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La película de época española ambientada en el siglo XVIII que va a desaparecer de Netflix: la protagonizan Bardem y Natalie Portman
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La película de época española ambientada en el siglo XVIII que va a desaparecer de Netflix: la protagonizan Bardem y Natalie Portman

Mientras España oscilaba entre la Ilustración y el fanatismo, un pintor empezó a retratar no solo rostros, sino también los miedos de toda una época

Foto: Stellan Skarsgård, en 'Los fantasmas de Goya'. (IMDb)
Stellan Skarsgård, en 'Los fantasmas de Goya'. (IMDb)

Hay películas que no solo cuentan una historia: invitan a mirar un cuadro. Y Los fantasmas de Goya es una de ellas. La cinta dirigida por Miloš Forman, con Javier Bardem en uno de los papeles más incómodos y complejos de su carrera, tiene los días contados en Netflix. A finales de febrero desaparecerá del catálogo, así que conviene volver a ella —o descubrirla— antes de que se esfume como uno de esos espectros que tanto obsesionaban al pintor aragonés.

Estrenada en 2006, esta coproducción hispano-estadounidense sitúa su acción en la España de finales del siglo XVIII, un país atrapado entre la Ilustración y la sombra alargada de la Inquisición. Francisco de Goya, interpretado por Stellan Skarsgård, observa el mundo con la mirada cada vez más oscura de quien empieza a perder el oído y gana, a cambio, una conciencia más amarga del poder. A su alrededor orbitan dos figuras decisivas: Inés (Natalie Portman), joven de familia acomodada que se convierte en víctima del fanatismo, y el Hermano Lorenzo (Javier Bardem), inquisidor ambicioso cuya evolución es el verdadero motor moral del relato.

Bardem construye un personaje incómodo, lleno de pliegues. Lejos del villano plano, su Lorenzo es, como él mismo defendió en su momento, “una víctima de un régimen totalitario”, un hombre que necesita convencerse de su propia fe para sobrevivir dentro de una maquinaria represiva. Esa ambigüedad —¿verdugo o rehén del sistema?— es uno de los mayores aciertos del filme. El actor español, que ya había conquistado Hollywood con Antes que anochezca, demuestra aquí su capacidad para habitar producciones internacionales sin diluir su identidad.

La película entrelaza arte, política y religión con una puesta en escena cuidada hasta el último detalle. Rodada en localizaciones como Salamanca, Segovia o el Palacio del Infante Don Luis, despliega un vestuario y una dirección artística que le valieron nominaciones a los Premios Goya en categorías técnicas. Hay algo casi táctil en los tejidos, en la penumbra de los interiores, en los rostros iluminados como si acabaran de salir de un lienzo.

placeholder Javier Bardem en 'Los fantasmas de Goya'
Javier Bardem en 'Los fantasmas de Goya'

Eso sí, Forman no rueda un documental. La Inquisición que aparece en pantalla conserva un poder casi omnímodo, capaz de encarcelar y torturar sin límites, cuando históricamente ya se encontraba en claro declive a finales del XVIII. También el cautiverio prolongado de Inés o la rapidez con la que se representa la sordera de Goya responden más a necesidades dramáticas que a la literalidad de los archivos.

Y ahí Los fantasmas de Goya acierta de pleno. Más que una biografía del pintor, es una reflexión sobre el choque entre la razón ilustrada y el fanatismo, sobre cómo los sistemas aplastan a los individuos y cómo el arte se convierte en testigo —y a veces en denuncia— de su tiempo. Las pinturas negras sobrevuelan la narración como una profecía: los monstruos existen, y no siempre están en los sueños.

En su estreno, la taquilla no acompañó. Tampoco la crítica fue unánime. Sin embargo, el paso de los años ha permitido mirarla con más calma, lejos de expectativas comerciales. Vista hoy, en la comodidad doméstica del streaming, se aprecia mejor su ambición: combinar el drama íntimo con el fresco histórico, el retrato psicológico con el espectáculo de época.

Que ahora desaparezca de Netflix tiene algo de ironía: una película sobre fantasmas que se convierte, ella misma, en un espectro digital. Quizá sea el momento de dejarse arrastrar por esa España convulsa, por la mirada ensombrecida de Goya y por el rostro contradictorio de Bardem antes de que la plataforma baje el telón.

Hay películas que no solo cuentan una historia: invitan a mirar un cuadro. Y Los fantasmas de Goya es una de ellas. La cinta dirigida por Miloš Forman, con Javier Bardem en uno de los papeles más incómodos y complejos de su carrera, tiene los días contados en Netflix. A finales de febrero desaparecerá del catálogo, así que conviene volver a ella —o descubrirla— antes de que se esfume como uno de esos espectros que tanto obsesionaban al pintor aragonés.

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