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Ni musa ni rubia: "A Carmen Díez de Rivera le debemos la Transición y el país que tenemos"
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Ni musa ni rubia: "A Carmen Díez de Rivera le debemos la Transición y el país que tenemos"

La escritora Carmen Domingo busca "poner en valor" político a una figura "maltratada", "ninguneada" y carne de cañón del salseo rosa en su reciente biografía 'La soledad fue el precio'. Esta es una charla con ella

Foto: Carmen Díez de Rivera a su regreso de Costa de Marfil a finales de los sesenta (cortesía de la familia Díez de Rivera)
Carmen Díez de Rivera a su regreso de Costa de Marfil a finales de los sesenta (cortesía de la familia Díez de Rivera)
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No fue solo una mujer rubia de ojos azules con belleza insultante. No fue tampoco únicamente la hija de una familia aristocrática, nacionalcatólica y cercana al régimen franquista que acabaría militando en el socialismo y el ecologismo. Ni la que se enamoró de su medio hermano (sin saberlo). Ni la musa de nada ni de nadie. Carmen Díez de Rivera —”una figura maltratada, poco valorada, poco considerada y ninguneada definitivamente”— fue, sin más preámbulos y adjetivos, la persona “a la que casi le debemos la Transición y el país democrático que tenemos ahora”. Ahí es nada. Todo esto (más los adjetivos) lo dice la filóloga Carmen Domingo que publica ahora La soledad fue el precio. Vida de Carmen Díez de Rivera (Tusquets), con el que ha ganado el premio Comillas de Biografía 2026.

Casi nadie recuerda los logros de esta política —según Domingo— que se convirtió en jefa de gabinete de un presidente del Gobierno (Adolfo Suárez) —hasta ahora la única mujer en ese cargo—, movió bastante los hilos para la legalización del PCE en 1977 y fue pionera del ecologismo en España, pese a que ha habido memorias (como las que escribió la periodista Ana Romero, a partir de grabaciones con ella antes de morir) e incluso una reciente obra de teatro. “Si preguntas en el instituto de mi hijo, solo mi hijo”, dice con soltura la filóloga. De alguna manera, no es extraño, sostiene Domingo, ya que la visión que se ha trasladado de ella hasta la fecha ha caído más en el cliché del salseo rosa —“y yo no quiero hacer de Carmen un personaje de prensa rosa”— o aquello que dijo Umbral de musa de la Transición. “Es que eso es horrible. Las mujeres no hemos venido aquí nunca a pensar, sino a inspirar a alguien para que piense, hombre ya”.

Y luego están los flagrantes olvidos. No hay más que irse a la reciente serie Anatomía de un instante, basada en el libro homónimo de Javier Cercas, en la que ni siquiera se dice su nombre y queda casi como una secretaria que le ponía los cafés a Suárez (como en el libro). En sus recientes memorias, el emérito Juan Carlos tampoco la menciona.

“Creo que hay dos factores que lo explican, uno de ellos es el origen familiar de Carmen. La eliminan porque no vaya a ser que situemos la Transición cerca de la derecha. El otro factor es que la Transición es una cosa muy masculina. Si quitamos un ápice de esa masculinidad, pues parece que estamos también contra el régimen del 78, que no es mi caso”, explica la filóloga.

placeholder 'La soledad fue el precio', de Carmen Domingo (Tusquets)
'La soledad fue el precio', de Carmen Domingo (Tusquets)

Por eso, lo que Domingo pretendía con su inmersión en lo que fue esta compleja vida era “poner en valor un personaje como Carmen, y poner en valor la Transición, que para mí es de verdad una época muy importante que en lugar de criticarla deberíamos sacar enseñanzas de ella. Y luego la importancia política de Carmen justamente en ese momento y en los primeros años de la Unión Europea”, incide. Y constata: no lo ha tenido nada fácil. Hay mucho más detrás de estos (curiosos) olvidos.

Documentación desaparecida

Porque apenas hay documentación. La propia Díez de Rivera ordenó destruir todos sus diarios tras su muerte por cáncer en 1999, con solo 57 años. Pero no solo eso. Domingo también se ha encontrado con un muro a la hora de recabar información. Primero, por parte de la Casa Real, pese a la amistad que durante años tuvieron Carmen y la reina Sofía (e incluso con Juan Carlos) desde antes de ser ellos reyes.

placeholder Carmen, la más pequeña, junto a su madre, Sonsoles de Icaza, y sus (medio) hermanos. Lo que era una familia bien de Madrid (cortesía de la familia)
Carmen, la más pequeña, junto a su madre, Sonsoles de Icaza, y sus (medio) hermanos. Lo que era una familia bien de Madrid (cortesía de la familia)

“En Casa Real no me han querido contestar, que es una cosa que yo encuentro que es un poquito una barbaridad, porque son funcionarios del Estado. Me dijeron que si te contestáramos a ti tendríamos que contestarles a todos. Obviamente, es que me tendríais que contestar a mí y contestar a todos los profesionales que se dirigen a vosotros, y no profesionales, porque esto es una monarquía parlamentaria”, se queja la autora, que añade: “Yo lo que quería era mandar tres preguntas concretas al rey emérito, al hijo, o sea, a nuestro rey, y a Sofía. Podían tener bastante información de ella”.

