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Muere Robert Duvall a los 95 años, el actor que deslumbró en 'Apocalypse Now' y 'El Padrino'
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Muere Robert Duvall a los 95 años, el actor que deslumbró en 'Apocalypse Now' y 'El Padrino'

El actor, conocido por 'Apocalypse Now', 'El padrino' o 'Gracias y favores', ha fallecido pacíficamente en su casa de Virginia, según un comunicado de su mujer

Foto: Robert Duvall en una fotografía en los Vanity Fair en Hollywood, California. (Photo by Frazer Harrison/Getty Images)
Robert Duvall en una fotografía en los Vanity Fair en Hollywood, California. (Photo by Frazer Harrison/Getty Images)

A veces, cuando se batía interpretativamente junto a Robert De Niro (con el que compartía nombre) en Confesiones verdaderas (donde De Niro se ponía en el papel de un cura católico, y después repetiría en Sleepers), parecía que el rictus de su boca era muy parecido, en una extraña mímesis combinaban a la perfección, aunque su físico era extremadamente reconocible, con esos ojos pequeños, azules y directos. Era el rostro de unos de los actores más sólidos y versátiles del cine estadounidense: Robert Duvall falleció este domingo "pacíficamente" en su casa en Middleburg, Virginia, según un comunicado enviado por su agencia de relaciones públicas en nombre de su esposa, Luciana. Tenía 95 años y aunque llevaba un tiempo apartado de los focos, dejó una huella indeleble en el séptimo arte gracias a una carrera que abarcó más de seis décadas.

Llegó al mundo en San Diego (California) en 1931, hijo de Howard, un almirante de la Marina, y de Mildred, que era una actriz amateur, aunque en realidad creció en Annapolis (Maryland), cerca de una Academia Naval. Su hermano Billy le describía como "un niño problemático en algunos aspectos, aunque con talento para la interpretación, heredado de su madre". Contaba de sí mismo que se peinaba como Laurence Olivier y hacía su propia versión de Hamlet, un tanto cursi, aunque en sus inicios le dijeron que no llegaría a mucho actuando, no quiso creer a nadie. En 1955 (tras dos años en el ejército) fue aceptado en el Neighborhood Playhouse de Nueva York y fue alumno del mítico profesor de interpretación Sanford Meisner.

De hecho, fue en aquellos años cuando conoció a Gene Hackman y Dustin Hoffman, amigos con quienes compartió un sexto piso de tres habitaciones sin ascensor, en la esquina de la calle 107, colindante con Broadway. Hoffman decía de él que sería el nuevo Brando, con el que acabaría trabajando por azares del destino en Apocalypse Now. Ninguno de los tres amigos era nadie en aquella época y pocos habrían apostado por ellos, pero el primer trabajo de Duvall en el cine le llegó interpretando a Boo Radley en Matar a un ruiseñor (1962), y desde entonces nunca dejó de trabajar.

El apartamento que compartía con Hoffman y Hackman era algo así como un albergue juvenil donde muchos actores se quedaban a dormir

El apartamento que compartía con sus amigos, a los que también les llegaría una oportunidad más pronto que tarde, era algo así como un albergue juvenil donde muchos actores primerizos solían quedarse unas cuantas noches o directamente semanas durmiendo en el sofá. Duvall era, como le describió en una ocasión Elliot Gould "muy duro, muy independiente, de gran integridad", y vivía entonces en un Nueva York sencillo y menos hostil. Hoffman tocaba el piano y él (al que siempre le apasionó el country) imitaba a Hank Williams. Aunque apareció en varios papeles durante la década de los 60, estos fueron más bien secundarios hasta que le llegó la oportunidad de su vida en 1972 con su papel de Tom Hagen, ese calmado consigliere de El Padrino, que le lanzó al estrellato y le valió su primera nominación a los Oscar. La revista People le describió entonces como el número uno de Hollywood.

Foto: Robert Duvall. (Foto: Gtres)

Actuó en más de 90 películas a lo largo de su vida, aunque él mismo le quitaba hierro al asunto: "La clave es vivir con sinceridad en circunstancias imaginarias, de eso se trata", señaló en una ocasión. Y hacerlo, ya sabes, sin mucho esfuerzo". Prefería la honestidad, y también fue director y guionista (escribió, dirigió, produjo y protagonizó The Apostle, Camino al cielo aquí, en 1997). Recibió siete nominaciones al Oscar y fue, por supuesto, el teniente Kilgore que amaba el olor del napalm por las mañanas en Apocalypse Now (¿Lo hueles, verdad? Nada del mundo huele como eso), aunque la estatuilla se la llevó por Tender Mercies (Gracias y favores) en 1984.

Le nominaron siete veces al Oscar, aunque la estatuilla se la llevó por 'Tender Mercies' ('Gracias y favores') en 1984

En su vida privada, siempre discreta, se consideraba amante del tango, apasionado de los caballos. Era republicano en un Hollywood mayoritariamente demócrata, una opinión discordante que no casaba con su manera de entender el cine: no le gustaba el cine clásico y creía que los actores actuales eran mejores que nunca. Se casó cuatro veces, la última vez con la argentina Luciana Pedraza, 41 años menor que él, aunque jamás tuvo hijos. Con ella compartía su amor por Sudamérica y la vida tranquila en el campo, aunque no se consideraba un hombre reservado o solitario ("¡Tengo muchos amigos!", aseguraba).

En una ocasión, en una divertida y rápida entrevista con Michael Hainey, director de GQ, este le preguntó si acaso tenía algún epitafio para poner en su lápida. "Sí, no sé. Cenizas", contestó Duvall, lo que sorprendió sobremanera a Hainey. Este, entonces, se explicó: "Cenizas. No sé. Quizá no necesito una lápida" dijo simplemente. "Me parece bien la cremación".

A veces, cuando se batía interpretativamente junto a Robert De Niro (con el que compartía nombre) en Confesiones verdaderas (donde De Niro se ponía en el papel de un cura católico, y después repetiría en Sleepers), parecía que el rictus de su boca era muy parecido, en una extraña mímesis combinaban a la perfección, aunque su físico era extremadamente reconocible, con esos ojos pequeños, azules y directos. Era el rostro de unos de los actores más sólidos y versátiles del cine estadounidense: Robert Duvall falleció este domingo "pacíficamente" en su casa en Middleburg, Virginia, según un comunicado enviado por su agencia de relaciones públicas en nombre de su esposa, Luciana. Tenía 95 años y aunque llevaba un tiempo apartado de los focos, dejó una huella indeleble en el séptimo arte gracias a una carrera que abarcó más de seis décadas.

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