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No somos conscientes del mundo que viene
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'VIAJE A UN NUEVO MUNDO'

No somos conscientes del mundo que viene

¿Tienen los libros de ensayo algo que aportar en un escenario veloz y en una época dominada por redes, vídeo y pódcasts? ¿Tiene la reflexión escrita algún valor? Creemos que sí, y más que nunca

Foto: Una pancarta de apoyo al presidente de EEUU, Donald  Trump. (Reuters/Dylan Martinez)
Una pancarta de apoyo al presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Dylan Martinez)

"Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y que no volverá". Las palabras de Von der Leyen resuenan todavía. Hace apenas un año, J.D. Vance visitó Múnich, y las voces europeas levantaron agriamente la voz contra una intromisión intolerable. Trump afirmó que quería Groenlandia y Europa afirmó que no cedería de ninguna manera ante las pretensiones de Washington. Muy poco después, mandatarios tan relevantes como la presidenta de la Comisión Europea, Merz o Macron se han alineado con las posiciones estadounidenses de forma inequívoca.

Al mismo tiempo, Trump ha declarado que la guerra está casi terminada, mientras que miembros de su administración, como Pete Hegseth, afirman que EEUU solo está empezando. El nuevo gobierno iraní insiste en que continuarán combatiendo. Hay riesgo de crisis económica por los precios del petróleo y por las disrupciones en las cadenas de abastecimiento. Demasiadas cosas a la vez, y todas en la misma semana.

Es difícil dar sentido a tantos y tan veloces acontecimientos. Esta sobrecarga, que se produce en un momento de cambio de sistema y con el horizonte de guerras que amenazan incendiar el mundo, nos desorienta profundamente. A menudo, provoca que las interpretaciones tengan lugar desde lo anímico y desde la toma de partido más que desde lo reflexivo. Y, con demasiada frecuencia, desde la personalización: tal actor es nefasto, tal otro un peligro, etc.

Lo que ocurre tiene un sentido. No se produce en el vacío: está instigado por intereses, choques de poder, ideologías y valores morales

Sin embargo, lo que ocurre tiene un sentido. No se produce en el vacío: está generado por intereses, visiones del mundo, choques de poder y valores morales. Nuestra esfera intelectual y mediática parece haber renunciado a intentar encontrar la línea de puntos que recorre los hechos y prefiere abordarlos como un simple asunto moral.

Las luces largas

Esa convicción en que los hechos son explicables, que responden a cambios estructurales y que van más allá de los vaivenes anímicos de sus protagonistas, los grandes líderes mundiales, ha tejido el libro que hoy sale al mercado, Viaje a un nuevo mundo, (Arpa) que he coescrito con Enric Juliana, adjunto al director de La Vanguardia. Es nuestro intento de arrojar algo de sentido a una época vertiginosa.

En un momento en el que el tiempo es un bien preciado, el reposo que exige un libro de ensayo parece un peaje inconveniente

También es fruto de una intención militante (y hablo por mí, aunque estoy seguro de que Juliana coincide conmigo), la que considera al libro de ensayo como un instrumento especialmente necesario en estos tiempos. No lo parece: mucha gente se cuestiona su utilidad, y con cierta razón. Las ideas se transmiten hoy a través de vídeos pensados para Instagram o TikTok, corren veloces a través de las redes o se comunican a través de aplicaciones de mensajería. La palabra escrita, en general, parece perder importancia frente a las técnicas visuales o a la transmisión hablada. Y no solo por la preeminencia de la inmediatez, sino porque quienes quieren información más extensa también cuentan con un buen número de pódcasts que transmiten ideas, análisis y visiones del mundo; y algunos de ellos con mucha solidez. Incluso hay pódcasts que resumen los libros. En un momento en el que el tiempo es un bien preciado, el reposo y la mirada larga que exige un libro de ensayo parecen un peaje inconveniente.

placeholder 'Viaje a un Nuevo Mundo'.
'Viaje a un Nuevo Mundo'.

Por si fuera poco, el libro que trata de incidir sobre el presente corre el riesgo de quedar desactualizado con rapidez. Demasiada agitación como para poder seguir todas las pistas y diseccionar todas sus variables. Esa certeza también obligaba, en la época de redacción del libro, a enfocar las reflexiones con mirada larga. El texto parte de unas conversaciones que tuvieron lugar a finales del año pasado y que fueron afinadas a principios de 2026. Dos meses, los que tarda el libro en salir a la venta, son todo un mundo, de modo que el texto solo tendría validez si nos separábamos de la actualidad más inmediata e intentábamos reparar en las líneas de fondo, en las conexiones y en los temas que, desde nuestra perspectiva, están dando forma a este tiempo.

