Juan Manuel de Prada: "En España un escritor que no sea progre nunca tendrá un éxito pleno"
Se reedita 'Me hallará la muerte', la novela que puso fin a los cuatro años de pertinaz sequía creativa que sufrió el escritor entre 2008 y 2012 y que tiene como protagonista a un impostor
Cuatro años de pertinaz y abrasadora sequía creativa. Ese es el infierno por el que transitó entre 2008 y 2012 Juan Manuel de Prada, quien llegó incluso a pensar que jamás volvería a ser capaz de escribir una novela. Afortunadamente no fue así. Conoció a María Cárcaba, hoy su mujer, y ella le ayudó a recomponer su vida y a salir de ese agujero yermo de parálisis creativa. Prada volvió a escribir, con fuerzas renovadas, y en tan solo un par de meses de escritura frenética alumbró Me hallará la muerte, una ambiciosa novela repleta de intrigas, personajes y referencias históricas sobre un pícaro maleante que, huyendo de la justicia, se alista en la División Azul y tras pasar por numerosas penalidades en Rusia acaba convertido en un impostor. "Es mi novela más querida", afirma Prada.
Ese libro vuelve ahora a ver la luz, en una nueva edición de la mano de Espasa. Y ofrece una buena excusa para charlar con Juan Manuel de Prada, quien a sus 55 años y gracias a su inmenso talento atesora una trayectoria sólida y dilatada de la que muy pocos escritores de su generación pueden presumir. La prueba es que ha escrito novelas, relatos, ensayos (de cine, de política, de literatura) y gran cantidad de artículos periodísticos y ha obtenido reconocimientos como el Premio Nacional de Narrativa (en 2004 por La vida invisible), el Planeta (en 1997 por La tempestad) y el Premio Primavera, por citar solo algunos. Su último libro Mil ojos esconde la noche, es una sensacional y descomunal novela de más de 1.500 páginas dividida en dos libros que recupera a Fernando Navales, el inolvidable protagonista de Las máscaras del héroe.
PREGUNTA. Se acaba de reeditar su novela ‘Me hallará la muerte', publicada originalmente en 2012. ¿Cómo hemos cambiado en los 13 años que han transcurrido desde entonces?
RESPUESTA. 'Me hallará la muerte' se publicó en el momento quizás peor de la crisis económica, en el momento en el que más afectaba a la venta de libros. Hoy es verdad que la venta de libros se ha recuperado, se venden muchos más libros que en aquel momento. Sin embargo, sería interesante saber las cifras de ventas de la literatura de cierta calidad entonces y hoy, algo que nunca te dicen. Los libros ahora se venden más, pero a costa de que alberguen cosas cada vez más apestosas. Creo honestamente que la literatura de cierta calidad cada vez se vende menos. Independientemente de eso, creo que en estos años han caído muchas cosas: ha caído la capacidad prescriptiva que tenía la prensa, que ya entonces empezaba a vislumbrarse pero hoy es mucho más evidente. Y también ha desaparecido la sociedad literaria, no hay personas interesadas en la literatura y que a su vez tengan un ascendente social. Hoy en día no existe la posibilidad, me parece a mí, de que un libro bueno se imponga y la gente lo lea. Los libros que se leen mucho es por razones sociológicas, no por razones literarias. Hay una serie de procesos que indican que la literatura, al menos tal y como yo la entiendo, es un fenómeno minoritario. Y va a ser cada vez más minoritario a medida que pase el tiempo. Tal vez nunca se extinguirá, pero tenderá a ser cada vez más marginal. Si miras lo que hace 30 años se consideraban grandes escritores y lo que se considera ahora, notarás que aquellos de hace 30 años eran grandes escritores por sus virtudes literarias, que podían ser más o menos discutibles, pero en líneas generales existía una conciencia de que esos autores, más allá de que vendieran mucho o poco, eran grandes escritores. Hoy en día los llamados grandes escritores, fundamentalmente son escritores que venden mucho. Y que venden mucho por razones, como te digo, sociológicas.
P. ¿Entra David Uclés en esa categoría? Se lo pregunto porque Uclés es el último gran fenómeno editorial español, desde tiempos quizás de Aramburu y ' Patria' no se veía un libro que suscitara ese nivel de ventas tan abrumador.
