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Aramburu narra el asesinato de Miguel Ángel Blanco: "ETA se ve como algo que ya pasó"
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Aramburu narra el asesinato de Miguel Ángel Blanco: "ETA se ve como algo que ya pasó"

El escritor vasco regresa con 'Maite', una novela que aborda la cruel muerte del concejal popular en 1997 a manos de la banda terrorista. Pero es también una historia familiar llena de otras violencias

Foto: El escritor Fernando Aramburu, esta mañana en Madrid. (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)
El escritor Fernando Aramburu, esta mañana en Madrid. (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)
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De 9 a 14. Así cuenta Fernando Aramburu que ha sido su jornada laboral esta mañana dando entrevistas a los medios en un hotel de Madrid. Pero no se queja. Al contrario, se sabe (y lo dice) afortunado. Es uno de los pocos escritores que puede vivir de ello y dedicarse en exclusiva. Y, además, escribir lo que desee - “porque yo ya no tengo que demostrar a nadie lo bien que lo hago”, admite con sorna.

Su última novela, Maite (Tusquets), vuelve a la serie sobre las gentes vascas. Y se centra en uno de los momentos más terribles y crueles de la historia española reciente: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Lo cuenta a partir de aquellos tres días que mantuvieron a toda la sociedad en vilo. Y lo hace a partir de dos hermanas y su madre, atravesadas también por otras violencias… más domésticas. Es un libro seco, árido, como le gustan ahora a Aramburu. Y, de vez en cuando, algún conato de humor. A la vasca.

PREGUNTA: ¿Cómo ha sido la escritura de este libro?

RESPUESTA: Yo no sufro escribiendo. No soy de esos escritores que sufren y a los que respeto, en parte porque dispongo de tiempo suficiente para escribir y entonces ya sé que si el trabajo no fluye puedo esperar días mejores. Y por otro lado, la escritura me da placer, me pone a buenas conmigo mismo. Le cumplo un sueño al adolescente que soñó con estar en la vida como escritor y luego he tenido fortuna. No puedo negarlo. Fortuna que supone que yo me puedo dedicar a la escritura exclusivamente. Siempre soñé con esto, me costó muchos años lograrlo y finalmente lo he cumplido. Sería muy tonto por mi parte decir que sufro escribiendo. Y eso que no siempre salen las cosas como uno quisiera.

P: Esta novela aborda varios temas. Uno de ellos es el más fácil de ver, pero hay otro que es el de la violencia de hombres contra otros hombres y contra las mujeres.

R: La violencia está muy presente en mi literatura. En parte porque la he presenciado. Pero ya de niño me interpelaba mucho. Es verdad que en el colegio fui un niño pegón también. Pero bueno, de una manera inocente. Empujones. Nunca de una manera de que alguien fuera hospitalizado por mi culpa. Pero yo me crié en un ambiente en el que ser violento tenía prestigio. Yo siempre fui a colegios de chicos y siempre había peleítas. Peleitas, vamos a decirlo así en diminutivo porque nunca, que yo sepa, trascendieron. Y es un asunto que me ha acompañado toda mi vida. Y me he preguntado muchas veces por qué el ser humano recurre a la violencia. Por supuesto que le sacan réditos. Y por supuesto que me gustaría vivir en un mundo donde no existiera la violencia. Y por eso pienso que uno tiene la posibilidad de describirla incluso en tonos crudos para que quien lee no la sienta apetecible o deseable.

placeholder 'Maite', de Fernando Aramburu. (Tusquets)
'Maite', de Fernando Aramburu. (Tusquets)

P: De hecho, el tono de esta novela, aunque hay trazos humorísticos, es muy seco, es árido.

R: Esto tiene que ver con el trabajo que estoy haciendo en la prosa desde hace varios libros. Y noto que tiendo a un estilo literario cada vez más sucinto, más seco, con muy poca adjetivación. Este es un desarrollo literario personal. Por supuesto que lo elijo. Si uno compara mis últimos libros con los primeros notará que la sintaxis ha cambiado enormemente. Antiguamente necesitaba 300 palabras, ahora necesito 15 y me sobran 3. Esta manera de contar seca, cortante, creo que se adapta al tipo de historias que cuento. Además, me permite dejar una serie de huecos dentro de la narración que los posibles lectores pueden rellenar, por lo menos se les induce, se les invita a rellenarlos.

P: ¿Y esto por qué?

