente se retractó y aclaró que todas las voces están grabadas.

A lo largo de BULLY vemos destellos de esa vieja gloria que en un momento fue. PUNCH DRUNK es maravillosa, el sample de góspel de las Clark Sisters marida a la perfección con su voz, que mantiene el groove a lo largo de todo el tema. ¿El problema? Que no dura ni dos minutos y la mayor parte de la canción la ocupa el propio sample. Es como un Bound 2 sin requiebro, sin la euforia de sentirse enamorado y querer ir a la poltrona con Kim Kardashian. SISTERS AND BROTHERS tiene ese tono fiel a la obra de Kanye West, con una electrónica que perfectamente podría haber producido James Blake, de no haberse retractado de aparecer en los créditos finales del disco porque, según él, el propio West cambió sustancialmente su parte.

ALL THE LOVE mira al maximalismo de My Beautiful Dark Twisted Fantasy, pero tampoco pasaría el filtro de la IA. THIS IS A MUST, por su parte, ahonda en la pretensión de querer volver a fabricar un éxito del 80s & Heartbreak (como la preciosa Say You Will), pero el resultado final suena como si fuera una cuña publicitaria de Spotify.

Quizá el mejor tema del disco sea MAMA'S FAVOURITE. Se siente como toda canción buena de Kanye West: estar al borde de un precipicio y tener que hacer una declaración desesperada antes de caer o de que sea demasiado tarde. La producción electrónica suena bien y contiene estructura. Además, el final es pura emoción: incluye una antigua grabación de su madre, Donda West, en la que le garantiza que su comportamiento es "perfecto". Que si quiere ser una estrella de verdad, tiene que seguir así. Craso error.

La peor canción del disco es LAST BREATH, el acercamiento al castellano de West de la mano de Peso Pluma: suponemos que pensará que ahora está muy de moda lo latino con Bad Bunny y tal, sintió FOMO y no podía quedarse fuera. Sin embargo, el resultado es horrible y sonrojante. Por esto mismo, cabe reflexionar si algún día Kanye West dejará de ver el dinero como la medida de todas las cosas (del perdón, de sus giras, de su disco enteramente compuesto en un estadio solo para él) y halle algo nuevo y valioso que, como en su día, cambió la música para siempre.

El pasado martes, 7 de abril, un magnate amenazaba con "borrar a una civilización entera" de la faz de la tierra. Donald Trump ponía al mundo en alerta una vez más, como ya hizo con Venezuela y Groenlandia, aunque esta vez de una manera mucho más agresiva, llegando a poner encima de la mesa algo tan terrible para la humanidad como es el lanzamiento de una bomba nuclear.

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