R. Creo que ambos libros, y otros libros que en los últimos tiempos han tenido mucho éxito, lo tienen por razones fundamentalmente sociológicas. Y Uclés, sin duda, entra en esa categoría. Se trata de libros que en un determinado momento generan en torno a ellos una conversación, pero creo que eso no tiene demasiado que ver con la literatura. Quizá lo más llamativo es que mientras Aramburu generó con su libro una conversación que de alguna manera abarcaba a todos los españoles, el de Uclés, de forma disimulada en su escritura y de manera rotunda y militante a través de las palabras su autor, es un libro que excluye a la mitad de los españoles. A mí quizás lo que me resulta más interesante, desde el punto de vista sociológico, es como hoy en día el servirte del enfrentamiento entre españoles, utilizar comercialmente los antagonismos que están presentes en la sociedad, pueda ser un trampolín para vender libros. Esto es llamativo y algo que en otras épocas no habría ocurrido.
P. Si se azuza la polarización por motivos políticos, para ganar elecciones, cómo no se va a utilizar para vender libros…
R. Pero es que precisamente los libros van dirigidos a personas no sectarias, van dirigidos a personas que se mueven por los intereses estéticos, intelectuales, etc. Cuando la literatura se contamina de ese clima social en donde el antagonismo y el sectarismo actúan como levadura del éxito, estamos ante una transformación muy seria y horrenda. Es verdad que el sectarismo se impuso de forma paulatina a partir de los años 80, pero yo creo que ahora es algo impresionante. Hoy en día la gente lee por sus inclinaciones ideológicas, y eso es monstruoso. Estamos creando una sociedad de gente enferma.
"La literatura, al menos tal y como yo la entiendo, es un fenómeno minoritario. Tal vez nunca se extinguirá, pero será cada vez más marginal"
P. ¿Leemos para reafirmarnos en nuestras posiciones ideológicas?
R. Sí, y eso además nos está llevando a algo de lo que tampoco se habla: a un divorcio muy llamativo en las lecturas de los españoles. Los ensayos, los libros de historia, etc., se venden muchísimo más entre la gente de derechas, mientras que la literatura de cierto nivel se vende entre la gente de izquierdas. Es decir, a la gente de derechas cada vez le interesa menos la literatura de creación, repito, la literatura de creación de cierto nivel, y a la gente de izquierdas le interesa cada vez menos el ensayo, la historia, etc. Esto es llamativo, pero está ocurriendo.
P. ¿Y por qué ocurre? ¿A qué lo atribuye?
R. Creo que la gente ya no siente un amor puro y desinteresado por la belleza en sus múltiples expresiones, sino que solamente le interesa un libro o una película o cualquier obra de arte por una utilidad que en gran medida es ideológica. Cada vez hay menos gente que acuda a un libro por ese puro interés en tener una experiencia de índole estética o intelectual. Creo que ese es un fenómeno que está gangrenando en general a toda la sociedad.
"Cada vez menos gente acude a un libro por motivos estéticos o intelectuales, cuando les interesa un libro es por motivos ideológicos"
P. Se suele culpar también a los móviles y a los dispositivos electrónicos de que se lea menos ahora que hace unos años ¿Lo comparte?
R. Sin duda afectan mucho a la concentración y a la capacidad para leer cosas que requieran un mínimo esfuerzo. Y eso tiene mucho que ver con lo que decía antes. Los escritores que hoy en día tienen más éxito son escritores que proponen una literatura de entretenimiento, una literatura que engancha. Pero la realidad es que la literatura, desde el comienzo de los tiempos hasta hace nada, no se caracterizaba por enganchar. La literatura te dilucidaba el mundo, te permitía conocerte a ti mismo, pero no creo que ‘ En busca del tiempo perdido’ sea literatura que enganche, como tampoco lo son las confesiones de San Agustín. Esa es una literatura que nos interpela, que nos exige poner mucho de nuestra parte. Hoy se ofrece a los lectores puro entretenimiento, novelas trepidantes, thrillers llenos de intriga, etcétera, etcétera, y eso es absurdo porque eso Netflix lo ofrece también y reclamando menos esfuerzo. Si la literatura toma ese camino, si la edición toma ese camino, yo creo que lo único que hará será acelerar su muerte.
P. ¿Y qué responsabilidad cree que tienen en todo eso los editores?
R. Los editores, en su afán por tener una cuenta de resultados saneada, publican cualquier cosa que venda. ¿Y qué es lo que vende? Pues fundamentalmente que el autor sea famoso, aunque sea por cosas que nada tienen que ver con la literatura. Estamos viendo cómo una y otra vez los grandes premios literarios en España se están dando a presentadores de televisión. Esto es algo demente, completamente demente.
