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Gisèle Pelicot: "Mi libro es una historia de esperanza, no va en contra de los hombres"
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Gisèle Pelicot: "Mi libro es una historia de esperanza, no va en contra de los hombres"

Fue violada por su marido y hombres desconocidos durante años. Celebró un juicio de puertas abiertas y se convirtió en un símbolo. Todos ellos fueron condenados. Ella publica 'Himno a la vida', unas memorias emocionantes y luminosas

Foto: Gisèle Pelicot posa en la Residencia de Francia, a 3 de marzo de 2026, en Madrid (España) (Fernando Sánchez/Europa Press)
Gisèle Pelicot posa en la Residencia de Francia, a 3 de marzo de 2026, en Madrid (España) (Fernando Sánchez/Europa Press)
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Es una mujer elegante que transmite mucha paz. Eso es lo primero que se percibe de Gisèle Pelicot cuando te estrecha la mano en uno de los bellos salones de la Embajada de Francia en Madrid, donde se aloja estos días. Viene a presentar su libro, Himno a la vida (Lumen), las memorias de todo lo que pasó desde que en noviembre de 2020 supo que su marido y otros desconocidos la habían estado violando durante años mientras ella estaba inconsciente. Pero en ellas también se va más atrás, al día que conoció al señor Pelicot -como ella lo llama, ya no es Dominique-, su flechazo profundo y los cincuenta años de matrimonio. Y es verdaderamente impresionante y muy, muy luminoso. Por cómo lo cuenta -está muy bien escrito- y todo lo que cuenta. Un auténtico viaje de resiliencia y fortaleza.

Gisèle Pelicot está sentada. Tranquila. Expresa muy bien lo que tiene que decir. Sabe cuál es su misión y quizá sabe también cómo ha llegado hasta aquí. Transmite mucho esa fortaleza y el mensaje de amor que quiere lanzar al mundo. Tanto que hasta la traductora de francés para esta entrevista se emociona.

PREGUNTA: Me ha impactado mucho el libro porque, pese a saber la historia, el viaje de resiliencia que usted hace me ha parecido extraordinario. Emociona, incluso.

RESPUESTA: Nunca me he sentido una mujer extraordinaria. Yo he denunciado lo que sucedió, cuando cuento la historia lo que hago es denunciar porque al principio me costó mucho imaginarme todo eso que descubrí en noviembre de 2020. Durante cuatro años viví un infierno, y lo que hice al final fue reconstruir mi vida y decirme que hace falta hablar con los otros, que nunca jamás hay que sentir vergüenza, porque cuando una es víctima siente vergüenza, siente aislamiento, siente soledad y no hay que sentirse así. Por eso, este libro no es para mí, es para los demás, y pensar eso me ha dado muchísima fuerza. Todos los días recibo cartas de mujeres que me dicen que están ahí para ayudarme, para apoyarme, como también ocurrió en el juicio. Eso me dio muchísima fuerza y sentí cierta responsabilidad de llegar al final en el juicio.

P: Una de las cosas que más me sorprendieron del libro es que no hay mucha rabia en usted hacia su exmarido. La reacción de su hija es completamente distinta y de hecho se enfadó con usted porque usted no se enfadaba. ¿Cómo eliminó esa rabia? ¿Cómo es posible no sentir una cólera inmensa?

R: Yo me sentí totalmente impotente en cuanto a su odio, su cólera y su sufrimiento [de su hija Caroline], porque al final lo que estaba era sufriendo. Y yo, como madre, lo que tenía que hacer era mantenerme sólida. Ser la madre. Es verdad que a día de hoy la relación con mis hijos está más tranquila, en paz, porque ellos han leído el libro y han comprendido mis mecanismos de defensa. Desde muy joven yo sé lo que es el sufrimiento, el dolor, la injusticia, también. Había tenido esas experiencias con mi madrastra, que no era muy simpática conmigo. Yo viví todo esto muy joven, y me dio la fuerza para enfrentarme a todas estas cosas. Así que yo lo que quería hacer era proteger el dolor de mis hijos. Es legítimo su dolor, su cólera, pero yo no quería entrar en ese camino. Yo elegí la tranquilidad, la serenidad para protegerles.

placeholder 'Un himno a la vida', de Gisèle Pelicot (Lumen)
'Un himno a la vida', de Gisèle Pelicot (Lumen)

P: ¿Está mejor la relación con sus hijos, especialmente con Caroline?

