El plural no es universal: cómo las lenguas deciden cuándo algo es "muchos"
De sufijos a prefijos y reduplicación, las distintas lenguas resuelven la pluralidad con estrategias diversas; algunas incluyen dual y concordancias complejas, otras dependen del contexto o apenas la marcan
Las lenguas no señalan el plural del mismo modo ni con los mismos recursos. Algunas utilizan sufijos claramente identificables, otras prefieren prefijos; muchas recurren a cambios internos de la palabra, a la repetición o a partículas independientes; y no faltan aquellas que distinguen no solo entre singular y plural, sino también un número intermedio, el dual. Existen incluso lenguas en las que el plural no es obligatorio o apenas se marca. Esta diversidad muestra que la pluralidad no es una categoría universalmente codificada, sino una solución gramatical a una necesidad comunicativa básica, la de diferenciar entre una entidad y varias.
Desde una perspectiva tipológica con el plural no se trata solo de añadir una marca formal, sino de integrar la noción de cantidad en el sistema gramatical de cada lengua. Por ello, su estudio permite comprender mejor cómo se organizan y qué estrategias privilegian. El uso de sufijos es, con diferencia, el método más extendido, especialmente en las lenguas indoeuropeas. Consiste en añadir un elemento al final de la palabra para indicar que se trata de más de una entidad. En español se forma de manera relativamente regular mediante los sufijos -s y -es. Así, casa pasa a casas y papel a papeles. El sufijo se añade sin modificar sustancialmente la raíz, y eso facilita la identificación y contribuye a la estabilidad del sistema.
El inglés presenta un mecanismo similar con el sufijo -s o -es (book / books, box / boxes), aunque acompañado de irregularidades heredadas de etapas anteriores de la lengua: man / men, child / children, mouse / mice o la originalidad de woman que no cambia la escritura, pero en singular se pronuncia /ˈwʊmən/ y en plural /ˈwɪmɪn/. Otras lenguas utilizan sufijos que provocan cambios fonológicos en la raíz. En alemán el plural puede formarse con -e, -er, -n o -s, a menudo acompañado de metafonía o cambio vocálico condicionado por otra vocal: Mann / Männer, Kind / Kinder. Aquí el sufijo no actúa solo, sino que se combina con modificaciones internas que el hablante debe memorizar.
El plural en turco se forma mediante el sufijo -lar / -ler, cuya vocal varía según la armonía vocálica: ev ‘casa’, evler ‘casas’; kitap ‘libro’, kitaplar ‘libros’. El mecanismo es regular y altamente predecible, lo cual reduce la carga memorística y favorece la transparencia gramatical.
Prefijos que indican plural
Aunque menos frecuentes que los sufijos, los prefijos de plural son frecuentes en las lenguas bantúes, donde los sustantivos pertenecen a clases nominales que se distinguen, entre otras cosas, por los prefijos de singular y plural. En suajili, mtu ‘persona’ tiene como plural watu ‘personas’; mtoto ‘niño’, watoto ‘niños’. El cambio de m- a wa- es el que expresa la pluralidad. Este sistema no es meramente cuantitativo, pues los prefijos clasifican los sustantivos según criterios semánticos amplios (personas, objetos, abstractos, masas, etc.). En las lenguas con plural prefijal, el prefijo suele activar un complejo sistema de concordancia. No solo el sustantivo cambia, sino también los adjetivos, verbos y pronombres que concuerdan con él. La pluralidad se convierte así en una propiedad que afecta a toda la estructura de la oración, reforzando la cohesión interna del enunciado.
El dual
No todas las lenguas se conforman con la oposición simple entre uno y más de uno. Algunas distinguen un tercer número: el dual, reservado para pares. El dual existía en lenguas indoeuropeas antiguas como el sánscrito, el griego clásico o el eslavo antiguo. En griego había formas específicas para referirse a dos objetos exactamente, distintas tanto del singular como del plural.
