Segade ya tiene su Reina Sofía pos 1975: sin 15M, pero mucha Transición, diversidad sexual y sida
El director de la pinacoteca española ha presentado la remodelación de la cuarta planta dedicada al arte a partir de 1975. En ella destacan los artistas españoles, la sexualidad no normativa y una lectura muy profunda de la tragedia del VIH
Después de tres años, Manuel Segade ya empieza a tener el Museo Reina Sofía que quiere. Esta mañana se ha presentado la remodelación de la cuarta planta de la pinacoteca —se ha respetado el diseño de Juan Herreros de hace diez años— que abarca el arte contemporáneo desde 1975. Y hay varias cosas que llaman la atención con respecto a la época de Manuel Borja-Villel. Por un lado, una parte ya anunciada: hay más cantidad de artistas españoles y latinoamericanos y se han reforzado a las mujeres artistas. Y, por otro, aquí está la mirada de Segade: “El documento pasa a un segundo plano, y es la obra de arte la que cuenta los acontecimientos”, ha resaltado. Así las cosas: no hay 15M —ni rastro de pancartas y carteles—, hay Transición (y el terrorismo de la ultraderecha), hay muchísimo drama de la heroína y el sida (desde un punto muy extremo y descarnado) y mucha diversidad sexual. En resumen de trazo grueso: el grito político como eslogan se apaga, pero la coctelería del pensamiento considerado woke refulge. La presentación ha contado con la presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun.
Es un recorrido dividido en tres itinerarios y 21 episodios y ocupa 3.000 metros cuadrados. Es circular, bordea todo el claustro, pero no es cronológico, “aunque el desorden ya es de cada uno”, ha señalado el director, que lo que ha pretendido con este nuevo montaje es que “cualquier persona que no sepa nada se lleva una idea de lo que ha sido el arte contemporáneo en España desde 1975”. Y siempre poniendo por delante la pieza artística para explicar los momentos históricos -si bien, todo visitante echará en falta algunos de esos momentos: por ejemplo, ciertos movimientos políticos, no solo el 15M. La lectura de Segade, no obstante, es clara: “El arte contemporáneo es político de por sí, el arte en general”. También hay artistas desaparecidos como Jaume Plensa. “Es que no tenemos piezas suyas relevantes”, ha argumentado el director.
En total, se exponen 403 obras de 224 artistas. De ellos, el 77% es español y el 23% restante, de otras nacionalidades (16% de ellos, latinoamericanos). De las obras individuales, el 65% son de hombres y el 35% de mujeres. Segade ha señalado el esfuerzo por que haya más mujeres artistas y en este sentido ha destacado que de las 70 obras compradas por el museo desde que él llegó en 2023, el 51% pertenecen a mujeres. Sin embargo, también ha recalcado que en toda la colección las mujeres todavía suponen menos del 15%. “Es un trabajo en curso que hay que realizar”. Por otro lado, en esta cuarta planta se exponen ahora un 64% de obras inéditas (258).
Transición y afectos
Los tres itinerarios están centrados en la Transición y los cambios políticos que se iniciaron y que han inoculado estos últimos 50 años de nuestra Historia. El primero se centra en las “estructuras afectivas” que comenzaron tras la muerte de Franco. Se abre con una obra de Juan Genovés (Documento n.º…) sobre los derechos fundamentales, y una viñeta de Chumy Chumez en Hermano Lobo. Hay que indicar que muchas de las referencias artísticas de los años 70 y 80 de esta remodelación forman parte del pensamiento político que está muy presente en nuestros días. Y eso también ha sido un interés de Segade: cómo el pasado interpela al presente y a los futuros deseables (en sus propias palabras). Es decir, la explosión que hubo en España en los setenta y ochenta (sexualidades, libertades políticas, por ejemplo) no queda lejos de discursos que vemos hoy en día.
En una pequeña introducción que vemos al principio hay unos grabados inéditos de Picasso que fueron quemados por un atentado ultraderechista que hubo en la galería Theo en 1971, en el que los terroristas señalaron que “si es necesario otro 18 de julio de 1936 estamos dispuestos a ello”. “Traer a Picasso aquí es importante porque el Guernica está en la genética de nuestro museo” ha manifestado. Enfrente, un corto de Iván Zulueta que grabó la Gran Vía desde la Plaza de España el día que se anunció la muerte de Franco, que ahora tiene música de J, de los Planetas. “Un momento tenso, terrible y muy doloroso de la construcción de la democracia”, ha manifestado el director.
También en esta pequeña intro la exposición se centra en la contracultura de la época y ya vemos aparecer personas transexuales de los 70, y muchas imágenes de diversidad sexual (como los cómics de Nazario o las portadas de discos de vinilo de los ochenta). Se cierra este breve capítulo con obras sobre la llegada de la democracia como una escultura de Tierno Galván que Carmen Giménez, la primera directora del Reina Sofía, pidió a Richard Serra para la entrada del museo, pero que no se llegó a colocar (porque en ella se podían esconder los adictos a la heroína y morir allí).
