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Emmanuel Carrère: "Europa está atrapada entre Putin y Trump, uno la desprecia, otro la desdeña”
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dos hombres que no sudan

Emmanuel Carrère: "Europa está atrapada entre Putin y Trump, uno la desprecia, otro la desdeña”

El escritor ha presentado este miércoles su nuevo libro, 'Koljos', en un coloquio junto al periodista Guillermo Altares en la sede del Instituto Francés en Madrid

Foto: Emmanuel Carrère y Guillermo Altares, este miércoles en la sede del Instituto Francés en Madrid. (EC)
Emmanuel Carrère y Guillermo Altares, este miércoles en la sede del Instituto Francés en Madrid. (EC)

En septiembre de 2022, en el búnker bajo su preciosa casa victoriana del Upper East en el que guarda todos los documentos de sus libros, que, en su caso, es como decir su vida entera, Talese prepara un proyecto. A un póster en blanco y negro de un metro veinte por uno ha cogido con clips la posible cubierta de un futuro libro con su título y todo. En la imagen se le puede ver sentado en un sillón estilo bergére con un impecable traje cruzado de solapas anchas y acompañado de Nan Ahearn, célebre editora de Random House y su mujer durante 65 años. Ella luce un abrigo claro, un fular, una boina a juego y una pareja de Skye terrier entre sus pantorrillas y bajo el banco.

La foto debe de tener unos 30 años, con la pareja en plena edad madura pero rebosantes, ambos, de clase y sofisticación. La mitad de la supuesta cubierta del proyecto de libro replica esa misma foto. La otra mitad, una imagen de la pareja tomada 40 años antes. El título, Un matrimonio de no ficción. Talese, que ha ido escribiendo un diario de su vida matrimonial sobre las minúsculas casillas de tantos almanaques como años transcurridos, quiere contar la verdad, detallada y primorosamente escrita, de su propio matrimonio. “¿Ella está de acuerdo con esto?” “Se casó conmigo. Eso es que lo tenía asumido”. Y es que el maestro de Nueva Jersey nació para contarlo todo. Ya con la publicación de La mujer de tu prójimo” se jugó el matrimonio detallando sus visitas a saunas “porque tenía que conocer de primera mano las situaciones de las que luego escribiría”. Se comparta o no, un sacerdocio. Una vocación a la que todo lo demás queda supeditado.

placeholder El sótano de la casa en Nueva York de Gay Talese, con una foto de él junto a su mujer. (EC)
El sótano de la casa en Nueva York de Gay Talese, con una foto de él junto a su mujer. (EC)

Emmanuel Carrère es otro de esos sacerdotes. Por contar la vida de su abuelo colaboracionista durante la Francia ocupada en Una novela rusa se dejó de hablar con su madre; por contar su verdad acerca de su matrimonio con Hélène Devynck en Yoga fue a los tribunales; por contar la historia del estrafalario Limonov casi acaba a bofetadas con él; por cartearse con el asesino Jean-Claude Romand para escribir El adversario fue acusado de connivencia con monstruos por media Francia. No hay precio que Carrère no esté dispuesto a pagar.

Hay quien dice, como Javier Gomá, uno de los más grandes intelectuales contemporáneos, que lo que hace Carrère no es literatura sino un entretenimiento. Contar por contar. No voy a ser yo quien lo contradiga pero, si sólo es contar, menuda forma de hacerlo.

Anoche presentó en el Teatro del Instituto Francés de Madrid, Carrère, no Gomá, su nuevo libro de no ficción, Koljos, la única manera que conoce de intentar reconciliarse con la memoria de su madre, Hélène Carrère d’Encausse (secretaria perpetua de la Academia Francesa, Gran Cruz de la Legión de Honor y Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2023): divulgar su historia y la de su linaje. Para esta aventura, Carrère se beneficia del concienzudo trabajo de documentación de su padre sobre su familia política y de las detalladas memorias de su tío materno Nicolas.

Si se tiene la paciencia de un espeleólogo, se pueden extraer tesoros bajo la hojarasca que supone el rigor historiográfico de 'Koljos'

A pesar de la prosa celestial que acostumbra, el resultado es, seamos sinceros, áspero, tanto por los incontables personajes como por los detalles imposibles de recordar. Pero si se tiene la paciencia de un espeleólogo, se pueden extraer tesoros bajo la hojarasca que supone el rigor historiográfico. Las puras y simples historias. La suya. La de su madre. La de su abuelo. La de su tío. Nada más. Nada menos.

Una de las anécdotas que Carrère recuerda al inicio de Koljos, al hilo del funeral de Estado de su madre, es una observación que ésta le hizo a vueltas del título que había elegido para una crónica sobre Macron: “Este hombre no suda”. “Bueno”, le dijo ella, “es que un hombre bien educado no suda”. En Madrid teníamos 15° anoche y nadie sudaba. Él tampoco. Ni siquiera se quitó la chaqueta de entretiempo azul marino. A su lado, Guillermo Altares, redactor jefe perpetuo, como Hélène, de El País y “cultureta” insigne, intentó hacerlo entrar en calor abordando sin preámbulos de cortesía todos los asuntos que cualquiera de los asistentes que abarrotaban el teatro de Marqués de la Ensenada traían de casa: el compromiso irrenunciable de contar al lector la verdad; su madre eminente y altiva y su padre supeditado a su figura pública e inmensa; el eje de coordenadas que supone la historia horizontal, la de los contemporáneos, y la vertical, la de los ancestros; los refugiados que abandonaban la Rusia de Stalin y los que ahora abandonan Ucrania.

“De adolescente me entusiasmaba Dostoievski pero, cuando mi tío me llevó a 'Guerra y paz', me di cuenta de que mi madurez sería con Tolstoi”

La conversación fluía tan ligada, los dos estaban tan cómodos, que Altares abandonó las tablas, se fue a los medios y destapó el tarro de los titulares . “Europa está atrapada entre Putin y Trump: uno la desprecia y otro la desdeña”. “De adolescente me entusiasmaba Dostoievski pero, cuando mi tío me llevó a Guerra y paz, me di cuenta de que mi madurez sería con Tolstoi”. Incluso sacó a pasear a Lubitsch en Ninotchka al recordar a los refugiados que volvieron a su país a la llamada de Stalin: “Habrá menos rusos pero serán mejores rusos”.

Hasta el tradicional turno de preguntas del público, habituales conferencias encubiertas con entonación interrogativa al final, se demostró esencial. Confesó que había adelantado el manuscrito a sus hermanas y les había dado la opción de vetar su publicación (“me he hecho mayor”), habló de su trastorno bipolar, ese que parece contagioso entre los genios, y, cuando le preguntaron por la recuperación de la trascendencia abandonada en El reino”, dio una contestación de cierre que fue un tratado de filosofía: “quizás”.

Ninguno de los dos conversadores (extremadamente) bien educados sudó anoche. Hélène Carrère habría estado orgullosa.

En septiembre de 2022, en el búnker bajo su preciosa casa victoriana del Upper East en el que guarda todos los documentos de sus libros, que, en su caso, es como decir su vida entera, Talese prepara un proyecto. A un póster en blanco y negro de un metro veinte por uno ha cogido con clips la posible cubierta de un futuro libro con su título y todo. En la imagen se le puede ver sentado en un sillón estilo bergére con un impecable traje cruzado de solapas anchas y acompañado de Nan Ahearn, célebre editora de Random House y su mujer durante 65 años. Ella luce un abrigo claro, un fular, una boina a juego y una pareja de Skye terrier entre sus pantorrillas y bajo el banco.

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