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'Gigante': un gran Pou se convierte en el Roald Dahl que fue acusado de antisemitismo
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hasta el 26 de abril en el Bellas Artes

'Gigante': un gran Pou se convierte en el Roald Dahl que fue acusado de antisemitismo

En 1983, el popular escritor de libros infantiles fue acusado de antisemita por la reseña de un libro. Sus editores le pidieron una disculpa. Él se negó. Este estupendo montaje narra aquel episodio

Foto: Josep María Pou como Roald Dahl en 'Gigante'. (Teatro Bellas Artes)
Josep María Pou como Roald Dahl en 'Gigante'. (Teatro Bellas Artes)

En 1983, Roald Dahl se vio envuelto en una polémica con tintes muy feos. En una reseña publicada en The Literary Review del libro God cried, de Tony Clifton, sobre la guerra del Líbano de 1982 -en la que se produjo la matanza de Sabra y Chatila por parte de tropas israelíes-, el popular autor de libros infantiles escribió, entre otras cosas, que fue a partir de ese momento cuando “todos empezamos a odiar a los israelíes”. El texto hacía hincapié en un duro rechazo a Israel. Pronto empezaron a criticarle por antisemitismo. Tanto que sus editores se pusieron muy nerviosos y le pidieron una disculpa. Dahl no solo no lo hizo, sino que le dijo a un periodista: “Hay un rasgo en el carácter judío que provoca aversión... Quiero decir que siempre hay una razón por la cual lo anti-algo crece en cualquier sitio; incluso un apestoso como Hitler no los puteó sin razón”.

La obra de teatro Gigante, que se representa estos días en el Teatro Bellas Artes de Madrid -tras exitosa temporada en Barcelona- narra aquel episodio. Ya no hay entradas, pero acérquense por el teatro que suele quedar alguna en taquilla. Porque merece mucho la pena. No solo por el argumento, sino por ver cómo el actor Josep María Pou despliega todo su arte teatral. Es un genio. Como lo era Dahl, pese a todas las controversias que creó (no solo acabaría ofendiendo a los judíos).

El contrato de la obra con el Royal Court Theatre se firmó un 5 de octubre de 2023. Y el teatro la mantuvo firme después del 7 de octubre

El texto está escrito por un judío, el dramaturgo inglés Mark Rosenblatt, quien lo llevó a escena en 2024 en Londres, convirtiéndose desde el minuto uno en un éxito. En 2025 pasó a un teatro comercial y se llevaría tres premios Olivier, los más importantes del teatro británico. Entre las anécdotas: el contrato de la obra con el Royal Court Theatre se firmó un 5 de octubre de 2023. Y el teatro la mantuvo firme después de los hechos del 7 de octubre.

Porque está muy bien equilibrada la polémica, porque en los tiempos que corren nos toca (una vez más) de cerca y porque durante la visión de la obra puedes entender muchas posturas. También, en ocasiones, la de Dahl. Es un teatro “comercial” del bueno y Pou tiene mucha culpa de ello. Fue él mismo quien vio la obra en Londres, se la trajo a España, la tradujo y la estrenó. Y hemos podido disfrutarla prácticamente a la vez en Londres, Barcelona (se estrenó en 2025) y Madrid. Un lujazo (gracias a productores avispados).

placeholder Pou como Dahl y Claudia Benito como Jessie Stone, los mejores careos de la obra.
Pou como Dahl y Claudia Benito como Jessie Stone, los mejores careos de la obra.

“La idea principal que quería explorar es la diferencia entre el debate político y el discurso de odio, y cómo separarlos. En Roald Dahl puedes ver a alguien que es capaz de expresar una gran compasión por Palestina y, en el mismo aliento, soltar un discurso de odio. Puedes criticar a Israel sin ser racista, pero el racismo a veces se utiliza para intensificar la crítica en Israel y aquí es donde se ubica Dahl”, comentó Rosenblatt hace unos meses en una entrevista publicada en el Diari Ara.

Todo comienza con una conversación entre Dahl (Pou) y su editor Tom Maschler (Pep Planas), un judío de origen alemán -había nacido en Berlín en 1933 y huyó con su familia con el ascenso del nazismo- que había creado el premio Booker en los años sesenta y era el editor jefe de la potente editorial Jonathan Cape (lo sería hasta que esta fue absorbida por Random House a finales de los ochenta). Es 1983 y Maschler le está pidiendo la disculpa por la reseña. Hay que señalar que la obra comienza un poco en tromba y durante los primeros veinte minutos no te enteras muy bien de lo que está pasando. La conversación suena un tanto críptica. Es después cuando aparece la editora estadounidense Jessie Stone (Claudia Benito) -personaje ficticio- cuando empieza de verdad el meollo. Y cuando te metes en situación. Ahí cada uno va a empezar a desplegar sus opiniones… Y es nuestra cabecita entre el público la que empieza a pensar.

