"Lo toqué dos veces y tuve mellizos": el ídolo de la fertilidad de hace 5 milenios en la España vacía
Parejas de todo el mundo acuden al museo de Almargen buscando concebir, mientras crece la polémica por la custodia de esta estatua calcolítica única y su conservación adecuada en Andalucía
A la salida del pequeño museo de Almargen, ubicado en un antiguo depósito de aguas del pueblo, nos acercamos al libro de visitas. Barajamos firmarlo, pero algo nos llama la atención de inmediato. Al hojear los tres volúmenes garabateados, saltan a la vista innumerables fotos de bebés y textos que alternan el azul y el rojo. El azul corresponde a las historias de parejas en busca de un embarazo. El rojo, las más de las veces, un sucinto “Confirmado”.
“Lo toqué dos veces y tuve mellizos”, dice una mujer. Hay incluso parejas reincidentes: “En cuestión de un mes quedamos embarazados. Ahora, después de 16 meses de búsqueda hemos vuelto a ver qué tal”. Otra mujer escribe que tenía tumores en los ovarios y que su embarazo “ha sido un milagro”. “Gracias por cumplir nuestro mayor deseo”, leemos en otra página.
“A veces algunas parejas vienen a firmar y otras veces nos llaman para decirnos que ha tenido un hijo tras visitar el ídolo”. Quien habla ahora es Abel Romero, concejal de cultura de este pueblo malagueño y que ha acudido exprofeso para abrirnos la sala. Hemos venido a ver el ídolo calcolítico del que nos habló el arqueólogo Serafín Becerra cuando lo entrevistamos al hilo del hallazgo del dolmen de Teba en Málaga, pero la visita va a abrir numerosos interrogantes. ¿Qué significa este ídolo único en Europa? ¿Y cómo ha acabado propiciando un culto a la fertilidad tras cinco milenios bajo tierra?
Almargen es un pueblo malagueño de interior de esos que no salen en las guías ni en los reels y en los que no reparas si alguien no te pone tras la pista. Hace honor a su nombre: no por nada, es preciso tomar una serie de carreteras secundarias que serpentean por olivares y granjas porcinas para alcanzar nuestro destino. Al personarnos en el museo está cerrado. Por suerte, una funcionaria del ayuntamiento da un telefonazo. Pocos minutos después aparece Abel para abrirnos la puerta del edificio, cuya fachada nos observa con dos ojos de buey que recuerdan al ídolo que nos aguarda en el interior.
Lo primero que llama la atención al entrar es el espacio expositivo que, a pesar de sus reducidas dimensiones, está muy cuidado en términos de iluminación, distribución y señalética. Al fondo, el ídolo preside la sala con una presencia que cabe describir como magnética. Tras recorrer algunas vitrinas que explican los asentamientos neolíticos de la zona, así como una espada tartésica y una estela de guerrero, nos acercamos a él. Según las dataciones más habituales, es una pieza con cinco mil años de antigüedad, en plena Edad del Cobre, aunque podría ser mucho más antiguo.
El diseño es exquisito, unas pocas líneas logran transmitir la idea: una mirada de búho, el vientre abultado que representa un embarazo y una base en forma de glande. Es lo que diversos arqueólogos han bautizado como ídolo bisexual; una escultura que probablemente servía como tótem de fecundidad, ya fuese agraria o reproductiva, entre los pobladores del valle.
El ídolo pesa veintiocho kilos y mide veintidós centímetros de alto, unas dimensiones generosas para lo que se gastaba el paganismo de la época
El ídolo pesa veintiocho kilos y mide veintidós centímetros de alto, unas dimensiones generosas para lo que se gastaba el paganismo de la época. Está tallado en mármol y se cree que fue transportado desde varias decenas de kilómetros hasta el punto en el que fue encontrado en los años ochenta del siglo pasado. Forma parte de una plétora de ídolos oculados que poblaron el suroeste peninsular en la prehistoria.
