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Manuel Vicent: "Con 90 años me siento observado como un animal extraño"
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El documental de su vida

Manuel Vicent: "Con 90 años me siento observado como un animal extraño"

Celebra las nueve décadas de vida con el estreno de un documental dirigido por David Trueba y Luis Alegre

Foto: Manuel Vicent en el Festival de Málaga. (A.R.)
Manuel Vicent en el Festival de Málaga. (A.R.)

La cantante Ana Belén, sentada en el centro de la fila 8, entona el feliz cumpleaños. Y el protagonista, saludando con las manos abiertas y el puño cerrado, Manuel Vicent, que cumple justo hoy 90 años, exalta con rotundidad al público del Auditorio Christine Ruiz Picasso: "¡Ya os llegará, ya os llegará!". El documental de su vida, una conversación de 80 minutos cuyo rodaje de nueve horas repartidas en un fin de semana, se llama Mañana seré feliz. Lo dirigen David Trueba y Luis Alegre y se acaba de estrenar en el Festival de Málaga.

"Me he sentido como el cuadro de Rembrandt El buey desollado, con todas las vísceras fuera". Vicent se sienta en la fila 9 acompañado de su hija, no le gusta verse, pero esta tarde no tiene más remedio. "Aquí no he tenido más remedio". Y luego sale al escenario del auditorio para intentar que no se note "a este tímido hospitalario". "En el hospital preguntarían por qué traen a este señor. Dirían que tengo la timidez como enfermedad".

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Trueba y Alegre han aplicado una similar propuesta cinematográfica a la de La silla de Fernando (2006). No se atreven a decir que es un documental. Lo llaman conversación, que lo es, pero tiene una factura, calidad técnica y atractivo de archivo de imágenes de otras películas que la convierten en una cinta a tener muy en cuenta. Un legado de lo que es Vicent, el articulista que evoca el Mediterráneo, que abomina de la nostalgia, pero que construye melancolías en sus edificios narrativos.

"Muy lúcido y socarrón"

"Siempre pienso que me moriré, por supuesto. Para mí el cielo será encontrar la bicicleta que tenía de chaval cuando iba al mar. Antes yo era un tío de 18 años, como todo el mundo", dice Vicent, el hombre que no ha parado de escribir de sí mismo en los artículos y en sus novelas.

Alegre quería reflejar al periodista como alguien "muy lúcido y socarrón". "Manuel Vicent es una fascinación, una persona con un cerebro único, singular. Su manera de contar la vida era tan deslumbrante… desde el primer momento se mostró muy cómplice con la película. Y ha sido una delicia rodar con él. Su gracia y su encanto están aquí". Arturo Valls, uno de los productores de la cinta, observa a Vicent en un feliz diálogo de combinar "la reflexión más brillante y hablar de lo más mundano". "Se refleja aquí su carácter hedonista".

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Trueba celebra la "suerte" de haber tenido "muchas sobremesas" con Manuel Vicent y que no quería apropiarse de todo lo que le ofrecía —la sabiduría de este mago "de las teorías" que hasta puede sorprender a Pep Guardiola—el autor de Tranvía a la Malvarrosa. "Esto no me lo quedo yo: eso es lo que hacen los millonarios", bromeó el cineasta madrileño, que en su etapa de estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense llevaba en su cartera dos columnas en papel del novelista de Son de Mar.

—¿Usted ya no escribe, verdad? — le preguntan a Vicent.

—Sí, sigo escribiendo en El País.

— Ah, como ya no compro El País.

Pero Vicent sigue publicando dos artículos a la semana: los sábados y los domingos. Y su artículo dominical es una homilía laica imprescindible para los amantes del gusto literario, de la medida perfecta de una columna que es memoria de antes y de ahora, porque no renuncia a la actualidad y lo hace desde una mirada propia.

Una madre que no le dio un beso, un padre que era una mirada severa, autoritaria. El hombre que desde niño intentaba evitar a la autoridad

"Intento ver las cosas desde otros puntos de vista, lo que más me gusta de una columna es empezar y hablar de cualquier cosa anodina y al final dar un giro al espejo, de modo sorprendente. Que la realidad sea como tú la veas", detalla Vicent, tras destacar: "Tú eres lo que la gente cree que eres".

Una madre que no le dio un beso, un padre que era una mirada severa, autoritaria. El hombre que desde niño intentaba evitar a la autoridad. Un cúmulo de autosatisfacciones mezcladas con goles y adolescencia. Y el rechazo a las frases hechas, a lo evidente, como en la columna ‘Lo que no hay que decir’, del 27 de octubre de 2024, y con cuyo texto arranca el documental.