¿Toda crítica al Gobierno de Israel es antisemitismo? Es la pregunta. Las mejores escenas se producen entre Pou y Claudia Benito

Dahl tiene un discurso completamente pro-Palestina y en contra del sionismo y el estado de Israel. Nos habla de los niños muertos en el Líbano -y no podemos menos que pensar en la actual Gaza- de las masacres de Sabra y Chatila y de su profundo antinacionalismo. También se esfuerza por diferenciar entre judío y su crítica "a los israelíes, no los judíos". Y después está la editora americana, judía -Dahl hacía sorna con eso de que los editores y dueños de medios de comunicación fueran siempre judíos, “por algo será”- que le intenta convencer de que sus palabras son absolutamente antisemitas, que no todos los judíos se identifican con lo que hace el Gobierno israelí y que debe pedir perdón. Además, obviamente, eso ayudará a vender más libros, cosa que al escritor tampoco se le escapa.

El texto es entonces una partida de tenis. Podemos tener en cuenta los argumentos de Dahl -los muertos, las masacres no le quitan la razón: decir que se ha masacrado es factual y no antisemita-, pero también verle como un niño grande (no sobran esos casi dos metros de altura, tanto del escritor como del actor), inconsistente, caprichoso y que puede ser muy voluble. Narcisista y horrible, pero a la vez divertido. Le podrías apoyar… pero a la vez hay algo muy potente que te dice que no y son, sobre todo, sus formas, su arrogancia, su prepotencia, ego, soberbia y sí, también hay racismo en sus postulados (Pou nos lo muestra con todos los matices). Y por parte de la editora ocurre algo parecido, sobre todo porque ella es amable, educada… y a la vez es imposible no ver la pulsión económica detrás de pedir una rectificación sobre palabras que señalan hechos que realmente sucedieron. ¿Toda crítica al Gobierno de Israel es antisemitismo? Es la pregunta. Las mejores escenas se producen entre los dos. Victòria Pagès como Felicity "Liccy" Crosland -la segunda mujer de Dahl- y Planas como Maschler ayudan a descargar tensiones y a ofrecernos un mejor perfil del escritor.

placeholder Victoria Pagès, Claudia Benito, Pou y Pep Planas discutiendo sobre antisemitismo en 'Gigante'.
Victoria Pagès, Claudia Benito, Pou y Pep Planas discutiendo sobre antisemitismo en 'Gigante'.

La mayor pega del montaje es que se hace un poco largo. Si los veinte primeros minutos eran un poco confusos, los veinte finales están alargados. Hay un momento en el que el texto nos lo ha dejado ya todo claro. Pone la guinda con tardanza y eso, al final, le acaba quitando entusiasmo para los aplausos. Pero no podemos decir en absoluto que sea un mal montaje. Todo lo contrario. Es una obra convencional -en el mejor sentido-, de texto -la escenografía, esa casita de campo que ocupa toda la escena y es inamovible- y en la que se pone todo el foco en los actores con Pou como ineludible estrella. Y no acabas odiando los libros de Dahl (que siguen siendo maravillosos, pese a las polémicas).

Como dice el propio Rosenblatt, “creo que vivimos en un mundo en el que la cultura de la cancelación es muy puritana, muy binaria, muy cruel, estás a favor o en contra, olvidando que a veces hay dos verdades. Me gusta la obra de Dahl, no creo que su racismo esté ahí, en sus libros, y si estuviera no los leería a mis hijos”.

Si hasta Netflix ha comprado todos los derechos del escritor y no se dejan de estrenar pelis y musicales de su obra. Por algo será.

En 1983, Roald Dahl se vio envuelto en una polémica con tintes muy feos. En una reseña publicada en The Literary Review del libro God cried, de Tony Clifton, sobre la guerra del Líbano de 1982 -en la que se produjo la matanza de Sabra y Chatila por parte de tropas israelíes-, el popular autor de libros infantiles escribió, entre otras cosas, que fue a partir de ese momento cuando “todos empezamos a odiar a los israelíes”. El texto hacía hincapié en un duro rechazo a Israel. Pronto empezaron a criticarle por antisemitismo. Tanto que sus editores se pusieron muy nerviosos y le pidieron una disculpa. Dahl no solo no lo hizo, sino que le dijo a un periodista: “Hay un rasgo en el carácter judío que provoca aversión... Quiero decir que siempre hay una razón por la cual lo anti-algo crece en cualquier sitio; incluso un apestoso como Hitler no los puteó sin razón”.

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