R: Esto creo que tiene que ver conmigo, con mi madurez como persona. Yo ya no tengo 25 años, no siento la necesidad de demostrar a nadie lo bien que escribo. No tengo una imagen de mí que quiero cumplir por medio de mis textos, sino que voy al hueso ahora. Trato de transmitir mi verdad personal, no la verdad, sino mi verdad personal. Considero que mis textos deben de alguna manera transmitir lo que pienso, lo que siento, y hacerlo de la manera más económica y sencilla posible.

"La violencia está muy presente en mi literatura. En parte porque la he presenciado. Me crié en un ambiente en el que ser violento tenía prestigio"

P: Y ahí supongo que, como has dicho antes con respecto a la violencia, en tu verdad o en tus deseos de contar la verdad, la violencia es que no se acaba nunca, en el sentido de que estuvo muy presente en la sociedad vasca durante tantos años.

R: Piensa además que la novela es el género por antonomasia del conflicto. Si no hay conflicto, no hay novela. Quien dice conflicto dice también la búsqueda de un tesoro, la conquista. Algo tiene que romper el equilibrio para que haya novela. O sea, la felicidad es muy bonita y muy agradable en la vida, pero es poco estimulante para la novela. En la novela conviene que haya crímenes, traiciones, infidelidades, guerras... Y una vez roto el equilibrio social, entonces es cuando hay materia para la narración.

P: Lo malo es cuando se traslada a la vida real.

R: Efectivamente. Alguna vez he tenido simpatía por personajes míos bastante malvados. Simpatía porque me daban mucha novela, pero no me gustaría tenerlos cerca en la vida real.

P: Aquí de nuevo aparece ETA. ¿ETA no se acaba nunca literariamente hablando?

R: ETA me interesa relativamente. Me interesa porque estuvo allí, en aquellos lugares y en aquella época que también fueron los míos. Pero yo no voy a escribir siempre sobre lo mismo y de hecho no lo hago. Normalmente entre una novela de la serie Gentes Vascas y otra introduzco otro tipo de libros. Pero estoy muy marcado por todo aquello que ocurrió en las calles por las que yo mismo transitaba. Y estoy vinculado personalmente, emocionalmente con toda aquella violencia y todo aquel terrorismo. Es decir que no soy un historiador interesado por un tema. Yo no voy a mis novelas empujadas por un tema sino por seres concretos, en su circunstancia intransferibles. Y otras veces también he escrito, por ejemplo El Niño, que es la novela anterior y que no tiene nada que ver con ETA. Y publico cuentos, poesía, ensayo, una recopilación de artículos. O sea que quien me lee con asiduidad sabe que yo no toco siempre la misma música.

placeholder El escritor Fernando Aramburu Eduardo. Parra / Europa Press)
El escritor Fernando Aramburu Eduardo. Parra / Europa Press)

P: De todas maneras, ¿y por qué lo que le ocurrió a Miguel Ángel Blanco y todo lo que pasó aquellos tres días de julio?

R: Habría sido raro que un escritor que está dedicando una serie a su tierra natal y a las gentes de su tierra natal no prestara atención a un hecho homicidio tan relevante como el de Miguel Ángel Blanco. Que según los expertos marca un antes y un después, puesto que desencadenó una protesta colectiva contra los agresores. Entonces, me parece razonable que un hecho que me interpelaba con bastante fuerza no aflorase en algún momento en algún libro mío. Y si uno se fija en los libros de gente vasca se dará cuenta de que en cada uno de ellos abordo puntualmente un momento de la historia colectiva de mi tierra natal. Dejando Patria al margen que no forma parte de la serie y que abarca tres décadas de historia. El niño, por ejemplo, transcurre en poco más de un año. Años lentos también, en un momento de los años sesenta. Hijos de la Fábula, en 2012 y este de 1997. Y de esta manera voy cumpliendo un poco este proyecto que tengo de crear con distintas piezas de mosaico un dibujo general. Una crónica humana de mi tierra natal.

P: De todas maneras, es un hecho que nos marcó a muchas personas. Y sin embargo, yo no sé si te preocupan los datos que hablan de que hay gente joven que ya ni siquiera se acuerda de esto. Son datos altos. Según una encuesta de GAD3 en 2020, un 60% de los españoles de menos de 35 años no sabían identificar a Miguel Ángel Blanco ni lo que ocurrió. Es más, la Universidad de Deusto en 2017 elaboró otra encuesta que decía que el 47% de los universitarios vascos no sabía quién era.