Visto de cerca, el ídolo es una pieza pregnante (en el sentido literal y en el figurado). Puede que sea autosugestión, pero se percibe la devoción de la que fue objeto, tantas manos que probablemente lo palparon y lo invocaron hace milenios. Quizá unos agricultores en medio de una hambruna o sin hijos que labrasen el campo. O los últimos representantes de un linaje que lo sepultaron con delicadeza en el ocaso de su mundo.
Los orígenes
Al regresar de la excursión almargeña, nos ponemos en contacto con la responsable del museo, una historiadora del arte que responde al nombre de Trini Ángeles. Nos explica que el museo lleva abierto desde 2009, pero la historia del ídolo y su descubrimiento se remonta más atrás.
“Esto viene de finales de los ochenta, cuando una familia estaba construyendo una casa a las afueras del pueblo y lo encuentran durante la cimentación. Terminaron poniéndolo en el patio, en una maceta, como decoración”. Unos años después, unos concejales pasaron por allí, prosigue, y convencieron a los propietarios para que lo donasen al ayuntamiento. “El primer arqueólogo que viene y lo estudia es Fernando Villaseca en el 93. Luego corrió la voz de que se había encontrado un dios de la fertilidad y la gente comenzó a visitarlo en el despacho del alcalde; lo tenían al lado de la fotocopiadora”. Las visitas empezaron a prodigarse de forma insostenible. “Ya en 2009 por fin se abrió el museo de Almargen gracias a la Red de Patrimonio”.
"Una familia estaba construyendo una casa y lo encuentran durante la cimentación. Lo pusieron en una maceta, como decoración"
¿Y cuál fue el comienzo de la leyenda? “Pues la cuñada de un policía municipal no conseguía quedarse embarazada y él les habló del ídolo de la fertilidad”. Trinidad matiza, con vocación cartesiana, que Villaseca nunca lo asoció directamente a la fertilidad en ese sentido, sino como algo más cercano a la prosperidad. Prosigue: “La cuestión es que ella lo visitó y se quedó embarazada”. ¿Casualidad o causalidad? “Yo ahí no entro ni salgo, simplemente te digo lo que pasó”.
Volvemos al trasfondo prehistórico de la figura. “En aquella época la fertilidad se entendía de una manera más amplia. Era la salud de los animales o tener hijos porque empezaban a trabajar a los siete años y era una manera de garantizar la supervivencia”.
"La cuestión es que ella lo visitó y se quedó embarazada". ¿Casualidad o causalidad? "Yo no entro ni salgo, simplemente te digo lo que pasó"
Trini también recuerda algo llamativo que le dijo Fernández Villaseca: “Cuando he hablado con él se refiere al ídolo como ‘la diosa’”. También recuerda a un búho, ¿no? “Sí, tiene algo de búho o lechuza; no sabemos por qué eligieron esa representación, pero sí que es un animal nocturno con unas cualidades especiales”.
Con adoradores de todo el mundo
Le preguntamos por alguna de esas historias que hemos visto en el libro de visitas. “Hay muchas. Empezó hace veinticinco años en el ayuntamiento, donde se improvisaron unos libros de visitas y la gente iba apuntando sus historias con el ídolo... Aparte del resto de Europa, he visto venir gente de Chile, de Islandia, de Bielorrusia, de Senegal. Todo ha sido el boca a boca”.
Hay, nos dice, hasta foros en internet donde se sugiere el ídolo como solución de último recurso para parejas incapaces de concebir. “En el Hospital Materno de Málaga hay gente, parejas que están con tratamientos de fertilidad, que comparte información acerca del ídolo de Almargen. Quiero dejar claro que yo no afirmo que funcione”.
Dicho esto, me confirma que hay infinidad de historias de éxito. “Los libros están llenos de fotografías, de ecografías y testimonios. Recuerdo el caso de un grupo de tres amigas que vinieron de Málaga y a los pocos meses las tres quedaron embarazadas. Ha venido incluso alguna médico que me ha dicho eso de que la fe mueve montañas. Y también gente muy desesperada, que vienen como último recurso y las ves llorando”.
