'Amarga Navidad': el drama de Almodóvar contra el poderío taquillero de Torrente
El director manchego, que aspira a competir en el Festival de Cannes, elige esta vez a Leonardo Sbaraglia como álter ego, en una película sobre cómo la creación vampiriza la vida
Bárbara Lennie y Victoria Luengo en la última película de Pedro Almodóvar. (Warner)
La cartelera española vive este viernes su gran Barbenheimer. ¿Recuerdan aquel combate de 2023 entre el público rosa chicle de Barbiey la testosterona nuclear de Oppenheimer? Si el fin de semana pasado llegó a las salas Torrente, presidente, de Santiago Segura, una de las películas más esperadas por el público masivo en los últimos años —y que ya se ha convertido en la película más taquillera del año—, este viernes se estrena Amarga Navidad, el último filme de Pedro Almodóvar, que aspira a conseguir un hueco en la Sección Oficial del próximo Festival de Cannes.
Tráiler de 'Amarga Navidad'
Torrente, presidente y Amarga Navidad son, así en dos pinceladas, las dos caras —irreconciliables, dicen— del cine español; la primera, representante de un gusto popular, estudiadamente feísta y chocarrero; la segunda, de un refinamiento aburguesado, estilizado y melodramático. Ambas obras funcionan como esquejes de sus directores, universos autorreferenciales estancos que imitan los cristales de las salas de interrogatorios: un espejo para los de dentro, una ventana para los de fuera. Ambos tienen, además, un público fidelísimo y devoto, que hace de su defensa parte de su identidad.
En Amarga Navidad, el cineasta manchego vuelve a sus tribulaciones sobre la creación artística, la frustración y el miedo a perder la chispa, y lo hace a través de un juego de álter egos en los que diferentes capas de realidad y ficción se entrecruzan para alumbrar una película en la que, al final, las piezas no encajan del todo engrasadas, por tono, quizás, o por el peso desigual de cada una de ellas.
Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia en 'Amarga Navidad'. (Warner)
Sin embargo, es muy interesante, satisfactoria y sorprendente la decisión del guionista y director de revelar el artefacto bien avanzada la película. Sin embargo, a medida que avanza el filme, se hace presente una sensación de déja vu y de ensimismamiento que refuerza la claustrofobia del universo Almodóvar, de la que el propio director es consciente si atendemos a lo que le echa en cara el personaje de Aitana Sánchez-Gijón a Leonardo Sbaraglia: "Hace tiempo que no tienes una idea original y por eso tienes que robarlas de lo que ocurre en tu entorno", o algo similar.
En Amarga Navidad encontramos dos directores de cine. Una es Elsa (Bárbara Lennie) y otro es Raúl (Leonardo Sbaraglia); la primera vive en 2004 y el segundo en la actualidad. Elsa es una realizadora publicitaria que otrora fue cineasta de culto; muy cómicamente ilustrativo es el diálogo entre Carmen Machi, médico de hospital, y Lennie sobre lo que significa, en realidad, ser director de culto: "Que hagas una película que le interese a muy pocos espectadores, que sea un fracaso total".
Lennie junto a Milena Smit en 'Amarga Navidad'. (Warner)
Mientras, Raúl es un autor consagrado que no acaba de encontrar la inspiración. ¿De dónde bebe el creador para inspirar sus historias? ¿Hasta qué punto es lícito o necesario robar de la realidad? ¿Sacrifica el creador su propia vida y sus vínculos en el ritual creativo? Raúl está preocupado de repetirse, pero a la vez necesita seguir haciendo películas, y de esa tensión nace la crisis. Si en El autor (2017), de Manuel Martín Cuenca, teníamos a un manipulador entregado a la escritura hasta el asesinato, aquí Raúl es un ladrón de guante blanco, un vampiro de la realidad que se autoexculpa de sus pequeños robos.
El arranque de Amarga Navidadpromete el antiguo Almodóvar, ese Almodóvar ligero y kitsch de espectáculos transformistas y situaciones rocambolescas. Bárbara Lennie, maravillosa como siempre, suena incluso a una Marisa Paredes millennial, enamorada ahora de un bombero-stripper (Patrick Criado) llamado Bonifacio y con un persistente dolor de cabeza que los lleva por todo Madrid en busca de unas pastillas que necesitan receta. En la vida de Elsa también encontramos a su agente y amiga, interpretada por Victoria Luengo, y a Natalia (Milena Smit), atravesadas cada una por sus propias desgracias.
El mundo de Raúl pertenece a esa última época del Almodóvar autoanalítico y autoconfinado. Raúl está escribiendo el guion de su próxima película a la vez que su asistente, Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), deja un trabajo que le ha absorbido cada minuto de los últimos veintitantos años. Mónica ha buscado a su propio sucesor, Santi (Quim Gutiérrez), y se dispone a vivir una vida propia interrumpida también por otro revés.
Quim Gutiérrez y Leonardo Sbaraglia en 'Amarga Navidad'. (Warner)
Amarga Navidad es una peli derivativa, que se pierde y se encuentra, en la que todo el mundo verbaliza sus sufrimientos y sus necesidades, que recompensa cuando se explaya en los números musicales —tanto el striptease de Criado como la canción de Amaya—, pero que en el autorretrato se pierde a ratos en la indulgencia. También resulta molesto el desfile de logotipos de marcas de lujo, Prada, Saint-Laurent y compañía, que, al contrario de lo que pretende, vulgariza y marquetiza lo que busca ser una obra de arte. Pero ahí está Bárbara Lennie, contenida, ambigua y elegante, con un personaje que admite sus manipulaciones y su egoísmo de creadora, y que trae a la película tanta verdad y textura como los paisajes de Lanzarote que la rodean, bellos, salvajes y auténticos.
La cartelera española vive este viernes su gran Barbenheimer. ¿Recuerdan aquel combate de 2023 entre el público rosa chicle de Barbiey la testosterona nuclear de Oppenheimer? Si el fin de semana pasado llegó a las salas Torrente, presidente, de Santiago Segura, una de las películas más esperadas por el público masivo en los últimos años —y que ya se ha convertido en la película más taquillera del año—, este viernes se estrena Amarga Navidad, el último filme de Pedro Almodóvar, que aspira a conseguir un hueco en la Sección Oficial del próximo Festival de Cannes.