"Hoy se ofrece a los lectores puro entretenimiento, novelas trepidantes, eso es absurdo porque Netflix lo ofrece también"
P. En el posfacio de ‘Me hallará la muerte’ usted revela que su anterior editor le acusaba de hacer literatura española, de ser un escritor demasiado español…
R. Un escritor demasiado español, sí. Eso me lo dijo, y ese mismo día decidí que tenía que cambiar de editor. Y a mí ese comentario me pareció demencial, pero tal vez realista, en el sentido de que hoy en día hay muy pocos escritores en España que hagan literatura española, que sean conocedores de la tradición española e hispánica y se integren en ella con naturalidad, que la consideren la columna vertebral de su proyecto literario y estético. Cada vez hay más escritores españoles cuyos referentes forman parte de otras tradiciones. Y, en este sentido, a lo mejor a ese editor le resultaba incómodo un escritor que se adscribe a la tradición española.
P. 'Me hallará la muerte', también lo cuenta en el posfacio, es una novela que surge después de una prolongada sequía en la que usted llegó incluso a pensar que no sería capaz de volver a escribir. ¿Fue víctima de su propio éxito?
R. No. Fui víctima, como lo somos todos, de nuestras decisiones erróneas y de nuestros pasos en falso en la vida. Todos tenemos fracasos, todos cometemos errores, y yo tuve a nivel personal un drama que me impidió escribir durante mucho tiempo. Primero porque me quedé muy tocado y muy herido, y luego porque entras en un bucle autodestructivo. En mi caso ese bucle no fue tomar drogas y alcohol, sino apartarme de mi vocación y empezar a frecuentar los platós televisivos, las tertulias de radio y televisión, etcétera. Yo creo que de alguna manera lo hacía por una pulsión autodestructiva, porque es lo contrario de mi vocación. Yo tengo una vocación literaria muy fuerte, y cuando esa vocación me faltó o se me fue agotando, en vez de quedarme tranquilo y tratando de recuperar las ganas de escribir, entré en esa deriva.
P. Afortunadamente logró salir de esa espiral…
R. Sí, esta es una novela que está muy ligada, lo digo también en las últimas páginas del libro, a mi recuperación espiritual a raíz de conocer a la que hoy en día es mi mujer. Esta es una novela muy ligada, además, a ese momento especial del noviazgo y de alguna manera es un homenaje a muchas cosas que a los dos nos gustan.
Cubierta de la nueva edición de 'Me hallará la muerte', de Juan Manuel de Prada.
P. Expósito, el protagonista de 'Me hallará la muerte', es un impostor.
R. Sí, es un impostor, un truhan al que las circunstancias de la vida le obligan a romper con su pasado y que, para huir de las cuentas pendientes que tiene en Madrid, se alista en la División Azul, combate en Rusia y participa en la batalla de Krasny Bor en febrero de 1943. Es muy posible que ese día en que tuvo lugar la batalla de Krasny Bor fuera la jornada en la que más españoles hayan muerto nunca en la historia de España. Evidentemente ha habido batallas más feroces, por ejemplo la Batalla del Ebro durante la Guerra Civil. Pero la batalla de Krasny Bor, en la que para tratar de romper el cerco de Leningrado los rusos lanzan un ataque con toda su artillería pesada, fue una escabechina tremenda. Se estima que entre muertos, heridos y desaparecidos las bajas ese día pudieron ascender a más de 3.600 hombres. Muchos divisionarios fueron hechos prisioneros y se pasaron más de diez años encerrados en el Gulag.
P. Son muy vívidas las descripciones que hay en la novela sobre la situación los españoles en los campos de trabajo rusos. ¿Cómo se documentó?
R. La novela está muy basada en libros de memorias escritos por divisionarios. Hubo muchos divisionarios que escribieron su experiencia en Rusia y son libros muy interesantes porque, más allá de que maquillen ciertas cosas, aprendes mucho de las razones por las que esos jóvenes fueron a Rusia a combatir y de su experiencia allí. Una experiencia bestial, porque las condiciones eran terribles, llegaba por ejemplo a haber temperaturas de 40 grados bajo, y porque para romper el cerco de Leningrado el ejército rojo lanzó una ofensiva con un poderío bélico como nunca se había visto en la historia humana. Es verdad que en la Guerra Civil Española se probaron nuevas armas, pero la Segunda Guerra Mundial supuso un salto bestial en la capacidad mortífera de las armas. En la batalla de Krasny Bor no sólo hubo muchos muertos, sino también heridos y mutilados que acabaron en el gulag, en los campos de prisioneros. Fue terrible, porque además los rusos liberaron antes a los soldados italianos y alemanes que a los españoles. Yo creo que Stalin le tenía especial tirria a Franco, los soldados españoles no fueron liberados hasta que muere Stalin y su estancia en Rusia fue por tanto muy larga allí.