¿De cuántos casos hablamos? “Es difícil cuantificarlo, pero un 70% de las visitas del museo están relacionadas con esa búsqueda de la fertilidad. No te puedo dar una cifra concreta, pero te pongo un ejemplo: hace poco apareció una mujer con su hijo de diecinueve años. Ella había estado en el museo hace veinte años y todo este tiempo había pensado en volver como agradecimiento. Así que no sabes si es un caso de éxito hasta ese momento”.
Una estatua excepcional
Más allá del culto que se ha montado alrededor de esta pieza milenaria, se encuentra su incalculable valor arqueológico. Para ponernos en antecedentes, contactamos con Primitiva Bueno, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Alcalá en Alcalá de Henares y una de las grandes expertas en megalitismo de este país que nos atiende con una simpatía desbordante. Nada más descolgar, aflora el tema de su nombre: “Lo mío no tiene mucho arreglo. Siempre digo a mis alumnos: ‘No sabéis la suerte que tenéis, con una profesora de Prehistoria que se llama Primitiva no tenéis ni que esforzaros en el mote’”, explica entre risas.
La doctora Bueno es una eminencia en el megalitismo del suroeste de la península, aunque también ha realizado estudios exhaustivos de dólmenes como el de Dombate, en Galicia, donde participó en un equipo que ha estudiado la reutilización de estelas para el monumento final. Esa reutilización, que también se ve en otros monumentos megalíticos pronto articula nuestra conversación acerca del ídolo de Almargen.
"No sabéis la suerte que tenéis, con una profesora de prehistoria que se llama Primitiva no tenéis ni que esforzaros en el mote", explica entre risas
Nada más empezar, eso sí, hace una enmienda: “Más que ídolo, lo llamaría estatua. El término ‘ídolo’ empezó a utilizarse en el siglo XIX, cuando Luis Siret los encontró en Almería, y los interpretó como versiones de una diosa madre oriental y los sacó del capítulo de la realidad cotidiana. Es algo que menciono en mi libro ‘¿Ídolos?’ con Jorge Soler. Dicho esto, estamos ante una riqueza que poca gente conoce: estas figuras son más de seis mil piezas, la mayoría cuerpos de mujer. Como solo se tiene en cuenta su sentido religioso, se prescinde de su sentido social, cultural, milenario... Es que el término ‘ídolo’ limita el debate. ¿Por qué no puede ser un ídolo un vaso decorado de la misma manera que estas piezas?”.
Y añade: “Aparte de eso, cuando se habla de ídolos la gente habla de piezas de carácter mueble, pero la pieza de Almargen no tiene nada de mueble. Es una estatua. Si lo hubiéramos descubierto en el sur de Francia, por ejemplo, se habría llamado estatua; no es una placa”, dice en referencia a los ídolos placa o betilos. La mayoría de estas piezas comparte una serie de incisiones faciales y los conocidos como “ojos soles”.
La figura de Almargen, sin embargo, guarda importantes diferencias. “Es una estatua totalmente tallada. Como arqueóloga diría que está retrabajada. Tiene bastantes restos de pintura que estamos identificando. Hay pigmentos rojos y negros, eso seguro. Nuestra propuesta, aún en fase de hipótesis, es un origen en el Neolítico, es decir, hace seis milenios”. Esto significa que la pieza de Almargen transitó, al menos, dos milenios, entre el Neolítico y el Calcolítico. Es, por entendernos, un orden de magnitud temporal equivalente a la tradición cristiana.
Aquí volvemos a hablar de fertilidad y cómo fenómenos parecidos al de Almargen se han replicado en otros puntos de la península. “Te voy a dar otro ejemplo: el petroglifo de la playa de la Lanzada en Galicia, la gente iba allí a hacer el amor porque les daba suerte para procrear”. La Dra. Bueno también menciona el abrazo al apóstol Santiago como ejemplo de culto de la fertilidad que trasciende épocas y religiones.