R: Sí, sí, nos hemos visto la semana pasada, comimos juntos, hemos ido a dar un paseo, siempre hemos sido bastante fusionables, o sea, siempre hemos vuelto a contactarnos. Todos nos hemos reconstruido, cada uno a su ritmo, a su manera. Las cicatrices, es verdad que van a estar ahí absolutamente siempre, pero lo que queremos hacer es buscar la felicidad a nuestra manera. El Día de la Mujer lo vamos a celebrar juntas, mi hija y yo, mano a mano, y creo que el libro también es una manera para ellos de conocer a su mamá, porque han aprendido cosas que ignoraban, que no conocían.

P: Y usted también ha aprendido cosas, creo. Por ejemplo, habla en varias ocasiones en el libro del amor un tanto ciego que sentía hacia su entonces marido. No sé si cree que la educación recibida por las mujeres de su generación, aunque también de otras posteriores, esa ceguera con el amor, con cuidar de la pareja, influyó en no ver ciertas actitudes de su exmarido más allá de las violaciones.

R: Es difícil responder a esta pregunta, porque yo no tuve ese punto de referencia de mi madre, yo la perdí muy joven, no tuve un modelo, no tuve un padre, que muchas veces estaba ausente, porque el trabajo que yo tenía para mí siempre ha sido un trabajo hacia los demás. Muchas veces me he olvidado de mí misma, pero es que es mi manera de ser también. No todo el mundo es como yo, pero no es para mí un problema funcionar así, por tanto, no sé si realmente es un tema de la educación que se nos ha dado. Yo creo que estoy como formateada de fábrica desde que era muy joven. Ahora bien, sí creo que hace falta educar a nuestros hijos con más respeto, con más atención hacia los demás, y todo pasa por la educación. Yo recibí una educación de una niña pequeña que había perdido su madre a la edad de nueve y cuando tenía 40 años perdí a mi padre. Creo que ahora hay cierta tendencia a veces a criar a los niños como con más poder, pero estamos en el proceso de cambiar todo eso.

"No me siento feminista radical, pero soy feminista a mi manera. La manera de abrir el juicio es aportar mi granito de arena de cierta manera"

P: Quiero ir por ahí, porque también usted dice en el libro que no era feminista como las feministas que empezaban a manifestarse en los años 70. Estaba de acuerdo con los planteamientos, pero no estaba, digamos, detrás de la pancarta. Yo no sé si ha cambiado su visión del feminismo después de todo lo que ha pasado.

R: Es verdad que en los años 70 se hablaba mucho de Simone de Beauvoir y de todas estas mujeres que defendían el aborto. Yo la verdad es que me sentía poco preocupada sobre eso porque mi prioridad era la de construir una familia. A día de hoy, por supuesto, me siento feminista a mi manera. No me siento feminista radical, pero soy feminista a mi manera. La manera de abrir el juicio es aportar mi granito de arena de cierta manera, también esta lucha contra la violencia y contra las mujeres. En el momento en el que yo abro las puertas al juicio, creo que yo abro las puertas también a una nueva generación para que siga con el combate, con la lucha. De hecho, mi hija es presidenta de la Asociación contra la sumisión química, una asociación que comienza en el año 2023 a raíz de lo que ha sucedido. Creo que ahora tienen más armas, tienen más herramientas para luchar. Lo que puedo decir en este libro es que es un ejemplo. Yo doy mi historia como un ejemplo y mi libro como un estandarte, pero creo que hay otras Gisèle que también pueden poner su nombre en este estandarte, porque el combate contra la lucha sexual no ha terminado.