Mañana seré feliz funciona como una antología sincopada de Vicent, satisfecho con el resultado, aunque en algunos fragmentos diga: "Tenía que haber dicho esto o lo otro". Y otra vez las sobremesas, que se alarguen y se conviertan en una obra de arte. Es fiel a la máxima de "no buscar la comida, sino el comensal" porque la digestión "funciona bien con carcajadas, no con comidas de trabajo, de uno que está pensando en joderte y quitarte el dinero".

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Vicent vuelve a su padre, a esa mirada inquisitorial. Cómo la mentira se utiliza en legítima defensa o para agradar. "Luego notas que la mentira forma a tu alrededor una especie de muralla que te defiende y falseas la realidad y mientes. Desde la primera mentira se forma una especie de castillo imaginario. Y mentir al confesar, que era una mentira maravillosa".

El periodista recuerda una Málaga de los años cincuenta, ya casi rondando los sesenta, cuando hacía el servicio militar en Montejaque (Ronda). Alquilaba un taxi entre cuatro para ir a Málaga y veían a niñas que vendían biznagas. Este martes recibió la biznaga de honor del festival. "El jazmín, la dama de noche, las noches perfumadas del Mediterráneo…", rememoró Vicent antes de considerar que si Gil Robles e Indalecio Prieto hubieran hablado alguna vez en el Congreso de los Diputados, al menos un café, quizá se hubiera evitado la Guerra Civil. "Ni se saludaron, ni se estrecharon la mano". Por eso cree en las sobremesas y la amistad.

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Y hoy ha perdido a su amigo, su vecino Raúl del Pozo. Le llevó al hospital tres cruasanes de la Pastelería Mallorca. Cuando le vio entrar, le dijo: "C’est fini!". "Se habrá comido medio cruasán. Quizá es lo último que se haya tomado". Durante los meses de confinamiento salían a pasear por el barrio y Vicent le decía: "Nacimos en la Guerra Civil y podemos morir en una pandemia. Nuestra vida podría ser redondeada. Escribía muy bien y era generoso con los jóvenes".

Habla Trueba de cómo la palabra es ahora un "elemento muy desprestigiado". "Siempre he admirado a la gente que sabía muy bien el vínculo de la palabra con la verdad y la tolerancia de quien no piensa como tú". Manuel Vicent es el niño que desde la terraza delantera de su casa veía el jardín de un balneario derruido y en el de detrás observaba media pantalla. Él vio el brazo de Glenn Ford, pero no el bofetón a Rita Hayworth en Gilda. Los diálogos se oían "con perfección absoluta", rememora. Y sabía, sin necesidad de asomarse, si en la película había tiroteos o historias de amor.

"A partir de los 75 no se cumplen años"

¿Cómo se mantienen las ganas de escribir de alguien que oficialmente podría estar jubilado hace un cuarto de siglo? "Depende de cómo vengas de fábrica. A partir de los 75 no se cumplen años. Tienes enfermedad o salud; proyectos o nada en la vida: ilusión o derrotismo. Me siento observado como un animal extraño. ¿Tiene 90?, me preguntan. ¿Qué quiere, que vaya con un bastón?".

Foto: Vanesa Romero directora de 'Sexo a los 70' en una imagen durante el rodaje del cortometraje nominado a los Premios Goya. (Cortesía)

Y Manuel Vicent, el hombre que va todos los sábados a ver películas en pantalla grande, acompañado de tres amigas viudas, que quería ser director de cine, se escucha e intenta tener ese swing, como él le llama a esa especie de aura de las personas que marcan. "Cuando te sientas a ver una película, compras ingenuidad, eres un niño. Por eso es tan difícil ver una película perfecta".

El periodista observa la vida y sale a la Plaza de la Higuera. Son 90 años. Sí, los tiene y los disfruta. Hoy incluso es feliz.

La cantante Ana Belén, sentada en el centro de la fila 8, entona el feliz cumpleaños. Y el protagonista, saludando con las manos abiertas y el puño cerrado, Manuel Vicent, que cumple justo hoy 90 años, exalta con rotundidad al público del Auditorio Christine Ruiz Picasso: "¡Ya os llegará, ya os llegará!". El documental de su vida, una conversación de 80 minutos cuyo rodaje de nueve horas repartidas en un fin de semana, se llama Mañana seré feliz. Lo dirigen David Trueba y Luis Alegre y se acaba de estrenar en el Festival de Málaga.

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