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Paul Thomas Anderson, el director que logró el Oscar tras 14 intentos (y no con su mejor peli)
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"Hay que trabajar duro para llevárselo"

Paul Thomas Anderson, el director que logró el Oscar tras 14 intentos (y no con su mejor peli)

Esta noche, el creador de 'Una batalla tras otra' se ha llevado tres estatuillas, pero no lo ha tenido nada fácil tras irrumpir en los noventa con 'Boogie Nights' y 'Magnolia'. Su cine nos habla de inadaptados, disfuncionales y algo perturbados

Foto: Paul Thomas Anderson por fin se lleva la estatuilla. Y por tres: mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado ( EFE EPA JILL CONNELLY)
Paul Thomas Anderson por fin se lleva la estatuilla. Y por tres: mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado ( EFE EPA JILL CONNELLY)

Estaba cantado por las apuestas y se cumplió. Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, 1970) se ha llevado este domingo tres Oscar: mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado. Todo por Una batalla tras otra. Ha sido, sin duda, el gran triunfador de la noche. Sin embargo, no siempre fue así. Anderson es un grande del cine actual de Hollywood al que le ha costado llevarse el gato al agua. Hasta 14 nominaciones ha tenido que obtener para subirse al escenario del Dolby Theater y coger entre sus manos la preciada estatuilla. Muchos lo consiguen con bastante menos.

Al principio de su carrera parecía que no iba a ser así. Nació en la meca del cine. Su padre, actor de doblaje, estaba en el negocio por lo que el mundillo le atrajo desde que era muy joven. Pasó por la Universidad de Nueva York, pero apenas un par de días (dicen sus biografías digitales). Enseguida se puso a crear cortos, videoclips, documentales… Como el que hizo del actor porno de los 70, John Holmes, que le inspiraría para la película con la que irrumpió en Hollywood como una exhalación.

Boogie Nights, con Burt Reynolds (al que rescataría del ostracismo), fue un éxito indie enorme en 1997. Tanto de público como de crítica. Anderson empezó a estar en boca de todos y tuvo su primera nominación al Oscar por guión original. Mucho más con Magnolia (1999), su siguiente film, que se llevó tres nominaciones al Oscar. Aquí rescataría a Tom Cruise como actor respetable y conseguiría una nominación al mejor guion original. Contaba también con Julianne Moore, otra de sus actrices fetiche (y a la que trata excepcionalmente bien siempre). Era una película fragmentada (se llevaba eso mucho entonces. Robert Altman había hecho algo parecido en Vidas cruzadas) sobre nueve personajes que nos mostraban su verdadera vulnerabilidad. La música de Aimee Mann le ponía el contrapunto perfecto. Y ahí estaba esa escena inolvidable de la lluvia de ranas… Sin duda, Magnolia es una de las mejores películas de finales del siglo XX.

Inadaptados y algo perturbados

Especialista en sacar lo mejor de actores que a priori no parecen grandes intérpretes -lo hizo también con Adam Sandler en Punch-Drunk Love- se dota, no obstante, de elencos bastante espectaculares (John C. Reilly, William H. Macy, Philip Seymour Hofmann han solido trabajar con él). Como el de Pozos de ambición, donde Daniel Day-Lewis se llevó el Oscar a mejor actor (Anderson fue nominado por primera vez a mejor director y película) por esta historia de un empresario obsesionado con hacerse rico a través del petróleo (mientras se suceden los muertos por accidentes laborales). Ya estaba ahí la semilla política de Anderson, a quien le interesan estos personajes (villanos) extremos. Su Sean Penn de Una batalla tras otra es algo parecido.

Ya estaba ahí la semilla política de Anderson, a quien le interesan los personajes (villanos) extremos

O como los personajes inadaptados. Pasaba con el actor porno de Burt Reynolds y con el veterano de guerra obsesionado por el sexo que interpretaba Seymour Hoffman en The Master (y acaba en una especie de secta). En Inherent Vice, su siguiente cinta, hay unos cuantos. Fue, por otra parte, su primera adaptación al cine de Thomas Pynchon. Tampoco es posible olvidarse del diseñador de moda Reynolds Woodcock que también interpretaba Daniel Day-Lewis en El hilo invisible, una película que perturba (posiblemente sea la mejor que ha hecho en los últimos años), cuanto más en esa relación que se establece entre el diseñador y su especie de musa, Alma Elson (Vicky Krieps). Hay obsesión, hay maltrato, ¿hay amor? Pues está todo junto ahí. Los caminos del amor son tan diferentes (y pueden ser tan poco convencionales) como lo somos las personas. A Anderson parece que le encanta indagar ahí. Ocurre también en Una batalla tras otra con la relación entre el coronel y la activista (Teyana Taylor) y esa búsqueda de placer con alguien que detestas.

placeholder Benicio del Toro, Paul Thomas Anderson y Leonardo DiCaprio, esta noche en los Oscar (Press Wire/dpa)
Benicio del Toro, Paul Thomas Anderson y Leonardo DiCaprio, esta noche en los Oscar (Press Wire/dpa)

Antes de la película que le ha consagrado definitivamente -y que podemos decir claramente que no es la mejor- estrenó Licorice Pizza, una película de primeros amores (fracasados y no correspondidos como suelen ser) en los setenta, que tenía todos los ingredientes de Anderson, quizá con un mayor peso de vitalismo y optimismo. Tiene algo de buen rollo, pero no le salió redonda. Se quedaba en una especie de quiero y no puedo (y no se entendía del todo lo que quería contar). Había tratado los sentimientos mucho mejor en otras anteriores.

La música noventera de Radiohead

Otra de las características del cine de Anderson es la música. En Una batalla tras otra llega a resultar demasiado estridente y ocupa demasiado espacio. Está compuesta en gran parte por Johnny Greenwood, el guitarrista de Radiohead (otra palada de cultura indie noventera, por si faltaba), por lo que por ahí se entiende ese toque tecno constante. Pero llega a ser (un poco) insufrible. No obstante, no es la primera vez que Greenwood y Anderson colaboran. Ya lo hicieron en Pozos de ambición, The Master, Inherent Vice, El hilo invisible y Licorice Pizza.

Y, finalmente, no es solo la música lo que le da el sello noventero a Anderson. En su cine está esa obsesión por lo disfuncional, por lo raro, por lo poco convencional, por eso de que el mundo (y nuestras relaciones) no están tan bien hechas como queremos. Si es casi como si sonara Nirvana. Y ahora, en 2026, la Academia ha sido capaz de reconocérselo. Por eso no ha podido dejar de bromear con ello al recoger el Oscar: "Hacen que uno tenga que trabajar duro por uno de estos, realmente lo aprecio". Sí, le ha costado.

Estaba cantado por las apuestas y se cumplió. Paul Thomas Anderson (Los Ángeles, 1970) se ha llevado este domingo tres Oscar: mejor película, mejor dirección y mejor guion adaptado. Todo por Una batalla tras otra. Ha sido, sin duda, el gran triunfador de la noche. Sin embargo, no siempre fue así. Anderson es un grande del cine actual de Hollywood al que le ha costado llevarse el gato al agua. Hasta 14 nominaciones ha tenido que obtener para subirse al escenario del Dolby Theater y coger entre sus manos la preciada estatuilla. Muchos lo consiguen con bastante menos.

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