"Nuestra propuesta, aún en fase de hipótesis, es un origen en el Neolítico, hace seis milenios"
¿Cuál sería el balance que haría del ídolo o estatua de Almargen? “Es una pieza de una factura magnífica y una conservación espectacular. El original debería preservarse. No debería estar ahí, sino en el museo de Antequera con la debida protección; no puedes estar tocándola todo el rato, eso es una barbaridad para la conservación de su superficie. Una réplica de calidad podría ejercer ese papel”. Y concluye: “Creo que en España hace falta concienciar del valor patrimonial que tienen estas piezas y la necesidad de conservarlas para un futuro. Creo que sí que se puede hacer un turismo digno”. Esto nos lleva a la gran polémica que se vivió hace pocos años en Almargen. Porque hubo un momento en que se puso en tela de juicio su ubicación actual.
Un lugar legítimo
Fue en 2020 cuando el pueblo despertó con la noticia de que la ciudad de Antequera quería llevárselo para exponerlo en su museo de dólmenes. “Todo el pueblo se puso en pie. Nos manifestamos todos y fuimos a las teles… Si a la España vaciada la vacías de contenido, al final se vacía más aún”, reflexiona Trinidad.
Y remacha: “Aparte de eso, es que los almargeños nos identificamos con la pieza. Lo sentimos como algo muy nuestro y aquello era un robo, un saqueo”. ¿Por encima de la virgen del pueblo? “Sí, personalmente yo creo que mucho más; aquí los patronos son San Cosme y San Damián y yo diría que está por encima”.
Serafín Becerra, al que pedimos que se moje, tiene una postura que se mueve en las escalas de gris. “Es un debate muy complejo. Por un lado, pienso que es una pieza excepcional que debería estar en un contexto amplio de un museo de prehistoria andaluza. Pero a la vez, como director de un museo de pueblo, esa raigambre de las piezas con el lugar es muy importante. No solo por su atractivo turístico, sino por la identidad cultural e histórica de esas localidades. En el caso de Almargen, su vinculación identitaria con el pasado se refleja en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el mismo escudo aparece la estela tartésica”.
"Creo que esas piezas deben estar en los pueblos, pero es importante que los pueblos tengan regularizados sus depósitos arqueológicos"
Aunque matiza: “Estoy entre dos aguas. Si bien creo que esas piezas deben estar en los pueblos, creo que es importante que los pueblos tengan regularizados sus depósitos arqueológicos. El centro de Almargen, por ejemplo, no existe como museo, es un centro de interpretación, pero no está registrado como colección museográfica. Diría que debe estar en Almargen, pero que deben ponerse las pilas con la regularización. Creo que la responsable, Trinidad, que es una persona excepcional, está detrás de eso; así que hay voluntad política y municipal. Pero la verdad es que no sabría cómo posicionarme”.
¿A quién pertenece entonces una pieza como el ídolo de Almargen? ¿A las poblaciones que comparten marcadores genéticos con sus autores originales? ¿A los pueblos que lo heredaron milenios después? ¿A quiénes lo descubrieron en el siglo XX? ¿A quienes han revivido su culto y lo han dotado de un sentido litúrgico renovado? ¿O a los museos provinciales o nacionales que podrían custodiarlo en un contexto más amplio? Afirma la doctora Bueno, esta vez haciendo honor a su apellido, que la ciencia va de plantearse buenas preguntas, que no es poco. Mientras tanto, cabe decir que el ídolo de Almargen está contribuyendo, de una manera u otra, a repoblar la España vaciada.
A la salida del pequeño museo de Almargen, ubicado en un antiguo depósito de aguas del pueblo, nos acercamos al libro de visitas. Barajamos firmarlo, pero algo nos llama la atención de inmediato. Al hojear los tres volúmenes garabateados, saltan a la vista innumerables fotos de bebés y textos que alternan el azul y el rojo. El azul corresponde a las historias de parejas en busca de un embarazo. El rojo, las más de las veces, un sucinto “Confirmado”.