P. La segunda parte ‘Me hallará la muerte’ narra el regreso a Madrid de Antonio Expósito…
R. Sí, y ahí ya pasamos de una novela de hazañas bélicas a una novela de intriga, a una novela negra.
R. En esa segunda parte, se narra también la degradación moral de Expósito…
R. Lleva la impostura hasta el extremo, primero por afán de supervivencia y luego por afán de triunfo, de medrar socialmente
"Nunca hemos vivido en una sociedad tan de la mentira como hoy. La mentira hoy es el líquido amniótico en el que vivimos, es una industria"
P. ¿Hay muchos impostores hoy en España?
R. A un nivel digamos más venial, yo creo que todos de alguna manera somos impostores, todos fingimos algo que no somos. El problema es que en esta sociedad de la imagen en la que vivimos, la imagen se ha convertido en un otro yo, en un yo supletorio a través del cual nos desenvolvemos en sociedad y que realmente es una gran mentira. Creo que en ninguna otra época de la historia la figura del charlatán, del vendedor de humo o del vendedor de crecepelos milagrosos ha tenido tanto auge como hoy en día. Hasta el punto de que existe esto que llaman los coach, que son directores espirituales sin espíritu. Nuestros gobernantes se asesoran a través de personajes que les enseñan cómo engañar y cómo convertirse en impostores. Algún día tendría que estudiarse todo ese ejército de asesores que ha surgido en torno a los políticos y que fundamentalmente son contratados para crear noticias falsas, para que los líderes a los que sirven inventen relatos. Nunca hemos vivido en una sociedad tan de la mentira como hoy. Mentiras siempre ha habido y el culto a la mentira siempre ha existido. Pero hoy la mentira es el líquido amniótico en el que vivimos, es una industria.
P. ¿España tiene solución?
R. Yo creo que tiene que haber una conversión muy profunda y tiene que haber una transformación. Pero sí que tiene solución. Lo que pasa es que tendremos que despojarnos del hombre viejo, renunciar a formas de vida totalmente fundadas en la mentira y recuperar muchas cosas que hemos tirado por la borda porque considerábamos que eran de otra época. Pero, afortunadamente, eso es reversible. Casi todos los errores que comete el ser humano son reversibles.
Juan Manuel de Prada. (Javier Luengo)
P. Dígame uno de los peores errores que a su juicio se han cometido…
R. Yo creo que las reformas educativas que se han hecho son un error, y creo que cada vez más gente lo comparte. El soltar amarras con las humanidades, el trivializar y banalizar los estudios y el facilitar el acceso a los estudios superiores son errores clamorosos. Estamos creando una sociedad de idiotas, de personas que no tienen fundamentos para el conocimiento y en la que los estudios se están convirtiendo en algo banal. Y creo que en ese sentido habrá una vuelta atrás. Frente al espíritu de mi época, que es el optimismo desesperado, yo soy un pesimista esperanzado. Soy pesimista porque creo que el diagnóstico es oscuro, pero los anhelos de los seres humanos son siempre los mismos. Eso no cambia, los que pintaron las paredes de Altamira sentían los mismos deseos y las mismas necesidades que sentimos nosotros. Muchas fantochadas y muchas imposturas con las que vivimos hoy acabaremos rechazándolas. No sé si las rechazaremos nosotros o nuestros hijos, pero las rechazaremos, porque el reinado de la mentira tropieza con la resistencia de la naturaleza humana. Uno puede transigir con las cosas para que no te miren mal, para que no te orillen, para que no te desprestigien, para que no te rechacen… Pero llega un momento en que tu naturaleza se rebela.
"Muchas fantochadas e imposturas con las que vivimos hoy acabaremos rechazándolas. No sé si nosotros o nuestros hijos, pero las rechazaremos"
P. ¿Está trabajando en algún libro ahora?
R. No, ahora estoy en otras cosas. Ahora estoy considerando seriamente doctorarme en Historia. No sé si lo haré, me lo estoy pensando. Hablábamos antes de que vivimos en el líquido amniótico de la mentira y, en estos momentos, estamos elaborando unas construcciones sobre nuestro pasado más reciente, sobre la historia contemporánea, completamente falsas. La historia española de los siglos XIX y XX está montada sobre mentiras.
P. Póngame un ejemplo…
R. Hay muchos. Uno, por ejemplo, son las guerras carlistas. La gente se piensa que los carlistas eran unos tíos superretrógrados de los que nos libramos, pero las guerras carlistas fundamentalmente fueron el pueblo contra las élites. Las élites eran los liberales y el pueblo eran los carlistas. Y las élites lograron, gracias al armamento que tenían, destruir los anhelos del pueblo.
