Es noticia
No necesito saber tanto de nada: por qué estamos dejando de leer ensayo
  1. Cultura
Héctor G. Barnés

Por

No necesito saber tanto de nada: por qué estamos dejando de leer ensayo

En los países anglosajones se vende menos no ficción que el año pasado. ¿Está el mercado saturado? ¿De verdad necesitamos leer 400 páginas de un tema que no nos interesa tanto?

Foto: Jared Diamond, uno de los últimos superventas de ensayo. (EFE/Noemí González)
Jared Diamond, uno de los últimos superventas de ensayo. (EFE/Noemí González)
EC EXCLUSIVO

Con cierta frecuencia me pregunto cuánto necesito saber de determinado asunto y la respuesta suele ser que no demasiado. Ya no soy joven, ni impresionable ni obsesivo, y me conformo con un conocimiento superficial de la mayor parte de los asuntos terrenales. Soy periodista, así que ya saben, soy alguien que sabe casi nada de muchísimas cosas, lo que me convierte en un gran jugador de Trivial Pursuit y me da la capacidad de mantener conversaciones banales sobre una cantidad absurda de temas. Pero ay como alguien intente profundizar.

Los periodistas tal vez fuimos el paciente cero de esa enfermedad que hoy aqueja a toda la sociedad: la superficialidad. Con un par de pinceladas para hacernos una idea nos vale. Pero, ¿es acaso una enfermedad? ¿No será más bien una forma bastante eficiente y adaptativa de movernos en una sociedad saturada de información, ruido y contenido? Vale que no sabemos demasiado de muchas cosas, pero antes era habitual no saber nada de nada, pero mucho de una única cosa, y no ocurría nada. No tenías ni idea de lo que ocurría a 20 kilómetros de tu pueblo, pero sabías a la perfección cómo cultivar tu parcela de tierra. Cada uno a lo suyo.

Es un cambio en el signo de los tiempos. El conocimiento exhaustivo de un tema hoy está reservado a neurocirujanos, astrofísicos y jugadores de ajedrez, y ni siquiera eso. Si no te lo exige tu trabajo, se ha quedado para niños o jubilados; gente con mucho tiempo libre, en definitiva. Saber mucho de algo era propio de artesanos virtuosos, de eruditos o de chalados como don Quijote. Hoy a la mayor parte de la población le va mejor tener un conocimiento endeble de todo que dedicar demasiado tiempo, esfuerzo y espacio mental a una materia.

Un reportaje publicado hace un par de semanas en The Times desvelaba que la venta de libros de no ficción está descendiendo en el mundo anglosajón. En España no ocurre lo mismo, y de hecho todos los géneros han subido en ventas, pero ya saben que cuando ves las barbas de un inglés cortar, etc. Según Nielsen, la no ficción vendió en 2025 un 6% menos que el año anterior, un mínimo histórico desde 2017. Quizá simplemente lo que le esté pasando al lector sea lo mismo que a mí, que no necesito conocer tanto de nada.

Cada vez más lectores sienten que demasiados ensayos están llenos de paja

En las últimas semanas he notado en varias conversaciones un creciente desencanto hacia los libros de no ficción en general y de ensayo en particular. Un recurrente “buf, qué pereza”. He oído cosas como que demasiados ensayos están llenos de paja, que no son más que una idea única declinada hasta la náusea a lo largo de 400 páginas o que en los últimos años se han publicado tantos que ya está todo dicho, que tan solo estamos contando todos lo mismo, cambiando un poco el orden. Hay una saturación de libros contando cosas muy parecidas.