R: Bueno, esto es así. Y no me parece privativo de España. Creo que lo mismo se ha dado en otros países donde ha habido conflictos incluso mayores. Puedo hablar por Alemania, naturalmente. Puedo hablar por mí mismo. Yo me acuerdo de cuando mi padre contaba episodios que él había vivido en la guerra civil donde perdía a su padre. Y yo ya ponía los ojos en blanco porque ya me sabía las batallitas y porque yo estaba dentro de otro presente y tenía otras preocupaciones. Y esto creo que también se da actualmente. Lo malo sería que si el joven actual quisiera informarse y no pudiera hacerlo porque no se le han dejado testimonios, libros, películas. Eso sí que me parecería preocupante. Pero no quiero ser un pelma que va ahí donde los chavales y les dice, oye, tenéis que enteraros de esto, tenéis que estudiar esto. Yo he sido docente durante 24 años y sé que eso no va a funcionar. Pero sí que me parece muy importante que exista el relato, existan los documentos, existan los museos, las películas y las hemerotecas. Es decir, los lugares donde se albergan los testimonios.

"No quiero ser un pelma que va ahí donde los chavales y les dice, oye, tenéis que enteraros de esto. Yo he sido docente y eso no funciona"

P: En Alemania, ahora que lo has citado y es un poco curiosidad, pero ¿se acuerdan en general de la Baader Meinhof?

Sí, yo creo que en cada país se acuerdan bien y mucho de sus propias heridas sociales. A los alemanes les tocó aquello. Pero hubo diferencias porque la banda nunca tuvo apoyo popular. Entonces, en poco tiempo la suprimieron. Pero todavía quedan algunos en búsqueda y captura. Los italianos han tenido lo suyo también. Nosotros aquí hemos tenido lo nuestro.

P: Ha decido contar el suceso de una forma un poco onírica. Me sorprendía que Maite hablara con el propio Miguel Ángel, con la madre de los etarras, con los etarras como en una especie de sueño.

R: Es una forma de construir un personaje que tiene un mundo interior bastante rico y complejo. Y que sigue una serie de pautas constantes que se repiten a lo largo de la novela. Una de esas pautas es la imaginación de castillos, donde ella soluciona los problemas del mundo, donde impera su bondad. La otra constante es que se entrevista a sí misma, tratándose de usted. Y de esta manera reflexiva se pone claro sobre multitud de cuestiones. Y la tercera constante es que necesita instintivamente tocar a aquellas personas que se profesan afecto, amor, cariño. Con estas constantes yo me serví para construir el personaje. Hay que tener en cuenta también que los ciudadanos no sabían dónde estaba Miguel Ángel Blanco. Sabían que había sido secuestrado y temían que lo iban a matar, como así ocurrió. Maite, de alguna manera, conmovida, compasiva, intenta ayudar al secuestrado. Imaginando que le lleva manzanas para que pueda comer. O habla con los padres del terrorista para convencerlos de que hablen con su hijo. Todo eso ocurre en esos mundos interiores privados que tiene Maite.

P: Han pasado 30 años prácticamente. Esta mañana cuando lo he pensado he dicho, madre mía, 30 años. Yo no sé si la sociedad vasca en general lo tiene también como un poco difuminado.

R: La sociedad vasca es un concepto que no se corresponde con la realidad. Si tú entras en lo que llamamos sociedad vasca, ves gente de muchas sensibilidades, gente heterogénea. Yo no creo que se haya olvidado. Lo que sí creo es que está fuera del debate. La sociedad vasca está ahora en un presente distinto. Y sí creo que hay un sentido mayoritario en el sentido de que se considera que el terrorismo estuvo mal, que no debió ocurrir, pero que ya pasó. Creo que ahora mismo esa actitud de dejar que las cosas reposen, que la sociedad con la ayuda del tiempo y del olvido restablezca los lados sociales, es lo que más salta a la vista cuando uno visita el lugar. Ahora bien, esto no quiere decir que uno no deba recordar. De hecho se hacen películas, se siguen escribiendo libros. Quien quiera realmente informarse, averiguar, aprender, tiene la posibilidad de hacerlo.

placeholder Aramburu durante la entrevista. (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)
Aramburu durante la entrevista. (César Vallejo Rodríguez / Europa Press)

P: También hay voces que dicen que todavía la banda existe de alguna manera. Como cuando se dan esas bienvenidas a los presos.

R: No, la banda no existe. Pero existe su historia, existen sus ex militantes, existen las víctimas y existe el proyecto. Eso sí existe. El proyecto que ahora no se postula con métodos violentos. Eso es lo que tenemos.