"En Casa Real no me han querido contestar, que es una cosa que yo encuentro que es un poquito una barbaridad, porque son funcionarios"

Tampoco sacó nada en claro de la Moncloa, donde pidió archivos y papeles de la época de Suárez y “no había ni una agenda, ni una libreta de notas. Yo personalmente creo que [Suárez] no hacía nada de eso. Él estaba ahí como de business manager, pero aunque él no tuviera nada personal, es que no había ni un papel de Carmen Díaz de Rivera… pues no sé, qué quieres que te diga… “, se pregunta con suspicacia. La familia del expresidente tampoco ayudó con la documentación. Ni siquiera la contestaron.

Sí la respondieron desde la familia de Ramón Serrano Súñer, el padre biológico de Carmen y padre también de Ramón ‘Rolo’ Serrano Polo, el hermano con el que estuvo a punto de casarse. Todo ello además de mano derecha de Franco en la guerra y la posguerra. Pero la respuesta fue también bastante frustrante: “Me dijeron que no sabían dónde estaban sus papeles, que estaban en unas carpetas y que cuando vendieron una finca, estaban allí y las tiraron…A ver, es que tú destruyes parte de la historia de nuestro país, de la época que sea, y eso tendría que ser un delito. Porque los historiadores tienen derecho, y ya digo historiadores, o yo, como escritora, tendríamos que tener el derecho a acceder a esos papeles”, se lamenta.

"La familia de Serrano Súñer me dijo que no sabían dónde estaban sus papeles, que cuando vendieron una finca, estaban allí y los tiraron"

Domingo cree que todo esto es más bien obedece a “una desaparición contemporánea, y eso sí es sorprendente porque en su época sí se la puso en valor. Tú lees cosas de Santiago Carrillo y la ponía en valor. Creo que es algo que ha venido después. De las primeras mujeres que oímos hablar llegan a partir de Felipe González, pero el mismo Felipe González tiene que ser consciente del papel que jugó Carmen. También Alfonso Guerra en sus memorias la menciona mucho”.

Un mundo masculino y difícil

El trabajo de la biografía se ha basado en gran parte en conversaciones que la autora ha tenido con personas que sí la conocieron. Su familia, como Íñigo Méndez de Vigo, que fue ministro de Educación y Cultura con el PP, también ha aportado mucho y no le pusieron ningún problema. También grandes amigas como Rosa Conde, la que fuera portavoz del Gobierno socialista en los ochenta. Hay una larga lista de agradecimientos. Todos ellos le hablaron de una mujer que “tenía un carácter muy especial. Debía ser una persona poco flexible frente a la falta de cultura del de enfrente, la falta de trabajo del de enfrente, o la falta de capacidad de coincidir con ella en algunas discusiones. También de que era una mujer que iba muchas veces por libre”. Y eso le causó algunos problemas. Ahora, señala Domingo, posiblemente le iría incluso peor. “Es que eso de decir que el emperador está desnudo ya es pura fantasía”.

placeholder Carmen Díez de Rivera junto a Adolfo Suárez y Rafael Ansón en 1976. No se ven muchas más mujeres cerca (cortesía de la familia)
Carmen Díez de Rivera junto a Adolfo Suárez y Rafael Ansón en 1976. No se ven muchas más mujeres cerca (cortesía de la familia)

Una mujer que, además, tuvo que enfrentarse a un mundo difícil —la política siempre lo es, antes y ahora— y muy masculino que, abunda la escritora, muchas veces contrarrestó sus méritos. Por ejemplo, Adolfo Suárez nunca la citó en una entrevista ni siquiera con motivo de la legalización del PCE en la que, como cuenta Domingo en este libro, Díez de Rivera tuvo bastante que ver (ahora hasta el propio emérito se ha arrogado esta decisión).

“Es que si se lo das a ella [el mérito], te lo quitas a ti. Y a mí lo del PCE me parece súper relevante, porque sin la legalización del Partido Comunista no hubiera habido una democracia plena. Y no solo eso, sino que el Partido Comunista es obviamente el partido que se inmola en pro de la Transición y de lo que luego será la democracia española y la prueba está en el resultado electoral que saca después. Yo quiero poner en valor que lo hizo ella y que en el contexto de ese momento eso se sabía”, sostiene Domingo, quien además cuenta cómo fue Díez de Rivera la que abrió el camino internacional de Suárez y le puso en contacto con embajadores y otros líderes. “Imagínate que llegas a un sitio en el que tú eres la única que hablas tres idiomas, que además conoces a mucha gente, que además tienes acceso a muchos de los capitostes en ese momento del poder y que el otro señor llega de Segovia, o sea, llega de su pueblo y que le enseñaron hasta cómo coger los cubiertos en una cena de gala”.