Yo ahora estoy investigando sobre una serie de policías corruptos que hubo en la Generalitat de Cataluña durante la Guerra Civil, personas a las que destituyeron por lo corruptos que eran, por lo mucho que robaban en los pillajes que en los primeros meses de la guerra se llevaron a cabo en Barcelona, y que acabaron destinando a consulados de Francia y trabajando ahí en servicios de información. Hay uno especialmente repugnante, un asesino, ladrón, escoria humana pura y dura, que en el año 40 se va a México, y que cuando llega a México y le preguntan cuál es su oficio el tío se inventa que es químico, y pone entre paréntesis que de productos de belleza. No sé por qué, a lo mejor quería montar una droguería o tenía la representación en ese momento de una marca de cosméticos, porque había pasado en Francia un año. El caso es que ese sujeto que es escoria humana figura en las listas de grandes intelectuales y científicos que perdió España por culpa de Franco y de la guerra civil. Así se hace la historia, y hay mil ejemplos similares. En mi novela ‘Mil ojos esconden la noche’ cuento la realidad de los intelectuales y artistas españoles en París durante la Segunda Guerra Mundial, y la realidad es que todos, comunistas, anarquistas, republicanos, colaboraron en las actividades culturales de Falange. Esas cosas se ocultan, pero yo creo que hay que contarlas porque la única manera de ser libres es conocer la verdad.
"¿Alguien se piensa que en los papeles que pudieran estar clasificados va a decirse la verdad sobre el 23F?"
P. ¿Qué le ha parecido la descalificación de los papeles del 23F?
R. A mí esto me parecen maniobras para entretener a imbéciles. ¿Alguien se piensa que en los papeles que pudieran estar clasificados va a decirse la verdad sobre el 23F? La verdad sobre el 23F estará en los archivos de los servicios secretos americanos, británicos o alemanes, pero no en documentos clasificados en España, donde previamente se habrá hecho una purga y se habrá destruido todo lo que no convenía.
P. 'Me hallará la muerte' es una novela muy cinematográfica. ¿Nunca le han propuesto llevarla a la pantalla?
R. Yo creo que una obra literaria en España, si no cumple con una serie de requisitos ideológicos, no puede triunfar verdaderamente. Tengo un amigo con dotes literarias que hace tiempo que no escribe novelas y que recientemente me comentó que había decidido no volver a escribir ficción porque no le veía ningún sentido, porque considera que en España es imposible triunfar como escritor literario sin la bendición de las instancias progresistas. “Bueno hombre, no es para tanto, yo me defiendo”, le señalé. “Tú te defiendes porque empezaste muy joven, en un momento en el que todavía la gente no te ubicaba, pero en cuanto vieron que no eras progre se dedicaron a machacar tu carrera, a tratar de destruirla. Te salvaste mínimamente porque triunfaste muy joven, pero hoy alguien que no es progre no tiene ninguna posibilidad de triunfar, de ser reconocido seriamente, de que sus novelas sean aplaudidas”, me aseguró él. A mí esto me pareció muy fuerte, una reflexión muy amarga, pero me he dado cuenta de que en el fondo tenía razón. La nuestra es una sociedad desarmada y humillada en la que, si quieres triunfar en determinados ámbitos, tienes que asumir determinados postulados ideológicos. Un escritor que no acate esos paradigmas culturales progresistas puede sobrevivir, pero nunca va a tener un triunfo pleno. Puede tener unos lectores fieles, puede alcanzar cierta relevancia, pero siempre va a ser una relevancia conflictiva, nunca va a tener un aplauso unánime.
Cuatro años de pertinaz y abrasadora sequía creativa. Ese es el infierno por el que transitó entre 2008 y 2012 Juan Manuel de Prada, quien llegó incluso a pensar que jamás volvería a ser capaz de escribir una novela. Afortunadamente no fue así. Conoció a María Cárcaba, hoy su mujer, y ella le ayudó a recomponer su vida y a salir de ese agujero yermo de parálisis creativa. Prada volvió a escribir, con fuerzas renovadas, y en tan solo un par de meses de escritura frenética alumbró Me hallará la muerte, una ambiciosa novela repleta de intrigas, personajes y referencias históricas sobre un pícaro maleante que, huyendo de la justicia, se alista en la División Azul y tras pasar por numerosas penalidades en Rusia acaba convertido en un impostor. "Es mi novela más querida", afirma Prada.