P: De hecho, Bildu es mucho más popular que el partido político que existía cuando la banda existía.

R: Sí, bueno, eso es así. Yo no soy un comentarista político, pero las cosas han cambiado mucho, evidentemente. Y ya te digo, yo sí creo que es mayoritario el sentir contra la violencia.

"La banda no existe. Pero existe su historia, existen sus ex militantes, existen las víctimas y existe el proyecto que ahora no se postula con la violencia"

P: Hay una cosa también, leyendo el libro, cuando Maite habla con la madre del terrorista, el perfil del terrorista vuelve a ser un poco el que aparece en 'Hijos de la Fábula' o también en 'Patria'. Un tipo un poco impulsivo, un poco corto, violento…

R: ¿Y qué había? ¿Profesores especialistas en física nuclear, grandes escritores? ¿Quién entraba en ETA ? Entraban chavales convencidos, fanatizados, decididos a liquidar a semejantes en función de una ideología adquirida, que ellos no habían creado por su cuenta, sino que estaba ahí y la asumieron en un momento determinado, normalmente en la juventud. No quiero decir que fueran tontos, eso no lo digo yo, pero yo creo que los espabilados que participaban en el proyecto cumplían otras funciones.

P: También aquellos días se dio una gran manifestación, que yo no recuerdo ahora si fue la primera gran manifestación en el País Vasco en contra de ETA. Había esperanza en mucha gente de que aquello tuviera un fin positivo. Yo no sé si tú tenías esperanza.

R: Yo recuerdo que estaba en Alemania y que me informaba por medio de la radio, no tenía internet entonces, y estaba en vilo como tantos otros ciudadanos. Lo veía negro porque ya había habido indicios de deseo de venganza después de la liberación, pocos días antes, de Ortega Lara, que fue un golpe fuerte contra la imagen invencible que ETA intentaba difundir. Por otro lado, este chaval, Miguel Ángel Blanco, no tenía relevancia política, tampoco se le podía sacar dinero. Entonces, ¿para qué secuestrarlo? Para hacer una exhibición de fuerza. El ultimátum, además, que impuso ETA en un plazo de tiempo cortísimo, era irrealizable. Entonces, mi pronóstico fue negativo. Tuve malos augurios desde el primer momento. Conociendo más el modus operandi. Tampoco quiero darm las de listo, estaba como tantas otras personas a la espera de nuevas noticias y por supuesto deseando que se liberase a un chaval que era clarísimamente inocente. Nadie merece morir, pero si matas a alguien que te puede detener o que ha detenido a tus compañeros, aún le ves cierta lógica. Era un chaval de un pueblo que iba a trabajar, que tocaba en una banda de música, que era un concejal dedicado a reparar los baches del pueblo y a poner papeleras. Tuve malas vibraciones desde el primer momento.

"Mi pronóstico fue negativo. Tuve malos augurios desde el primer momento. Conociendo más el modus operandi"

P: También se ha dicho que aquella manifestación, no solo era una manifestación...

R: ¿Hablas de la de Bilbao? Hubo una manifestación multitudinaria.

P: Sí. Y se ha dicho ahora después que aquello realmente fue el principio del fin de la banda.

R: Pero aquella manifestación fue un poco triste también, puesto que tuvo dos cabeceras. El nacionalismo tuvo su cabecera, el resto tuvo otras. Sí, ambas manifestaciones, en realidad eran dos, una delante de otra, pero también con discursos distintos en lugares distintos de Bilbao. Mostró también que no había una unidad. Creo que es una pena que ante hechos violentos no haya un mínimo de consenso. Pero es verdad y por eso el caso de Miguel Ángel Blanco ha adquirido una especie de significación simbólica, que después de su asesinato la gente salió más a protestar. Ya había con anterioridad concentraciones pacifistas y gente que se jugaba el pellejo por pura altruismo, por solidaridad, pero después de aquello las protestas fueron multitudinarias y esto sirvió para que mucha gente se diera cuenta de que no estaba sola con su indignación.

P: Y mientras tanto la vida sucede, ¿no? Como pasa en la novela que tenemos toda esa historia familiar de las hermanas, de la madre... Te preguntaba al principio esa violencia un poco más colectiva, pero luego está la violencia individual que vive cada individuo con sus problemáticas. No sé si querías jugar un poco con estos dos planos de violencia.