"Yo quiero poner en valor que lo hizo ella [la legalización del PCE] y que en el contexto de ese momento eso se sabía"

Domingo insiste bastante en la biografía en la visión política que llegó a tener Carmen. Con la legalización del PCE, con el feminismo o después con el ecologismo siendo una de las pioneras —“pero si ni en el PSOE sabían entonces qué era eso de lo verde”— de un tipo de política que hoy está en la agenda de todo el mundo. “Para mí es un mérito indiscutible. Hay muy poca gente que tenga visión política de futuro, esa que te dice, ahora no lo vais a entender, pero en 10 años es lo que va a suceder. Y eso es lo que le pasó con el PCE, con el feminismo y con la ecología”.

Rupturas y soledades

No es posible hoy preguntarle a Díez de Rivera si fue la política, el demérito o el cansancio de que todo costara tanto lo que le acabó abocando a esa soledad de la que habla el título de la biografía. O quizá fue su propia forma de estar en el mundo. Nunca se llegó a casar y al parecer no se rodeaba de muchas personas más allá de sus íntimos. Era también, como abunda el libro, una personalidad compleja que rompió con la ideología y posición familiar —lo cual tampoco es nunca fácil—; del nacionalcatolicismo pasó al agnosticismo —tras un viaje a África donde vivió tres años que le cambiaron la vida— y luego a una religión católica cercana “a la que practicaban los curas rojos” como el padre Llanos, de quien se hizo muy amiga.

En política de la UCD de Suárez y después el CDS se pasaría al PSOE, partido con el que fue europarlamentaria hasta su muerte. Es decir, todo un viaje ideológico hacia el progresismo, si bien, como sostiene Domingo, no hacia la izquierda identitaria actual. “Lo de Carmen ahora sería un poquito rojipardismo, ese que no estamos sabiendo dónde catalogar y que no tiene ni siquiera una salida política. Sería una izquierda que tampoco sabemos encuadrarla ahora en ningún sitio”.

placeholder Carmen Díez de Rivera junto a Felipe González en enero de 1996 (cortesía de la familia)
Carmen Díez de Rivera junto a Felipe González en enero de 1996 (cortesía de la familia)

Pero sí abrazaría los postulados feministas. “Se describiría como feminista radical”, apunta Domingo, aunque tampoco del feminismo identitario. Y, por supuesto, sería una defensora inquebrantable del ecologismo y la sostenibilidad. “Eso le vino de su cercanía con los alemanes [en los 90 triunfaron muchísimo Los Verdes de Joschka Fischer]. Fue una pionera total. Tenía una casa en Almería que vendió por eso, porque tenía cerca una fábrica y como no la iban a quitar, dijo, me voy, que paso de contaminarme”. Y es muy probable que siguiera siendo europeísta. Precisamente, apostilla Domingo, ella se fue al parlamento europeo porque “confía plenamente en lo que va a suponer Europa en los siguientes años. Europa era el futuro. Y además, estaba cansada de la política española. Había invertido mucho esfuerzo y mucho tiempo y en realidad no se vio recompensada como ella, a mi juicio, debería haber sido recompensada”.

Moriría un 29 de noviembre de 1999 en el Hospital de San Rafael a los 57 años. La acompañaron pocas personas. También en la despedida final. “No tuvo más remedio que irse en silencio. Tenía pocas amigas, poca proyección y hubiera merecido otra cosa sin duda ninguna. Yo creo que fue un final bastante triste, no solo a ojos vistas, sino para ella también. Había estado mendigando que alguien le escribiera las memorias, cuando ya no era el momento, y esa falta de reconocimiento… a mi juicio fue algo que a ella le acabó doliendo”, resume la autora.

"Tenía pocas amigas, poca proyección y hubiera merecido otra cosa sin duda ninguna. Yo creo que fue un final bastante triste"

Este libro, por tanto, pretende recuperarla a ella y a la Transición —“cuando se habla de ella todavía hay mucha ignorancia, pero fue un ejercicio de arquitectura dificilísima que acabó de la mejor de las maneras”, afirma Domingo— y que se lea con naturalidad porque “es un libro escrito para que lo lea quien no está acostumbrado a leer el ensayo”. Desde luego, es una vida apasionante. Más allá de la de una simple rubia de ojos azules.

No fue solo una mujer rubia de ojos azules con belleza insultante. No fue tampoco únicamente la hija de una familia aristocrática, nacionalcatólica y cercana al régimen franquista que acabaría militando en el socialismo y el ecologismo. Ni la que se enamoró de su medio hermano (sin saberlo). Ni la musa de nada ni de nadie. Carmen Díez de Rivera —”una figura maltratada, poco valorada, poco considerada y ninguneada definitivamente”— fue, sin más preámbulos y adjetivos, la persona “a la que casi le debemos la Transición y el país democrático que tenemos ahora”. Ahí es nada. Todo esto (más los adjetivos) lo dice la filóloga Carmen Domingo que publica ahora La soledad fue el precio. Vida de Carmen Díez de Rivera (Tusquets), con el que ha ganado el premio Comillas de Biografía 2026.

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