P: Y ha dicho una cosa en el libro, y es que hombres y mujeres deben convivir juntos. Es decir, no es un libro tampoco contra los hombres.

R: Sí, estamos hechos para vivir juntos. Estoy convencida porque creo que una mujer puede vivir con un hombre perfectamente. Estamos puestos en este planeta, el hombre y la mujer, para vivir juntos. La mujer da la vida, la crea y podemos vivir en la armonía, en la paz. Creo que esto es muy importante. A día de hoy faltan mensajes bellos como ese. Vivimos en un mundo como muy ansioso, muy feo, y mi mensaje es de paz, de amor y de esperanza. Creo que existe el bien, a pesar de todo lo que yo he atravesado, sin ira ni óolera. El mensaje es de esperanza y amor.

P: ¿Y cómo entiende la reacción masculina, que se da, sobre todo, en hombres jóvenes en estos últimos años? Parece que tras cada avance de las mujeres hay una contrarreacción muy potente, y particularmente, de chicos muy jóvenes.

R: Porque creo que todavía estamos bajo la dominación masculina, por supuesto. Las mujeres deben reapropiarse del poder y buscar la igualdad 50-50. Todos somos responsables de nuestra vida, de nuestros actos, y hace falta dejar de pensar que los hombres tienen poder sobre las mujeres. Esto ya lleva milenios sucediendo. Mira lo que pasa en Irán, por ejemplo, cosas totalmente dramáticas contra las mujeres. Hace falta levantarse y reapropiarse de la vida y de nuestro poder.

"Todavía estamos bajo la dominación masculina. Las mujeres deben reapropiarse del poder y buscar la igualdad 50-50"

P: Una de las cosas más llamativas del juicio, y que usted también las cuenta en el libro, es cómo muchos hombres no eran conscientes de lo que habían hecho. Es decir, para ellos no habían cometido esas atrocidades y ese delito de violación. ¿Qué podía haber en estas mentes masculinas para que sintieran que no estaban cometiendo un delito?

R: Creo que, en primer lugar, es una manera de decir que no reconocían la intención de venir a violar a una mujer. Era como separarse de eso. Creo que también los abogados de la defensa los habían preparado así, diciendo, no lo reconozcas, no hables de que había intención. Pero ellos sabían lo que iban a hacer, estaban conectados en esta página web, sabían a dónde iban. O sea, ellos sabían que venían a violar a una mujer inconsciente, sin que ella lo supiese, en su habitación. Eso es algo que aterroriza en cualquier consciencia porque se trata de violar a una mujer inconsciente. Y luego está también la categoría de edad que interpela a todas estas personas, desde los 20 años hasta los 80 años. Y la imagen de la masculinidad que se tiene, la manera de comportarse que tiene cada uno de ellos. Pero, nuevamente, no hay que hacer una amalgama con estos hombres porque no son el reflejo de toda sociedad. Hay muchos hombres que no son así.

P: En España hemos llevado a cabo leyes contra la violencia de género. Hay un debate, ha habido un debate en público que en Francia ha tardado más años en aparecer. Incluso allí ha habido manifiestos en favor del derecho importunar, etc. No sé si cree que la sociedad francesa va por detrás de la española en este sentido.

R: Creo que la sociedad francesa es mucho más machista y paternalista que la española. Vosotros habéis evolucionado mucho más que nosotros y sois un ejemplo de leyes contra la violencia contra las mujeres. La ley del consentimiento en Francia se ha votado después de mi juicio. Es un avance innegable pero hace falta cambiar las mentalidades, porque si no cambiamos la mentalidad no vamos a poder cambiar las leyes. Y eso es lo que hace avanzar la sociedad, cambiar la mentalidad a través de la educación, el respeto y la atención hacia los demás. Creo que en España, de hecho, estáis mucho más avanzados y sois un ejemplo para Francia.

placeholder Gisèle Pelicot, esta mañana en la Embajada de Francia en Madrid (Fernando Sánchez / Europa Press)
Gisèle Pelicot, esta mañana en la Embajada de Francia en Madrid (Fernando Sánchez / Europa Press)

P: Volviendo un poco más a lo que cuenta también en el libro, hay una cosa que da muestras de su fortaleza y es que, lo dice varias veces, nunca pensó en matarse.