R: Yo priorizo las vivencias de las gentes vascas. Es decir, yo centro mis novelas en el relato de vidas comunes. Es verdad que el contexto invita a describir o a relatar también hechos que han sucedido realmente. Pero en primer plano yo tengo siempre la condición humana, la vivencia de un elenco reducido de personajes en cada uno de los libros. Y esto me permite, en cierto modo, mostrar cómo se vivía en una determinada época en un determinado lugar. Ese es mi objetivo principal. Y con esto, pues claro, los personajes no están flotando en el aire ni están escondidos en un sótano, sino que salen a la calle y conversan y ven y son testigos de su época también. Cada uno de sus cachitos de realidad y se van sumando cachitos de realidad y perspectivas y sensaciones y pensamientos y de esta manera uno va componiendo ese puzzle general.

P: ¿Están sacados de alguien en concreto o son una amalgama un poco de gente que pudiste conocer?

R: Uno echa mano de sus observaciones. En el caso de Maite, mientras escribía le puse la cara de Mónica Vitti, una actriz italiana que de alguna manera me inspiró el personaje desde el punto de vista físico. Esta actriz ya murió, pero estuvo en películas muy relevantes en el cine italiano. Estuvo en películas de Fellini, estuvo en películas de Antonioni y en otras. Y haciendo a menudo de mujer compleja, no muy expansiva, no como sex symbol, sino con una densidad psicológica notable. Vamos a decir que fue como una referencia para mí, una inspiración.

P: ¿Y Elene?

R: Yo he conocido a personas que podrían haber sido trasunto de Elene. También es una mujer común y corriente que tiene la peculiaridad de que emigró. Eso lo comparte conmigo, pero ella es más propensa a la nostalgia que yo. Ella idealiza su tierra natal hasta el punto de que tiene como una especie de resistencia a ver lo que su tierra natal es durante su visita.

P: Sí, bueno, lo de cambiar hasta la CH del apellido del padre en el buzón. Le pone la TX.

R: Exacto, pero no parece que ella sea consciente del trasfondo político que pueda tener ese gesto. Ella en cierto modo intenta ajustar la realidad que se encuentra a su visión ideal.

P: Es como echar de menos la tortilla de patatas cuando vives fuera y no tanto cuando estás dentro.

R: Eso es muy humano, efectivamente y no es privativo de los vascos. Y la sensación de pérdida no se limita al paisaje, sino que incluye a los amigos, la familia, los hábitos, la gastronomía y tantas otras cosas.

P: ¿A ti los libros te sirven para volver?

R: Más bien la escritura. De hecho mi primera novedad es una tentativa de hacerme a la idea de que estaba en mi ciudad natal, que no estaba recreando sus calles. Estuve ocho años escribiendo un libro que era como una conversación privada en una época en la que yo no dominaba la lengua alemana. Aquel libro fue efectivamente curativo para mí. Quizá por eso es tan grueso, porque lo utilicé de alguna manera para minorar mi sensación de lejanía. Pero eso luego terminó y finalmente terminé arraigándome en un país que a mí me acogió bien.

P: ¿Cómo está ahora Alemania? La última vez que hablamos había habido algunos atentados y estaba en ebullición todo el tema de la inmigración.

R: Esto daría para una larga conversación. Pero Alemania, como otros países de la Unión Europea, está en un momento de fragilidad militar y económica. Luego la inmigración mayoritaria ha creado una serie de tensiones sociales lo que hace que muchas personas descontentas o por protesta favorezcan electoralmente a partidos extremos, sobre todo de la extrema derecha. Eso también lo tenemos. Ucrania está muy cerca. Están cerrando muchas empresas, están despidiendo trabajadores de empresas incluso de larga tradición. Entonces la sensación hasta hace poco era como de melancolía, pero ahora es de evidente preocupación. Hemos tenido algunos drones sospechosos que obligaron a cerrar aeropuertos, hackeos continuos de esto, de lo otro.

"Alemania está en un momento de fragilidad militar y económica. La inmigración mayoritaria ha creado tensiones que favorecen a la extrema derecha"

P: ¿No te inspira para una novela allí?

R: En mi último libro de cuentos introduje varias piezas que transcurren en Alemania. Esto me resulta sospechoso, tendré que vigilarme.

De 9 a 14. Así cuenta Fernando Aramburu que ha sido su jornada laboral esta mañana dando entrevistas a los medios en un hotel de Madrid. Pero no se queja. Al contrario, se sabe (y lo dice) afortunado. Es uno de los pocos escritores que puede vivir de ello y dedicarse en exclusiva. Y, además, escribir lo que desee - “porque yo ya no tengo que demostrar a nadie lo bien que lo hago”, admite con sorna.

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