Gemma Cuervo se ha ido a los 91 años.Con ella, se apaga una de las voces más reconocibles del teatro español, una presencia que durante más de seis décadas fue sinónimo de talento, dignidad profesional y oficio. Tras una vida entera dedicada a la interpretación, podemos decir que fue mucho más que Vicenta, la inocente y adorable vecina de Aquí no hay quien viva (uno de sus últimos papeles memorables en televisión, donde compartió protagonismo con otras grandes de nuestro país: Emma Penella y Mariví Bilbao). Su muerte deja un vacío generacional: el de una actriz que atravesó todos los formatos —teatro clásico, televisión popular, cine de autor— sin perder nunca el respeto del público ni el aplauso de la crítica.
Nacida en Barcelona en 1934, Cuervo fue pionera en muchas cosas: una mujer en la vanguardia teatral de posguerra, fundadora de su propia compañía, rostro habitual del mejor teatro televisado y, ya en el siglo XXI, símbolo inesperado del costumbrismo catódico.
Gemma Cuervo, Emma Penella y Mariví Bilbao son 'radio patio'. (Antena 3)
Se formó en el Teatro Español Universitario y debutó de la mano de Adolfo Marsillach, con Adolfo. También fue parte de la Compañía Lope de Vega dirigida por José Tamayo, y a finales de los sesenta fundó su propio proyecto escénico junto a su entonces marido, Fernando Guillén, con el que se arriesgó con textos diversos (desde El malentendido, de Camus; Los secuestrados de Altona, de Sartre, o Todo en el jardín, de Albee). En paralelo, construyó una carrera sólida en televisión, participando en más de 200 adaptaciones de clásicos en el mítico Estudio 1.
Trabajó en El mundo sigue (1965), dirigida por Fernando Fernán Gómez, interpretó a Luisita en una de las películas más descarnadas sobre la España de posguerra, cuya crudeza la mantuvo años censurada. Ese mismo año intervino en La vida es maravillosa (1965), una comedia con guion de Rafael J. Salvia. En Los chicos del Preu (1967), de Pedro Lazaga, encarnó a la Sra. de Alcaraz, formando parte de una historia coral sobre la presión académica de la juventud de entonces. Más tarde, en Señora doctor (1974), se metió en la piel de Rosa, y en Odio mi cuerpo (1974), película de ciencia ficción y trasfondo psicológico, interpretó a la psiquiatra Lydia Berger. En el siglo XXI, volvió al cine con El sueño de una noche de San Juan (2005), cinta de animación donde dio voz a Cleta, y en La reina del convento (2024), como la irreverente Sor Rita, componiendo una carrera bastante ecléctica.
El gran público la redescubrió con Médico de familia, pero fue Antena 3 la que la convirtió en fenómeno intergeneracional, que ha ido cobrando de nuevo protagonismo en los últimos años entre la generación Z gracias a las redes sociales. Su personaje de Vicenta (ciertamente Berlanguiano, como toda la serie), vecina jubilada que cuidaba palomas y ocultaba pistolas en cajas de galletas, conectó con la audiencia como pocas veces ha ocurrido en la ficción nacional. Su salto posterior a La que se avecina fue casi un guiño a quienes la querían en pantalla, aunque nunca lo necesitó: su legado estaba hecho.
El gran público la redescubrió con Médico de familia, pero fue Antena 3 la que la convirtió en fenómeno intergeneracional
En lo personal, Cuervo fue madre de tres hijos —entre ellos Cayetana Guillén Cuervo y Fernando Guillén Cuervo, también actores— y durante toda su carrera defendió con discreción su intimidad, sin alimentar nunca el escándalo. En los últimos años sorprendió en TikTok, declamando versos o lanzando mensajes de ánimo en plena pandemia. Lo hizo con esa misma cadencia que la hizo única, como si estuviera sobre un escenario y supiera que el público sigue ahí, aunque ya no lo vea.
Gemma Cuervo recoge el premio a toda una vida durante la gala de los premios de la Unión de Actores y Actrices. (EFE/Juanjo Martín)
Entre los galardones que recibió, destacan el Premio Ercilla, el Ondas, el de la Asociación Independiente del Teatro, así como la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid. Era lo justo: una manera de reconocer a quien no pedía nada y lo dio todo.
Gemma Cuervo se ha ido a los 91 años.Con ella, se apaga una de las voces más reconocibles del teatro español, una presencia que durante más de seis décadas fue sinónimo de talento, dignidad profesional y oficio. Tras una vida entera dedicada a la interpretación, podemos decir que fue mucho más que Vicenta, la inocente y adorable vecina de Aquí no hay quien viva (uno de sus últimos papeles memorables en televisión, donde compartió protagonismo con otras grandes de nuestro país: Emma Penella y Mariví Bilbao). Su muerte deja un vacío generacional: el de una actriz que atravesó todos los formatos —teatro clásico, televisión popular, cine de autor— sin perder nunca el respeto del público ni el aplauso de la crítica.