La tragedia y el duelo
Entramos ya en lo que es el recorrido en sí y nos topamos con el feminismo, obras de mujeres, desnudos no normativos, lesbianismo, orgullo gay… Hay obra de Esther Ferrer, de Juan Hidalgo y los cuerpos nuevos (que apenas distinguen hombre de mujer). Hay fotografía de cruising (encuentros furtivos de homosexuales), hay hasta un cine con sus butacas y todo en el que se representa Arrebato, de Zulueta.
Y después se pasa a la tragedia del sida cuando aún era mortal con las fotografías de Peter Hujar, que enfermó y fotografió los cadáveres de las catacumbas de los capuchinos en Nápoles… O ahí está una de las piezas más perturbadoras de toda la exposición: Ajuares (1997), una mesa de Pepe Miralles en la que colocó los objetos vinculados a su amigo enfermo, Juan Guillermo. Está la ropa, están los tratamientos paliativos… Es una bofetada que da buena cuenta de lo que significó aquella dolorosa pandemia.
Hay una buena parte del recorrido de tono apagado. Se transita por los duelos de la pérdida como, por ejemplo, los cuadros que Miquel Barceló pintó de su amigo, también fallecido por el sida, Hervé Guibert, o los sudarios de Beatriz González en la pieza titulada A posteriori (2022), en referencia al Acuerdo de Paz alcanzado entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano. También hay un vídeo de Tony Oursler sobre los altares que muchas personas empezaron a crear justo después del 11S en Nueva York y un Juan Muñoz que nos habla de la Tierra Baldía con un ventrílocuo que nunca nos va a decir nada.
El segundo itinerario se centra en la escultura. Como ha comentado el propio Segade, nunca se había dedicado tanto espacio a esta disciplina, que, según él, tuvo un boom extraordinario en los noventa con mujeres como Cristina Iglesias, Susana Solano, Carmen Calvo, Ángeles Marco o Paloma Navares.
La última parte se centra en el propio Museo Reina Sofía, sus cuarenta años de historia y su función como institución. Así, se pasa por esa vuelta que hubo a la pintura despolitizada de los ochenta, con cuadros como los de Guillermo Pérez Peralta (grupo de personas en un atrio) en el que reunía a pintores, críticos y galeristas de la Nueva Figuración, pero también hay piezas de Juan Uslé, Chema Cobo o Eva Lootz. Hay espacio aquí también para la fotografía con Ouka Leele, Cristina García Rodero y el grupo de Nueva Lente con artistas como Chema Madoz.
Y finalmente, el recorrido acaba con la explosión de la cultura afro, feminismos, cultura LGTBIQ+ y artistas de última hornada como Marina Vargas en fotografías, instalaciones, cuadros. El título de la sala 21, la última, lo deja claro: “Prácticas de género. Coreografías sociales para el nuevo siglo”.
Segade: "Yo he trabajado con gobiernos de derechas que han sido muy respetuosos con los discursos artísticos. No sigo directrices políticas"
Ante preguntas de la prensa, Segade ha querido dejar claro que todo este recorrido no está cerrado y que lo que se ha querido hacer es “abrir múltiples relatos y discutir el canon”. Porque ha insistido en que “un museo no debe seguir una línea determinada” y que esto es “una historia del museo. No es que el museo haya hecho que el feminismo se centre en el arte, sino que es el arte el que trabaja desde un punto de vista. Y aquí hay presente multitud de voces”. De hecho, se le ha preguntado directamente si tema que con un cambio de Gobierno esta remodelación pueda estar en peligro: “No, yo he trabajado con gobiernos de derechas que han sido muy respetuosos con los discursos artísticos. No sigo directrices políticas, sino las que marca el arte contemporáneo”, ha zanjado.
Después de tres años, Manuel Segade ya empieza a tener el Museo Reina Sofía que quiere. Esta mañana se ha presentado la remodelación de la cuarta planta de la pinacoteca —se ha respetado el diseño de Juan Herreros de hace diez años— que abarca el arte contemporáneo desde 1975. Y hay varias cosas que llaman la atención con respecto a la época de Manuel Borja-Villel. Por un lado, una parte ya anunciada: hay más cantidad de artistas españoles y latinoamericanos y se han reforzado a las mujeres artistas. Y, por otro, aquí está la mirada de Segade: “El documento pasa a un segundo plano, y es la obra de arte la que cuenta los acontecimientos”, ha resaltado. Así las cosas: no hay 15M —ni rastro de pancartas y carteles—, hay Transición (y el terrorismo de la ultraderecha), hay muchísimo drama de la heroína y el sida (desde un punto muy extremo y descarnado) y mucha diversidad sexual. En resumen de trazo grueso: el grito político como eslogan se apaga, pero la coctelería del pensamiento considerado woke refulge. La presentación ha contado con la presencia del ministro de Cultura, Ernest Urtasun.