Pero, una vez más, no se trata solo de la oportunidad, sino de la convicción. Gran parte de la debilidad intelectual contemporánea de Europa parte de esa negativa a conectar las luces largas y a tomar en cuenta las constantes, las ideologías y las conexiones a partir de las cuales se están reconstruyendo las relaciones internacionales, la economía y la política de nuestra época. No entrar en esas cuestiones estructurales, o definirlas en términos gruesos, ha ayudado mucho a que el continente haya vivido durante años en un preocupante aislamiento. Esa evasión de la realidad, ese cómodo jardín, se ha cultivado mucho en las instituciones del pensamiento. Los economistas fueron los intelectuales de las décadas precedentes: eran los primeros animadores de los debates públicos y la fuente de referencia autorizada a la que se acudía. Ahora, cada vez se recurre más a la historia. Sin embargo, ambas cosas suelen hacerse desde una perspectiva inmovilista: siempre se encontrará alguna estadística o alguna analogía histórica para ratificar lo que ya se piensa, que básicamente consiste en alertar sobre la extrema derecha o en atacar a Pedro Sánchez; o a Trump o a los progresistas. Las alusiones al fin de la República de Weimar se han convertido en un lugar común: sabemos explicar muy bien qué pasó hace un siglo y mucho menos lo que ocurre ahora. Este tiempo contiene mucho más que peleas partidistas y choques morales, y sería bueno comenzar a desentrañarlo, no solo para entenderlo, sino para encontrar los mejores caminos de salida.

La importancia de lo humano

Este es un momento crítico, dicho sin alarmas, pero desde la inquietud. Los libros son importantes en los tiempos inquietos, tienen un papel fundamental que jugar en ellos. Y más ahora, cuando no somos todavía conscientes de hasta qué punto está desapareciendo de escena lo humano. Ocurre con el factor disruptor por excelencia, la inteligencia artificial, que se está desarrollando desde la certeza absoluta de que las máquinas lo harán mejor que las personas: sin errores, sin interrupciones, construirán un mundo cristalino y mecánico gracias a la acumulación y tratamiento de datos. En ese escenario de estadísticas y probabilidades, se aparta de un manotazo todo lo que da forma a la vida cotidiana, pero también a la vida social, política y economía incluidas. Nuestra existencia se construye con las imperfecciones, las ambigüedades y las inconsistencias de las personas, pero también con su genialidad, sus intuiciones poderosas, su inventiva y su capacidad de empatía, lealtad y sacrificio. La pregunta sobre qué tipo de mundo se está edificando cuando elementos tan obvios desaparecen de la ecuación es más pertinente que nunca.

Las nuevas posibilidades generan fantasías de omnipotencia que confunden poder con razón

La misma naturaleza de las guerras presentes señala ese desdén por lo humano. Las capacidades actuales permiten rastrear objetivos y atentar contra ellos; identificar infraestructuras críticas, instalaciones militares y centros de poder y golpearlos a distancia. Muestra la vida desde las alturas, aséptica, hecha de datos e imágenes, como el mundo visto desde la noria de El tercer hombre. Genera fantasías de omnipotencia que tienden a confundir poder con razón. La vida es otra cosa y demuestra que, como nos ha recordado este inicio de siglo, la conquista no es lo mismo que la estabilidad. El poder es un instrumento, pero no puede aplicarse a todos durante todo el tiempo.

Una de las más preocupantes renuncias actuales a lo humano es la descripción la vida en términos ontológicos, como una lucha entre el bien y el mal absolutos. Hace 60 años, un senador estadounidense alertaba, durante la Guerra Fría, de que los estadounidenses estaban “inquietantemente predispuestos a considerar cualquier conflicto como un choque entre el bien y el mal, en lugar de simplemente como un choque entre intereses contrapuestos”. Hemos regresado a esos términos. El ser humano suele moverse en un polo y otro; hay muy pocos ángeles y muy pocos diablos. Considerar a quienes tienen otros intereses u otras visiones como representantes del mal lleva a que la vida se convierta en un enfrentamiento permanente y cruel. Ocurre con demasiado frecuencia hoy, en las guerras, en la política y en la economía.

Frente a estas pulsiones, el libro, es decir, la palabra, la reflexión y el deseo de comprender, conectan con nuestra naturaleza. El libro es una tecnología, la más afinada para este propósito, que se puede utilizar de muchas maneras, también de formas torcidas, pero resulta cada vez más necesario. No podemos renunciar a él. Viaje a un Nuevo Mundo y su trayecto por la geopolítica, la política nacional, las ideologías y las creencias que mueven la época, se inscribe en esa convicción. Es nuestro intento racional, más o menos logrado, el lector dirá, de comprender lo que nos ocurre. Hay muchas otras personas que siguen creyendo en los libros e intentando aportar algo de luz y conocimiento. Somos hoy minoría. Como casi siempre en la historia. No importa.

"Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y que no volverá". Las palabras de Von der Leyen resuenan todavía. Hace apenas un año, J.D. Vance visitó Múnich, y las voces europeas levantaron agriamente la voz contra una intromisión intolerable. Trump afirmó que quería Groenlandia y Europa afirmó que no cedería de ninguna manera ante las pretensiones de Washington. Muy poco después, mandatarios tan relevantes como la presidenta de la Comisión Europea, Merz o Macron se han alineado con las posiciones estadounidenses de forma inequívoca.

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