En algunas lenguas austronesias y africanas, la repetición total o parcial de la palabra indica pluralidad
En la actualidad, el dual se conserva en lenguas como el esloveno o el sorabo, y también en muchas lenguas semíticas. El árabe distingue singular, dual y plural: kitāb ‘libro’, kitābān ‘dos libros’, kutub ‘libros’. El dual permite una precisión que el plural no ofrece y refleja la relevancia cultural de la noción de par, especialmente en contextos naturales como los órganos del cuerpo o los objetos que aparecen en parejas.
Otros métodos de pluralización
Además de sufijos y prefijos, otros procedimientos como los cambios de la raíz mediante alternancias vocálicas o consonánticas internas marcan la pluralización. El árabe, como hemos visto, realiza plurales internos o "plurales rotos": rajul ‘hombre’, rijāl ‘hombres’. Estos plurales exigen un conocimiento léxico detallado y muestran una morfología no concatenativa, es decir, en la que las palabras cambian la raíz, se modifican o se superponen. En algunas lenguas austronesias y africanas, la repetición total o parcial de la palabra indica pluralidad. En indonesio, orang significa ‘persona’, y orang-orang, ‘personas’. La reduplicación puede tener también valores distributivos, colectivos o intensivos.
Otras lenguas no modifican el sustantivo, sino que añaden una partícula plural. En chino mandarín, el sustantivo no cambia: shū puede significar ‘libro’ o ‘libros’. Para los pronombres personales se usa la partícula men: wǒ ‘yo’, wǒmen ‘nosotros’. En estos casos, el plural está estrechamente vinculado al contexto y al conocimiento compartido por los interlocutores.
Existen incluso lenguas en las que el plural no se marca de forma sistemática. El contexto, los numerales o los clasificadores proporcionan la información necesaria. En estas lenguas, la noción de pluralidad es más pragmática que morfológica, y el hablante decide cuándo resulta relevante explicitarla.
No todos los sustantivos se comportan igual frente al plural. En muchas lenguas existen nombres incontables o colectivos que resisten la pluralización (agua, arena, gente), o cuyo plural introduce cambios de significado (vino / vinos, cielo / cielos). Esto demuestra que el plural no es solo una cuestión formal, sino también semántica.
Asimismo, el plural puede cumplir funciones expresivas: el llamado plural de modestia (nosotros pensamos), el plural mayestático (el vous francés que significa usted) o el plural enfático: Te lo he dicho mil veces, que no significa exactamente mil, sino muchas; o incluso un valor poético o estilístico: las soledades del alma. En estos usos, la marca de plural deja de referirse a la cantidad real y adquiere valores discursivos.
La manera de expresar el plural revela profundas diferencias en la estructura y en la concepción gramatical de las lenguas. Desde sistemas simples basados en un único sufijo hasta complejas redes de prefijos, concordancias y cambios internos. Las comunidades humanas han resuelto con ingenios varios una necesidad comunicativa fundamental: la de hablar de uno, de dos o de muchos.
*Rafael del Moral es sociolingüista experto en lenguas del mundo y autor de la 'Enciclopedia de las lenguas', 'Breve historia de las lenguas', 'Historia de las lenguas hispánicas' y 'Las batallas de la eñe', así como de numerosos artículos en revistas especializadas.
Las lenguas no señalan el plural del mismo modo ni con los mismos recursos. Algunas utilizan sufijos claramente identificables, otras prefieren prefijos; muchas recurren a cambios internos de la palabra, a la repetición o a partículas independientes; y no faltan aquellas que distinguen no solo entre singular y plural, sino también un número intermedio, el dual. Existen incluso lenguas en las que el plural no es obligatorio o apenas se marca. Esta diversidad muestra que la pluralidad no es una categoría universalmente codificada, sino una solución gramatical a una necesidad comunicativa básica, la de diferenciar entre una entidad y varias.