R: Lo pensé volviendo de la comisaría de Carpentras, porque yo sabía que debía anunciarle a mis hijos lo que había hecho el señor Pelicot y eso para mí fue un sufrimiento horrible, fue el momento más difícil y doloroso de mi vida. Y pensé durante diez segundos más o menos en coger el coche, la autovía y, hala, se acabó. Pero yo la muerte la conozco muy pronto, la descubro de primeras cuando muere mi madre, ese día 31, muy joven yo. Por eso, en ese momento dije, no estoy lista para enfrentarme a la muerte, voy a seguir viviendo. Así que, afortunadamente, no tomé esa decisión. Por mis hijos, por supuesto, porque hubiese sido una doble condena perder a su padre y perder a su madre, hubiese sido horrible. Y también la abuela, para mis nietos. Afortunadamente no lo hice y la vida me ha dado la razón de seguir viviendo a día de hoy.

P: Otro de los pasajes que a mí también me ha impactado del libro, porque es algo que suele ocurrir, es la ruptura que tiene con una amiga, precisamente porque le llama un poco la atención sobre lo que ya está sucediendo con su ex marido. Usted hace una reflexión que me parece muy interesante sobre también cómo muchas veces las mujeres hemos antepuesto a nuestras parejas antes que a la amistad. Y yo no sé si también cree que ahí debería haber un cambio.

R: Cuando esto me sucede, yo soy mucho más joven que ahora y en ese momento quería salvar a mi pareja por encima de todas las cosas. Por supuesto, cuando se escucha todo lo que ha hecho después, evidentemente es imposible perdonarle, pero en ese momento yo quería salvar a mi pareja, mi matrimonio. Yo sentía que era como muy feminista lo que yo estaba haciendo, en plan, ella está soltera, no sabe lo que es estar casada y todo eso y yo tengo que salvar mi matrimonio. Ahora nos hemos reencontrado 20 años después y es como si nos hubiésemos separado ayer y ese es el secreto de una amistad sincera y auténtica y, de hecho, Pascale es la madrina de mi nieto.

"La sociedad francesa es mucho más machista y paternalista que la española. Vosotros sois un ejemplo en leyes contra la violencia de género"

P: Pero quiero insistir en su reflexión sobre por qué se antepone la pareja a la amistad.

R: Porque creo que lo que nos guía es el amor y sentirnos protegidas con nuestro marido. Pensamos que es un amor sincero y mientras estamos enamoradas queremos que eso siga, que estemos así todos los días. Es difícil hacer una elección entre la mejor amiga y el marido y creo que es humano elegir al marido. El señor Pelicot a mí nunca me había pegado, nunca habían sido cosas violentas. Con todas las cosas que hizo yo tenía una huella química, eso marca la diferencia.

P: Hablando de la huella química, usted también creo que ha dicho en varias ocasiones que precisamente no recordar nada también le ha ayudado a seguir adelante, lo ha posibilitado el no tener recuerdos de las violaciones.

R: Sí, sin duda, porque yo no viví en un tiempo real en presencia, en cuerpo, las violaciones. Yo las vi en vídeo. Y yo era como una muñeca de trapo, una muñeca totalmente desmontada en ese momento. Pero es verdad que si hubiese tenido recuerdos, como ciertas víctimas tienen a día de hoy, la manera de reconstruirse hubiese sido mucho más difícil.

P: De hecho, usted cuando habla de estos vídeos, no se dirige a la persona que aparece en ellos desde el yo, sino que pone una distancia.

R: Sí, pongo distancia porque esa mujer, cuando yo la veo, está inerte en su cama, sin reacciones. Es como que estoy muerta, soy una muñeca desmontada. Y tengo esa fuerza de decir, no soy yo, pues la mujer que me representa está aquí. Yo hablo, y en esos vídeos no tiene conciencia, no habla, no se mueve. Eso me ha ayudado a poner distancia con respecto a lo que estos individuos me han hecho. Yo no digo que sea fácil, evidentemente, he vivido momentos de tristeza horrorosos, pero es que yo no lo he sentido [esas violaciones] y eso me ayuda a poner distancia.