Hoy me siento con más ganas de leer ficción o trabajos más periodísticos, que al menos aportan algo de investigación original y no se limitan a ser una recopilación de fuentes secundarias. En los últimos años he leído decenas de ensayos de los que apenas recuerdo nada. Tal vez se deba a su construcción como sumas de referencias que tan solo sirven para apuntalar la tesis principal del autor. Este libro podría haber sido un artículo de 2.000 palabras, piensas.

placeholder Demasiados Hararis. (Reuters/Amir Cohen)
Demasiados Hararis. (Reuters/Amir Cohen)

Vamos, que nos hemos cansado y el mercado ha llegado a la saturación, sobre todo después del éxito de los Hararis y demás que llegó al paroxismo durante la pandemia, cuando todo se dio cuenta de que tenía algo que contar. Si hay algo que defina este año histórico, el del Trump 2.0, es la idea de que el que se tira la vida pensando nunca hace nada y que el mundo está en manos de quien actúa, aunque no piense demasiado. Menos hablar y más hacer, lo cual explica, en parte, que las ventas de novelas sigan aumentando sin parar.

La humanidad, en diez minutos

En el artículo publicado en The Time, Mark Richards, cofundador de la editorial Swift Press, sugiere que tal vez esta caída de la no ficción se deba al boom de los podcasts. “Hasta hace poco, si querías aprender sobre una determinada materia con cierta profundidad, recurrías a un libro, era el formato que tenía el monopolio”, explicaba. Primero internet y más tarde el podcast son formatos que permiten adquirir un conocimiento más o menos sólido sobre un asunto en muy poquito tiempo.

Pero no se trata tan solo del citado podcast. Cada vez más escucho ese ya clásico “vi el otro día en un reel de TikTok...” que antecede a la anécdota histórica, la reflexión política o la curiosidad científica que antes solía salir de la tele, de las revistas o del periódico. La cultura del resumen se ha abierto paso desde hace décadas porque es capaz de proporcionar todo el conocimiento que necesitamos a cambio de muy poco. Que luego todos opinemos lo mismo sobre las mismas cosas o repitamos las mismas mentiras es un indeseado efecto colateral, pero bueno, tampoco va a matar a nadie.

"Un experto no es alguien con conocimiento, sino alguien que muestra su conocimiento"

En España sospecho que la cosa sigue funcionando de manera un tanto distinta. Mi experiencia, de hecho, es más bien la opuesta. Es necesario que un libro, aunque sea una novela, presente un tema claro que se pueda vender a los medios de comunicación para entrar en el debate público. Algo que tiene la peligrosa derivada de que, como ocurre cada vez más, se termine hablando muchísimo de un libro sin que nadie se haya leído dicho libro. Y que este se convierta en una mera excusa para hablar de otra cosa.

Lo que está claro es que el libro ha dejado de ser la unidad media de conocimiento y que si se habla mucho de un ensayo no es tanto por la calidad del mismo como porque su autor ha conseguido aparecer en redes sociales o la televisión. Como contaba la escritora Rachel Hewitt, una antigua superventas de ensayo histórico reconvertida a autora de Substack, “hoy es un experto es alguien no con conocimiento o experiencia, sino alguien que muestra públicamente que tiene conocimiento, a menudo en un mundo externo a los libros como YouTube o TikTok”.

El problema para todos los que no queremos saber demasiado de nada es que para que eso sea posible, otros sí tienen que saber mucho de algo. La mayoría de divulgadores, escritores o “expertos” sacan sus ideas de esos tochos académicos que tal vez vendan pocas copias pero que son la base sobre la que se construye el conocimiento superficial. Así que alguien, quizá un investigador universitario que a sus 40 años apenas cobre más que el SMI, tendrá que dedicarse a hacer el trabajo sucio. A mí no me miren, yo solo soy un periodista. No todos os podéis permitir ser tan ignorantes como nosotros.

Con cierta frecuencia me pregunto cuánto necesito saber de determinado asunto y la respuesta suele ser que no demasiado. Ya no soy joven, ni impresionable ni obsesivo, y me conformo con un conocimiento superficial de la mayor parte de los asuntos terrenales. Soy periodista, así que ya saben, soy alguien que sabe casi nada de muchísimas cosas, lo que me convierte en un gran jugador de Trivial Pursuit y me da la capacidad de mantener conversaciones banales sobre una cantidad absurda de temas. Pero ay como alguien intente profundizar.

Trinchera Cultural Libros Ensayo
El redactor recomienda