P: Por cierto, la defendieron dos hombres, volviendo también un poco al tema de que no es un libro contra los hombres, fueron dos hombres los que consiguieron encausar, condenar a todos estos otros hombres. Porque, de hecho, al principio, con una abogada mujer, las cosas fueron un poco complicadas.

R: Sí, porque la primera abogada yo no la elegí, se me impuso porque teníamos la urgencia en ese momento, pero yo no la elegí. Y me di cuenta muy rápido que no iba a funcionar, porque no ponía cierta distancia con su cliente. Lo que tiene que hacer el abogado es poner distancia y ella me parecía demasiado cruda en su manera de hablar, de enfrentarse a las cosas, no tenía elegancia, y por eso yo lo que hice fue acabar nuestra colaboración y tuve la suerte de encontrarme a [Stéphane] Babonneau y [Antoine] Camus, los dos abogados que sí que ponían distancia y mucha elegancia para poder abordar este proceso. Y esto me ha ayudado muchísimo también como mujer para poder ver los documentos de otra manera. Ellos me cuidaron mucho, se preocuparon mucho, tuvieron mucho cuidado. Ellos vieron los vídeos y también ha sido muy difícil para ellos como hombres.

"Estamos hechos para atravesar momentos difíciles y cuando los atravesamos nos autorizamos a ver lo bello a nuestro alrededor, que es mucho"

P: Uno de los aspectos más bonitos del libro es cómo usted reconstruye su vida, cómo vuelve a amar. Ahora tiene una nueva pareja y es feliz. Y claro, yo pensaba, es posible, de una cosa tan terrible se puede volver a amar. A mí me gustaría que me explicara cómo se hace eso.

R: Cuando me encuentro sola en la isla de Ré, me hago amigos, y ni por un segundo se me pasa por la cabeza enamorarme. No me apetece, mi vida estaba en otros momentos, mis amigos, mis nietos, mis hijos, pero la vida cruza en mi camino a este hombre y nos enamoramos los dos. Él también ha atravesado momentos muy complicados en su vida, ha acompañado a su mujer en su enfermedad justo hasta el final, tiene un alma bellísima. Entonces aprendimos a conocernos, nos enamoramos y eso nos ha cambiado la vida. Por eso esto también es un mensaje de esperanza: a la edad de 73 te puedes enamorar de nuevo, nada termina en la vida. Mientras estás vivo todos los espacios están permitidos, y esto es de lo que quería hablar en mi libro también. Hace poco conocí a un hombre que me dijo que había perdido a su pareja, y que pensaba que se le había acabado la vida, pero que cuando leyó el libro, se enamoró de otro nombre. Me dijo que le había autorizado para la felicidad. Eso es muy importante. Cuando somos víctimas no tenemos nada de qué reprocharnos, no somos culpables de nada. Hay que permitirse avanzar. Espero que tú seas feliz también porque yo, cuando leo mi libro veo que he tenido muchas vidas. Creo que estamos hechos para atravesar momentos difíciles, pero cuando los atravesamos nos autorizamos a decir, bueno, podemos elegir este camino, y ver lo que pasa a nuestro alrededor, y ver lo bello. Hay que abrir los ojos y ver a personas bellas porque las hay.

P: Cuando mira el pasado y piensa en esos 50 años que vivió con su exmarido, ¿se ve a sí misma como alguien diferente? ¿Alguien que ya no existe?

R: Creo que evolucionamos en nuestra trayectoria vital, tenemos muchas vidas, muchas personalidades, nos adaptamos a las situaciones. Creo que también tengo esta facultad de adaptarme, y a día de hoy es otra cosa, no me arrepiento de nada de mi pasado. Creo que estoy en este planeta para vivir lo que tengo que vivir, y ser testigo de lo que puedo hacer, de darle fuerza también a los demás. Cuando me preguntaba cuál era mi misión, creo que era esa, y hoy me autorizo a vivir, y espero que me queden muchos años bellos por vivir.

placeholder Gisèle Pelicot, durante la entrevista en Madrid (Fernando Sánchez / Europa Press)
Gisèle Pelicot, durante la entrevista en Madrid (Fernando Sánchez / Europa Press)

P: Por cierto, usted creo que no es creyente por lo que no se agarró a Dios durante todo este proceso de reconstrucción.

R: Creo que hay fuerzas en el universo. Yo estoy conectada con muchas cosas positivas en cuanto a las fuerzas del universo. Cada uno tiene su Dios, el protestante, el católico, el budista, creo que todos necesitamos anclarnos a algo. El mío digamos que es universal, es una fuerza del universo que engloba todas las religiones.

P: Para ir terminando, quiero preguntarle si no teme dos cosas. Una, que pueda ser un poco mitificada, y otra que pueda ser utilizada por determinadas corrientes, desde el feminismo a políticos.

R: No. Yo soy una mujer simple, ordinaria, que se opuso a las puertas cerradas en el juicio, y si puedo ayudar a los demás, estoy encantada. Soy la despertadora de conciencias, y ya está. Esa magia, entre comillas, es lo que es, pero soy una persona ordinaria.

P: Pues a mí me parece una persona muy inteligente, porque tomar esa decisión de pensar, si cierro puertas voy a estar yo sola, pero si las abro estoy con el resto del mundo, me parece brillante.

R: Si cerraba la puerta aquello era un regalo magistral a los acusados. Había un montón de hombres que pensaban que no tenían ningún tipo de responsabilidad y ahí me dije, no, no, vamos a darle la vuelta a la situación. Y ahí ya no sentí más la vergüenza de dar mi nombre, mi apellido y decir, mirad lo que son capaces de hacer. Es también una manera de liberar a todas esas mujeres que están bajo el yugo de sus parejas.

"Él es un ser humano no un monstruo. Los actos sí son monstruosos, sin duda. Y es él el que debería tener vergüenza de lo que ha hecho, no yo"

P: Al final del libro usted dice que quiere visitar a su marido en la cárcel. Hay muchas personas que esto no lo entienden. ¿Para usted es el verdadero cierre?

R: No pude hablar con él en todo el juicio porque yo me dirigía al presidente del Tribunal y ya no soy la misma mujer a día de hoy. Tengo fuerza y él está en una posición más débil y necesito hacerle preguntas: ¿por qué nos has hecho tanto mal? ¿por qué nos traicionaste? Cuando me veias todos los días me mirabas a los ojos sabiendo lo que hiciste anoche, qué pensabas… Necesito respuestas para reconstruirme, no solo para mí, sino para mis hijos y mis nietos.

P: ¿Le considera un monstruo?

R: No, creo que un ser humano no es un monstruo. Los actos sí son monstruosos, sin duda, pero sigue siendo un ser humano. Espero que a día de hoy haya hecho su examen de conciencia para entender que nos ha hecho mucho mal. Es él quien debería tener vergüenza de lo que ha hecho, no yo, desde luego.

Es una mujer elegante que transmite mucha paz. Eso es lo primero que se percibe de Gisèle Pelicot cuando te estrecha la mano en uno de los bellos salones de la Embajada de Francia en Madrid, donde se aloja estos días. Viene a presentar su libro, Himno a la vida (Lumen), las memorias de todo lo que pasó desde que en noviembre de 2020 supo que su marido y otros desconocidos la habían estado violando durante años mientras ella estaba inconsciente. Pero en ellas también se va más atrás, al día que conoció al señor Pelicot -como ella lo llama, ya no es Dominique-, su flechazo profundo y los cincuenta años de matrimonio. Y es verdaderamente impresionante y muy, muy luminoso. Por cómo lo cuenta -está muy bien escrito- y todo lo que cuenta. Un auténtico viaje de resiliencia y fortaleza.

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